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Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 06, 2010 9:43 pm

Juliette abrió los ojos lentamente. Había estado sintiendo un constante tacto en sus manos y ella era de sueño ligero. Sin embargo, al ver quien era la causante de aquella pequeña molestia, a la niña casi le da un infarto.

— ¡Relâche-moi étrangère! —Olvidando completamente que trataba con una alemana, Juliette habló en su idioma natal por instinto. Apartó las manos bruscamente y las escondió tras su espalda.

—No me toques —Le advirtió frunciendo el ceño mientras que se hacía hacia atrás, chocando contra el inmenso pecho de su mayordomo.

—Juliette, no te comportes así. No es lo que crees —Trató de tranquilizarla Sébastien, pero la niña solo lo ignoró mientras señalaba a Illya con su dedo acusador. —Mi lady, por favor no señale —Le reprendió en voz baja, pero aún así la joven continuó ignorándolo.

—¡Me la quiere quitar! —Gritó de pronto, aún sin dejar de señalar a la pobre alemana—¡La quiere!

—¿Qué cosa? ¿La inocencia? Juliette, si me dejas explicarte… —El mayordomo había tomado su muñeca y la había obligado con delicadeza a bajar el dedo señalador. Sin embargo la francesa se había puesto de pie y ahora caminaba hacia Illya, con el puño donde llevaba la inocencia fuertemente cerrado.

—¿Para que la… —Pero frenó abruptamente, pues un sentimiento de mareo la invadió y le hizo aflojar el puño donde llevaba la inocencia para llevarse la misma mano a la cabeza —Aún con la inocencia—y luego caer, siendo sostenida a tiempo por el mayordomo. Aún estaba muy cansada y no parecía poder ponerse de pie muy pronto, pues sus extremidades estaban débiles y congeladas.

—¡Juliette! —Fue lo único que articuló Sébastien antes de atraparla en brazos. La niña aún seguía consciente, para alivio suyo.

—No se que paso, de pronto mis piernas dejaron de responderme —Se excusó algo avergonzada por haber demostrado semejante debilidad frente al enemigo.

—No me sorprende, debes de estar muy cansada después de todo lo que ha pasado. Trata de no esforzarte, que no hace falta —De nuevo trató de explicarle, pero su protegida de nuevo no le dejo.

—Sébastien, no podemos dejar que estas personas tengan la inocencia en su poder —Casi explicándole con calma —Solo por que estaba demasiado cansada como para alzarle la voz al mayordomo— La niña abrió lentamente el puño donde llevaba aquel cristal divino del que tanto le habían hablado al sirviente. Le costó trabajo, pues casi era como si sus dedos estuviesen oxidados después de tanto tiempo de apretarlos fuertemente contra la inocencia. Una vez que hubo abierto la mano del todo, Sébastien observó horrorizado como su protegida se había causado tanto daño a sí misma por mantener un agarre tan fuerte. Su palma estaba llena de rasguños y algunos cortes que sangraban profusamente. Probablemente por culpa del viento cortante producido por la inocencia.

—Dios mío, ¿Cómo te has… —Murmuró abriendo los ojos inmensamente y —Por primera vez—Dejando ver la evidente preocupación por su protegida en su expresión. El mayordomo estaba consciente de que unas heridas como esas, a pesar de ser pequeñas, no debían tomarse a la ligera. Sin embargo la pequeña Fortscue solo abrió ligeramente los ojos al sorprenderse por el daño en su palma, aún sin mostrar ninguna señal de de dolor.

— Parece que esta cosa es la causante de la anomalía en los vientos—Dijo como si fuera lo mas obvio del mundo. Contempló por unos minutos el calmante titileo del cristal y luego miró a Illya fijamente. — ¿Ustedes querían esto para conspirar contra algun pueblo o ciudad o para que?—Inquirió observando aún tranquila la inocencia.

Juliette lucía muy segura de sí misma, y Sébastien ahora no se esforzaba en explicarle la situación pues estaba muy ocupado examinando sus heridas. Parecía que la pequeña sabía que si acaso la atacaban, Sébastien intervendría al instante.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 10, 2010 12:22 pm

Casi Alan y Héctor se iban a abalanzar contra Juliette cuando respondió tan agresivamente contra Illya, que había estado buscando tranquilamente arrebatarle la Inocencia sin que se percatase siquiera.

Se detuvieron gracias a la mirada reprobatoria que les lanzó la exorcista, una clara señal.

Aléjense, déjenmelo a mí.

Luego se volvió a mirar a la pequeña niña que no hacía más que lanzar chillidos infantiles tratando de aferrar el cristal divino consigo, como si estuviese completamente al tanto de la gran carga que se estaba echando sobre la espalda al querer retenerla a su lado.

La exorcista dio un respingo cuando se sintió señalada, e instintivamente de su mano revoloteó la señal que evadía el mal de ojo, el infortunio, y todo lo malo que siempre buscaba rechazar. Hizo cuernos, cruzando la marca por detrás de su espalda para no ser notada y menos verse sospechoso.

Fuera, fuera, ¡Lárgate!

Después de todo, señalar dejaba algo más que una carga de culpabilidad y acusación. Conllevaba pesos más alicientes de lo que cualquiera podía imaginarse, sencillamente porque era algo invisible que muy poco lograba sentirse, pero estaba ahí siempre presente.

Luego de desplomarse por su propia fatiga, siendo acudida por su mayordomo, la francesa volvió a cuestionar las maneras de los tres miembros de la Orden, pero esta vez parecía dejarles hablar y defenderse. Illya soltó un suspiro pequeño e intentó sonreír de manera despreocupada, a pesar de que no dejaba de molestarle la sensación de que bien ella podía hacerse daño si seguía sosteniendo consigo la Inocencia.

Créeme Juliette, tus razones y pensamientos están demasiado lejos de nuestras verdaderas intenciones con esa joya —repuso mientras se sentaba en el suelo con la misma sonrisa cándida; los dos buscadores la miraban con cierto deje ansioso, pero ella no parecía consciente de eso— no sé si felicitarte sea adecuado en esta situación tras tu inteligencia al intentar averiguar lo que sucedía con esos extraños que habían llegado a tu ciudad en busca de algo sospechoso llamado Inocencia. Fuiste al menos capaz de sospechar de nosotros, mientras que nadie en Niza parecía preocupado de lo que entraba y salía del interior de su comarca.

El viento arreció, tempestuoso y voraz, escabulléndose hasta la ciudad frío. Era la clase de tormenta que acababa con la vida de vagabundos expuestos durante las noches de sueño pesado repantigados afuera. Illya alzó una mano a su frente queriendo rechazar la intensidad que le agitaba los cabellos y el abrigo deshilachado violentamente.

Pero no es así. Si te tomas la molestia de escucharnos, tal como lo hizo Sébastien tiempo atrás, estoy segura de que entenderás perfectamente la situación y sabrás nuestras intenciones verdaderas. Ahora presta atención, por favor…

Héctor interrumpió a Illya poniéndole una mano en el hombro. La aludida alzó la cabeza para mirarle con interrogación pendiente en su mirada y ladeó la misma confundida. El buscador sonreía apaciblemente.

No se esfuerce tanto, Illya-dono, y déjenos a nosotros esta vez contar la historia —pidió.

Huh~ está bien —rezongó pueril la exorcista.

De modo que entre Alan y Héctor le contaron a Juliette también lo mismo que antes Illya le estuvo informando a Sébastien, sin equivocarse en algún detalle, y dándose cada uno un turno para hablar y expresarse. Así redujeron la cantidad de tiempo que le había tomado a la exorcista antes en su momento.

