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Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

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Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 28, 2010 5:10 pm

Niza, Francia.

Una joven se encuentra caminando tranquilamente. Esta va muy bien vestida, casi formalmente. Pareciendo que acaba de salir de una junta o algo parecido. ¿Pero una niña de 12 años saliendo de una junta?

Juliette Fortscue no es una niña normal de su edad.

Al ser sus padres raptados por el enemigo en una guerra meses atrás, la pequeña niña tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares. Esto incluía asistir a citas y reuniones con gente de dentro y fuera del país, ya sea que ellos vinieran a verla o que ella tuviera que viajar a verlos.

Sin embargo, por más responsable y madura que la niña fuera, tanto estrés no era nada bueno a su edad. Juliette aún recuerda la lluviosa mañana en la que había despertado con el cabello blanco, fue la primera vez en mucho tiempo que esta sintió miedo, no mucho, solo lo suficiente para querer un abrazo de su Mami.

Ante este suceso el médico había solicitado hablar con el único adulto a cargo de la niña. Sébastien Oriard, el guardia o, como prefería referirse a el Juliette, el mayordomo de la joven.

Aunque, cuando se menciona que un guardia le enseñó a una niña de 8 años defensa personal de tal manera que esta incluso había aprendido a realizar diversas llaves, se imagina a un hombre alto, robusto y amenazante. Sébastien es todo lo contrario. Es alto, si, pero todo lo demás nada.
Este podría interpretarse más como el padre de Juliette que como su mayordomo.

Con 32 años de edad, Sébastien es un hombre en muy buen estado físico, aunque su apariencia decía todo lo contrario. Es capaz de saltar a un abismo con tal de proteger a su joven ama.
Y por eso ha sido el único hombre en la faz de la tierra en ganarse la confianza y admiración de Juliette, aparte de su mismísimo padre.

El doctor había indicado a Sébastien que intentará estrictamente imponer la orden a Juliette de que esta no se sometiera tanto bajo presión. Y es lo que este intenta, sin éxito. Lo cual era extraño, por que cualquier cosa que Sébastien le pidiera a Juliette, esta lo hacía.

Esa mañana la niña había sido citada a una reunión con una empresa. Le había ido bien, como siempre. Y esa mañana le había pedido a Sébastien que se quedara en casa para preparar el almuerzo, aunque este bien sabía que a su joven ama le molestaba un poco cuando este interfería a la hora de negociar.

La niña se sentó en una banca pública de ahí cerca y soltó un suspiro.

—Creo que iré a tomar una taza de té y luego alcanzare a Sébastien. Necesito relajarme un poco—Dijo para sí misma mientras dirigía su vista hacia un restaurant frente a ella. —Será mejor que no coma nada o Sébastien se enojará.
Y dicho esto, se internó dentro del restaurant únicamente a pedir una taza de té.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 28, 2010 8:34 pm

Off: lo prometido es deuda x3




Mientras eso sucedía, algo iba acercándose por las calles francesas a toda velocidad cerca del restaurante. No es que el destino fuera ese, sino que la casualidad empujó la escena hasta cercarla directamente hacia la zona.

Eso que iba acercándose, era grande y rechoncho. Flotaba como un inmenso globo metálico sin canasto, y hacía que la gente que pasaba rápidamente a su alrededor lo mirase con horror, escuchándose de vez en vez, gritos de miedo y terror. De todas formas, aquel monstruo los ignoraba. Sólo corría, o bueno, se desplazaba velozmente sin algún rumbo fijo, sacudiéndose constantemente para sacarse lo que tenía encima con desesperación. Muchas personas abrían de par en par los ojos al ver lo que le molestaba realmente.

¡Wou, wou, wouuu~! —gritó Illya mientras se sostenía a duras penas arriba del nivel uno. En su rostro había más sorpresa que la de los propios pobladores. Estaba perpleja, y más que eso, asombrada del acto violento que se encontraba llevando a cabo.

¿Pero desde cuándo estás máquinas estúpidas tienen el gramo suficiente de neuronas como para hacer algo como esto?

El plan de la exorcista, ejecutado kilómetros atrás, a las afueras de la ciudad y en compañía de dos buscadores, había sido el de despistar a sus compañeros Akumas para matarlos, mientras se encontraba sobre el que ahora desfilaba con ella, y luego darle fin a éste. La mayoría de las veces que cometía dicha maniobra, el nivel uno se limitaba únicamente a disparar hacia arriba o intentarlo, para luego quedar acabado bajo las Lacrime de sus rifles. Contra todo pronóstico, éste parecía ser un poquito más atento, y al darse cuenta de sus intenciones, había enfilado directamente hasta la ciudad, con una rapidez que él pensaba haría que la exorcista se cayera de bruces rápidamente. Como no sucedía, continuaba flotando con velocidad desmedida, y se sacudía sin resultado alguna que fuese satisfactorio, salvo el provocar el miedo innecesario entre la población.

Sus compañeros habían muerto antes siquiera de iniciar el tosco movimiento, de modo que los únicos que los seguían infructuosamente a carrera tendida eran los dos buscadores, acompañantes de Illya.

Ach! ¡Vamos, detente ya! —le gritó la alemana agarrada de uno de los cañones de arriba, mientras que la parte baja de su cuerpo se agitaba como una hoja en medio de la tempestad. Sostenía la cadena de su Inocencia con una mano, y los rifles también se bamboleaban en el aire con violencia.

En ese momento pasaban por el restaurante, y los gritos de la gente de afuera llamaban la atención suficiente como para que varios clientes se acercaran a mirar qué sucedía en la calle del frente. La máquina daba un sinfín de vueltas sobre su eje y sacudía velozmente a la exorcista, que para nada se despegaba de su sitio.

Antes de que el Akuma desapareciera entonces de allí con la joven dama sobre su “lomo”, un hexágono traslúcido y multicolor se dibujó en torno el monstruo, y pareció solidificarse levemente en una barrera que impidió que siguiera moviéndose. Tras la calle por la que había salido la bestia, aparecieron ambos buscadores con sus chismes anti-Akuma en sus manos y apuntando en dirección a Illya y su captor. Los dos jadeaban. Uno de ellos era regordete, y parecía haber sufrido bastante como para poder haber llegado al mismo ritmo de su compañero que a diferencia, se encontraba en forma.

¡Illya-dono! ¿Se encuentra bien? —gritó uno de ellos.

No. Illya no estaba bien. Veía doble y juraba que sobre ella se dibujaban pequeñas estrellitas danzando alrededor de su cabeza. Segundos más tarde se recompuso, sacudiendo la cabeza de la misma forma que lo haría alguien a punto de dormirse en el trabajo, y tocó con uno de sus rifles la superficie metálica que estaba pisando en ese instante.

El Akuma alarmado comenzó a disparar hacia arriba, errando su blanco por razones obvias, que todavía él no alcanzaba a discernir.

La gente empezó a gritar ante los inconfundibles estruendos, y muchos se arrodillaron debajo de las mesas o cubrían sus cabezas con ambas manos.

Ya está bien. Demasiado escándalo por hoy, amigo —musitó la exorcista aturdida por los gritos. Le zumbaban los oídos, tras escuchar tantos disparos cerca suyo.

Entonces colocó ambos cañones de Albtraum sobre el Akuma y disparó repetidas veces. Antes de que su volátil Inocencia explosionara junto a la materia oscura, Illya bajó de un salto hasta llegar al piso mientras rápidamente los buscadores desactivaban el escudo para poder dejarla salir. Instantes más tarde se escuchó el estruendo de la explosión del Akuma sin haber causado daño alguno en la localidad.

Cuando el humo se hubo desecho, y todo pareció volver a la normalidad, Illya apareció al lado de los buscadores mientras se estiraba perezosamente, después de haber guardado ambos rifles en sus fundas.

¡Vaya! Por un instante pensé que me tendría dando vueltas el día entero —comentó mientras sonreía levemente a sus compañeros, que se la devolvieron aliviados al ver que se encontraba en perfectas condiciones— Muchas gracias, chicos.

No hay de qué, Illya-dono —respondió el buscador rechoncho mientras guardaba bajo los pliegues de su larga gabardina su chisme.

Al menos me ahorró el trabajo de recorrer el camino hasta la ciudad —prosiguió la exorcista mientras miraba a su alrededor con abierta curiosidad. El dedo índice derecho sobre sus finos labios—Mmmm, así que esta es Niza.

Efectivamente. Sin embargo, la Inocencia no se encuentra dentro de aquí, Illya-dono —dijo el otro buscador, más joven, y más carismático.

La exorcista los miró a ambos con una mueca ligeramente sorprendida. ¿Ah no?. pero luego sonrió despreocupadamente mientras se daba leves golpecitos en la cabeza inconscientemente.

Ya veo…—musitó mirando en dirección al restaurante con gesto ensimismado. Luego junto ambas palmas a su frente y sonó aquello como un breve aplauso— ¡Bueno! Ya me contarán eso mientras tomo algo de desayunar, ¿alguno de ustedes también tiene hambre? Como siempre, la Orden invita —comentó sonriendo encantadoramente.

Tan hermosa… los dos asintieron embobados mirando el rostro de la bella dama que les daba el honor de acompañarlos. Luego la siguieron como mascotas fieles hasta el local, al cual Illya entró con marcada confianza y seguridad.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 02, 2010 12:04 am

Juliette pidió su té y ocupó una mesa para esperar a que se lo trajeran.

