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El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Mar Jun 12, 2012 2:03 pm

El arrebato de Ther ante las palabras que Werner le dirigió en un comienzo no lograron algún efecto visible en su rostro, mas su última oración sí caló hondo en él. “Ya me imagino lo sucio que debe ser tu mundo”, le espetó el italiano con aspereza. ¿Lo sucio que era su mundo? Quizás sí, pero él creía que la palabra que era más correcta era: injusticia. El mundo en cual ellos vivían no era justo con nadie y eso se demostraba día a día en cada nueva misión. Ignorantes a la guerra, los civiles morían diariamente; personas inocentes eran obligados a ser los soldados del Vaticano, sólo porque la materia divina los elegía como acomodadores. Las familias eran desintegradas, la inocencia se perdía, los corazones se endurecían y la muerte y destrucción era pan de cada día. Ese era su mundo, un mundo oscuro, crudo y bélico. No apto para todos.

Es mejor que lo odies. Así te mantendrás a salvo de él pensó Werner. Es lo mejor.

No obstante, antes que el joven saliera de la habitación, sus últimas palabras dirigidas a la exorcista le llamaron la atención. ¿Volver? ¿Las marionetas? ¿Qué era eso? ¿A qué se referían ellos dos?

Faith contempló a Ther marcharse sin inmutarse. Sus ojos negros le siguieron hasta que no pudieron verlo más y luego se quedó mirando al aire con expresión ausente. Se había ido, pero realmente no sentía nada respecto a ello. Pero echaba de menos a la luz verde y admitía que el aura blanquecina y cálida del italiano también le hacía echar en falta algo que era incapaz de descifrar. Su rostro monótono y blanco, carente de emoción, no pudo reflejar lo que en su mente se retorcía como inconexos pensamientos, pero inconscientemente ladeó la cabeza como en duda y de su boca se escapó parte del hilo de sus pensamientos.

Luz… luz… calor blanco, Clareon… —murmuró mirando a Werner, como exigiéndole algo.

¿Qué quieres? ¿Qué luz? —por supuesto, ella no le contestó. Volvió a mirar a la nada y terminó por dirigirse hacia un sillón individual, echándose allí como no dispuesta a levantarse más.

El buscador suspiró. ¿Por qué era tan difícil llegar a ella? Si estuviera con otro exorcista, seguramente podrían intercambiar opiniones y pensamientos, para descubrir juntos lo que ocurría. No obstante, con la pequeña parecía algo imposible y no encontraba manera de forzar un vínculo profesional.

Es sólo una niña se dijo a sí mismo, convencido que eso era el problema. Era inmadura y extraña, por lo que no podía pedirle que se comportara como una exorcista en todas sus letras.

Se rindió ante la niña y decidió ir a entablar una conversación con Algot, esperando hallar aunque fuera un poco de información que les sirviera para hacer algo. Dejó a Faith sola, inmóvil en ese sillón, y no notó cuando ésta comenzó a mirar por la ventana en busca de algo desconocido.

¿Qué podrían hacer ahora? Clareon no daba pistas sobre su siguiente movimiento y de lo poco que había almacenado en su cerebro sobre lo que habían vivido, todo su trabajo giraba en torno al misterio de los trenes. Empero, los trenes habían vuelto a funcionar y además de los Akumas que ya había destruido, no había nuevos avistamientos de los cuales debería deleitarse preocuparse.

¿Qué tenía que hacer?

Miró por la ventana y observó el cielo oscuro. No, esto no podía ser tan fácil. O mejor dicho, ella se negaba a pensar que esto podía acabar así; Clareon estaba insatisfecho y ella estaba en ese preciso instante aburrida. Quería desmembrar Akumas, ver sus trozos metálicos regados por el suelo, y de ser posible, quería bañarse en sangre. Era una sensación agradable y un olor peculiar.

Obedeciendo a su mentalidad casi primitiva (para todos, porque para un experto sería mejor decir una mentalidad desquiciada y retorcida), Faith volvió a ponerse en movimiento, usando la primera vía de escape que encontró: la ventana. Afortunadamente ahora estaba en un primer piso y no corría ningún peligro al saltar por ella, por lo que su cuerpo, al no percibir ni prever dolor alguno, le hizo caminar hasta la ventana, encaramarse en la cornisa y saltar hacia afuera. Cayó sobre tierra poco agraciadamente, pero de manera firme y sin caer, y comenzó a deambular.

Tantas sombras… otras quiero. Globos rotos se decíaa, oyendo la respuesta de Clareon casi al instante. Él le daba una vía para conseguir lo que deseaba y ella, como perro fiel, obedeció a su orden mientras sonreía emocionada. Una sonrisa torcida y con un toque siniestro.

Si antes las calles del pequeño poblado parecían desiertas, ahora ni un alma vagaba por ellas. La oscuridad ahora era más profunda y nuevas nubes ocultaban la luna, dejando mínimos rayos para iluminar la tierra. Su mundo, poblado de imágenes absurdas poco nítidas, no le ayudaban a andar, pero ella se concentraba en aquella única voz que mandaba sobre su ser. Un refugio para ella y que evitaba que “otras voces” se inmiscuyeran en su mente.

Llegó a lo que sería el centro del pueblo. Había sólo una fuente algo vieja y sin agua, y una capilla que era lo más parecido a una iglesia que poseían allí. Evitó mirar aquel lugar por las malas memorias que inevitablemente volaban a su mente y rápidamente se encaramó y se sentó sobre lo alto de la fuente, sin importarle si era peligroso por la inestabilidad y antigüedad de la estructura. Con un gesto firme, activó su Inocencia. La iridiscencia verdosa, propia de la materia divina, refulgió en la noche como un faro de esperanza, aunque las intenciones de la pequeña no tenían nada bueno.

Era un faro para atraer enemigos. Ella sabía (o mejor dicho, deseaba que así fuera) que las máquinas estaban escondidas. Los trenes ahora eran algo olvidado, completamente secundario, de ínfima importancia. Ahora lo importante no era eso: era sacar a los ratones de su madriguera.

Esperó y esperó, muda e inmóvil. La Inocencia, en su forma mortal, dejaba escapar su luz a borbotones, llamando en mudo grito a los aliados del Conde.

Pasó un minuto. Luego dos. Luego cinco y luego diez.

Y siguió esperando, con la chistera sobre su regazo y la mirada concentrada en la oscuridad del vacío.

Spoiler:
{OFF: ¡Sigma! ¡Me haces llorar! Me dolió en el alma ese último post ;___; Pero el show debe continuar. Cualquier cosa, editaré como bien sabes~}

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Jue Jun 14, 2012 2:14 pm

Divagaba… como solía hacerlo cuando no lograba apartar una idea de su mente, que en este caso era el concepto de Destino, existía tal cuál? Para qué servía una palabra con un significado tan vago y que cualquiera podía interpretar?

El joven se detuvo desanimado y a decir verdad agotado, dirigió entonces su violáceo mirar hacia el oscurecido cielo buscando la luna o alguna estrella, pero nada, las nubes habían cubierto a los demás astros y parecían no estar dispuestas a apartarse en aquella sombría noche. Una suave sonrisa se formó en los labios de Ther, no, ahí no habría ninguna luz para guiarlo…

“Me preguntó si Vivian seguirá molesta conmigo.” pensó mientras renovaba su andar, la salida del pueblo se hallaba cercana y era capaz de divisar una larga y desierta vereda por la cual esperaba encontrar el camino más corto hacia Glis, no sabía que tanto más soportaría físicamente así que por su bien ojala tomase la mejor decisión.

El sonido del viento soplando calmo sobre el pasto, el chirrido de alguno que otro grillo y el golpeteo de sus propios pasos sobre la tierra era todo el ruido que le hubo acompañado una vez se alejó varios metros del pequeño poblado. Terrakht se acomodó el cuello de la camisa en un gesto tranquilizador para su persona.

“Seguro lo averiguo cuando llegue…” se dijo con una pequeña mueca ya que en el poco tiempo que llevaba de conocer a la rubia era claro para el italiano que era mejor no hacerle enojar… no pudo evitar entonces recordar los buenos momentos que había pasado junto con esa familia, Heinz, los viajeros, en esa ciudad. Y de pronto una nueva cuestión surgió en la mente del castaño: acaso él había sido responsable de todo aquel desastre? La aparición de los seres amorfos? El que se detuviesen los trenes?