…es todo, ¿aceptará entregarnos la Inocencia ahora entonces, señorita Juliette? —cuestionó Alan, que lucía algo cansado.

La montaña comenzó a estremecerse de pronto, temblando desde su base hasta la punta. Las fuertes agitadas sorprendieron tanto a buscadores como exorcista, así como el fuerte estruendo de que algo verdaderamente pesado y fuerte estaba golpeando la estructura.

¿¡Pero qué rayos!?

Exorciiiiistaaaaa, baja de inmediato y sal de dónde estéeees. —la voz del nivel dos se escuchó casi apagada desde esa altura, pero fue audible y escalofriante— No podrás quedarte todo el tiempo allá arriba.

Héctor le tendió la mano a Illya para que se incorporase.

¿Esa cosa todavía sigue con vida?

La exorcista le sonrió con cierto deje de pesar.

Créeme, son más difíciles de matar de lo que parecen.

Cuando se levantó, sacudió sus ropas y sacó de ambas fundas nuevamente sus dos rifles, Albtraum vibró ansioso con un ronroneo sosegado mientras se activaba ante la voz sutil y mandataria de su acomodador.

Carnero/Virgine —un chasquido, luego Illya se volvió a mirar a Juliette y a Sébastien— Héctor y Alan estarán con ustedes en todo momento, para que nada malo les pase. Tenemos que bajar de aquí, o podría esa bestia ocasionar otra avalancha. Yo me encargaré de él, así que no se preocupen, y huyan mientras puedan hasta la ciudad. Allí los veré.

Exorcista. Tomaba la responsabilidad como se le confería desde que se le nombraba como Apóstol de Dios sin vacilar. Illya les miró una última vez con el ceño fruncido y luego se lanzó en picada hacia abajo, ante el asombro de sus dos acompañantes que acudieron al filo de la montaña a mirar qué hacía.

La exorcista estaba patinando sobre la superficie rocosa mientras descendía violentamente, precipitándose contra el nivel dos que estaba parado al inicio de la misma y no pareció notar la pequeña presencia que se le avecinaba hasta que ésta estuvo varios metros cerca de él. Entonces volteó con los ojos como plato y todo se volvió oscuro.

Para aminorar el impacto que quizá podría haberla matado a ella misma de haber chocado directamente con el nivel dos, clavó una Lacrime en su recorrido y se aferró de ella deteniéndose abruptamente, y con la misma sinergia comenzó a dar vueltas en torno a la estaca hasta alcanzar un ritmo que fácilmente pudo controlar. Luego se soltó, dirigiéndose con el impulso hacia el nivel dos y le pateó fuertemente el rostro con ambos pies. El crujido del metal magullado y un rugido de dolor le recibieron.

¡Tá-da~! —canturreó en cuanto pisó el suelo, dando un saltito para alejarse del cuerpo del nivel dos humillado— ¿me extrañabas?

Más bien voy a matarte.

Bramó. Luego se incorporó pesadamente y corrió directamente hasta ella. Illya sonrió, se apartó casi volando y aún así se las arregló para voltearse y dispararle a su enemigo sin compasión.

Qué amable. Consideraré eso como un sí.





Rápido, por aquí.

Alan y Héctor lanzaron las cuerdas y las fijaron en un lado de la montaña más alejado del de Illya, para bajar. Amablemente, les permitieron a Sébastien y a Juliette empezar primero.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 12, 2010 10:56 pm

Sébastien no se lo pensó ni un minuto antes de tomar en brazos a Juliette y comenzar a bajar ágilmente por la cuerda. Juliette estaba a punto de reclamarle, pero no creyó conveniente distraer al mayordomo desde tal altura, así que se limitó a aferrarse fuertemente de su cuello, apretando en su puño la inocencia sin tener siquiera presente la idea de soltarla. Ni siquiera después de lo que le había explicado—Acerca de La orden oscura y la inocencia—, le valía un pepino ahora todo eso. Por alguna razón no quería soltarla, estaba aferrada a ella como si su vida dependiera de ello; y lo peor de todo es que ni siquiera sabía por que lo hacía.

— ¿Akuma?—Preguntó con la voz aterciopelada y somnolienta, amortiguada por el chaleco de Sebastián, como una niña pequeña que por primera vez ve a un perrito. Los buscadores ya habían comenzado a descender también, y de vez en cuando lanzaban miradas recelosas hacia Juliette, quién parecía poder caer dormida en cualquier momento.

—Si, un akuma. ¿Qué es que acaso también quieres llevártelo de mascota? —A pesar de la situación, Alan parecía estar mas ocupado pensando en la inocencia y la niña que en el enorme akuma que los atacaba. Juliette en cualquier otro momento le hubiera respondido con su característica arrogancia y sarcasmo. Pero en este caso solo se aferró aún más a su mayordomo con mirada adormilada. No estaba en condiciones de siquiera reclamar.

Sebastián sentía a su ama cansada, le hacía falta su habitual capacidad de responder inmediatamente y con su notorio sarcasmo. La niña estaba cansada después de tanto esfuerzo físico y apostaba a que si dejaba a la joven bajar sola la montaña, esta de seguro caería al instante.

Pasaron unos minutos hasta que llegaron. Illya de nuevo se enfrentaba con el nivel dos y este lucía avergonzado y humillado. Los dos rifles de la exorcista resonaron por todo el lugar, despabilando repentinamente a Juliette y logrando que esta pusiera sus sentidos alerta. Como era de esperarse, el akuma no cayó tan rápidamente ante los ataques de la exorcista y se defendió como cualquier otra bestia que hubiera estado en su lugar.

Abruptamente, el akuma pareció haberse percatado de la presencia de los buscadores y de los franceses. Sin embargo no era tan tonto como para ir por ellos dejándose a sí mismo expuesto como un blanco perfecto para la exorcista, tratándose ellos de simples humanos.
—Cuando acabe contigo, exorcista, me encantará llevarme este gran banquete conmigo —Dijo con un tono escalofriante, como refiriéndose a los presentes como su futura cena.

—¿Esa cosa come humanos? —Juliette estaba sorprendida, y a la vez incrédula. Por primera vez en mucho tiempo sentía la emoción abrumadora que era el miedo. Se había puesto más pálida de lo normal y temblaba ligeramente. No quería tener que estar frente a esa cosa, quería irse de ahí en ese momento —S-sébastien…vámonos de aquí.. —Pidió con un hilo de voz. El mayordomo observó receloso al akuma, aquella criatura que había logrado atemorizar a su joven ama.

Sébastien no tardó nada en acceder a esa petición. Pero justo estaba a punto de salir de ese lugar cuando el akuma se dio cuenta de algo increíble, literalmente.

—¡Esa niña tiene la inocencia! ¿Cómo? —Y luego Juliette perdió la noción del tiempo. De un minuto a otro se encontraba tirada contra la nieve hecha un ovillo y protegiendo la inocencia con su propio cuerpo, observando aterrorizada a Sébastien a unos metros de ella, Tirado e inconsciente después de un horroroso golpe por parte del akuma. Juliette se erizó al pensar en el golpe que el metal había causado contra la cabeza de su mayordomo. Ahora si tenía mucho miedo, estaba sola hasta que Sébastien se recuperara del golpe.

El gorila gigante había ignorado olímpicamente a Illya y ahora su objetivo era la inocencia. Después de todo los akumas SI eran tontos.