Muchos curiosos se giraban de vez en cuando al notar su cabello blanco. Incluso algunos cuchicheaban entre sí, claro que esto no pasaba por alto por los oídos de Juliette, pero ya estaba acostumbrada. Era parte de su vida diaria.

De pronto fuera del restaurant, a unos cuantos metros de distancia, se comenzaron a oír gritos y correteo de gente que parecía huir del lugar. La joven tuvo que resistir la tentación de correr hacia las ventanas para acechar y enterarse de lo que ocurría, pues se vería demasiado infantil para su gusto.

La gente soltaba gritos de sorpresa, pero luego parecían relajarse, para luego volver a gritar. Esto exasperaba a la joven, quien en serio comenzaba a sentir curiosidad.

Al final todos soltaron un suspiro de alivio y volvieron a sus lugares tranquilos. Parecía que fuese lo que fuese ahora estaba bajo control. Juliette intentó relajarse.

— Mademoiselle, su té— El camarero se había acercado a Juliette y ahora sostenía en una bandeja su té. La joven estaba casi segura de que este también se había distraído con el alboroto que se había escuchado fuera.

—Merci serveur, puede retirarse — Agradeció mientras le hacía una seña con la mano que indicaba que podía continuar con su trabajo. Este obedeció al instante y se dirigió inmediatamente a la puerta, la cual acababa de abrirse.

Esta dio paso a una joven, alemana a juzgar por sus rasgos. Y aunque Juliette no era la persona indicada para juzgar su belleza, la mayoría de los hombres presentes comenzaron a babear tan solo al verla.

Tras ella venían dos hombres de atuendo extraño. Sin mencionar que el de la joven propio de por sí era extraño. Uno de ellos era alto y se veía en muy buena condición física a diferencia del segundo, quien era de complexión regordeta. Pero si algo había en lo que se parecían, era en que ambos parecían pollitos tras mama gallina con la joven alemana.

Juliette rió con algo de arrogancia. Comenzó a preguntarse cuanto tiempo aguantarían aquellos hombres si se enfrentaran a Sébastien.

— »¡Sébastien!«— Recordó de golpe la joven. De seguro ahora mismo estaría preguntándose donde estaría su joven “dama”. Enseguida consultó el reloj que se encontraba en las paredes del local. Se había pasado de hora. Probablemente Sébastien ya estaría histérico.

Y Juliette no estaba muy equivocada.

El mesero que antes la atendía a ella fue directamente con la alemana. Listo para hasta alimentarla el mismo si se lo pedía. Juliette observó en todas direcciones, el restaurant estaba hasta el tope de gente. Había que ver donde iba a achocar al singular grupito.

Con lo que no contaba, era en que probablemente ellos ocuparan su propio lugar. Pues no le quedaba mucho tiempo para quedarse a disfrutar tranquilamente de su té.

Como si hubiera sido invocado. El sobre protector guardián de la niña apareció de la nada —O eso pensaba Juliette— y, con un semblante algo sombrío, apoyó su mano en el hombro de Juliette. Esta se estremeció.

Lo siento, se ha hecho tarde—Dijo tratando de parecer indiferente. Aunque en realidad sabía que si su mayordomo así lo decidía, se pondría a recitarle un largo sermón que probablemente le quitaría valiosas horas de su vida. Al no recibir respuesta, decidió cambiar de tema.—¿Cómo has descubierto que estaba aquí? —Sébastien esbozó una tétrica sonrisa.

—Fácil, ¿Cuántas jóvenes de 12 años tienen el cabello blanco? —Le explicó mientras tomaba su mano y le hacía levantarse de su asiento.—Creí que habíamos quedado a una hora en específico. Me has tenido preocupado.

Lo que ninguno de los dos sabía, era que la “original” llegada misteriosa de Sébastien había captado la atención de una pequeña parte de los presentes. Los restantes se percataron de su presencia de dos maneras:

Las mujeres al ver a semejante hombre tan apuesto y con aire protector hacia una menor, de pronto habían comenzado a tener el mismo efecto que los hombres habían sufrido ante la llegada de la alemana.

Los hombres, por los celos, claro esta.

— Vaya, que lindo de tu parte preocuparte por esta niña. —Una mujer bastante apuesta se había levantado, ya ahora usaba un tono seductor mientras movía las pestañas tan rápido que un colibrí sentiría celos. Al parecer, la mujer era casada. Pues el hombre a un lado de ella no tardó en lanzarle su cuchara al mayordomo, muerto de celos.

Finalmente, una lluvia de cubiertos, servilletas e incluso zapatos atacó a Sébastien, quien no se molestó en mover un solo dedo para protegerse a sí mismo. Si no que arrimó a Juliette a un lado mientras que los artículos rebotaban contra el como una roca rebotaría contra una superficie de metal.

Juliette se cubrió el rostro. De nuevo el centro de atención. No era necesariamente algo del que sentirse orgulloso tener a un guardia apuesto.

Lo que los celos lograban hacer a los hombres.


off: perdon si me tardo en postear, pero ando algo ocupada xD
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 02, 2010 11:37 pm

Off: ñeee, no te preocupes x3



El filo de las miradas cargadas de deseo y admiración, tanto como de recelo contenido fue lo que sintió Illya tras poner el primer pie sobre el restaurante, más sin embargo, ninguna mueca o palabra salió de ella para demostrar cuán incómoda le hacía sentir ello, porque en realidad, le importaba lo mismo que le importaría una pulga en su camino. Nada. Salvo el deseo de no querer tenerla encima para evitarse una molesta comezón. Así de vaga era su consideración, aunque siempre fuese de manera inconsciente. Había veces en donde no se daba cuenta de eso, lo que podía causar su bonito rostro. Esta, sin embargo, fue la excepción.

Es como si nunca hubiesen visto a una mujer joven en su vida… increíble, fue el único pensamiento casual que pasó por su mente mientras un mesero la recibía con una reverencia marcada. Al ver que seguía inclinado, con la cabeza en dirección a ella mirándola atentamente, sudó una gota. Fantástico, él también.

Bienvenue, mademoiselle —saludó mientras se incorporaba de nuevo— ¿Desea alguna mesa en especial para usted y los caballeros?

Illya chasqueó levemente la lengua, al escuchar aquel tonillo con que se había referido a sus dos compañeros. Una sonrisa tenue se mostró en sus labios en ese momento sin embargo.

No señor. Cualquier sitio nos sentará bien a mí y a mis camaradas —contestó la joven haciendo un sutil gesto.

No pudieron librarse del mesero (o mejor dicho, no pudieron conseguirse uno menos engreído). A fin de cuentas, había elegido él mismo atenderlos únicamente por la presencia de Illya. La idea, y el hecho de que ambos buscadores hubiesen pasado por un mal rato por su culpa, no le sentó bien, pero después consideró que la culpa era del hombre y su propia altitud ridículamente racista.

Ocuparon una mesa cerca de las ventanas, donde los rayos del sol proyectaban un débil haz dorado y cálido hasta el canto del mueble. La exorcista ocupó el puesto donde aquella manifestación natural estaba más cerca y alargó una mano hasta allí. La sombra de su palma se proyectó en la superficie donde antes estaba calentando el sol, e Illya sintió la radiación cálida del astro sobre su blanca y pura piel. No podía evitarlo. Muchas veces acababa fascinada por las cosas más simples y magníficas.

¿Qué va a pedir, mademoiselle? —interrumpió el mesero.

Illya alzó los ojos, que estaban fijos en la ventana, lentamente, y lo observó.

Tres rodajas toastbrot y huevos revueltos. De tomar solamente un café con azúcar—contestó la muchacha.

El francés alzó las cejas perplejo en silencio, mirándola dubitativo. Illya tardó unos cuantos segundos en saber la razón de su expresión.

Lo siento, quise decir pan de tostadas —repuso suavemente con una sonrisa. El mesero asintió con más energía de la necesaria y anotó el pedido.

La alemana se volvió a mirar a sus compañeras en silencio, con la pregunta inquisitiva en sus ojos.

¿Y los caballeros?

Illya hizo una mueca satisfecha. Oh, así estaba mejor. Después de todo algo de cordialidad no le afectaba a nadie, ¿verdad?

Yo tomaré pastelitos de pollo y agua solamente—dijo Alan, el buscador carismático.

Yo estaré bien solamente con un batido de chocolate —Héctor, el rellenito del grupo sonrió vagamente y palmeó el bolso que tenía oculto bajo su gabardina de buscador— Tengo todo lo necesario para alimentarme bien justo aquí. Nada como la comida de Jerry ¿Eh? —comentó mirando a Illya y luego a su compañera con gesto alegre.

Bien. Procure ingerir esos alimentos fuera del local después —advirtió el mesero y luego se volvió a la exorcista a quién le regaló una educada reverencia— Enseguida les traeré su pedido.

Cuando les dio la espalda y se marchó, con un paso apresurado y recto tan pronunciado que parecía incluso engreído, Héctor le sacó la lengua mientras se jalaba del párpado inferior de un ojo con el dedo. Illya rió con un tono cantarín mientras se inclinaba hacia adelante, estando ambos buscadores en frente suyo para cortar espacio.

Espero que no estén pensando algo parecido a “vaya modales los que tienen esos franceses” ni nada por el estilo —divagó la joven mirándolos a los ojos con expresión divertida— No depende del pueblo, sino del ser humano mismo. Aquí también hay personas bastante generosas y amables.

Oh, no se preocupe por eso, Illya-dono —replicó Alan.

Somos viajeros. Personas como estas se encuentran en nuestro camino con regularidad —agregó Héctor.