La sola idea de que la respuesta fuese afirmativa causó que el Verzegnassi se desplomara de rodillas sobre el suelo y finalmente quedara boca arriba completamente extendido sobre el pasto, el sentimiento de profundo pesar le atropellaba con fuerza tal cual como si uno de los ferrocarriles le hubiese pasado por encima, sin matarlo, solo causándole un insoportable dolor. Y es que ahora lo sucedió en Brig-Glis tomaba un horrible sentido con la llegada de Ther. El paró de los trenes, la aparición de las máquinas, la extraña transformación de las tonfas, la destrucción, las muertes…

El de ojos azulinos se hubo quedado pasmado, con los parpados bien cerrados, quieto, tal cual se tratase de un cadáver, incluso se notaba que contenía la respiración.

“Qué sucede?” repetía incansablemente su voz interna, tal vez si no paraba de hacerlo la pregunta finalmente se convertiría en un susurro, para entonces desaparecer, cómo un juego infantil en el que el objetivo es acabar por aburrirse y finalmente dejarlo de lado.

“Qué sucede?...”

Fue entonces que su cuerpo reaccionó un segundo antes, un instante en el que el leve calor de una llama le hizo moverse de recibir de lleno el impacto de una bala, que por lo pronto solo le había impulsado lejos un par de metros de donde estaba. Aquello tal vez era un mensaje del Universo, una respuesta simple a su cuestionamiento: Vivir o Morir, no hay más. El Verzegnassi sonrió abiertamente mientras daba un salto esquivando un nuevo ataque de una más de las armas esféricas del Conde.

La tranquilidad de la noche se vio quebrada con el constante sonido de los balazos…

Por primera vez Ther observó a detalle la composición de aquel “objeto”, anteriormente y debido a las circunstancias solo hubo visto ciertas características, pero ahora que estaba tan cercano y a pesar de la oscuridad, hubo algo que llamó la atención del italiano por sobre el hecho de tener cañones y haberlo hecho ya su objetivo; la cara de la esfera, su rostro de arlequín con gesto doloso.

El castaño dedicó un par de minutos más en esquivar los proyectiles mientras que con habilidad corría en dirección contraria al poblado aún cercano, tenía la firme intención de evitar que el extraño armatoste llegase hasta las personas, hasta Algot y su esposa, e iba haciéndolo bien hasta que sorpresivamente otro atacante hizo acto de presencia. Ther a penas pudo moverse del camino de aquella bala pues la detonación le hubo hecho volar y caer dolorosamente sobre su hombro izquierdo. Solo un corto quejido surgió de sus labios mientras se hacía rodar por el suelo escapando de más balas.

Los Akuma se mostraban implacables ante el chico que inexplicablemente para ellos seguía vivo y alejándose (no es que fueran muy inteligentes claro está) no estaban dispuestos a detenerse y en ese caso tampoco lo haría Ther. El corazón del de violáceos ojos se encontraba trabajando a tope, bombeando adrenalina como desenfrenado haciendo que sus sentidos se agudizaran al máximo, Ther sabía, sus entrañas sabían que estaba en peligro de muerte…

Fue en el instante en el que una vez más salía despedido por el aire, que el recuerdo de la pequeña damita de ojos oscuros y la luz verde de su chistera se presentó en él como una flama de esperanza. Era momento de usar las armas. Apenas logró ponerse en pie tras el golpazo de su cuerpo en la superficie, el de cabellos chocolate tomó con firmeza sus reliquias y se dirigió con decisión y rapidez hacía los seres esféricos que de tener expresión alguna tal vez se mostrarían confundidos… el joven ya no estaba huyendo ahora él les daba caza.

Si se puede describir en una palabra lo que sintió el joven de Milán en los segundos posteriores y en el preciso punto en el que la Inocencia hacia un poderoso contacto con el cuerpo del primer Akuma, terminando por destruirle, seguramente sería Alivio, alivio de saber que viviría, alivio por poder beneficiar a más con su existencia… Para cuando el ataque al segundo Akuma finalizaba en explosión el interior de Terrakht se sentía en calma, seguro y fuerte.

“El mayor de tus miedos nunca será externo, brotará de tu interior…”

Una cálida sonrisa era notable en el rostro del Verzegnassi mientras se desplomaba sobre el pasto hecho un ovillo, estaba exhausto y dolorido de nuevo aunque curiosamente se sentía tranquilo y en paz como no lo hacía desde que se hubo fugado.

Era un lástima que ese tiempo reconfortante fuese a durar tan poco y es que una nueva ola de Akumas que se acercaba al lugar amenazaban con irrumpir estrepitosamente, algo los estaba atrayendo…

Spoiler:
Con ánimo de cumplir con mi propósito de no atrasarme tanto he aquí la respuesta veloz XDU y no os preocupéis que Ther lo tiene bien merecido por confianzudo (?)

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Sáb Jun 16, 2012 5:46 pm

La quietud de la noche pronto fue profanada por aquellos potentes ruidos que rompían la paz e indicaban el peor de los presagios para los humanos. Faith, al oír los disparos en la periferia del pueblo, primero sonrió de manera sutil, para luego permitirse extender su sonrisa hasta tornarla algo psicópata. Dejó que la risa aguda e infantil que subía por su garganta saliera por su boca como cortas y apenas audibles carcajadas, y su rostro mostró algo que solía ser muy raro en ella: felicidad. Estaba muy feliz.

Hacer un buen trabajo. Prometer yo, buen trabajo, Clareon —decía mirando al cielo, a la espera de las sombras de los Akumas que volarían hasta ella, guiadas por el poder de su Inocencia—. Yo matar.

Sin embargo, antes que las máquinas se presentaran ante ella, otro sonido diferente al de los disparos resonó en el aire. Una explosión. ¿Por qué una explosión? ¿Habrían hecho explotar algo con sus mortíferos disparos? ¿O quizás…?

Je… sí Clareon. Tú siempre la razón le dijo mentalmente la griega, sonriendo nuevamente mientras comenzaba a bajarse de su viejo trono que realmente era la fuente. El recuerdo de aquel brillo verde envolviendo el metal brillante y platinado en las manos de Ther le hacían sentir un raro calor dentro de ella; aquello que cualquier identificaría fácilmente como alivio. No se había equivocado con lo que había creído de aquellos objetos.

Al tener nuevamente los pies sobre la tierra, un disparo pasó bastante cerca de ella, chocando con la puerta de la capilla y destruyéndola inmediatamente. Otra bala pasó, más cerca de ella, y chocó con un viejo y oxidado farol que ya no servía, haciéndolo caer sobre la fuente, destruyendo parte de ella. Antes que una nueva bala, seguramente dirigida con más precisión hacia su persona, intentara matarla, Faith pudo distinguir entre la oscuridad de la noche una oscuridad más profunda, con tintes purpúreos y de apariencia tóxica. Su percepción personal y distorsionada de las máquinas del Conde.

Itzi, bitzi araña, tejió su telaraña ♪ —canturreó mientras daba un paso hacia el frente, permitiendo que su cuerpo cayera sobre el suelo y rodara para esquivar la bala que sabía que vendría hacia ella, terminando por quedar sentada en el suelo y aprovechando el impulso para lanzar su arma, ignorando cualquier dolor que su brazo entablillado le provocara por aquellos irresponsables movimientos de su parte—. Boomerang~

El arma abandonó su mano, volando y girando sobre sí misma mientras describía su usual órbita, en la cual casualmente se encontraban tres Akumas de primer nivel estorbándole, siendo cercenados por el filo de la Inocencia que pasó sin problemas por sus cuerpos, destruyéndolos con ridícula facilidad.

Vino la lluvia, y se la llevó~ —continuó ella despreocupadamente, poniéndose de pie con la ayuda de su brazo sano y estirándolo para recibir la chistera abierta, que regresaba obedientemente a sus manos tras completar su ciclo.

Mientras llovían pedazos de chatarra que pertenecieron a las máquinas que recién había destruido la niña, se podía sentir en el aire el peligro. Ante la idea de poder luchar, el corazón comenzó a bombardear excitado, causando que el latido retumbara en sus oídos, embriagándola de emoción. ¿Qué importaba un brazo roto? ¿Qué importaba un poco de caos y destrucción? ¡Qué los Akumas vinieran a ella, quería reírse en un rato!