La pequeña Fortscue se incorporó e intentó correr, pero no estaba en condiciones de hacerlo. Logró avanzar unos cuantos metros hasta llegar hasta donde Illya, quizás a unos 10 metros de diferencia, a rastras mas de la mitad del camino. Una vez ahí se recargó contra la nieve y abrazó contra sí la inocencia. Temblando. Sabía que ahora estaba totalmente expuesta al peligro.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 13, 2010 9:35 pm

Illya, azarada por el calor de la batalla y la presión que le conllevaba el concentrarse para poder acabar lo más rápido posible con el Akuma, maldijo irremediablemente por lo bajo cuando con una velocidad irónicamente voraz el nivel dos le dio la espalda y arremetió contra Sébastien como una bestia desesperada en pos a la Inocencia que ahora sabía que cargaba Juliette consigo, ¿cómo maldita sea lo había notado? A veces la perspicacia de las condenadas máquinas hacía gala de uno que otro prodigio verdaderamente inoportuno.

La exorcista no había podido atacarle por la misma sorpresa, y nuevamente se sintió tonta al haber permitido la sucesión de momentos peligrosos por los que ahora pasaba la pobre inocente niña que volvía a sus raíces infantiles más primitivas y padecía del terrible y desgarrador miedo, imposibilitándole regresar con esa faceta ingeniosa y superdotada que muchas veces había mostrado con descaro.

Como una reacción a tal imperdonable falla, en el mismo momento en que el nivel dos trató de volver a hacerse con Juliette, Illya llamó su atención nada más ni nada menos que corriendo hacia él, saltando, y golpeándole de lleno en la cabeza con la culata de uno de sus rifles, provocando un sonoro y prolongado gong al chocar metal con metal rudamente. Un nuevo grito de sorpresa y dolor desconcentró al nivel dos, y por dentro de su cableada mente, algo chispeó. Cuando se volvió abruptamente se encontró con la exorcista a varios metros separado de él, pero mirándole con una sonrisa fiera, burlona y cínica con la intención de provocarle tanto como pudiese.

Préstame atención, bestia, o de lo contrario te haré coladera sin haber hecho nada más que dispararte —advirtió con un tono mordaz que hizo juego a la mirada seria que ahora lucía, en su fuero interno preocupada por la seguridad de Juliette.

¿Qué tú qué? —balbuceó el autonombrado bailarín profesional de samba maestra.

Oh ¿Se te han fundido los cables de audición acaso, monito? —se burló y logró que éste echara humo literalmente por el enojo.

Illya se dio el tiempo de hacer una voltereta improvisada para alejarse de las zarpas del nivel dos, que volvía a mirarla e intentaba acabar con ella.

Está bien. Primero te mataré, y luego iré a por la Inocencia, exorcista.

Definitivamente, poca masa cerebral tenían los de su calaña.

Justamente eso quiero que hagas —la exterminadora se sonrió.

Pero no contó con que igual a como tiempo atrás, volviese a usar aquella técnica en la que se convertía prácticamente en un tornado y formaba a su alrededor el viento raudo y cortante que evitaba en su mayorías los golpes y Lacrime de Albtraum.

Me habréis derrotado en el concurso de baile aquel, pero jamás podrán detenerme cuando me vuelvo tornado. Es imposible.

La velocidad que tomó, logró hacerlo llegar hasta la exorcista antes de que ella pudiese huir a tiempo. El par de ojos de tierno caramelo se vieron abiertos de par en par por la sorpresa. Fue el primer golpe realmente directo que le propinó a Illya. Un choque que le cortó sobre todo su cuerpo y la mandó lejos hasta que chocó contra la pared rocosa del pie de la montaña. El sonido de ella siendo azotada fue seco, y desprendió varios trozos de piedra filosa a su alrededor, casi abollando la superficie que le había recibido. Illya ahogó un gemido de dolor mientras el flequillo de su cabello le ocultaba la mirada seguramente dolida.

¡Illya-dono! —chilló Héctor aterrorizado desde su sitio; impotente al no poder hacer nada.

Pronto la sangre empezó a manar desde su cabeza. Estaba aturdida y en una posición expuesta, con el aliento cortado, la mente nublada. Todo rastro de conciencia debatiéndose entre la razón y la oscuridad que significaba caer desvanecida por el dolor.

El nivel dos se acercaba con pesados pasos.

Muévete.

Reía maliciosamente con las garras alzadas desprendiendo rayos de luz.

Muévete.

Ningún miembro de su cuerpo respondía.

Pronto estaba la bestia demasiado cerca de ella.

¡Maldición, muévete!

El destello de un recuerdo. La misma imposibidad, el letargo idéntico cuando en México estuvo a punto de morir aplastada bajo las piedras del antiguo templo en la batalla contra Xavier; la salvación había tenido en ese momento un nombre que ella aún desconocía. Y que en ese instante no estaba.

El nivel dos alzó las zarpas, con una le tomó del cuello violentamente y la otra la atrasó con el ademán de estar a punto de enterrársela en el pecho. Una sonrisa demente deformó el de por sí horroroso rostro de la bestia.

¿Últimas palabras?
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 13, 2010 11:11 pm

Juliette miró, aún con aquel desagradable sentimiento de terror, como la alemana que minutos antes mostraba una sonrisa juguetona iba a dar contra la pared rocosa de la montaña. Atemorizada, la pequeña no hizo mas que arrinconarse entre la nieve, escondiendo la inocencia entre sus brazos.

El akuma se acercaba peligrosamente a Illya en tan solo unos pocos segundos que a Juliette le parecieron una eternidad, preparando el golpe final. La niña se quedó ahí, paralizada e incrédula, observando impotente como el akuma preguntaba por las últimas palabras de la exorcista, para luego matarla e ir por ella. Cerró los ojos durante unos minutos y se dio el tiempo para observar a un lado de ella. Sébastien yacía recostado en la nieve, aún inconsciente y con parte de la frente de un color morado magullado, con pequeños hilillos de sangre recorriéndola.

Era cierto, nadie sobreviviría esa noche. Ahora que se daba cuenta, todo estaba muy oscuro, apenas y se podía ver las figuras de las personas. Si prendían cualquier tipo de luz y apuntaban directamente contra su rostro, sus pupilas se dilatarían al grado de parecer un par de minúsculas habas.

Los ojos de la niña anegaron en lágrimas, se le era imposible calmarse y eso solo la humillaba aún mas. Miró a Illya, no había sido nada agradable con ella, y aún así ella la había protegido, aún sabiendo a lo que se exponía haciéndolo.

De pronto Juliette sufrió de un repentino Flash Back dentro de su estado semiinconsciente. Su mirada estaba ida y su mente trabajaba como un tren de vapor.
No habían pasado ni cuatro meses desde eso.

Observó a sus padres, y a los matones que pretendían robar su fortuna. Esta vez paró el flash back justo en los rostros de sus padres, quienes estaban inconscientes y boca abajo, por lo tanto sus expresiones no se denotaban muy bien.

Fue lo último que había visto de sus padres. Esa noche no había podido hacer nada, y eso la había enojado mucho. Ahora, de nuevo venía una situación parecida.

Sin saber qué o por qué, Juliette se levantó abruptamente y con el ceño tan fruncido que bien podría interpretarse como el de una persona de mayor edad. De nuevo había regresado esa Juliette, la que no se mostraba débil ante cualquier situación y la que no perdía la cordura.

— ¡Eh, bestia!—No le importó en lo mas mínimo como llamar al akuma— ¿Quieres la inocencia?—No, no estaba siendo impertinente. Era todo lo contrario— Ven por ella—Y, encantado por la invitación, la bestia salió disparada hacia ella en cuanto Juliette alzó en su mano izquierda la inocencia.