Bien, me alegra escuchar eso —repuso entonces con una sonrisa.

Luego hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto y por fin entrar a la materia que le interesaba: el caso de la Inocencia en aquel sitio.

Me han dicho entonces que el paradero de la Inocencia no se encuentra aquí, ¿cierto?

En ese momento algo acaparó la atención tanto de los buscadores como de la exorcista, distanciándolos momentáneamente de su apenas iniciada charla. Más adelante, en otra mesa, le lanzaban a un hombre que protegía a una menuda mujer (¿anciana?) tras suyo, tenedores, cubiertos, y cualquier cosa que pudiese tirarse fácilmente.

La alemana sudó una gota tras mirar cómo un zapato se elevaba en lo alto dibujando un arco perfecto en el aire y aterrizaba sobre el hombro del señor, rebotando abruptamente hasta caer en el suelo con un ruido seco. Los buscadores tenían la misma gota sobre la cabeza. Con un carraspeo nervioso, uno de ellos intentó retornar al tema de interés, aún teniendo aquel bullicio frente a sus narices, desatado como una guerra del cual ninguno de ellos entendía muy bien su motivo.

Eeemmm… Efectivamente. Pensamos que su verdadero escondite está más allá de la propia Niza —Alan sacó de su abrigo un cuadrado de papel arrugado, algo manchado y lo desplegó sobre la mesa, ignorando la algarabía suelta allí dentro. Lo que mostraba era nada más ni nada menos que el mapa de Francia con especificaciones del relieve en cada región— Es decir en las propias montañas, a las afueras —dicho esto señaló la zona donde se dibujaban los alzamientos de pequeños montículos verdes y marrones, una miniaturización de los inmensos cerros en la realidad francesa— Podemos ir cuando quiera, aunque actualmente está haciendo mucho frío por esa zona. Además, es peligroso según los ciudadanos de por aquí. Se rumorea que fugitivos de guerra se resguardan por esos sitios y atacan a cualquiera que se acerque a ellos. También hablan de desapariciones que ocurren allí mismo, así que tenemos que tener cuidado. La posibilidad de que además, los Akumas estén merodeando, también tenemos que tomarla en cuenta.

Sabemos que la Inocencia se encuentra allí porque los vientos monzones pasan primero por las montañas y después por esta ciudad —intervino Héctor— ya para cuando llegan aquí están impregnados del fenómeno y se vuelven peligrosos, como databa el informe. Producen pequeños cortes, a veces son intensos por la noche y derrumban carteles, o en el peor de los casos, causan heridas a las personas cuando sopla con velocidad.

En ese momento llegó el mesero con el pedido sobre una bandeja. Miraba esquivo el desorden en el otro extremo mientras les servía la comida en la mesa (Alan había quitado rápidamente el mapa de allí y lo doblaba en esos momentos); después de todo, el gerente estaba por acudir hasta allá para calmar el ímpetu irracional de los caballeros contra el mozo de la chiquilla… ¿peliblanca?

Illya parpadeó al notarlo. Antes había pensado en su fuero interno que se trataba de una anciana, pero su tamaño y, ahora que la miraba de perfil, su rostro eran los de una menor. La exorcista ladeó la cabeza mientras se llevaba un dedo a los labios, el gesto ahora curioso y reluciente en sus ojos.

¡Me encanta Francia! Son siempre tan… originales —musitó apasionadamente mientras apoyaba un codo en la mesa y se sostenía con una mano el mentón.

Los dos buscadores la miraron confusos, dudosos de si lo decía sarcásticamente o en serio. El rostro de Illya, divertido y atento, les dejó en claro que se trataba de lo segundo, no obstante.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 06, 2010 1:27 am

Juliette observaba con un ligero tic nervioso en la ceja a su “atractivo” mayordomo. Lo había hecho de nuevo, había captado la atención de la mayoría de la gente de nuevo. El centro de atención.

Al comprender que de nuevo una vez más hacía falta que el gerente del lugar fuera a arreglar las cosas, decidió sentarse a terminar su té tranquilamente. Para ser un guardia profesional, atraía demasiado la atención de la gente. Más específicamente de las mujeres, y, por desgracia, mayormente casadas.

Suspiró. De por sí le era suficiente con tener un extraño cabello blanco.
Observó frente a ella. Cerca de la ventana la joven alemana y sus acompañantes ya habían tomado su lugar, y ahora el más delgado llevaba un mapa en manos.

—»Me lo imaginaba, son turistas«— Supuso al instante la niña mientras observaba como el joven señalaba varias zonas en el mapa. —»Han de estar planeando su propia parada, probablemente un lugar donde puedan conseguir una ridícula cantidad de souvenirs que ni siquiera cabría en sus maletas«— Después de todo, eso era lo que hacían los turistas ¿No? A menos que esos no fueran turistas comunes y corrientes.
Juliette decidió que era hora de comenzar a pensar en una excusa que darle al gerente del lugar, además de hacer cálculos de los gastos que tendría que pagar por los platos que ahora se rompían en el abdomen de Sébastien. Los resultados no le agradaron nada.

Soltó un suspiro mas y se recargó en su brazo derecho, dispuesta a intentar deshacerse al menos de un poco del estrés que ahora tenía presente. Eso era definitivamente malo para los pigmentos de su cabello.

—…es peligroso según los ciudadanos de por aquí. Se rumorea que fugitivos de guerra se resguardan por esos sitios y atacan a cualquiera que se acerque a ellos.

No había escuchado eso a propósito. Consideraba el chisme un hábito horrible y pensaba que cada persona tenía derecho a un poco de privacidad para poder hablar libremente de lo que quisiera sin que se enterara nadie que no debiera hacerlo. Apenas escucho -figitivos de la guerra- supo enseguida que hablaban de las montañas. Sin embargo, definitivamente esos no eran turistas. ¿Ir a las frías montañas para las vacaciones? ¿Cuando habían miles de lugares mas maravillosos?

Ese tema ahora comenzaba a resultarle interesante. Su subconsciente se reprendió a si misma, pero ahora que había picado en algo tan fuera de lo común, pensó que era conveniente escuchar un poco más.

Con mucha discreción, la joven agudizó su sentido del oído al máximo. Aunque con el alboroto de Sébastien a penas y alcanzaba a oír algunas cosas.

—…Akumas merodeando. En cuenta— Esta vez a penas y había escuchado algunas palabras de lo que decía. ¿Akumas? ¿Qué era eso? ¿Alguna banda de criminales fugitivos? Fue la primera idea que llegó a la mente de Juliette.

—Sabemos que la Inocencia se encuentra allí…

¿Inocencia? Que extraño. Nunca había oído hablar de algo parecido. Es decir, obviamente la inocencia era una simplicidad o falta de malicia en una persona, eso hasta el mas tonto lo sabía. Pero la palabra no encajaba en la oración en ese momento. ¿Sería una palabra clave? ¡Claro! Eso lo resolvería todo. Tal vez la inocencia era como disfrazaban el nombre de alguna piedra o metal precioso, eso era lo que buscaban. ¿Contrabando? No, al parecer planeaban ir a buscarla ellos mismos, mas bien robarla…debía ser a esa tal banda de criminales llamada “Akumas”

—Causan heridas a las personas…

¡Pues claro que lo hacían! Era normal si se trataba de una banda de criminales. La joven comenzó a sospechar que aquellas personas no eran tan inteligentes como aparentaban.

“Akumas”, Juliette buscó en su amplio diccionario mental en su cabeza. Hablaba fluidamente muchos idiomas, y esa palabra le parecía haberla oído antes. “¡Akuma! Significa demonio!” Recordó de golpe una vez que hubo examinado el japonés. “Están planeando robarles algo”

Juliette agudizó lo más que pudo su oído. Sin embargo justo en ese momento el mesero llegó a repartirles sus órdenes. El hombre más joven guardó el mapa instintivamente, ocultando todo.

De pronto la joven alemana se giró a examinarla con la vista, con un deje de curiosidad en la mirada. Parecía que había notado su cabello blanco.

Juliette actuó con normalidad. Le dio un largo y elegante sorbo a su té, el último para que este se acabara. Luego le llegó un pensamiento.

“¿Esa joven también va a ayudarlos?” Pensó extrañada mientras la observaba. No le calculaba más de 17 años. Pero que se podía hacer, ahora en día los niños de su propia edad robaban pan para alimentarse y sobrevivir.

De pronto las puertas de la cocina se abrieron de par en par estruendosamente, captando la atención de todos los presentes y provocando que los hombres enfurecidos dejaran de lanzarle cosas a Sébastien.

Un señor regordete y enano (Casi confundible con un gnomo) Caminó enfurecido en dirección a Sébastien. Era el gerente, y su rostro estaba rojo como un tomate de la ira.

Todos hicieron silencio inmediatamente. El ambiente se tornó pesado e incómodo mientras que la turba furiosa retomaba sus lugares con una rapidez increíble. Dejando solo de pie a Sébastien y al gerente. Este enseguida se acercó a grandes zancadas (comparadas con su tamaño) y no tardó mucho en quedar de frente del mayordomo. Finalmente estalló en un montón de insultos franceses que ofendieron e indignaron a varia gente, incluido Sébastien.

Cuando al fin de hubo descargado gritando blasfemias. Juliette decidió que era hora de defender a Sébastien y pagar los daños. A penas se paró frente a Sébastien el gerente estaba a punto de mandarla a su asiento de un jalón de cabello, pero al notar el color de este una pequeña sonrisa se curvó en sus rechonchos labios e iluminó sus ojillos porcinos.