Salió el sol, volvió bitzy la araña~ —no sólo los globos se acercaban hacia donde ella estaba, sino que una amenaza mayor: un par de Akumas de segundo nivel también querían hacer presencia y acabar con ella, fusionándose con las sombras para comenzar con un ataque sorpresa—, y itzi, bitzy araña, de nuevo la tejió ♪ —antes que cualquiera de los pueblerinos pudiera huir para salvar sus vidas, casi todas las calles ya eran ocupadas por Akumas, impidiéndoles un escape, aunque también algo a salvo de la muerte; las máquinas estaban demasiado tentadas por la Inocencia como para centrarse en ellos, aunque de todos modos los nivel uno, sin mente ni pensamiento, descargaban sus balas a lo loco a medida que avanzaban.

Volvió ella a reír con regocijo, mirando con ojos vacíos su brazo inútil. Una horda de Akumas, unos quince más o menos, se dirigían hacia el centro del pueblo y ella los recibiría con los brazos abiertos, no sólo porque quería saciar su propia sed de destrucción (nada anormal en quien rompía casi todo lo que tuviera a mano), sino porque era el mejor incentivo para que ella volviera.

Venir luz. Clareon te espera pedía, creyendo que su voz mental llegaría a ese ser imaginario verde que aquel de aura blanca poseía.

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Invitado el Jue Jun 21, 2012 9:13 am

Nolan golpeo una piedra del camino, estaba empezando a perder la paciencia con aquellos malditos exorcistas, habían desaparecido del mapa y no tenía ni la menor idea de donde podrían estar, siguió caminando con la vista clavada en el suelo, sabía perfectamente que los akumas que habían enviado contra ellos habían sido destruidos, pero no todo aquello había sido el final, todavía quedaban más preparados para atacar en cualquier momento, a fin de cuentas su única misión era obedecer y aniquilar sin importarles nada más.

Entonces sucedió, noto como los akumas cambiaban su forma de actuar, una inocencia se había activado y esto había hecho que los seres se sintiesen atraídos, no hizo nada, simplemente dejo que estos siguiesen el rastro hasta la inocencia, igual que cuando un depredador rastrea a su presa para devorarla.
No tardo en encontrar a uno de ellos, luchando contra sus akumas,el exorcista al que encontró no manejaba demasiado bien su inocencia por lo que él pensaba que sería más fácil de lo que hubiese imaginado. Escondido y camuflado, chasqueo los dedos haciendo que veinte akumas se lanzasen a por el exorcista y enviando a otros tanto a por el otro exorcista, su plan era que los akumas fuesen acercándolos mas el uno al otro hasta tener a ambos en el mismo campo de vista y poder atacarles mejor, de su boca surgió un silbido agudo haciendo que apareciesen dos akumas de nivel dos enviando uno a por cada exorcista, deseando que su plan funcionase.
-Esperemos que esta vez funcione-dijo Nolan en un susurro, los odiaba, aquellos malditos exorcistas siempre se interponían en su camino, haciendo que todo lo fácil se complicase o incluso que sus misiones nunca saliesen bien, pero ahora debía cumplir su objetivo con rapidez, destruirlos, exterminarlos, hacer que aquellas malditas sabandijas desapareciesen de la faz de la tierra y si para ello debía usar todas sus tácticas y sus planes no dudaría en usarlos.-solo es el principio exorcistas, todavía llegaran mas akumas-dijo con una siniestra sonrisa antes de esconderse más aun para no ser visto.
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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Sáb Jun 30, 2012 1:43 am

“Y son las gotas: ojos de infinito que miran al infinito blanco que les sirvió de madre…”

Empezó como una leve llovizna, pequeñas gotas que con calma se estrellaban contra el suelo dejando su rastro húmedo como indicio de que una vez existieron… y en instantes fueron más y más, cada vez caían con más presura; con más fuerza hasta que los espacios que se podían notar secos desaparecían dando pasó a la humedad. Pronto los charcos hicieron su aparición junto con los truenos y rayos que de vez en cuando se hacían presentes en aquella nublada noche.

Se trataba de una tormenta, un aguacero, que para él no era sino otro mensaje de ánimo y fortaleza para no rendirse… Comenzaba a darles un raro sentido a todos aquellos días de arduo entrenamiento y la fascinación por sus reliquias, pero sobre todo a su decisión de involucrarse en aquel viaje.

Era extraña, era hasta afable la sensación tan cercana de la destrucción y el calor del fuego que emanaba del estruendo una vez que otro de los seres metálicos esfumaba su existencia. El corazón del italiano seguía a tope, y es que cada fuerte latido en su pecho significaba la única y más grande motivación que necesitaba para continuar luchando, era cierto que su cuerpo maltrecho ahogaba un grito cada vez que un nuevo golpe se sumaba a su espalda, al pecho, los brazos, las piernas… y sin embargo todos sus músculos seguían en movimiento.

Y es que bien se decía que “la práctica hace al maestro”; pues para cuando la nueva bandada de Niveles 1 hizo acto de presencia y Terrakht logró reventar su tercer “globo” la determinación de acabar con aquellos seres y la satisfacción de saberse capaz de hacerlo le inundaban el alma a un grado tan profundo que, a pesar de poco entender el funcionamiento de la nueva habilidad adquirida, para cuando tenía frente suyo al cuarto enemigo no dudo en golpearle de lleno con las ahora liberadas tonfas. Otra explosión.

Su fina ropa, su castaño cabello, toda su piel se hallaba empapada, podía sentir el peso del agua fría atrapada entre la tela que le vestía. La fuerte lluvia lo complicaba todo y sin embargo sus movimientos se notaban lo suficientemente agiles además el vaho que liberaba por su respiración agitada denotaba que su temperatura era alta. Otro trío de Akumas que eran destruidos.

Fue entonces que el suelo mojado y un paso mal logrado ocasionaron que el de violáceos ojos resbalara, haciéndole caer de costado sobre la superficie lodosa, dejándole a merced de sus enemigos quienes incansablemente continuaban disparándole… aunque la suerte del italiano no le hubo abandonado pues justo después del impacto de una de las dispersas balas de las máquinas del Conde y gracias al impulso que volvió a elevarlo por el aire el chico de cabello chocolate logró rodar colina abajo, como si de un tronco se tratase, hasta que se detuvo de golpe estampando su espalda contra la superficie de un robusto árbol.

Ther contuvo su pesar e instintivamente se abrazó a sí mismo quizá para reconfortarse un poco, sin embargo en cuanto su mente reaccionó su primer impulso fue tomar cuantas hojas caídas pudo y cubrirse con ellas mientras se colocaba boca abajo, necesitaba algo de tiempo para pensar una estrategia y ya estando postrado al pie de aquel árbol, a la entrada de aquel pequeño bosque, la idea fue simple: esconderse.

De hecho no tenía tiempo, en aquella situación cada segundo que desperdiciase sin saber que hacer era también una oportunidad para que sus perseguidores dieran fin a su vida, sin embargo parecía que el Universo tenía ciertos planes benéficos para su persona… pues solo un quinteto de aberraciones esféricas le habían seguido.

-Faith…- murmuró el joven y es que le era claro que la pequeña de azabache mirar tenía bastante experiencia con aquellos personajes, seguramente su poder era mucho más grande que el de él y tal vez les hubo atraído con mayor vehemencia o acabado con ellos… ya habría tiempo para averiguarlo, pues por el momento tendría que valer aquella ventaja.

Fue cuando los armatostes flotaban cercanos al Verzegnassi que este salió de su escondite atacando a un par de ellos por la “espalda” y de los demás solo bastó aprovecharse de su confusión para por fin destruirles en una explosión que fue curiosamente minimizada por las gotas que no paraban de caer del cielo.

Ther se desplomó agotado sobre la hojarasca y demás escombros a su alrededor mientras la lluvia le enjuagaba el lodo del rostro, de las manos, de los hombros… se notaba aún agitado y su estado sin duda era deplorable, seguramente si Heinz lo mirase en ese momento no se atrevería a llamarle “príncipe-novio”.

Una carcajada surgió de los labios del chico cuando finalmente observó a detalle la triste escena que le rodeaba: varios árboles se habían hecho trizas y grandes agujeros en la tierra se hubieron convertido en estanques, los cadáveres de aquel bosque no hicieron más que recordarle al de Milán que eso era lo mínimo que podría encontrar después de aquella batalla, no quería imaginar el estado del pueblo ahora… sobreviviría Algot y su esposa?