La niña sonrió disimuladamente y simplemente se agachó, haciéndose una bolita y rodando, pasando bajo los pies de la enorme bestia. El akuma no tuvo tiempo siquiera de preguntar por la inútil idea de la niña, cuando de pronto se golpeó de lleno contra el muro rocoso de la montaña, al igual que Illya.

Juliette no pudo evitar sacar la lengua, como una niña pequeña. Después de todo, eso la ayudaba a aumentar su autoestima y estar mas segura de si misma. De cierta manera, parecía una dulce jovencita jugando con uno de los tantos muchachos que tanto la admiraban. Cuando en realidad era una jovencita jugando con una bestia, con armas punzo-cortantes incluidas.
Justo cuando se incorporó se dio cuenta de que la inocencia ya no estaba en sus manos, y lo último que vio antes de un destello cegador y potente verde, fue al akuma abalanzándose contra ella. Cerró los ojos y se cubrió con los brazos, formando una X, aunque ni ella misma sabía por que había intentado algo tan inútil.



Sébastien abrió los ojos, y lo que vio hizo que de nuevo sintiera esa sensación de mareo que lo había estado atormentando durante las ultimas horas. Estaba delirando, listo, de seguro el akuma lo había golpeado tan fuerte que su cerebro había dejado de funcionar correctamente. Por que, después de todo, si ni su “fortaleza impenetrable” era suficiente para detener al akuma…¿Los listones de la pequeña Juliette serían suficiente para detenerlo? Se dejó caer de nuevo a la nieve, consciente de que era un delirio y que cuando despertara Illya los habría salvado a todos. Mas eso fue descartado al momento de que el golpe contra el suelo solo por tirarse acabo en un punzante dolor en la frente.

— ¡¿Qué demonios?!—Maldijo el akuma al momento de ver frente a el como la pequeña niña de doce años de edad se defendía de su potente embestida con un par de simples listones de cabello, que aún desprendían un color verde brillante, un color característico de la inocencia.

Juliette estaba tan sorprendida como la bestia, pero no dudo, hacerlo sería un gran error. Solo cruzo aun mas los brazos, notando como los listones se tensaban aún mas. Por un extraño presentimiento que tuvo, al ver al akuma tan ocupado con la boca abierta hasta el suelo, tensó los listones hacia arriba y luego los lanzó contra la bestia.

Y comenzó a danzar, si, a bailar con la gracia de una mariposa. Dando golpes que parecían poder cortar, claro que al akuma solo le hacían desprender chispitas. Sin embargo, Juliette no paró, siguió bailando, y con los ojos cerrados. No entendía lo que pasaba, pero le gustaba.
Abrió los ojos y le regaló una encantadora sonrisa al akuma. Estaba feliz.

— Au revoir, akuma—No era que estuviera segura de vencerlo, eso sonaba egocentrista. Pero quería decirlo, quería que el akuma se enterara de que no le temía. Ya no mas. La sonrisa que tenía en su infantil rostro era hermosa, era limpia, era pura, era auténtica. Sonreía como una pequeña niña de su edad, y reía como una.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 14, 2010 8:10 pm

El golpe certero y letal nunca llegó. Tampoco hubo exceso de sangre salpicada ni un solo grito de dolor y angustia; menos la bocanada de aire desesperada y el último aliento exhalándose con languidez hasta su extinción. Sólo pasó el viento y el silencio, seguido de la repentina voz de Juliette alzándose por entre todo lo que intentaba hacerse escuchar retando al Akuma. Illya tardó en darse cuenta de que la chiquilla se había recompuesto y ahora se integraba al juego, y cuando lo hizo, fue en el mismo momento en que todo comenzaba de nuevo a cambiar, y las líneas del destino se retorcían en zigzag, marchándose con su desgracia hacia otro lado…

¿Qué está pasando aquí?

Illya seguía sin moverse.

Por descontado, los buscadores se encontraban en la misma condición, mirando boquiabiertos cómo la Inocencia sincronizaba limpiamente con la pequeña Fortscue y se unía a los listones que cargaba sobre su cabeza, los cuales adquirieron la tonalidad de la esperanza reluciente, renovados como dos nuevas armas sublimes para desterrar la oscuridad del mundo. Un verdadero acto sorprendente allí en todo ese teatro improvisado.

¿Exorcista? —balbucearon los dos al unísono tras reaccionar sus mentes y llegar a la misma respuesta en tiempo récord.

Si… una exorcista, Illya se permitió esbozar una sonrisa enigmática que ni ella supo de dónde nació y hasta dónde llegaría. Tampoco parecía asimilar completamente la escena, pero más importante, le gritaba su interior, era aprovechar la nueva mano de cartas que le estaban ofreciendo para poder terminar con aquella mala historia.

Grrr! —rugió el nivel dos descontrolado, todavía sin entender mucho de la situación a pesar del ligero daño que estaba sufriendo, y el verdor que emanaba de los listones de Juliette, señales inequívocas de lo que buscaba— ¡¿Dónde está la Inocencia?! ¡¿DÓNDE LA HAS METIDO?!

Vamos otra vez, Albtraum.

La voz de la exorcista había sido apenas un susurro, pero aún así la bestia le escuchó y se volteó a mirarla austero. Illya, reincorporada, con el moño que antes se había hecho suelto, los cabellos alborotados sobre sus hombros y espalda, el rostro ensangrentado, una sonrisa ladina y la mirada fulminante, no se molestó en explicar su breve monólogo interior. En vez de eso, empezó a dispararle a su rival con ambos rifles sostenidos, reproduciendo una auténtica lluvia de estacas carmesí. El Akuma trastabilló, aturdido por el contraataque repentino, y comenzó a ronronear de disgusto. Aún con sus grandes y afiladas manotas, tanto la cantidad como velocidad de las Lacrime se mostraban igual de molestas y punzantes que una bandada de abejas furiosas.

ARG!! —aulló retrocediendo sin ver realmente hasta donde se dirigía.

¿Has visto? Eso es lo que sucede cuando dejas de prestarle atención a tu enemigo —replicó fríamente la hermosa exorcista con un deje severo en su voz, sin parar de disparar— No creo que haga falta decirte que hasta aquí llega tu carrera como simio bailarín y máquina destructora.

Aún azotado entre las Lacrime, que limitaban sus movimientos, el nivel dos se permitió sonreír.

Jejejeje, no creas que será tan sencillo, exorcista; recuerda que todavía tengo mi mejor carta, con la que te he estado arrinconando en todo este tiempo.

Acto seguido comenzó de nuevo a dar vueltas en torno a sí, como un torbellino. Nuevamente la técnica amenazadora que despidió el montón de misiles hacia todas las direcciones como si un campo de aire se hubiese formado sutilmente a su alrededor. El torbellino en que se había convertido el nivel dos arreció.

Tch.

Illya se alejó corriendo del lado en donde estaba y llegó cerca de Juliette. De la misma forma la empujó hacia otro extremo, segundos antes de que el Akuma les embistiera con la velocidad de su poder.

Me alegra mucho que esté a salvo, lady, pero creo que es tiempo de acabar con todo esto —murmuró a la pequeña sin quitarle la vista de encima a su oponente— Distráelo, al menos por un rato. Le estoy preparando un regalo.

Le dio una suave palmada en el hombro y luego se separó de ella. En el interior de su arma anti-akuma, algo empezaba a vibrar y concentrarse. La elegante cadena con el dije de quimera pareció expeler por unos instantes hilillos de caliente humo, como si la imponente bestia que simbolizaba hubiese tomado vida propia y ahora rugiera al calor del fuego vivo.

Let's go.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 16, 2010 1:19 am

— No me des ordenes—Y después de esbozar una pequeña sonrisa, por su propia cuenta la pequeña comenzó a distraer a la bestia. Comenzó a esquivar —Fácilmente por su compacto y flexible cuerpo— Todos los ataques que el akuma le lanzaba.