—Vaya vaya, miren que interesante. La pequeña heredera de la familia Fortscue…

Al escuchar esto, instantáneamente toda la gente comenzó a cuchichear entre sí cosas como: “escuche que perdió a sus padres en la guerra” o “es inmensamente rica, podría alimentar a toda la gente presente por todo un año”

El gerente de pronto tenía entre sus manos una hebra plateada de la joven, y ahora lo acariciaba casi con cariño.

—Escuche que tanto estrés provoco que tu hermoso cabello castaño perdiera su color— Dijo mientras pasaba sus dedos peinando la sedosa hebra.

Juliette no tenía tiempo. Tenía que llegar a su mansión y hablar con Sébastien urgentemente sobre la plática recién escuchada. Se limitó a sacar una cartera del bolsito que llevaba colgado. Depositó una considerable suma de dinero en las manos del gerente que pagarían los daños y mucho mas y luego tomó de la mano a Sébastien.

—Espero que eso sea suficiente para pagar los daños y la cuenta, mis disculpas por lo sucedido y con permiso— Dijo educadamente antes de desaparecer por la puerta del restaurant.

El gerente observó y contó la cantidad de dinero en sus manos, una sonrisa se dibujó en su rostro para luego desaparecer tras las puertas por las que apareció aún contando su dinero.
Indicó a unos meseros que arreglaran el desorden y estos obedecieron de mala gana.

Luego toda la gente regresó a lo suyo como si nada hubiera pasado.


[Off= el post mas largo de toda mi vida xDU espero que haya salido bien .w.]
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 07, 2010 2:41 pm

Tal y como había sospechado el mesero (que extrañamente, se entretenía en la mesa de Illya fingiendo –o quizá no- mirar el espectáculo del otro lado), su jefe había hecho aparición con la mejor gala que podía ofrecer alguien en esa situación, y con desmedida furia contenida en su rostro al verse el negocio, su negocio, perturbado con enorme desconsideración.

No creo que esa furia le dure mucho. No siendo una de las personas a las que les grita lo que es.

Illya se volteó a mirar al mesero con gesto sorprendido. Se había dirigido a ellos, o al menos eso había aparentado, dejando de lado los protocolos y el tonillo autómata de complaciente servidor. Seguía mirando fijamente en dirección a su jefe, y el formidable hombre que ahora recibía una regañina de éste. A la exorcista le hizo gracia. El gerente para gritarle al responsable tenía que alzar el cuello en toda su extensión, y aún así no era capaz de salvar la altura que los separaba por mero orden natural. Desde esa distancia, se veía claramente cuán enano podía ser, y cuan largo era el otro. Héctor soltó una risilla disimulada también observando. Al parecer, también había notado lo mismo y lo registraba.

Es como en una de esas comedias… solo que el enano incumple con el juego de palabras, mezclándolas con verdaderas groserías malsonantes que ni en el circo se escucharían hablar.

Ella soló un vago “Hmmm” en respuesta mientras se llevaba un bocado a la boca sin siquiera mirar el plato. De la misma forma tomó una rebanada de pan y le dio un mordisco. A su frente, ahora la escena cambiaba. El gerente le ponía toda su atención a la chiquilla (si, es una chica), con el gesto radicalmente cambiado a uno enteramente adulador –que a Illya le produjo arcadas-. Incluso desde esa distancia, sus palabras sonaban claras y fuertes.

Vaya vaya, miren que interesante. La pequeña heredera de la familia Fortscue…—dijo y con ello, un millar de murmullos se desataron irremediablemente dentro de todo el local.

¡Ay, Dios mío! ¿La pequeña que perdió a sus padres por maleantes de la guerra? —exclamó sin medirse una señora regordeta, y con trajes de galas, mientras se llevaba con expresión atónita el abanico al rostro.

¡No tan alto, impertinente! —La regañó otra señora a su lado, larguirucha y con nariz aguileña— He escuchado que es inmensamente rica. Es la más poderosa y rica de la ciudad gracias al dinero de sus padres, y que mantiene los negocios de ellos con puntualidad, ¡un infante como ella!

Luego ambas cabezas de avestruz se juntaron y sus voces se apaciguaron a una corriente irrefrenable de palabras que ahora Illya y los demás buscadores no podían escuchar.

Vaya, sin proponérselo se ha convertido en el centro de atención —musitó por fin la alemana sin mucha sorpresa.

Seguía observando a la tal Forstcue con un gesto menos curioso. Los buscadores no lo entendían, ni sabían por qué, pero lo cierto es que Illya solo trataba de mirar sus colores.

¿Pero qué piensas tú acerca de ello, chica?

Y en un parpadeo se dibujaron a su frente, ondeando alrededor de la peliblanca como una suave radiación. Tonos claros, zigzagueantes e inquietos. Illya ladeó la cabeza. Podía deducir nervios, ansias, e irrefutables ganas por salir de allí. Y eso hizo. Pagó la cuenta con un fajo de billetes que ni se molestó en contar y se marchó. Todas las miradas, incluida las de ella y los buscadores, la siguieron hasta que desapareció.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno… los murmullos cotidianos regresaron, seguramente en torno del nuevo chisme, y el movimiento en el local regresó a ser el mismo.

Que disfrute su desayuno, mademoiselle —el mesero hizo otra interminable reverencia y se fue con una sonrisa. Illya decidió que no le caía tan mal.

Alborotos como estos no se ven todos los días, incluso para nosotros —Alan mordisqueó uno de sus pastelitos y sonrió.

¿Quién era ella realmente?

Ambos buscadores miraron a Illya en silencio. Parecían cavilar la pregunta y acto seguido, la respuesta. Una búsqueda extensiva en su enorme base de datos.

Pues… como escuchó antes. Es la hija de una familia rica desaparecida. Si no mal recuerdo haber oído, creo que su nombre era Juliette…

Dicen que es una niña muy inteligente, y ahora que sus padres no están, se ocupa de los negocios de la familia en compañía de su mayordomo. Ya sabe, una menor no puede proceder si no está bajo la tutela de algún representante —Héctor sacaba la vianda donde estaba la comida que Jerry le había hecho y la abría mientras hablaba. Tal parecía, las advertencias del mesero le importaban un reverendo cacahuate. —Dicen que su mayordomo es el hombre más fuerte en este sitio… por eso casi nadie osa intentar robarle o abusar de ella. Está bien protegida.

Qué bueno —Illya dibujó una sonrisa distraída mientras se llevaba con ligereza el café a sus labios. Tras saborearlo, pareció satisfecha— Azúcar al punto.

Sus compañeros asintieron, todos de acuerdo con el buen sabor de la comida en aquel día.







¡¿Qué?! ¡¿Tanto cuesta?!

Illya sentada en una banca al azar de la plaza, miraba como ambos buscadores se disculpaban con ella haciendo una reverencia vergonzosa, con los rostros crispados por la desolación.

La verdad es que no tenemos ni un céntimo en los bolsillos Illya-dono, y ellos no aceptaron cuando les dijimos que podían ponerlo a la cuenta de la Orden. Dicen que solo nos recibirán efectivo. Dinero contante y sonante —se disculpaba Alan todavía con el torso inclinado y los ojos cerrados, frunciendo el ceño.

Ella se mordisqueó el labio inferior sin darse cuenta, pensando en lo que acababa de escuchar, y en lo que, de ser posible, tendrían que lograr.

¿Y de verdad es tan necesario eso?

Para sobrevivir en las montañas, si. No queremos morir congelados, ni tampoco desnucados… y mucho menos aplastados por una avalancha sin nada a la mano con lo qué huir.

Ella soltó un bufido bajo.

Equipo de supervivencia… —rezongó lentamente para luego suspirar— ¿No tienen ni una sola cosa de esas con ustedes?

Nada —lamentó Héctor en la misma posición, sudando por el esfuerzo— justamente hoy descubrimos que nuestro viaje nos llevaría a las montañas, y no hubo tiempo de avisarle a la Orden para que nos proviniese adecuadamente. Lo siento mucho.

Pausadamente observó la hoja que le habían entregado y la leyó. Era una lista de equipos necesarios para sobrevivir allí, nada que tuviesen ellos, y al final, la cuenta a saldar. Uno que otro cero medía lo fuerte que resultaba estar bien resguardado para una expedición, y sumando que no había nada en los bolsillos de ellos, y menos en los de la propia exorcista…

¡Bien! Recurriremos al plan B —exclamó Illya mientras lanzaba sin consideración la hoja al aire.

Los dos buscadores, todavía inclinados en la aparatosa reverencia, alzaron los ojos hacia la exorcista con la interrogante asomando a sus ojos. Ella les sonrió con confianza en un gesto traducido a “lo tengo todo fríamente calculado”.

¿C-cuál es el plan B, Illya-dono? —se atrevió a preguntar Alan.

A lo que ella se volvió hacia otra dirección y señaló el horizonte, donde el techo alto y majestuoso de una mansión brillaba bajo la inmensidad del sol en aquel día; era la más alta, la más grande, y la más lujosa de Niza, así que el nombre de los propietarios estaba demás pronunciarlo.

Ambos hombres al comprenderlo pasados algunos segundos, se incorporaron inquietos y alarmados.

¡Oh! usted no estará pensando en… eso, ¿verdad?

Elemental, mi querido Alan —ella sonreía ampliamente, como si no fuera algo más que una escaramuza divertida lo que se planeaba en el interior de su ingeniosa cabecita— Para situaciones desesperadas, medidas desesperadas.