El estruendoso sonido de un trueno que inundaba el ambiente.

-Quiero un kilo de limones!- exclamó riendo, estaba intranquilo y su cuerpo temblaba imperceptiblemente de dolor. A decir verdad cuando miró sus tonfas, las cuales habían vuelto a la normalidad, parecían soldadas a sus manos como si una fuerza invisible le impidiese soltarlas aunque el de mirar violáceo sabía que aquello era miedo, tenía un nudo en la garganta, tantas ganas de llorar pero solo una ronca risa surgía de su boca.

-De que te estás riendo Exorcista?- cuestionó con voz tenebrosa una alargada silueta que se abría paso en la oscuridad de la tormenta, mientras el sonido metálico de las gotas que golpeaban contra su extraño cuerpo retumbaba escabrosamente en la mente de Terrakht.

Un nivel dos había aparecido…
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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Lun Jul 16, 2012 8:52 pm

El sonido de las balas destruyendo aquel pobre e inocente pueblo era diferente al que ella creyó: parecía venir de dos lados diferentes. Intercaló su mirada en dirección a donde parecía provenir cada grupo de disparos –por la calle que estaba frente a ella y por el noreste, hacia la salida del pueblo– y miró dudosa a Clareon, frunciendo el ceño involuntariamente. ¿Por qué no todos los Akumas venían a ella? ¡Ella los quería a todos, así Clareon sería feliz! Hizo un puchero, ella los quería a todos.

¿Hm? —Clareon le hablaba, fuerte y claro. Los Akumas estaban a la vuelta de la esquina, las balas que fallaban al intentar asesinarla eran la prueba de ello. Era un pueblo pequeño después de todo—, aaaaah~ Clareon sabio, muy sabio —sonrió ella vacíamente. Tras sus palabras asintió vagamente y comenzó a caminar hacia la calle por donde venían los Akumas directo hacia ella.

Los de primer nivel, al ver a su objetivo acercándose hacia ellos, detuvieron su andar flotante para descargar una furiosa lluvia de balas sobre el menudo cuerpo de ella. Aunque su reacción fue lenta, Faith pronto dejó de caminar en línea recta para esquivar las balas que iban hacia ella. Rápidamente se dio cuenta de algo diferente: no podía moverse libremente. Pese a estar ahora desconectada mentalmente del dolor que le producían aquellos movimientos, sí sentía su cuerpo pesado y su agilidad y flexibilidad disminuía alarmantemente. Sería esquizofrénica, pero tonta no era y sabía que eso era malo. Los globos podrían atinarle.

Rápido Clareon, boomerang —dijo lanzando su arma directo hacia dos Akumas que estaban a su derecha, los cuales iban a dispararle en ese preciso instante. La chistera los cortó limpiamente, haciéndolos rápidamente explotar. Faith creyó oír gritos, pero los asoció a las sombras que habitaban la calle; realmente eran personas dentro de una casa demasiado cerca de donde habían estallado los Akuma, quienes sucumbieron al pánico y salieron a la calle—. Clareon, boomerang —repitió, lanzando nuevamente su chistera y viendo de reojo por primera vez a aquellas personas, apenas distinguiéndolas como humanos y no como sombras.

Era un hombre mayor y dos mujeres jóvenes idénticas. Quizás un padre y sus hijas. Ellas gritaban y lloraban y él no sabía qué hacer, porque no tenían dónde correr. Los Akumas seguían llegando y cuando Clareon rebanó a uno de ellos y éste explotó, otro disparó y los tres humanos no tardaron en llenarse de pentagramas negros y se deshicieron en polvo.

Faith lo vio y por un instante se quedó quieta. En su mente llovían extrañas imágenes que no recordaba tener y apenas tuvo tiempo para tomar a la chistera de vuelta antes de reír e intentar inútilmente usar su brazo entablillado, girándose hacia los Akumas con los ojos bien abiertos y con una expresión macabra.

Clareon venir, venir matar. ¡Jugar, globos! —y corrió hacia los de primer nivel restante, ignorando que le pesaba el cuerpo y que gradualmente sus movimientos se harían más torpes y lentos. No apunto a ninguna máquina en específico, sabiendo que eso no era realmente necesario y lanzó su Inocencia—. ¡Dual Slash!

Las dos explosiones que le siguieron a sus palabras resonaron por todo el pueblo, opacando la detonación de las balas que cada vez eran menos, por lo menos por su parte. La chistera apenas tocó sus manos antes de ser lanzada de nuevo, repitiendo el mismo movimiento y acabando con el mismo resultado.

Y así continuó, alterando el dual slash con boomerang, destruyendo Akumas como si no hubiera un mañana. Aunque el cansancio llegaba con rapidez a su cuerpo aún herido y magullado, Faith seguía riendo aun con la respiración entrecortada. Cuando el último Akuma de primer nivel de aquella área fue destruido, llenando las calles con la chatarra que quedaba, Faith tomó a Clareon entre sus manos y lo miró, riendo más fuerte. Su cuerpo temblaba por el esfuerzo que hacía y por el poco descanso que tuvo antes de emprender nuevamente la lucha, pero a ella no le importaba. Nunca le importaba. Se extralimitaba y luego pagaba las consecuencias, pero ella no era de pensar en consecuencias.

Clareon llamaba, ella atendía. Tan simple como eso.

Hi hi hi~ ¿ya te cansaste, exorcista? —escuchó una voz nueva entre el murmullo de voces que solía acosarla y apenas levantó la mirada para intentar localizar al nuevo ser que le hablaba. No lo encontró por ningún lado—. No te canses, que si no me aburriréee~ —reclamó nuevamente, pero de una manera infantil.

No cansada. Venir. Clareon querer —respondió ella, no distinguiendo realmente si era una alucinación o un enemigo real.

El Akuma, escondido de la vista de ella, sonrió aunque no tenía boca para hacerlo. En un parpadeo, el Akuma desapareció de su escondite y Faith, quien no podía verlo, caminó y caminó buscando incansablemente a su nueva fuente de entretenimiento. Gracias a lo que había recorrido al eliminar a los nivel uno, poco a poco se estaba acercando hacia el camino que había tomado Ther, pero antes de encontrar al Akuma, éste la encontró primero.

Estaba tras su espalda y ella, sin necesidad de voltearse sabía que estaba allí. Algunas veces tenía ventajas el ver las cosas de manera distorsionada, pues por sus costados se asomaba una especie de denso humo negro, cosa que para ella caracterizaba a los juguetes del Conde.

Holaaa, exorcista. ¿Juguemos a matar, hi hi hi~?

Faith, por su parte y sin voltear, sonrió.

¡Jueguemos ♥!

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Dom Jul 22, 2012 8:51 pm

El aguacero se detuvo de pronto, dando paso a suaves gotas que poco a poco no serían más que nuevos charcos y más lodo que con seguridad gran parte de su humedad y con la llegada del Sol se secarían para volver al cielo… el ciclo infinito.

El joven no hizo más que levantarse, riendo, con la mirada baja y los cabellos chocolate pegados al rostro, su cuerpo temblaba instintivamente de frío al sentirse empapado y tenía la sensación de que el suelo en el que se encontraba se mecía en espiral. Y pese a todo aquello Ther se mantenía de pie con la fortaleza que sentía en el pecho.

-Qué eres?- le cuestionó con voz ronca al recién llegado, finalmente había parado de reír e incluso tomó con más fuerza el mango de las tonfas aún sin vida.

El aludido (un Akuma de aproximadamente dos metros y medio, con lo que se podría llamar cuatro piernas y brazos largos en forma de hoz, semejaba una mutada mantis con rostro de arlequín y cuernos de venado) ladeó la cabeza mientras una gigantesca sonrisa se formaba en su extraña boca dejando al descubierto sus puntiagudos dientes.

-No sabes lo que soy?- dijo entre risas macabras, acercándose tranquilamente, haciéndose cada vez más claro para la mirada violácea del de Milán; quien a cada paso del gran monstruo, y a pesar de que su rostro carecía de expresión, en el interior su sangre comenzaba a hervir, señal de que se hallaba ansioso por enfrentársele.

-SOY TU VERDUGO!! MALDITO EXORCISTA!!- bramó la máquina dando un zarpazo en dirección a la cabeza del castaño, quien con cierta dificultad logró salir ileso, el suelo lodoso representaba cierto obstáculo en sus movimientos y la batalla contra los demás enemigos sí que le hubo consumido energía.