Por otro lado el mayordomo apenas y se incorporaba, con una fuerte jaqueca, producto de ambos golpes anteriormente dados. Se llevó una mano a la frente y se limpió la sangre, el golpe le dolía mucho, lo cual significaba que estaba al 100% consciente. Observó hacia un lado de el y observó horrorizado como su protegida esquivaba como si nada los ataques del gorila gigante. Sintió la necesidad de desmayarse de nuevo, pero no lo hizo, y mucho menos por que en ese preciso momento la bestia logró asestarle un golpe a Juliette que le hizo golpearse contra la pared.

— ¡Juliette! — Alcanzó a gritar el mayordomo, ignorando el fuerte dolor de cabeza que lo atosigaba.

El gorila extendió una de sus manotas y tomó por el cuello a Juliette usando únicamente sus dedos índice y pulgar, como si esta se tratara de una muñeca.

—Has cometido un gran error al convertirte en exorcista —Aunque Juliette no entendía muy bien eso, sabía que de seguro era algo muy parecido a los rifles de Illya.

—Y tu has cometido un grave error al distraerte conmigo —Dijo entre ahogos la niña, tomando las manotas del akuma con sus manitas en un esfuerzo inútil por zafarse. Esperaba que Illya actuara y rápido.

Mientras tanto el mayordomo solo se preocupaba inmensamente. Este se levantó de golpe y comenzó a acercarse al akuma, sin embargo paró antes de que este pudiera verlo. No temía por su vida en lo absoluto, mas bien temía que se distrajera con el y que dejara caer a Juliette. Y desde esa altura que medía la bestia, el golpe resultaría mortal.

Se giró hacia Illya, después de todo ella era la experta en esos casos ¿No?

—Señorita Illya, por favor… —Aun cuando el lucia mucho mas grave que Juliette, el mayordomos solo tenía ojos para su protegida, para ella y nadie mas en el mundo.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 16, 2010 4:46 pm

Toda la escena que se ejecutó en esos momentos mientras Illya permanecía ausente de la misma, ella la contempló sin perderse detalle alguno, a pesar de que la vista repentinamente se le estuviese nublando y varias lucecitas bailaran en frente de sus ojos como luciérnagas graciosas que desaparecían y aparecían de forma fantasmal y volvían su entorno una vaporosa imagen de sonidos como movimientos ahogados. Fue algo totalmente inesperado; de sentirse completamente capaz de enfrentarse a todas las adversidades que se le abalanzaban, su mente pasó a desvanecerse tenuemente de la misma forma en que se prendía o apagaba la luz bajando un interruptor.

El golpe en la cabeza parecía ser más grave de lo pensado, o algo así atinó a concluir Illya mientras contenía la respiración y hacía esfuerzos sobrehumanos para mantenerse consciente, concentrada, afincando todas sus fuerzas en su arma anti-akuma que despiadadamente se limitaba a ronronear mientras los segundos pasaban, y cada centímetro de su superficie que se calentaba por la energía sobresaturada que empezaba a almacenarse más y más en su interior.

Cuando se dio cuenta estaba jadeando, y sus ojos se habían entrecerrado hasta dejar en vista un destello de sus orbes caramelo, que en ese momento se tornaban de un tono barro opaco. Illya apretó la mandíbula y los puños, hasta que éstos comenzaron a dolerle por la presión que ponía mientras sostenía sus rifles. El dolor pareció mitigar la sensación de sopor y de pronto todo comenzó a tomar mejor brillo a su frente. Allí estaba Juliette, cautiva bajo las garras del nivel dos que ya parecía impaciente, y casi a su lado Sébastien. Cuando lo miró, su súplica de alguna manera le encogió el corazón. Ahora ante sí no había un hombre lleno de fuerzas y decisión, sino solamente eso: un hombre.

Fue la razón por la que en respuesta, ella le brindó una sonrisa. Pero no era solamente la curvatura de sus labios hacia arriba; allí alcanzaba a brillar, aseguraba la tranquilidad y una promesa silenciosa que no era necesario pronunciar.

Sin darse cuenta, ante ese gesto, había recuperado la fuerza que antes el huracán le había arrebatado por pequeños instantes. Ahora podía. Albtraum parecía pensar lo mismo.

Alles wird gut, Sébastien.

Espera un momento, ¿dónde está la otra exorcista? —exclamó el nivel dos, repentinamente consciente de que algo no andaba bien. Miraba a Juliette, que aunque indefensa, se mantenía segura, y supo que había dejado pasar algo que le podría costar caro.

La vida, por ejemplo.

Alles wird gut.

Desesperadamente se volvió a mirar a Illya, soltando a la pequeña peliblanca en el proceso sin darse cuenta, decidido a cambiar la corriente con toda la violencia que podría emanar con el fin de salvarse.

Demasiado tarde.

¡No!

Divine Bianca.

El destello que salió de la boca de Albtraum cegó el momento con una expansiva y pura luz blanca. Como una explosión limpia, se extendió en círculo de ondas mientras las Lacrime de santo blanco impulsaban su poder hasta barrer a su paso lo que era un Akuma de nivel dos con los ojos dilatados por la sorpresa y el cuerpo inmóvil. De pronto tuvo una visión.

A su mente volvieron esos recuerdos. Las cálidas costas de Brasil, su cuerpo larguirucho cuando antes había tenido una verdadera vida y a su lado esa mujer de cabellos de ébano y mirada encendida, arrebolada. La misma con la que compartía cada paso lleno de pasión en las pistas de baile; la misma con la que volaba y desafiaba el destino. La misma que se había ido de su lado en tal tormentosa noche, sabiendo que se habían acabado las fiestas, la presión del viento mientras lo enfrentaban con voracidad y el calor que le había mantenido a él en pie durante tanto tiempo. La misma que lo llevó a su propia ruina.

No me arrepiento de nada —su voz sonó lejana, mientras era engullido por la pura y sagrada luz de la Inocencia.

Illya sintió las piernas fallarle, y cayó sentada en cuclillas en el suelo. Apretó los párpados, se llevó una mano a la cabeza sangrante y no quiso imaginarse cuánto de su propia vida se había escurrido en tan pocos instantes. Sentía la espalda húmeda y una corriente cálida de líquido recorrerle desde la nuca hasta el muslo, donde comenzaba a gotear hasta el suelo y manchar la superficie escandalosamente. Miró fascinada la nieve entintada en carmesí. Al ver que sólo quedaba el silencio, como el murmullo mudo del aire, sonrió con verdadero alivio.

Na ja.

¡Illya-dono!

Héctor y Alan se aproximaron hasta donde estaba la exorcista con preocupación. Casi volaron mientras pasaban por el lado de Sébastien y rodeaban a la exorcista con sus brazos para ayudarla a levantarse.

Necesitamos ir a un médico, ¿se encuentra bien la señorita Juliette? —interrogó Alan.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 16, 2010 11:03 pm

Sébastien atrapó entre sus brazos a Juliette justo antes de que esta callera desde semejante altura, pues el golpe resultaría mortal. Una vez que la tuvo entre sus fuertes brazos, la abrazó contra el mismo, aliviado de tenerla con el. Luego se alarmó un poco al notar que estaba con los ojos cerrados y que no respondía, pensando que la había asfixiado el suficiente tiempo como para dejarla inconsciente.

Suspiró aliviado al notar que de nuevo la niña se había quedado dormida.