Última edición por Elipthi Khanon el Mar Mar 09, 2010 11:42 am, editado 2 veces
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 07, 2010 9:16 pm

Juliette estaba sentada en una gran y extensa mesa, a pesar de que en esos momentos ella era la única que la ocupaba. Tenía cubiertos en cada mano y un plato suculento frente a ella. A su lado Sébastien se mantenía de pie con una servilleta doblada por la mitad en su brazo derecho, en la posición típica de un mayordomo.

Alrededor de ellos una mucama y un sirviente corrían de un lado a otro con diferentes artículos de limpieza, dejando todo impecable a su paso. La mucama tenía un semblante seguro de sí mismo y corría a paso decidido. Mientras tanto el sirviente, mucho más joven que ella, tropezaba muchas veces y de vez en cuando daba una vuelta sobre sí mismo para mantener el equilibrio.

— Juliette, ¿Estas segura de que no es demasiado pronto como para juzgarlos? — Preguntó con un deje de preocupación su mayordomo. No era muy propio de su joven ama escuchar pláticas ajenas, y menos sentenciar a la gente por una simple suposición.—Ni siquiera me parece haber escuchado sobre alguna banda criminal con el nombre “akuma”.

—Sébastien, si están hablando de las montañas. ¿Qué otra cosa podría ser akuma? No creo que haya alguna tienda de souvenirs en la montaña en donde vendan “inocencia”. — Dijo exasperada la joven. Luego tomó una posición de vendedora y comenzó a hacer una imitación. —Buenos días, Hoy hace un frio excelente ¿no cree? ¡Un día perfecto para llevar inocencia!. —Sébastien comenzó a temer por la salud mental de su protegida.

—Sabes Juliette, comienzo a pensar que estas enojada—Dijo esbozando una pequeña sonrisa, sonrisa por la cual cualquier mujer se desmayaría.
Juliette desvió la mirada de su comida hacia Sébastien con una ceja levantada.

—Lo siento, es que me encanta ser parte del centro de atención de todos los lugares—Dijo sarcásticamente mientras le daba un bocado a su comida. Sébastien suspiró y miró a su ama aún con su pequeña sonrisa grabada. Esa era su Juliette de nuevo.

—Yo también lo siento, pero habíamos acordado una hora y como no llegabas me preocupé. Si te quieres ahorrar esas pequeñas intervenciones llega puntual o déjame acompañarte a todos lados. —Hizo una pequeña reverencia y luego tomó los platos vacíos de la mesa para luego depositar uno más con una deliciosa rebanada de tarta de fresa.

—Ahora, joven ama, apresúrese a comer para poder empezar con su clase de piano.——Juliette suspiró algo cansinamente.

—Sin embargo, Sébastien, me gustaría hacer algo al respecto con aquel “robo” de “inocencia” . Tal vez pueda resultar arriesgado si no se interviene.— El mayordomo enseguida reaccionó, algo agresivamente apenas su protegida tuvo semejante idea.

Juliette se quedó perpleja al ver como su mayordomo abandonaba su sonrisa para luego azotar una mano contra la mesa, haciendo que el líquido de su bebida rebozara.

—¡No! No voy a permitirte ir a un lugar así de peligroso. — Juliette se sintió ofendida. ¿Estaba Sébastien imponiéndole una orden?. —Lo siento, no puedo dejarte exponer a tal riesgo.

—No te preocupes, lo comprendo Sébastien. Pero yo se lo que quiero hacer. Y sabes que si así lo decido, así será.

Sébastien se mordió el labio inferior. A pesar de ser un adulto, el responsable de Juliette, no podía imponer una orden a su joven ama. Temía decepcionarla o algo parecido. Sin embargo eso lo hacía sentirse impotente, sin nada que poder hacer al respecto. Y sobre todo. ¿Y si verdaderamente akumas era una banda criminal fugitiva? ¿Estaba la niña consciente de eso?

—Nicole, ¿Puedes encargarte de lavar los platos por favor? Ahora mismo debo ir a limpiar las habitaciones, antes de que se me haga tarde —Se excusó mientras miraba su reloj de bolsillo. La mucama se sonrojó levemente y asintió con la cabeza, parando toda su corrida solamente para escucharlo. El niño que venía siguiéndola choco contra ella gracias a la repentina parada. Nicole lo levantó y sacudió sus ropas.

—Milou, cariño. Eres torpe limpiando. Por favor vete mejor a trabajar en el jardín, ahí tu trabajo se aprecia mas. —El joven bajó la mirada decepcionado mientras suspiraba con un aire de depresión. Luego desapareció por la puerta.

Seguido de el Nicole tomó los platos vacíos y desapareció por la misma puerta. Y de último salió Sébastien.

—Nos vemos en un rato, My lady. — Se despidió.
Y Juliette Salió por otra de las puertas, la cual la llevaba más rápidamente a su habitación.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 07, 2010 10:07 pm

E-esto me parece una completa locura, Illya-dono, ¿está segura de que dará resultado?

La voz nerviosa de Alan se escuchó inmersa entre la maraña verde de un arbusto que se sacudió levemente mientras el buscador parecía ajustarse algo entre la ropa. Aquel pequeño pedazo de naturaleza pertenecía a las inmediaciones Forstcue, alineado cerca de la entrada principal de la mansión.

¿Acaso dudas de mí, Alan? —respondió Illya, oculta también en el otro arbusto de al lado. El movimiento que éste emitió daba a entender que la exorcista se había cruzado de brazos con gesto desafiante— Más que un resultado, será un éxito rotundo, sólo déjamelo a mí y sigue todo lo que te he dicho al pie de la letra.

Jejejeje, ella tiene razón, Alan —convino Héctor en el tercer arbusto apilado en la misma línea. Sonaba emocionado— Siempre quise hacer esto de pequeño.

El buscador atleta sudó una gota mientras entrecerraba los ojos desde su lado.

Eso explica por qué está tan entusiasmado…

¡Basta de charla! —exclamó Illya y su camuflaje de hojas y ramas se volvió a agitar, soltando algunos retoños en el proceso— ¿Ya están preparados, señores?

¡Si! —afirmó Héctor con vehemencia.

Si… hasta que mi cabeza deje de estar sobre mis hombros.

No hay por qué ser pesimista. Ahora… —Illya salió de su escondite rodando, hecha una bolita, y se incorporó de inmediato. Con porte heroico señaló la puerta de la mansión, mirando a ambos buscadores todavía ocultos— ¡Vayan a por ellos, muchachos!

Los dos salieron de su escondrijo también, expuestos, y se acercaron, Héctor con paso altivo y enérgico, ya en su papel, y Alan casi arrastrando los pies, con lagrimillas en los ojos por la vergüenza tras verse obligado a estar en una situación como esa, hacia la entrada de la mansión.

Sus trajes de buscadores fueron reemplazados por unos idénticos a los que usaría cualquier vaquero inmerso en su bella Texas. Con pesadas botas y relucientes espuelas, sacándoles reflejos al radiante sol en aquel día, y sombreros del tradicional modelo, ocultado sus ojos de las miradas de cualquier curioso.

¿¡Pero trajes Americanos en plena Francia!?

Flash Back


Para conseguirlos Illya les había pedido que la esperasen un momento mientras se encaminó muy tranquila hasta el umbral de un bar cercano al restaurante y lo cruzó. De allí no supieron nada de ella durante varios minutos, hasta que salió de allí con los vestuarios en ambas manos, cuales lanzó hacia cada buscador sonriendo.

Estos deben ser de sus tallas. Pruébenselos —les había dicho.

Ambos sopesaron la idea, mirando lo que conformarían sus nuevos atuendos, con expresión dudosa. Al instante Héctor pareció captar algo en las intenciones de la exorcista, y los ojos le brillaron de entusiasmo.

¡El Oeste! ¡Usted es una genio, exorcista!

Alan lo miró de reojo con un signo de interrogación sobre la cabeza, en plan “¿Y a éste tío qué?”, y luego se giró hacia Illya alzando su ropa sostenida únicamente entre su dedo índice y pulgar.

¿De dónde los ha sacado? ¿Y para qué necesitamos algo como esto para conseguir dinero?

La exorcista sólo se limitó a mirarlo, y lo silenció esbozando una sonrisa traviesa que a Alan le pareció sensual e hizo sonrojarlo. Illya no prestó atención a ello y les hizo señas para que se acercaran hasta donde estaba. A dos pasos de ella, los jaló y pasó una mano por cada hombro, obligándolos a doblarse un poco y cerrar el espacio entre los tres.

Ahora escuchen bien. El plan a continuación consiste…


Fin del Flash Back



¡Buenos días, señorita! —exclamó alegremente Héctor mientras alzaba las manos teatralmente, en cuanto la puerta de la mansión se abrió tras varios llamados, dando paso a la silueta de una encargada que los miró con sorpresa. — Mi compañero y yo hemos venido aquí para hablar con el dueño de ésta mansión, ¿podría pedirle que nos conceda por lo menos algunos minutos para hablar con su merced?

El buscador regordete llevaba un antifaz al estilo Llanero Solitario, mientras que Alan cubría parte de su rostro, temiendo ser reconocido con un sombrero alto de caballería. Era el que más lucía nervioso, y Héctor tuvo que darle un codazo en las costillas para que espabilara y mejorase su comportamiento. Alan carraspeó débilmente y tomó la palabra.

No nos tardaremos… estamos aquí para una especie de… negocio.