-Te mataré! Te mataré! Te mataré Exorcista!!- repetía incesantemente la bizarra criatura, mientras perseguía a punta de golpes al italiano, removiendo la tierra mojada, troncos, árboles o arbustos que se atravesaran en su camino. El Akuma estaba furioso y a la vez tan extasiado con la idea de cumplir con su cometido que hubo olvidado por completo mirar la dirección que llevaba el muchacho.

El Verzegnassi se había limitado a correr, esquivando como le fuese posible los obstáculos y ataques que le propiciaba el Akuma teniendo por objetivo llegar a la colina, no iba a subirle nuevamente solo quería llegar a la “falda” aunque sin una razón concisa… otro ataque que el chico esquivaba aunque esta vez sus piernas perdieron equilibrio y cayó, girando inmediatamente sobre la espalda para bloquear con la Inocencia, recién activa, la hoz de su enemigo.

-Te tengo! Te tengo!- jadeaba histéricamente el nivel 2, golpeando sin cesar al chico que no hacía más que cubrirse con sus armas levemente iluminadas por el característico verde de la Inocencia. Chispas parecían brotar cada vez que las extremidades curvas del Akuma hacían contacto con la materia divina.

Ther se encontraba en aprietos, buscando la forma de escapar no paraba de impulsarse cuanto podía con los pies, pues era consciente de que a ese ritmo el Akuma terminaría por cumplir con lo declarado. Fue entonces que la suerte le sonrió al italiano pues el sonido no muy lejano de una gran cantidad de detonaciones logró distraer por segundos a su bizarro atacante lo que el de ojos azulinos aprovechó sin duda logrando finalmente escapar de las “garras” de la maquina del Conde.

El nivel dos se vio enfurecido por ese hecho y como si su energía hubiera sido renovada se dio a la tarea de perseguir al joven con más ahínco, logrando que con cada uno de sus grandes pasos la tierra se revolviera saliendo despedida sin rumbo alguno, causando un caos y demasiados hoyos que esquivar. El Verzegnassi seguía huyendo, pensando aceleradamente si en su camino había algo que pudiese ayudarle, no podría correr en círculos infinitamente y necesitaba comenzar a dejar de solo defenderse.

Percibió entonces aquella superficie… al parecer y debido al aguacero, en el final de la colina se hubo formado un pantano con la tierra menos firme de aquella zona y el de Milán tuvo la idea de que de ser lo suficientemente profundo podría contener lo suficiente al monstruo como para intentar destruirle.

“Si no es muy hondo acabaré hecho trizas… apostaré entonces” pensó Ther mientras daba un salto para esquivar un nuevo zarpazo de la bestia y en cuanto sus pies tocaron el suelo el muchacho volvió a correr, lamentablemente y en contra de todo pronóstico el Akuma le hubo dado alcance cogiéndolo a penas del cuello de la camisa, tirándolo al suelo.

-Vaya Exorcista tan escurridizo~- canturreó la máquina rodeando con sus hoces el cuello del castaño que respiraba agitado aunque con gesto inmutable -mi Señor estará contento cuando le lleve tu cabeza…

-No tengo la menor idea del porqué me llamas Exorcista- interrumpió el Verzegnassi de modo tan sorpresivo que logró que el Akuma ladeara la cabeza -me llamas así desde que comenzó esta persecución y te aclaro que no sé a qué te refieres- le espetó con molestia y se notaba por su respiración que el ojiazul empezaba a calmarse. Fue entonces que el nivel dos le miró con un poco más de detenimiento, aquel sujeto no llevaba el uniforme de la Orden...

Y fue justamente en esos segundos de duda por parte del arma del Conde que Ther activo su Inocencia y de un veloz movimiento destruyo uno de los brazos del dos para enseguida levantarse hábilmente y deshacerse del otro. La bestia grito de un modo escalofriante dando un gran salto hacia atrás mientras veía sus miembros mutilados desaparecer consumidos por la materia divina.

-ME ENAGAÑASTE!!! TE ODIO!! MUERE!!!- vociferó lleno de rabia el Akuma y se dirigió a toda potencia hacia el italiano con intención de embestirle.

-No te mentí, yo de verdad no sé lo que eres o por qué me llamas Exorcista…- murmuró adoptando una pose de defensa para que justo cuando la máquina rozó con su cabeza la primera tonfa y con un rápido movimiento de brazo y piernas le ensartará por debajo del cuello la otra, otro rugido de dolor que escapaba del ser -pero sinceramente si me aproveché de tu poca inteligencia- concluyó, luego de aminorar la velocidad y el impacto de su enemigo debido a la herida, el chico liberó su defensa y de un golpe cargado de su fuerza restante le dio justo en la frente, acabando finalmente con la existencia de su muy extraño perseguidor.

La explosión del nivel dos logró volar a Ther varios metros hasta quedar una vez más tendido de espaldas en el suelo, aunque gracias a lo húmedo que aun seguía sin ninguna quemadura.

-Un Amo? Exorcista?- se cuestionó abatido y entrecortadamente… cuándo iban a dejar de aparecer tantas dudas?

El sonido de otra batalla aún llenaba el ambiente mientras el Verzegnassi se hundía con lentitud en el lodo que le rodeaba.
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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Mar Jul 31, 2012 1:52 am

Un nivel dos no era mucho para ella. Había ya visto muchos en muchas formas y sabía que Clareon era fuerte, lo suficiente, como para acabar con ellos sin demasiado esfuerzo de su parte. No obstante, su cuerpo le estorbaba en esos momentos, porque ella quería divertirse desmembrando lentamente al Akuma, pero las heridas causadas tras su caída por la ladera para evitar una muerte segura por el descarrilamiento del tren le pesaban en el cuerpo y la volvían más lenta de lo normal, cosa que quitaba las ventajas de su pequeño cuerpo. Ella era pequeña, compacta, y eso le permitía ser ágil y flexible. Pero ahora no lo era y el Akuma lo estaba aprovechando.

Apenas dictaminaron ambas partes que comenzaría su retorcido juego, Faith lanzó su Inocencia hacia atrás para encontrarse sorprendentemente sólo con aire. Miró al vacío con ojos ausentes, pero extrañados. Estaba casi segura que el humo tóxico había estado tras de ella, pero ahora parecía que su mente le había estado jugando malas pasadas, porque allí no había nada. Sólo un aire enrarecido que pronto volvió a ser igual de insípido que el aire normal.

No. Mentira. Después del breve aguacero que había caído no muy fuerte en aquella parte del pueblito (la nube negra no era tan grande como se había visto en la lejanía), el aire tenía un raro sabor a nuevo y eso a Faith le causaba curiosidad. Pero no era momento. No cuando la nube tóxica nuevamente hizo aparición, no muy lejos de ella, pero tampoco cerca.

Aburriiiidoo~ ¿acaso soy muy rápido para ti? —se burló el Akuma, permitiéndole a ella verlo casi bien.

A sus ojos, por algún motivo este Akuma parecía un ángel. A ojos de cualquier otro, el Akuma tenía la misma similitud con los ángeles, pero de manera grotesca. Alas caídas, rotas y plagadas de pentagramas negros, ojos con forma de limón y bañados en una inmensa pupila sin iris, cuerpo raquítico y con los huesos aparentemente rotos por la extraña forma en que sus piernas, brazo y columna se doblaban casi dolorosamente. Era un ángel horrible, pero eso no fue lo que causó disgusto en ella. No. Lo que causó desprecio en ella fue la similitud que tenía con las esculturas que había en cierto lugar que no era precisamente su favorito.

Frunció el ceño, pero luego sonrió insanamente.

Romper —aquella única acción poblaba toda su mente—. Romper, romper, ¡romper!

Destruir memorias malas. Ese era su plan.

Lanzó a Clareon, pronunciando “Dual Slash” y vio como el Akuma, viendo el ataque frontal, sonreía con sorna al esquivarlo. Pero ella se mantenía sonriendo, pues era lo que ellos siempre creían que era lo correcto. Sin embargo, cuando vio a Clareon volviendo para rebanar, algo que no esperaba ocurrió.

Desapareció. El Akuma simplemente… desapareció.