— Ah, a pesar de que Lady esta tan cansada…— Suspiró algo preocupado. Juliette debía de haber estado con sueño desde hace rato como para caer entre los brazos de Morfeo en una situación tan poco oportuna como esa. — Parece que solo se encuentra dormida— Le respondió a Alan cuando este le preguntó por el estado de la joven. — También parece que tiene algunos rasguños, pero nada grave. Sin embargo, señorita Illya, será mejor que la llevemos con un médico pronto— Afirmó mientras tomaba a Juliette y apoyaba su cabeza contra su hombro, esta aún entre sueños pasó sus brazos alrededor del cuello de su mayordomo para evitar caerse. —Para evitarnos tener que ir hasta encontrar alguno, le invito a que venga a la mansión y ahí pueda verla uno. Apuesto a que a mi lady no le importará

Y luego el mayordomo comenzó a caminar, con toda la calma del mundo, hasta la mansión. En el transcurso del camino, justo cuando iban a entrar a Niza, observó como las casas que se encontraban a las proximidades se encontraban llenas de nieve gracias a la avalancha, la gente estaba afuera mirando disgustada la escena y preguntándose que debían hacer. Si Juliette hubiera visto eso probablemente se hubiera puesto histérica.

Pasando lo más rápido posible pero disimuladamente, el mayordomo se encontró pronto ya en el centro de la ciudad, en la zona donde la mansión Fortscue se encontraba establecida. Sébastien caminaba sin dudar ni un poco por donde ir, conocía tan bien la ciudad como la palma de su mano. Normalmente se tomaba su tiempo para admirar el paisaje, pero en ese momento no había tiempo. Tenía que llegar a la mansión y encontrar ayuda médica para todos en cuanto antes.
Era de madrugada y el sol ya comenzaba a asomar por una colina. Habían pasado tanto tiempo en aquella situación que incluso ya era de tarde....¡Del dia siguiente!, y de seguro que Juliette se pasaría unas buenas horas dormida.

La mansión se podía diferenciar desde lo lejos, era la vivienda mas sobresaliente de todo el lugar y era imposible perderse. Dentro de la mansión era otra cosa, por que ahí uno si podía perderse. Ni siquiera la misma Juliette conocía todas las habitaciones que había.

Abrió la puerta e invitó a Illya a pasar primero, como buen mayordomo que era.

—Por favor señorita Illya, pase y póngase cómoda. En un instante, espero, el doctor estará aqui —Y dicho esto se fue hacia el teléfono con todo y Juliette en brazos, sin querer soltarla por un buen tiempo.

Pasados unos cuantos minutos, el mayordomo regresó y esta vez se sentó cómodamente en el sofá de la sala de estar. Recostó a Juliette a un lado de el y luego se dispuso a examinar visualmente la herida de la exorcista.

— ¿Le duele mucho? ¿Siente mareo?—Preguntó algo preocupado, ignorando su propia herida que sangraba aún profusamente. Un hilillo de sangre resbalaba por su rostro y el puente de la nariz, pero Sébastien no le prestaba atención. —El doctor ya esta en camino, tardará un poco pues lo desperté y casi me insultaba por hacerlo, así que habrá que pagarle una buena suma de dinero. —Esbozó una sonrisa tranquilizante y luego se llevó una mano a la herida de la frente, el área que la rodeaba comenzaba a ponerse morada y magullada. —¿Qué le ha pasado a Juliette? —Hizo una pausa y meditó unos segundos una pregunta mas concreta— ¿Qué ha sido todo eso?—Pero no lo lograba.


Última edición por Katisha-chan el Mar Mayo 18, 2010 9:20 pm, editado 1 vez
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 17, 2010 12:30 am

Eso sería de gran ayuda —contestó con una sonrisa agotada Héctor en lugar de la exorcista cuando Sébastien propuso la idea de marchar hasta su mansión donde podrían reunirse con un doctor.

Por lo visto, lo que eran Juliette y él no parecían del todo graves, igual a los buscadores, que sólo sufrían uno que otro esporádico rasguño de poca profundidad entre sus brazos y costados por efecto del violento viento que había ocasionado la Inocencia antes de darse su propio final inesperado y sorprendente. Ambos suspiraron casi al unísono antes de reafirmar el agarre en Illya, que ocultaba la mirada con la cabeza baja. De esa forma parecía a punto de caer en la inconsciencia de nuevo.

Y es que todas las energías que había podido tener en su sincronización con la Inocencia, las había gastado en ése único ataque, la Divine Bianca más poderosa que hubiese soltado desde que volvió a reincorporarse a la Orden como exorcista capacitada. Las previas heridas que ya cargaba encima el nivel dos, mezcladas con las otras pocas que había logrado Juliette con su recién adquirida Inocencia, fueron las causantes además de que el trabajo estuviese rematado.

Lo que la llevaba a ese estado de extremo agotamiento y sopor. Su herida más grave, esa que se había cortado por el frío pero seguía escociendo igual al infierno en su cabeza, le provocaba mareos y desenfocaba su visión. Necesitaba urgentemente descansar. Eso, y varios vendajes que ayudasen a su recuperación.

Los buscadores la llevaron por las calles de Niza en silencio, siguiendo sin replicar mucho a Sébastien que iba a la cabeza con la pequeña Fortscue aferrada a sus brazos. Todas las personas que se detenían a mirarles retrocedían unos pasos instintivamente y les dejaban el camino libre; unos asustados, otros intrigados, y muchos más desconcertados. El derrumbe de nieve y esos forasteros acompañados de los de la casa Fortscue de pronto parecían hechos fuertemente entrelazados. Aún así, nadie dijo nada.

Cuando llegaron a la mansión Illya ya prácticamente estaba desvanecida, y los dos buscadores tuvieron que sostenerla con más fuerza para que no se cayera de boca. Al sentarla en el mueble que les había ofrecido el mayordomo de Juliette, buscó apoyarse de la mejor manera negando la ayuda de los buscadores y sonrió con pesar, el gesto ausente.

Cuán débil me he vuelto. Estoy segura de que, de ser la de antes, habría sido diferente.

Illya se mordió la lengua ante la amarga verdad de ese pensamiento.

Estoy bien —le aseguró a Sébastien con voz queda, mientras alargaba lentamente una mano hasta su cabeza y palpaba con sus delgados, delicados, pálidos dedos la herida sin hacer mucha presión. A pesar de manejarse sutil, hizo una pequeña mueca de molestia— Sólo un poco débil. Y hambrienta. —agregó con una sonrisa desgastada.

Luego se llevó dramáticamente la misma mano hasta la frente. Se sintió ligeramente afiebrada, un contraste con todo lo que restaba de su cuerpo que estaba frío. Al ser consciente de ello, la piel se le puso automáticamente de gallina y se estremeció. Los buscadores al verlo hicieron un ademán de acercársele llenos de ansiedad.

Nada que no se pueda arreglar —agregó, y pareció dirigirse directamente a los dos chicos con esas palabras antes de volver a mirar a Sébastien con cierto deje cansino— Juliette… —rumió su nombre mientras la buscaba con sus ojos y la encontraba quieta, plácida; la sonrisa entonces se tornó satisfecha— Se comportó de manera muy valiente; creo que es más capaz de lo que ella misma piensa.

Illya suspiró, mientras que con la misma parsimonia en sus brazos se llevaba los mismos hasta la cabeza y se desanudaba el moño que amarraba sus cabellos. Una cascada de mechones castaños se desparramaron sobre su espalda, manchados algunos de sangre reseca.