Ya está. Nos matarán... nadie en su sano juicio permite siquiera que unos extraños con atuendos extravagantes entren a su casa. Hasta aquí llega mi carrera como buscador... oh, mamá, y tantas cosas que quería contarte luego de que todo esto terminara...


Eran los lamentos del buscador, que tras su mirada oculta aguardaban unos párpados apretados y en sus manos cubiertas, unos puños ceñidos con evidente nerviosismo.





Desde el mismo arbusto, Illya miraba la escena valiéndose de unos binoculares que Alan le había facilitado, inventario cortesía de los buscadores. Sonreía y el aire travieso que la rodeaba era prácticamente palpable. A veces soltaba una risilla infantil, divertida con ello. La sonrisa que se ensanchaba en sus finos labios y dejaba al descubierto unos blancos y perfectos dientes, era semejante a la del gato Cheshire, solo que versión humana y, por qué no, beatífica.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 09, 2010 12:25 am

— Mi compañero y yo hemos venido aquí para hablar con el dueño de ésta mansión, ¿podría pedirle que nos conceda por lo menos algunos minutos para hablar con su merced?

Nicole pestañeó, divertida. Era la primera vez que veía a unos americanos por esos lares, aunque no se mostraba sorprendida. Era normal para ella recibir visitas de muchos otros lugares, aunque no permitía pasar a cualquiera, múltiples veces había tenido que correr a gente que iba sin alguna razón importante. Y estaba a punto de negarles el paso también a esas personas. Por más simpáticas que se vieran.

—No nos tardaremos… estamos aquí para una especie de… negocio.

¡Touché! La palabra clave: Negocios. Ahora podía estar más segura de si dejarlos pasar o no. Solo faltaba una cosa.

—Oh, así que vienen a ver a la señorita Juliette. Por favor, esperen un segundo. —Esbozó una enorme sonrisa e hizo una señal para que esperaran donde se encontraban. Luego se metió de nuevo a la mansión, había que buscar a Sébastien. El decidía quién podía entrar y quién podría ir dándose la media vuelta y desaparecer de su vista, todo dependiendo de cómo encuentre a la persona, si es de confiar o de tratarse con cuidado. Aún así, el nunca se separaría del lado de su joven ama.

- - - - - - - -

—Mi Mi, Fa, Sol Sol, Fa, Mi, Re, Do Do— Sébastien indicaba melodiosamente con su prodigiosa voz la partitura que su joven ama debía seguir en el piano. Ahora repasaban una de las más básicas canciones. El himno a la alegría, tan solo para comenzar a calentar con los dedos para pasar a algo más complejo luego. Juliette le seguía el ritmo coordinadamente y con los ojos cerrados para mayor concentración. Sus menudos dedos se desplazaban ágilmente por las teclas del piano, mientras que los de la mano izquierda permanecían por más tiempo en los acordes.

— ¡Sébastien, tenemos visitas!

Una desafinada y aguda nota hizo resonar los tímpanos del pobre mayordomo, esta nota perduró por bastante tiempo. El tiempo suficiente hasta que los dedos de Juliette se hubieron entumecido por tanta presión y tuvo que soltar la nota.

La joven odiaba ser interrumpida, mucho más estando a mitad de una clase.

Levantó lentamente la mirada para encontrarse con la profunda azabache de su guardia, este parecía querer disculparse mediante ella.

—Sébastien, pensé que hoy no tenía programada otra cita a parte de la que recién llego. —Su mayordomo se acercó a ella y le tendió una mano para ayudarle a levantarse de su lugar.

—Está bien, a lo mejor solo es alguna invitación a una fiesta o un baile.— La tranquilizó mientras ambos abandonaban la estancia del piano.

Aún así, Sébastien tampoco estaba muy feliz de interrumpir la clase. Tanto como podía ser una invitación, podía ser un nuevo negociante que quería una cita para charlar con su joven ama. Eso significaría más estrés para ella.

- - - - - - - - - - - -

Juliette sintió como le comenzaba un tic en la ceja izquierda. ¿Para eso había interrumpido su clase de piano?

—Vaya vaya, miren que…originales trajes—A Sébastien le surgió una gotita de sudor tras la nuca. Era extraño ver a esa gente con vestimentas tan extrañas. —Parece que vienen de ¿Texas? —Preguntó dudoso con un dedo en su labio superior, en posición pensativa. —¿Puedo ayudarlos en algo?

— Si ¿Podemos ayudarlos en algo? — Juliette observó con algo de recelo a las personas frente a ella. Por alguna razón se le hacían conocidas, pero gracias a su ropa no podía verles los rostros.

Mayordomo, Mucama y jovencita noble se quedaron observando expectantes a los hombres frente a ellos.

[Off= Jajajajaja, pobres buscadores xD]
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 10, 2010 9:43 pm

Héctor estaba inspirado. Alan lo notó en el mismo instante en que se mostraron las dos siluetas señoriales, propietarias de la mansión a la que ahora estaban abordando (y él, particularmente, se había sentido como una hormiguita, tanto como comenzó a marearse de los nervios). Le brillaban aún más los ojos, con el pecho repentinamente erguido en demasía, y el delgado buscador se preguntó por quinta vez qué había hecho la señorita Illya en su compañero… o con qué palabras le había llegado. A los ojos de Alan, era todavía un misterio, aunque siguiera preguntándose en su fuero interno la razón, no obstante.

Dio entonces el regordete vaquero, con su antifaz ajustado a la medida y los pequeños ojos relucientes, un paso adelante, porte seguro y firme.

Muy buenos días, señorita, caballero —saludó primeramente con cordialidad, haciendo una inclinación con su sombrero en señal de respeto— Mi colega y yo hemos llegado de paso hasta esta ciudad, con el ánimo de siempre, para probar suerte en nuestro “particular” negocio. Entiéndanos, es nuestra furtiva manera de ganarnos la vida desde que tuvimos que abandonar nuestra tierra natal por razones personales —comenzó a relatar entonces.

Alan disimulaba bien, pero en su interior estaba boquiabierto, ¿en qué momento se había inventado todo aquello? Echó un vistazo hacia atrás, esperando observar un atisbo de la presencia de la exorcista en el arbusto donde debería estarlos vigilando, pero nada vio. Héctor proseguía haciendo gestos exagerados, con un acento ligeramente Texaco, acercándose a su propuesta. Después de darle un poco de larga al asunto, relatando historias de viajes por toda Europa, y la supervivencia de ellos en esos momentos, abordó el asunto principal abruptamente.

Somos cazarrecompensas, señores. Nos encargamos de limpiar las ciudades acuciadas por maleantes o peligrosos vándalos a cambio de algo de dinero y si se puede, comida —solemnemente se quitó su sombrero, mostrando una mata de corto cabello castaño oscuro desordenado— Hemos escuchado que las personas que viven cerca de las montañas de Niza están teniendo problemas con fugitivos de guerra o soldados supervivientes. Ha habido secuestros, asesinatos, y con mayor frecuencia, robos. No saben qué hacer, y pidieron nuestra ayuda, no obstante, sin ningún céntimo con qué pagarnos el servicio.

Alan carraspeó nerviosamente y casi se elevó de golpe en puntillas. Héctor calló y lo miró con gesto ecuánime.

Nos han dicho entonces que recurriésemos a ustedes, la familia Fortscue. Aseguraron que entendería la situación y prestarían su ayuda, como una de las pocas familias responsables de la ciudad. Tienen poder y prestigio en esta comunidad, ¿me equivoco?

Héctor le hubiese guiñado el ojo con complicidad, de no ser porque estaba metido enteramente en su papel y no quería arruinarlo todo por un estúpido gesto. Sonrió en una mueca que podría interpretarse como asentimiento a las palabras de su amigo, pero que Alan supo que se guiaban a congratulaciones por su rápido ingenio y buena intervención. Habría sido raro que él no hablase, estando metido hasta el cuello en la situación tanto como el redondo vaquero.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 15, 2010 4:53 pm

Hemos escuchado que las personas que viven cerca de las montañas de Niza están teniendo problemas con fugitivos de guerra o soldados supervivientes. Ha habido secuestros, asesinatos, y con mayor frecuencia, robos. No saben qué hacer, y pidieron nuestra ayuda, no obstante, sin ningún céntimo con qué pagarnos el servicio.

Juliette alzó una ceja desaprobatoria, sabía lo que venía en ese momento. No era la primera vez que sucedía.

Nos han dicho entonces que recurriésemos a ustedes, la familia Fortscue. Aseguraron que entendería la situación y prestarían su ayuda, como una de las pocas familias responsables de la ciudad. Tienen poder y prestigio en esta comunidad, ¿me equivoco?

Sébastien suspiró, el también se veía venir eso. De nuevo venían a pedir dinero a la familia. Y a la señorita no le gustaba nada que fuera gente a pedírselo, y menos con la escusa de que la población de Niza requería de los préstamos para cubrir sus necesidades.

Juliette cerró los ojos por unos minutos para intentar analizar a fondo la información. Ahí había algo que no encajaba, estaba más que segura de eso. Esos hombres le resultaban familiares por alguna razón.

Se tomó su tiempo para responder, aunque no era normal en ella. Siempre tenía algo con que responder a cualquier cosa, aunque fuese algo sarcástico o cínico.

La niña esbozó una pequeña y escalofriante sonrisa. Ahora lo comprendía todo. Todo era gracias al joven castaño que se encontraba cuidando del jardín de la mansión. Este estaba parado con una expresión perpleja en sus infantiles facciones, casi con la boca abierta. Y aunque estaba a metros de ahí, parecía que estaba viendo fijamente a ambos hombres frente a ella.