Aquello la pilló con la guardia baja. Notó nuevamente el aire enrarecido, pero cuando Clareon pasó por él, había vuelto a ser normal. Y la Inocencia, por primera vez, perdió altura y potencia antes de poder cortar. Parecía casi tan confundida como ella y al volver a sus manos, Faith la miró con descrédito en sus ojos.

Clareon… ¿fallar?

HI HI HI~!! ¿Sorprendida? —preguntó el Akuma desde algún lugar no visible, con la voz cargada de risa y burla.

Nuevamente, como por arte de magia, el Akuma apareció frente a sus ojos de la nada. Aunque no tenía boca, Faith pudo leer la soberbia y la superioridad en ellos, así como el odio y desprecio por ella y su Inocencia. Y por primera en mucho tiempo, Faith pudo sentir y reconocer inmediatamente aquello que no solía ni identificar ni empatizar con nada ni con nadie.

Enojo. Simple y llano enojo llenó su pequeño ser, así como una dosis de frustración. Apenas lo tuvo enfrente lanzó con fuerza, casi con rabia, la chistera la cual cortó el aire de manera veloz, pero el Akuma desapareció mientras dejaba el eco de su risa.

Y el espectáculo fue realmente impresionante. La chistera orbitaba con gran velocidad y con evidente filo en el aire, pero el Akuma aparecía y desaparecía antes que el arma pudiera darle. Y Faith sentía dolor de cabeza por este cúmulo de emociones rabiosas y frustrantes que la llenaban, especialmente por esta inusual consciencia que estaba teniendo sobre ellas.

¿Acaso soy mucho para ti, exorcista?

¡NO! —respondió ella con rabia, pero con una expresión que marcaba aún más sus rasgos infantiles—. ¡NO! ¡NO! ¡TÚ NO GANAR CLAREON! ¡CLAREON MATAR TÚ! —hacía berrinche, pero el Akuma se aprovechaba de eso para volverse aún más intocable.

Y así siguieron por unos minutos más, siendo ella dominada completamente por el Akuma el cual lo único que hacía era hacer gala de su habilidad: teletransportación. Pero el Akuma no era tonto tampoco, podía sentir las pulsaciones en el aire que el poder de Clareon emanaba. Era una Inocencia fuerte, nada fuera de este mundo, pero sí era para preocuparse; por lo menos uno de su nivel. Por eso se había propuesto a cansar a la niña sin tocar el filo de esa arma. Una vez ella cayera rendida por el esfuerzo, él la acabaría. Plan sencillo, ¿no? Y aparentemente efectivo…

No obstante, él ignoraba algo importante. Ignoraba a Clareon como ente, como la voz que comandaba. Y ese fue el error máximo de su plan.

Disfrutando de las expresiones infantiles de enojo de Faith, el Akuma seguía con su juego de teletransportarse y cuando vio nuevamente a la niña lanzando su arma, volvió a teletransportarse, pero antes que su cuerpo desapareciera notó algo anormal.

Faith sonrió.

El Akuma, extrañado, terminó por dejarse llevar por el vórtice y cuando tuvo nuevamente los pies puestos en la tierra, iba a repetir la acción para continuar el juego, pero algo le detuvo.

La chistera estaba clavada en su cuello, justo sobre lo que humanamente hablando, sería la clavícula.

¿Cu-Cuán…ndo? —logró apenas pronunciar antes de escuchar un murmullo de la niña y sentir un ardor inimaginable que lo empezó a ahogar.

Se llevó las manos al cuello, pero las apartó inmediatamente al sentir como el calor corrosivo también las invadía. Sentía todo su cuerpo arder en horrible dolor y pronto explotó gracias al veneno que expelió la chistera al momento de “llorar”.

Ante la explosión, Faith, aún con esa expresión de demente alegría y tranquilidad, caminó hasta donde se originó el ruido para buscar a Clareon. La chistera, aún activada, estaba tirada en el suelo a varios metros de donde estaban los restos del Akuma y ella, con esa escalofriante parsimonia, la tomaba y la limpiaba con todo el amor del mundo.

Yo decir. Clareon matar. Siempre matar. Siempre. ¿Verdad, Clareon? —preguntó ella sonrientemente mientras miraba a su Inocencia, ignorando olímpicamente los restos y asintiendo vagamente como si hubiera una persona allí interactuando con ella.

Clareon lo sabía. Él se lo había dicho. El aire enrarecido, esa era la clave. Al soltar la chistera antes de tener el brazo completamente estirado como acostumbraba, ésta adquirió un giro que le hacía ir ligeramente hacia arriba, pero con más velocidad. Así pudo tocar el “aire enrarecido” antes que se volviera normal, siendo absorbido por la estela que dejaba el Akuma al teletransportarse, la cual duraba menos apenas unos segundos y que permitía llegar hasta él casi al mismo tiempo.

Tú nada para Clareon. Nunca nada. Clareon sabe. Sabe, sabe —repitió ella como para sí misma, caminando lentamente y con pasos temblorosos, manchándose del barro en el suelo y mojándose los pies con los charcos de agua que pisaba.

Escuchó una explosión no muy lejos de donde estaba y volvió a sonreír ausentemente.

Sí. Clareon siempre sabe.

Spoiler:
{Off: Esa explosión es la de tu Akuma xD Siente el poder de Faith, que puede acabar con su Akuma antes y con menos golpes e-é (?)}

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Vie Ago 03, 2012 12:46 am

"Era invierno en San Petersburgo, y el impresionante río Nevá se hallaba más que congelado…

Recuerdo claramente que ella llevaba puesto un nuevo sombrero color cereza, redondo y elegante al estilo típico de la región el cual hacia juego con sus guantes; un abrigo afelpado y largo en color hueso que resaltaba el leve tono rosado de su pálida piel. Admiraba anonadado su extenso cabello grisáceo, un rubio casi blanco con destellos plateados, que contrastaba bellamente con sus profundos ojos negros azabache y la nieve del rededor… Al parecer su ciudad natal se notaba dichosa de recibirle nuevamente pues Roxana se notaba radiante.

La tarea asignada por la Señorita Sienna había sido en cierto modo sencilla: comparte una debilidad a tu compañero asignado. Esas fueron las escasas instrucciones que hubo dicho justo antes de desearnos felices fiestas, pero de ser sincero yo no tenía la más mínima idea de a lo que se estaba refiriendo, así que cuando mis hermanas abandonaron “el salón de reflexión” dejándome con la cabeza vuelta un huracán, me sentí como el único estúpido del club.

A decir verdad lo soy. Lo entendí en aquel momento cuando un torrente de lágrimas empapaba las mejillas de Roxana mientras miraba el cielo nuboso, lloraba silenciosa y dolosamente pues apenas un leve gemido se escapaba de rosados labios. Lloraba inconsolablemente mientras yo entraba en shock, no sabía qué hacer, no sabía que decir, no sabía si moverme o quedarme ahí de pie justo a su lado.

Al final estaba tan estupefacto que opté por quedarme inmóvil, con la mente en blanco solo observando su rostro cubierto de lágrimas, contemplando sus facciones entristecidas y el cómo mantenía su mirada fija en el punto más elevado del cielo… fue entonces que los copos de nieve hicieron su aparición, calmados y constantes, reconfortantes y ligeros; caían a la Tierra en un suave vaivén con la firme intención de llenarnos de blanco.

Y di un sumiso paso justo cuando ella me miró nuevamente, con sus oscuros ojos humedecidos y el sombrero y los hombros llenos de nieve.

-Athan- declaró al fin con un hilo de voz y no pude evitar sonreír, aquello era realmente tierno.

-Entiendo que sufras… ese hombre es una vergüenza- murmuré riendo mientras le envolvía dulcemente entre mis brazos. Roxana rió más fuerte…”







Para cuando el italiano estuvo consciente, sintiendo la fría brisa que dejo la lluvia sobre su piel, la calma parecía haber regresado a aquel paraje. Era ese tipo de calma que tras un desastre se presenta como un vacio profundo en el corazón de las personas, un sentimiento triste y sombrío más parecido a la resignación que la esperanza, pero finalmente calma.

Ther se levantó despacio, con el rostro inexpresivo exceptuando las ocasiones en que una leve mueca se formaba en sus labios debido al dolor de sus heridas, las nuevas y las anteriores. Estaba completamente sucio, desalineado y manchado de lodo, exhausto y dolorido; pero el de Milán caminaba firme, erguido y elegante igual que siempre. Porque tras aquel sueño era claro que debía levantarse y avanzar.