Es una exorcista. Como yo. —contestó entonces a la verdadera pregunta del mayordomo. La mirada significativa que le dirigió, casi solemne, bien pudo haber complementado el significado de sus palabras claramente— La Inocencia la ha elegido como su acomodador, y ahora tiene el poder de destruir a los Akumas e intervenir en la tan nombrada Guerra Santa contra las fuerzas del Conde Milenario.

Se recostó, sintiendo la mirada cansada, y esos ojos que antes brillaban puros casi apagados por el agotamiento. Los entrecerró y dejó que el silencio marchara una procesión de varios, largos e interminables minutos en que los buscadores se miraban indecisamente ante la confirmación de sus propias sospechas. Illya cerró los ojos y pareció por un momento dormida.

Pero al cabo de un rato volvió a hablar inesperadamente.

Debería… no, tiene que venir conmigo hasta la Orden Oscura, o el peso de ese poder del que ahora se ha hecho dueña la meterá en verdaderos aprietos —lentamente volvió a abrir los párpados, con la vista clavada en el techo, seria y apacible— Sabes a qué me refiero, ¿verdad, Sébastien?
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 18, 2010 9:06 pm

El mayordomo, aunque estaba más que consciente de lo que se refería la exorcista, no quería aceptar la realidad. El siempre había sentido preocupación por Juliette, y dejándola sola esa preocupación solo aumentaría. La niña no tendría ningún inconveniente en ese preciso momento por irse, ella no se pondría a pensar en que pasaría después. Eso era lo más seguro.

— Entiendo, señorita Illya—Hizo una pausa, formando un silencio que a el se le hizo muy incómodo. —Sin embargo… —

Y entonces comenzaron a tocar la puerta de la mansión. Fuertemente y constante, con un irritado ritmo, casi podía definirse el estado de animo del Doctor, malhumorado. Sébastien se levantó de su lugar nervioso, lo había interrumpido y no había podido terminar su oración, se acercó a la puerta y la abrió.

Entonces entró un hombre alto y de cabello pelirrojo, bastante joven y conservado, no pasaba de los 25 años. El Doctor entró, con mirada seria y malhumorada, con un maletín en manos. A la primera que vio fue a Juliette, quién comenzaba a despertar gracias a los ruidosos golpes. La niña se paralizó ante la severa mirada que el doctor le enviaba a ella. El era su médico personal, el mismo que le había diagnosticado estrés y que le había prohibido someterse a algo demasiado estresante para alguien de su edad, siendo ignorado. Lo mas escalofriante es que a el siempre lo había visto con una sonrisa grabada en el rostro, era la primera vez que lo veía tan malhumorado.

—¿Problemas, Juliette? —Inquirió sarcásticamente sin aflojar siquiera su expresión. A la niña le recorrió un escalofrio.

—Si, Doctor Etienne —Uno de los pocos adultos a los que respetaba, el Doctor Etienne. Al igual que son Sébastien, literalmente había nacido conociéndolo. Solo que no pasaba tanto tiempo con el como con su mayordomo. El hombre de joven había sido el encargado de cuidar a Juliette en el hospital su primer día de nacida. Sus Padres la habían educado para obedecer todas y cada una de sus órdenes, claro que aun así Juliette hacía sus excepciones.

— Oh Dios ¿Cómo ha pasado esto? ¿Quiénes son ellos?—De pronto pareció haber caído en cuenta de la gravedad de la situación luego de ver a Illya en tal mal estado y a los demás heridos, incluida Juliette. — ¿Se encuentra esa señorita bien? Eso se ve muy grave—Y luego se acercó a la exorcista, quien claramente era la primera que necesitaba atención medica pronto.

El joven Doctor no se explicaba, estaba enfadado pero a la vez confundido, no sabía como reaccionar. Finalmente solo dejó que la primera emoción saliera a la superficie.
—¡Juliette! ¿Qué sucedió aquí? —Inquirió alzando la voz y acercándose a la niña. Esta por instinto se hizo hacia atrás en el sofá y desvió la mirada. Tenía que buscarse una excusa.

— ¡Hubo una avalancha! Sébastien y yo estábamos en las montañas, pues estas personas se habían quedado atrapadas y…

— ¡¿Qué hicieron que?! — Y luego cometió la osadía de tomar a Juliette del mentón y hacerle ver directamente a los ojos. La niña hubiera respondido con agresividad, si hubiera sido otra persona y si no se sintiera tan débil.

—Esta gente estaba en peligro, y yo… — Murmuró audiblemente mientras seguía intentando desviar la mirada.

—¡¿Cuándo vas a entender que aún eres una niña?! — Le hablaba directamente. Con la misma preocupación que Sébastien demostraba todo el tiempo con ella. Solo que el si se atrevía a recalcarle sus errores. Luego el doctor noto algo mas. —Estas caliente, ¡Tienes fiebre! ¡El frio de la montaña te hace mal! — Dijo luego de pasarle la mano por la frente. — De seguro que todos los presentes tienen fiebre ¿No es así?— Dijo ya un poco mas calmado, razonando e intentando ser un poco comprensible. —¿Cómo se te ha podido ocurrir algo tan peligroso? — Inquirió soltándola y acercándose a Illya. Sin importarle que fuese también una desconocida, apoyó su mano en su frente y la sintió caliente también. —¿Cuál es su nombre señorita?

Sébastien mientras tanto contuvo sus palabras, no quería interrumpir al médico. Solo observó mordiéndose el labio inferior a su ama siendo regañada. A veces sentía celos de Etienne, como podía hablarle tan directamente a Juliette. El en comparación era completamente impotente.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 19, 2010 9:10 pm

Illyana Van Kindlmüller —respondió mirando con curiosidad al doctor, que había montado tal interesante escena entre él y Juliette.

Luego de eso, no dijo nada más. No es que tuviese ganas para iniciar una conversación con el señor que ahora procedía a atenderla a ella y después a los demás presentes en todas las heridas que se habían causado allá en las montañas; estaba cansada. Illya dejó correr la versión malformada de la chica Fortscue para excusarse todos por lo que les sucedió. A fin de cuentas, dar más explicaciones sobre lo que ella, los buscadores, y ahora Juliette hacían resultaba cansado y agotador, dada la complejidad del asunto.

Los buscadores tampoco dieron pie para charlar más animadamente con el doctor, puesto que les inquietaba verlo tan crispado ante la condición de la que parecía ser su paciente fija y además, quejarse por ello. Le dejaron hacer, mientras escuchaban uno que otro refunfuño, sudando una gota y permaneciendo inmóviles.

Cuando acabó, Illya ya estaba con la cabeza vendada, tanto como el costado, las manos y las muñecas, mientras que Alan y Héctor presentaban una que otra curita o venda en el rostro, las manos y antebrazos. Tendida en el sofá, le cubría la frente un pañito húmedo en agua fría para bajarle la fiebre, mientras miraba el techo distraídamente y comenzaba a sentirse por lo menos más reconfortada.

Así que tuvo ánimos de sonreír de medio labio.

Muchas gracias por todo, doctor —musitó mientras ella misma le daba la vuelta al pañito y volvía a refrescarse la frente.

Ah, sí, gracias por atendernos a nosotros y a Illya-dono —agregó Héctor haciendo una pequeña reverencia en agradecimiento. No tenía ni idea de cómo rayos se mostraba la gratitud en Francia, de modo que acudió al método universal.

Illya miró a Juliette manteniendo la sonrisa, aunque con la mirada brillante en un mensaje oculto de que, después de lo sucedido, todavía tenían que hablar con respecto al asunto de la Inocencia. ¿Habría deducido por su cuenta la pequeña Fortscue lo que ahora le esperaba, habiéndose unido la Inocencia a sus listones y aceptándola como acomodadora?