Aunque, ¿No a Milou le agradaban todos los artículos relativos a los”vaqueros”? Siempre había mostrado interés en aprender equitación por su fanatismo. Después de todo, era un chiquillo de catorce años. Y no era muy maduro.

Pero Juliette sabía que el más joven de sus sirvientes era muy hiperactivo y a veces resultaba ser escandaloso. El único que podía ponerlo en su lugar era Nicole, su hermana mayor.

Así que, en teoría, si fuera que estuviera impactado por ver a unos “ídolos” suyos tan cerca de la mansión, en ese preciso instante hubiera corrido a interrogarlos como ni siquiera la policía sabría hacerlo. Ni siquiera le hubiera importado la presencia de su hermana.

Juliette hizo diferentes señas con ambas manos hacia el sirviente más joven, y con la otra mano hacia su mayordomo. Ambos captaron el mensaje al instante y Milou siguió con su trabajo en el jardín posterior mientras que Sébastien asentía con la cabeza solamente.

—Así que…Ustedes piensan que tratan con una simple chiquilla de doce años ¿No es así? —Esbozó una tétrica sonrisa mientras chasqueaba los dedos ágilmente. — Les alegrará saber que sí, están tratando con una chiquilla de doce años. Sin embargo, esta niña no es estúpida ni mucho menos. — Sébastien asintió con la cabeza en el preciso instante que su joven ama chasqueo los dedos, hizo una leve reverencia y se quedó en esa posición hasta esperar un nuevo aviso. —Por que esta niña desciende de la familia Fortscue. Y por que no le agrada en lo más mínimo que la crean fácil de burlar.

Nicole, quién también había comprendido todo en el instante en que Juliette hizo señales a su hermano pequeño, entró al instante a la mansión con tranquilidad.

Juliette, con la intención de hacer que los hombres se sintieran presionados, decidió hacerle saber más de lo que ella estaba consciente. Por que también tenía otra teoría a parte de que parecían querer engañarla. Esos hombres se parecían mucho en aspectos físicos a los hombres que había visto en el restaurant horas antes, solo que ahora no llevaban aquellos extraños trajes.

—Caballeros, ¿Les molestaría mostrar sus rostros? Me resulta de mala educación hablar directamente con alguien de quien no puedo ver del todo — Ahora había compuesto una sonrisa sincera, que en realidad lucía aterradora para algunas personas. —Y si no es mucha molestia y no me equivoco terriblemente de situación y personas. ¿Podría salir de donde quiera que este la joven alemana que los acompañaba? ¿O es que esta vez no esta con ustedes? —Soltó una pequeña risita y prosiguió. —Si no estoy mal, creo que han salido de alguna parte inusual por que mi sirviente Milou se les ha quedando viendo raro. Espero que no decidan oponer resistencia si estoy en lo correcto con mis teorías.

Y dicho esto Sébastien levantó la cabeza solamente, aún reverenciado, y esbozó una sonrisa.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 17, 2010 12:00 am

Con cada deducción que sacaba la chica, Alan se encogía imperceptiblemente por los nervios desbocados. Eso, aunque no quisiera admitirlo, aunque lo hubiese sabido desde antes, había sido más rápido de lo que él esperaba. Pensaba que al menos se tardarían varios minutos para darse cuenta del truco y dudar de sus palabras. Aunque fuese un poco.

¿Y ahora qué hacer? Escondido tras la sombra de su sombrero, no podía mirar el gesto de Héctor, que permanecía quieto aún, sin haber dicho algo incluso varios segundos después de que la señorita Juliette les hubiese echado en cara lo estúpido que había resultado su intento de timo, y cuán infantil parecía, que hasta una niña de doce años con cierta capacidad intelectual, les había cogido el truco al inicio.

Es nuestro fin, es nuestro fin, es nuestro fin…

¿Y qué había querido decir con “oponer resistencia”?, ¿es que pensaban golpearlos, sacarlos a la fuerza de allí sin mucha consideración o atentar contra ellos por su ligero crimen? Todo dentro del joven buscador era un caos verdadero. Prácticamente rogaba que les partiese un rayo o que la tierra los engullera, incluso que Illya saliera de su escondite y lo solucionase todo (cuando Alan se volteó a mirarla disimuladamente, notó que no estaba en el arbusto ya; se había esfumado literalmente). Necesitaban algo de dinero, sólo eso, ¿qué tenía de malo?

Los bandoleros exiliados siempre son considerados falsos, incluso en la propia Texas.

Era Héctor, ¡parecía no tener miedo! Sonreía con una mueca autosuficiente, y Alan se percató que por nada del mundo, dejaba su papel. De todas formas, no pensaba alargar las cosas, llegados hasta ese punto. Se lo hizo saber cuándo apretó su hombro con ligereza y lo empujó en sentido contrario, dándose la retirada, todavía hablando con vehemencia alegre.

Pero creo que con sus palabras nos ha dejado claro la respuesta, señorita Fortscue —prosiguió él también retrocediendo sin perder la calma— Así pues bien, esperamos que pasen un buen día~. Habrán otros métodos por los cuales podríamos ser recompensados de librar el pueblo de tantos maleantes, así que por ese lado también descuide —les dio la espalda, pasándole un brazo por los hombros a Alan, mientras que levantaba la mano libre en señal de despedida— Good bye~

Mantuvieron el paso despreocupado hasta que estuvieron varios metros lejos del lugar. Cuando por fin perdieron de vista la mansión, por un callejón, se dejaron caer, apoyados del muro. Alan exhalando frenéticamente el aire contenido en sus pulmones por los nervios, y Héctor quitándose su máscara del lejano Oeste junto al sombrero de su compañero. Su expresión era levemente perturbada y decepcionada.

Soy un asco para la actuación —dijo al cabo de un rato de jadeos e interjecciones— A mi me encantan los vaqueros, flipo por ellos, y cuando trato de aparentar uno, entonces un pequeño prácticamente me llama farsante, actor de segunda y me tira por el basurero de los sin-talento.

Alan sudó una gota.

¡¡Idiota, es más serio de lo que piensas!! ¡No te lo tomes a juego! —exclamó entonces furioso.

En realidad estuviste fantástico Héctor, así que no menosprecies tus dotes como actor.

Ante la repentina aparición de la voz de la exorcista (inconfundible: cantarina y risueña) ambos se voltearon sorprendidos. Allí estaba Illya, a su frente, sonriendo con un gesto encantador, con ambas manos ocultas tras su espalda.

Por unos instantes, la sonrisa de ella pareció traviesa.

Fue divertido —declaró llanamente.

Alan al comprender a qué se refería cayó de espaldas estrepitosamente contra el suelo, anonadado. De modo que había estado presente durante todo el rato ¿todo eso no había sido realmente pare recolectar dinero entonces?

¿A dónde se había metido, Illya-dono? —Interrogó Alan, no enojado, sino sencillamente confundido— Hemos fracasado, y seguimos sin tener nada que nos proporcione ganancias para comprar lo que necesitamos y así consumar la misión, ¿qué haremos ahora entonces?

¿Quién te ha dicho que no hemos obtenido nada después de todo lo ocurrido?

Héctor parpadeó confundido.

¿Qué quiere decir?

Illya entonces sacó de su espalda una arquilla para el cabello, sostenida entre sus manos. Relucía en el sol con cierto brillo ceremonioso. Ambos buscadores se le quedaron mirando por largo rato, asimilándolo. Tenía grabada en su superficie lisa el dibujo de varias florecillas entrelazadas unas con otras con maestría. El color era plateado, y en el centro de cada flor brillaba una pequeña diadema reluciente. Alan fue el primero en abrir la boca como un pez.

¿Es eso acaso…?

Lo encontré tirado en la grama, casi hundido en la tierra. Creo que el jardinero no había pasado todavía por allí, y si lo hizo pues entonces no la notó. Y no me extraña. Cualquiera no se hubiese dado cuenta de que yacía allí, ustedes le pasaron por el lado y ni se percataron incluso —interrumpió la exorcista con una sonrisa cándida. Sacó un pañuelo de su bolsillo y pulió el fino material, mirándolo con mimo— Si no me equivoco está hecha de plata, y lo que tiene incrustado son diamantes.

Soy uno de los buscadores con mejor ojo, y puedo asegurarle de que así es —convino Héctor todavía sorprendido— Sería más que suficiente para hacernos de lo que necesitamos, y además, pedir algo de comida para llevar —bromeó entonces con una risa animada.

¿Pero eso no sería hurto, Illya-dono?, ¿no es algo que le pertenece a la pequeña Fortscue?

Quién sabe —caviló la exorcista sin mucho interés— Puede que sí, puede que no. Quizá sea un objeto que se le cayó a alguna dama de alcurnia mientras visitaba a la familia, o sencillamente llegó hasta allí por meras casualidades del destino. La ley de la selva dicta: “el que se lo encuentra, se lo queda”, y en este momento, es una frase que nos va como anillo al dedo, ¿no es así?

Ambos asienten.

Entonces vamos por ese equipo de supervivencia y terminemos con todo esto —agregó con tono osado, sonriendo— Si triunfamos con éxito propongo una deliciosa comida para reconfortarnos.

¡Si!

Héctor pareció satisfecho, parecía haber olvidado su momentáneo instante depresivo ahora que le mencionaban comida y encima, deliciosa.

Bueno, pero primero permítanos hacer una cosa —interrumpió Alan, logrando que Illya fijara sus ojos con expectante curiosidad— Deje que nos cambiemos los trajes. Esta camisa de cuadros me está dando picazón.