Por momentos el joven dudó si aquella era la dirección correcta, quizá era una mejor opción el que se fuese al contrario, después de todo no sabía a lo que se enfrentaba ni mucho menos que encontraría al regresar. Cuantos rostros en pena hallaría? Pero sobretodo qué podría hacer él al respecto? Aquella cuestión era todo lo ocupaba su mente en aquel momento ya que de encontrar la respuesta un nuevo camino sería desbloqueado.

Por qué esa tendencia a reflexionar, a preguntarse? Por qué le era tan complicado no decidir? Para qué estaba ahí? Por qué estaba tan enojado?

“Basta Terrakht!! No necesitas más razón que tu existencia! Limitándote de esa forma solo conseguirás fortalecer tus miedos!...”

El recuerdo de las palabras de su admirada tutora, tan firmes y claras como lo hubieron sido en aquella ocasión, habían logrado que finalmente Ther saliera de aquel extraño trance en el que se vio sumido mientras caminaba.

Fue entonces que el de violáceos ojos enfocó la mirada hacia su alrededor, se había detenido a escasos metros de la pequeña figura de la morocha, quien al parecer no llevaba mucho de haber llegado hasta ahí.

-Faith…- murmuró pacíficamente mientras se acercaba despacio hasta su encuentro -que persona tan impresionante eres- declaró con calma una vez se halló a su lado, esperando cualquier tipo de instrucción de su parte.

Finalmente Ther se contuvo de revolverle el pelo y abrazarle…

Spoiler:
Jajaja Si! Faith poderosa ser… Ther aprender debe ^^U *imitando a Yoda no sé por q’ (?)* post corto pero deseaba q’ así fuese XP
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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Jue Ago 09, 2012 2:34 am

El seguir caminando fue una acción completamente autómata, pues poco a poco su mente dejaba de funcionar, rogando por el descanso que su cuerpo necesitaba. Iba a paso lento, arrastrando los pies, ignorando el dolor y la suciedad que se pegaba a su cuerpo. Todo estaba en anormal calma, una que no le tranquilizaba, sino que la incitaba a mantenerse consciente por un tiempo más, sobrepasando los límites esperados.

Una voz muy tenue llegó a sus oídos, perturbando su calma, pero de manera demasiado sutil como para alterarla. Creyó que era una de las voces susurrantes de siempre, las que Clareon acallaba antes que pudieran enloquecerla, pero al ver repentinamente el cuerpo de Ther cerca de ella entendió que era él. Alzó la cabeza, descubriendo su rostro hasta el momento oculto tras su enmarañado cabello, y lo miró con ojos vacíos.

¿Quién era?

No le recordaba realmente, pero al bajar la vista y observar las tonfas, sonó un “click” en su mente y recordó qué eran. Les sonrió.

Brillo… luz volver. Clareon feliz, muy feliz —dijo ella con aquella voz monótona, pero con una expresión que simulaba alegría. Alzó la chistera, la cual aún estaba activada, como si quisiera presentársela a las tonfas cuando una única explosión sonó.

Un único Akuma de primer nivel había quedado rezagado en la matanza de Faith y los había encontrado. Sin embargo, Faith al verlo no cambió de expresión, pero con un simple “Boomerang” dejó ir a su Inocencia con su brazo sano y ésta voló hasta el Akuma, cercenándolo y eliminándolo, permitiéndole un solo tiro antes de explotar. Lamentablemente aquel tiro no dio a ninguno y terminó por dar en el suelo, dejando un pequeño cráter.

Mientras veía a la Inocencia orbitar a gran velocidad en el aire, el rostro de la niña se tornó algo psicótico, pero al querer estirar el brazo para tomar a su preciada posesión de vuelta, su cuerpo le traicionó. Sus piernas dejaron de sostenerle y cayó patéticamente sobre el regazo de Terrakht con el cuerpo completamente tembloroso.

En su mente, esto produjo una gran confusión. No había caído inconsciente, por lo que pudo ver cómo Clareon, aún en el aire, volaba hasta caer a sus pies y esconder las cuchillas para volverse una vez más una chistera negra. ¿Por qué él sí y ella no? ¿Por qué él podía seguir atacando y ella se veía privada por su propio cuerpo? En su mente, su edad no entraba en la ecuación. Sus limitaciones humanas no cabían en sus pensamientos y el verse tan… débil en comparación a Clareon le hacía sufrir. Por primera vez después de muchas situaciones en donde se encontraba en el mismo escenario, sufrió al sentirse lejos de Clareon. Mentalmente intentaba estirarse para darle alcance a aquella voz invisible, pero no lo lograba. Su cuerpo sólo temblaba ante sus intentos por moverse y cabeceaba, luchando por no dormir otra vez.

Y sintiéndose desprotegida, lejos de Clareon y agobiada por todo el ruido de su mente, con su único brazo movible se aferró a las ropas de Ther, tan o más sucias que las propias, y se quedó completamente quieta.

A lo lejos, entre un gran murmullo causado por los habitantes de aquel pequeño poblado que dejaban salir su pánico por el pequeño “apocalipsis” recién vivido, el buscador se acercaba a ellos corriendo ignorando las miradas acusadoras de todos sobre su espalda. Mas Faith no podía verlo venir, porque en su mente algo comenzaba a sobreponerse a todo lo demás, incluso sobre Clareon, provocándole el mismo sentimiento que tuvo la primera vez que lo percibió.

Cyriphran.

Spoiler:
{Off: Post cortito, I know~ Pero no quería alargarlo innecesariamente. Por lo visto, Eveline no actuará más, y la misión tiene ya todo el sabor a que está terminándose, así que… detalles por MP =w= Sólo para aclarar, Faith no quedó inconsciente, sólo muy dentro de su mente, pero técnicamente sigue despierta.}


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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Vie Ago 10, 2012 1:45 am

No logró más que suspirar, y es que el ver los rostros de los pobladores a lo lejos no hizo más que llenarle de incertidumbre, se notaba en sus expresiones el miedo; ese miedo mezclado con tristeza y ansiedad que atraería el caos. De alguno modo entendía lo que vendría sus miradas acusadoras e intensas era solo el principio de una situación por demás molesta.

El de Milán tuvo la intención de hablar, quería adelantarse y buscar la manera de que aquello fuese lo más llevadero posible, pero fue el contacto de la pequeña de ojos azabache lo que finalmente le hizo decidir enfocarse en ella y en nadie más, observando de reojo como el hombre del uniforme beige salía de entre la muchedumbre Ther se agacho hasta quedar lo más cercano a Faith quien sencillamente ya no se encontraba ahí, al menos no en mente.

Le tomó de los hombros con delicadeza alejándola con dulzura de sus ropas y cuidadosamente le cargó, recargando su oscura cabecita en su hombro, preguntándose por qué una criatura como ella se encontraba involucrada en aquel tipo de batallas… y no subestimaba de ningún modo a la morocha pues él había sido testigo de su gran poder, sino más bien se sentía molesto de que entre todas los caminos ella tuviera que haber tomado aquel.

-Cómo es que tú?...- cuestionó desconcertado el buscador pero antes de que pudiese continuar expresando su sorpresa el de ojos violáceo le interrumpió señalando impávido la chistera en el suelo.

-Me es posible tocarla?- preguntó con simpleza, el servidor de la Orden se mostro extrañado pero una vez entendió a lo que se refería el joven se limitó a asentir con un gesto de cabeza. Terrakht se agachó entonces evitando ser muy brusco con la damita en sus brazos y tomó la Inocencia, luego la colocó con ternura sobre la cabeza de su dueña y en silencio comenzó a caminar en dirección contraria a la gente.

-MALDITOS!!- exclamó con voz entrecortada una mujer, sus palabras se hallaban cargadas de ira y también de mucho dolor… aquello desató entonces un ola de frases que igualmente pretendían ofender a los “extraños”, culparles de su desgracia y expresar su odio, incluso hubo quienes lanzaron pedazos de escombros, rocas con la intención de herirles aunque ello no ocurrió.

-Lloren, griten, maldigan… nublen sus mentes y deténganse en la oscuridad cuanto lo deseen, pero una vez que su tristeza se agote por favor continúen avanzando, tanto como les sea posible…- expresó firmemente el joven de cabellos chocolate y con gesto inmutable siguió alejándose de aquel “endemoniado” lugar.