Quizá sí, quizá no. Lo sabrían al momento de hablar, en el mismo instante en que el doctor decidiera retirarse y dejarles de nuevo solos…

Quedaba esperar.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 20, 2010 9:07 pm

Una vez que el doctor Etienne hubo atendido todas y cada una de las heridas de los presentes no hizo más que recibir sus honorarios y luego salir del mismo lugar de donde vino, sin siquiera dirigir una palabra mas a nadie — ni para responder a las gracias de Héctor— cerró de un portazo y se aseguró de que este dejara un constante eco en la enorme mansión.

—Parece que estaba enojado —Comentó casi inocentemente el mayordomo. Cosa que irritó ligeramente a Juliette.

— ¿Tu crees?—Le respondió sarcásticamente sin muchas fuerzas. Luego volvió a recostarse en el sofá, pretendiendo volver a dormir. Sin embargo, después de unos minutos de silencio, se volvió a levantar y miró a Illya directamente a los ojos, con una expresión relajada y quitándole importancia a lo que estaba a punto de decir. —En cuanto ir contigo a la Orden Oscura. No, no lo haré —Y volvió a recostarse, dejando a su mayordomo desconcertado.

—J-juliette, ¿Acaso estabas escuchando…

— Soy de sueño ligero, lo sabes. Si oigo a alguien hablar incluso entre susurros despierto. Es un habito que he tomado al paso de los años, también ya sabes por qué—Y Sébastien asintió con la cabeza, era verdad, desde pequeña Juliette tenía el habito de despertar al mas mínimo ruido. Esto no era tanto un hábito adquirido, más bien era como un tic traumático. Cada vez que había voces, la niña solía despertar por temor a ser secuestrada, cosa que había pasado múltiples veces. Eso significaba que Juliette había escuchado todo.

— ¿P-pero por que no?—Preguntó confundido el mayordomo.
Juliette se removió en su lugar y luego alzó la cabeza ligeramente, mirando ahora a Sébastien, ceñuda.

—No puedo dejar la mansión, ni puedo dejar de atender el negocio de la Familia ¿Qué no es obvio? —Respondió abruptamente, levantándose del sofá y dirigiéndose a la pared de la habitación, donde descansaba una serie de campanas conectadas. Tomó el hilo de una y lo hizo sonar. No pasaron ni cinco minutos cuando de las escaleras bajó Nicole, seguida de su hermano menor, Milou, quien bajaba dando trompicones.

—¿En que puedo servirle, mi lady?

—Tráeme un té, por favor—Le pidió, permaneciendo impasible.

— ¡Si, mi lady! —Y luego ambos sirvientes salieron de la habitación.
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 20, 2010 10:53 pm

Alan, que había estado bebiendo algo de agua desde la cantimplora que se habían llevado como equipaje hasta la montaña, escupió su contenido hacia su frente (empapando accidentalmente a un Héctor igual de sorprendido) tras escuchar la tan pacífica y rotunda negativa de Juliette sobre acompañarles hasta la Orden, y un ramalazo de ira le embargó al ver que lucía tan tranquila mientras tomaba su decisión y pedía luego un té completamente desentendida ¿qué esa niña no tenía corazón?

El regordete por su parte pensaba lo mismo, aunque con algo más de compasión y entendimiento. Se encogió de hombros, ¿qué podían hacer? Era una niña, tuviese la inteligencia que tuviese; seguramente estaba aterrada de pensar en un futuro que la conllevara a arriesgar su pellejo día tras día por la humanidad sin recibir nada a cambio. Bueno, casi nada, dejando de lado los lujos que les ofrecía la Orden en todos los sentidos existentes mientras podía. No la juzgaba por ello. Pero no estaba bien de todas formas lo que decía. Sébastien parecía igual de atónito que él.

De pronto Illya, que no había pronunciado palabra alguna, y de hecho, mantenía esa mueca suya, tan risueña, fresca y alegre aunque quizá esta vez también inquisitiva, se levantó de su asiento colocándose lentamente el abrigo mientras saboreaba los segundos que pasaban, frente a la aún más consternada mirada de ambos buscadores que la acompañaban. ¿Nada?, ¿siquiera una súplica escurridiza con palabras necesitadas?

Por supuesto que no. Illya no era de las que al final recurrían al ruego.

Pero tampoco aceptaba que las cosas quedaran mal.

De pronto suspiró como quién acaba de salir de una pequeña siesta y se despereza a gusto.

A~ah, siento mucho que de ahora en adelante Niza se vaya a ver en serios problemas con todos esos Akumas que rondarán sus alrededores en busca de la Inocencia pronto~, ¿pero qué puede hacer ésta humilde exorcista para detener tal calamidad que parece que será eterna? —cuestionó retóricamente hacia la nada, mirando algún punto de la mansión sin particular interés mientras se entretenía pasando un brazo tras otro por las mangas de su indumentaria. Se encogió de hombros— Ellos siempre buscarán interminablemente ese sitio donde se encuentre la Inocencia, y es probable que se lleven cientos o bueno, miles de vidas para conseguirlo, incluyendo los de ésta mansión y alrededores; ¡mal de mí que no puedo quedarme en un solo sitio para implicarme cual altruista y soportar tal calamidad sobre mis espaldas!, hay muchos horizontes más esperándome allá donde la Inocencia aguarda ser encontrada.

Chasqueó la lengua varias veces todavía hiriendo el silencio. Sus palabras eran apoteósicas, como un balde de agua helada que se lanzaba por cada rincón de la habitación. Igual a como si echara allí una maldición.

Cuando se giró, los miró a todos con una sonrisa más cándida y resignada, sazonada con unos ojos lastimeros aunque jamás rayados en algo parecido a lo patético.

Bueno, no depende de mí cambiar tal desgracia para Niza —continuó haciendo un énfasis que era invisible, pero se sentía en cada palabra que pronunciaba con deliberada perversidad— Tampoco es que su acomodadora pueda deshacerse de la Inocencia tan fácilmente como quiera.

Illya se agachó para recoger la mochila que antes le habría servido en su visita hacia las montañas tiempo atrás, y se la echó en el hombro con un ligero empujoncito que le hizo dar un tumbo. Luego se acomodó por sí sola. Rodeó el sofá y se alejó de él varios pasos.

Buscó con la mirada encendida los rostros de sus confundidos buscadores.

Hasta este sitio nos ha llevado el río, chicos. Supongo que mañana partiremos a la Orden, aunque con las manos vacías. Komui entenderá… supongo. Por hoy, quiero ir a cenar y encontrar una buena posada donde descansar (¿qué tal esa que habíamos visto antes, la que se llamaba Le’frontier?). Agradezco mucho lo que han hecho por nosotros hoy —ella les hizo una zalema a los miembros de la familia Fortscue sin distinción— Sébastien, dile a tu señorita Juliette lo mismo. Fue bueno conocerlos.

La albina estaba allí por supuesto, pero Illya siquiera la miró. Quizá le dejó el destello de su sonrisa decepcionada por unos instantes, hasta que se giró y les dio la espalda.

Héctor y Alan acudieron a sus costados también con su equipaje al hombro, agitando las manos en despedida con expresión confundida.

Aún así, no dijeron palabra alguna mientras compañaban a la exorcista hasta salir de la mansión. Ellos mismos abrieron la puerta y salieron. Después de todo, los siervos de la casa estaban ocupados sirviéndole a su señora mientras tanto.

La puerta se cerró con un ruido sordo y pesado.

Después vino el silencio.


Última edición por Elipthi Khanon el Sáb Mayo 22, 2010 1:08 pm, editado 1 vez
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Re: Reclutamiento de Juliette Fortscue (Niza, Francia)

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