A lo que ella asintió con una sonrisa divertida en los labios, recordándole lo arriesgado que podría llegar a ser estar con una exorcista que está aburrida.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 20, 2010 1:19 pm

Juliette se quedó observando incrédula la salida de la mansión por unos segundos. Le costó un tiempo asimilar la información, pero para cuando lo hizo una venita de enfado comenzó a palpitarle en la sien.

—Vaya vaya, desaparecieron como pájaros asustados— Sébastien ahora tenía una gota de sudor resbalándole por la sien. Eso no pondría de un mejor humor a su ama.

Esas simples palabras —Convincentes para cualquiera menos ella— Solo habían logrado confirmar las sospechas de la joven. Debía reconocer que al más gordito en verdad se le daba muy bien la actuación. Sin embargo, al querer salir de esa situación desesperadamente, le había llevado a realizar una actuación demasiado buena. Tan buena como para despistar a Juliette por unos segundos, los suficientes para alejarse del lugar.

Sin embargo, Sébastien aún estaba confundido. Juliette sabía entender las intenciones de la gente a la primera, por más buena que fuera la actuación. Pero esta vez se había tardado un poco más. Normalmente, al escuchar otra respuesta que no fuera la que ella esperaba, probablemente hubiera chasqueado los dedos y el hubiera atrapado a los hombres en un abrir y cerrar de ojos.

—Sébastien ¿Por qué de pronto siento un ligero humedecimiento en mi tobillo? —Como si lo recién ocurrido nunca hubiera pasado, su joven ama solo se ocupaba en ese momento por una ligera molestia en el tobillo izquierdo.

El mayordomo bajó la mirada y enseguida descubrió al culpable.

—Parece que este es el problema—Dijo levantando lentamente a una pequeña bola de pelos blancos bien peinados con patas. Tras flequillo que le cubría el rostro pronto emergieron un par de ojitos negros y una lengua jadeante. Luego el animalito emitió un ladrido de saludo. Era el cachorro por el que Milou había hecho tanto drama el día de su cumpleaños, logrando convencer a Juliette de aceptarlo en la mansión. El niño le había puesto de nombre Souffle.

Juliette lo tomó en brazos y lo observó minuciosamente, había algo fuera de lo común en él a parte de que sus patas estaban sucias por la tierra.

—Nicole—A penas menciono su nombre, la mucama ya estaba saliendo de la mansión con su hermano menor tomado de la mano, como un niño pequeño.

—¿Sucede algo joven ama? —Preguntó mientras que Milou enseguida iba a tomar al perro entre brazos.

— ¡Souffle! —Dijo en cuanto este le lamió el rostro con cariño.

—Milou, te he dicho que no lo dejes salir. Ahora tendrás que bañarlo antes de que pueda entrar en la mansión —Le reprendió Sébastien mientras señalaba sus ropas, las cuales ahora estaban llenas de lodo y pasto gracias a que el se lo había pegado al pecho.
—Y me parece que tu también necesitarás uno

—Lo siento, es que le encanta el aire libre —Dijo sonriente mientras acariciaba a Souffle. Luego le vino a la mente otra cosa. —Joven ama, ¿Ya se han ido los vaqueros?

—Si, Milou. Y justo de ellos quería preguntarte —Afirmó mientras se acercaba más al joven, que le llevaba unos diez centímetros de diferencia en la altura. —Te les has quedado viendo raro por un buen rato, ¿Es que han salido de algún lugar inusual? —Inquirió mientras el castaño se llevaba un dedo al mentón, pensativo.

—Bueno, los he visto salir de esos arbustos. Y también una señorita los acompañaba, pero luego no la volví a ver —Dijo mientras señalaba los arbustos con sus enormes ojos avellana brillando con curiosidad.

—Bueno, y ahora. ¿Me puedes decir donde esta la arquilla para cabello que llevaba Souffle? —Sonaba extraño, pero gracias a su largo cabello, Souffle podía darse el lujo de tener una costosa arquilla para el cabello en su blanco pelaje.

—Ah, claro. Siempre que sale le gusta quitársela y mal enterrarla entre los…arbustos —Milou dudo un poco en la última palabra, sabía que ahora estaba en problemas. Enseguida corrió al mismo lugar de donde había visto salir a los hombres y la señorita alemana anteriormente, comenzando a escarbar con las manos en el lugar habitual donde el perro dejaba la arquilla. Pero no encontró nada.

— Se lo han robado—Señaló enseguida Juliette, aunque no lucía enojada, más bien pensativa. —Parece que después de todo han obtenido lo que querían —Suspiró y luego se giró hacia el sirviente mas joven—Ahora vete a tomar un baño con la bolita de pelos, por favor. —Le ordenó.

—¡Claro que sí, mi lady! —Respondió con una enorme sonrisa, aliviado de no llevarse una regañina por parte del mayordomo y su hermana. Después desapareció en la mansión con Souffle en brazos.

—Voy a asegurarme que no rompa nada —Dijo con una pequeña reverencia la mucama antes de desaparecer en la mansión también, dejando a una pensativa Juliette y a un confundido Sébastien solos.

—Si no estoy mal. Querían conseguir dinero por ser extranjeros y no poder pagar muchas cosas aquí. Sin embargo, no creo que hayan osado robarme solo para comprarse souvenirs — Razonó la joven mientras se llevaba una mano al mentón—Esa arquilla valía lo suficiente como para comprarse todo un kit completo de alpinismo —Entonces lo comprendió todo—¡Eso es! ¡Quieren subir por las montañas! —Entonces recordó todo, la banda fugitiva Akuma y la tal inocencia, que debía ser un objeto de gran valor—Me han robado para robar a otra gente —Entonces enseguida se giró hacia su mayordomo, con una mirada repleta de determinación.

—Sébastien, quiero que prepares todo lo necesario para subir por las montañas de Niza. Los equipos de alpinismo de ambos y el carruaje que nos lleve hasta las proximidades, partiremos al atardecer —Aún sin saber como ni donde ni cuando, estaba dispuesta a llegar a la tal inocencia antes que ellos. Si le habían robado, ahora ella tenía todo derecho a robar lo que ellos intentarían robar ahora.

Sébastien enseguida tomó una expresión preocupada, por mas responsable, fuerte y resistente que fuera su ama. Ella seguía siendo una niña de 12 años. Pero no se sentía en posición para ordenarle que no fueran a hacerlo. Temiendo que la joven le tomara rencor.

—Si, mi lady —Aceptó de mala gana.

Y dicho esto, Juliette entró a la mansión para ayudar con los preparativos y avisar a sus demás sirvientes de su ausencia.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mar 21, 2010 12:05 am

¡Fantástico! ¡Hemos logrado conseguir todo lo necesario e incluso aún nos sobra mucho dinero! —exclamó Héctor notablemente emocionado mientras inspeccionaba a su frente los tres bolsos donde se encontraba todo lo necesario para poder sobrevivir al menos en las montañas.

Los instrumentos comprendían sogas resistentes y de alta longitud, largos ganchos de material duro pero ligero, abrigos a prueba de nevadas intensas, así como comida, cantimploras de cuero, ganchos más pequeños que servirían para deslizarse, botas para la nieve (Illya no necesitaba unas, ya tenía las suyas propias, pero los buscadores sí urgían por unas nuevas), así como tres grandes sacos para almacenar además todo lo mentado atrás.

Incluso nos hicieron una rebaja notable al tener que pagar. Los dueños de la tienda no son tan tacaños como pensaba —agregó Illya inspeccionándolo todo también, con un dedo sobre los labios en gesto inocente.

Alan sudó una gota, recordando las miradas embobadas del hombre en la caja de la tienda, y del otro encargado que les estaba ayudando a escoger los instrumentos. Sus voces aduladoras y melosas, cada vez que la exorcista les preguntaba algo con tan dulce vocecita…

Apenas Illya-dono se dirigió a ellos, se comportaron amables… yo diría que incluso demasiado —masculló.

¿Has dicho algo, Alan?

No, nada.

La exorcista asintió tranquilamente y se inclinó a su bolso. Con un seco tirón lo cerró, y luego se lo colocó en la espalda, erguiéndose con ánimo, y una sonrisa deslumbrante en el rostro.

¡Bien! ¡Vamos hacia las montañas! —exclamó alzando un puño con vehemencia, girándose en dirección al sitio mentado. Desde allá lejos, las formaciones rocosas lucían fantasiosas, bañadas en una capa inmaculada y borrosa que incluso las hacía parecer una mera ilusión.

Mientras más rápido, mejor —arguyó Héctor repitiendo el gesto de la exorcista y echándose encima su carga.

Alan los imitó sonriendo con simplicidad. La energía de Illya, sin que él o su compañero quisieran, era terriblemente contagiosa.



Al cruzar los límites de Niza, pudieron ver cuán imponentes eran en realidad las montañas que debían de escalar. Altos picos se asomaban a duras penas entre la inmensa y frívola niebla que los rodeaba, flotando alrededor como vapor condensado. La vegetación era escasa: uno que otro árbol, y el piso retachado de hierba corta y verde musgo. Lo que más se veía era piedra, roca, y todos sus derivados. El suelo era rígido, a pesar de lo mullido que podía sentirse a veces bajo la delgada alfombra verde.

A pesar de lo desolador que se veía todo, Illya no perdió la sonrisa en el rostro, ni mucho menos los ánimos. Se giró a sus compañeros con expresión segura y les mostró el dedo pulgar como señal positiva.

Bien chicos, andando~
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

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