-Joven- dijo entonces el mayor de los hombres levemente sorprendido por la actitud del italiano -permítame ayudarle- continuó extendiendo su brazos.

-Créame en este momento mis heridas físicas son más soportables- concluyó tranquilamente, el buscador sonrió y siguió caminando silenciosa y lentamente igual que Ther. Las palabras de odio y rencor de los pobladores aun eran perceptibles.

Fue cuando llegaron al paraje lejano, en donde eran visibles los agujeros ocasionados por los disparos y detonaciones de los Akuma, que ambos hombres y quizá también Faith que lograrón escuchar el sonido de ruedas y caballos galopando acercándose a su posición. El buscador y el Verzegnassi cruzaron sus miradas buscando la aprobación del otro, esperando que no solo fuese una alucinación por cansancio.

-Principe-novio!!!- se escuchó entonces mientras la carreta se detenía a escasos metros de ellos. Se trataba de Heinz y Vivian quienes de inmediato descendieron del transporte apresurándose a auxiliarles.

-Que gusto…- dijo el castaño sonriendo abiertamente, Vivian solo acertó a exclamar un “Dios” al mirar el estado en el que su amigo se encontraba. Heinz por su parte abrió con prontitud las puertas del carro para que de inmediato pudieran a costar en el asiento a la pequeña en estado incierto.

-Rápido suban! Vivian tu también!- exclamó Heinz acercándose a Ther para ayudarle a impulsarse dentro. Todos obedecieron.

-Molto grazie- susurró el italiano a Heinz cuando este cerraba la puerta del transporte, el hombre le dio una palmada en el hombro y sonriente se dispuso a ir al sitio del conductor. No tardaron en avanzar.

-Ther…- murmuró tristemente la rubia sentada junto el aludido mientras delicadamente limpiaba con trapo el rostro del chico -qué fue lo que sucedió?

-Eso quisiera saber yo…- comentó con una leve sonrisa y dirigió sus violáceos orbes hacia la de cabellos azabache que se hallaba tendida en el asiento contrario, el milanés sentía un gran apuro por su estado de aparente inconsciencia.



Spoiler:
No estoy muy segura de haber manejado adecuadamente la situación de Faith, cualquier problema con ello me avisas ;W;

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Sáb Sep 01, 2012 4:46 pm

El clamor furioso de las personas no la conmovió en ningún sentido. Quieta, con el rostro sin emoción y los ojos pestañeando perezosamente, Faith se mantenía junto a Ther apenas sintiendo el calor que el otro cuerpo expelía. No tomaba en consideración el estado del otro, tan o más delicado que el de ella misma, pero al sentir la chistera nuevamente en su cabeza, la paz la embargó lo suficiente como para no estallar en quejidos o ser víctima del dolor psicológico de cuando terceros tocaban lo que a ella le pertenecía.

El vaivén que provocaban los movimientos de Ther prácticamente la acunaban, pero por algún motivo ella no quería rendirse al sueño incluso cuando los sonidos se iban haciendo tenues y le costaba no divagar en su mente. El nombre Cyriphran era lo único que se repetía como disco rayado en su cabeza y su mente captaba a saltos lo que ocurría en el exterior. De las piedras pasó a estar tendida dentro de un carro y apenas giró lentamente su cabeza y “miró” a Ther, pero sin hacer nada más. Con el movimiento, Clareon cayó hacia atrás, pero aún teniendo un contacto con su cabeza, permitiéndola así no volver a alterarse y asustar a la chica que se dedicaba a limpiar las heridas del italiano.

Werner, al igual que Ther, miró a la niña en silencio, mordiéndose el interior de la mejilla. No, las palabras no eran lo suyo, pero luego de lo ocurrido (y aunque él no hubiera visto con sus propios ojos lo que había pasado, no era tonto para no poder inferir qué había ocurrido con Terrakht y Faith) era su deber el hablar. Después de todo, dudaba que la niña lo hiciera.

Señorita, ¿podría viajar junto a su padre? Necesito… hablar con el joven —le pidió amablemente, pero con un tono apagado.

¿Qué? ¡No! ¡Yo también quiero saber qué ocurrió con Ther! —respondió ella, agudizando su voz una octava más alta. Estaba preocupada por Ther y se negaba a dejarlo solo; ya había terminado así, no quería que se viera más dañado que ahora.

Sin embargo, Werner la observó con una mirada significativa y cargada de un “por favor” implícito. Al principio quiso resistirse, queriendo ayudar a Ther o por lo menos estar ahí para apoyarlo, pero finalmente dejó salir un gran suspiro y asintió. Se volteó a ver al italiano y en un movimiento delicado le tomó la mano, apretándola suavemente queriendo transmitirle su apoyo. Luego miró otra vez a aquella extraña niña que, honestamente, la turbaba por su extraña mirada casi dormida y finalmente fue hasta la puerta, la abrió sin importarle que estuviera el carro en movimiento y con cuidado se agarró de la parte superior del marco para impulsarse hasta el asiento del conductor, donde había lugar para dos. Por la facilidad con la que ejecutó el movimiento, se notaba que ya lo había hecho antes.

Incluso después que la puerta del carro se cerró y dentro de él quedaron sólo Ther, Werner y Faith, el silencio imperó. Ella volvió a girar la cabeza, mirando al techo, y continuó callada y apenas respirando, como si no tuviera fuerzas para más. Werner la miró, manteniendo esa mirada profesional que sinceramente le estaba costando, y luego miró a Ther. Para su sorpresa, las palabras fluyeron casi solas, aunque sabía que después de tanto hablar terminaría callado por lo que restaba del viaje y quizás algo más.

Hay pocas… muy pocas personas en este mundo como ella… como tú. Esas cosas que viste son máquinas creadas para matar gente llamadas Akumas y cuyo veneno con tan solo rozarte te mata instantáneamente. Por eso la gente como ustedes es tan admirable, porque son los únicos capaces de hacerles frente —dijo, demostrando por primera vez su profunda admiración por los exorcistas de una manera tan patente—. Es… difícil de creer, pero confío en que luego de lo que has visto puedas abrir tu mente para aceptar no sólo la verdad, sino tu propio destino. A espaldas del mundo, sin que nadie sepa, hay una guerra. El Conde Milenario posee un ejército de Akumas y aliados con el fin de destruir la humanidad y los exorcistas, personas como la señorita Faith, son los soldados que luchan por nosotros —se tragó el “soldados del Vaticano” porque si había algo que les advertían a quienes la acompañaban, era que nunca debían mencionar aquella palabra. Le parecía cruel que la mantuvieran engañada de tal modo, pero él no sabía el trasfondo de esa decisión y sólo se limitaba a acatar las órdenes.

El arma de los exorcistas es la Inocencia y sólo puede ser usada por ellos. Puede adoptar muchas formas, desde un brazo hasta un animal; incluso cosas, como la de la señorita Faith. Pero no hay que engañarse por su aspecto… el poder que guardan es impresionante —lanzó una mirada hacia la chistera mal colocada, pero no la arregló. No quería alterarla—. Tú no escoges a la Inocencia, ella te escoge a ti y una vez que has sido elegido… no hay otro camino. ¿Entiendes lo que eso implica?

El aire se tornó pesado dentro del carro. El movimiento de éste no era brusco, pero tampoco iban lento. Al parecer, la actitud hostil de los pueblerinos hacia ellos había alterado a Heinz y se apresuraba lo más que podía para llevarlos de vuelta a Brig-Glis, donde se sorprenderían de encontrar nuevamente a la ciudad viva, aún con algo de miedo, pero trabajando ya en la reparación de la estación de trenes.

El silencio fue definitivo para Werner. No había mucho más que él pudiera decirle. Las pautas generales ya se las había dado y sólo otro exorcista podría decirle algo más o Ther debería aprenderlo a punta de la experiencia. Tras un par de minutos, en donde dejó que el italiano dijera lo que quisiera o simplemente callara, sus ojos comenzaron a recorrer la figura del otro buscando algo. Aunque intentaba ser discreto, era un poco obvio lo que hacía y no costaba mucho comprender que quería saber qué podría ser su Inocencia. En el caso de Faith, la chistera saltaba a la vista pero, en parte, no era tan obvia; el atuendo propio de los exorcistas ya era algo extravagante por muy negro que fuera, por lo que la chistera podría tomarse como accesorio y no como el arma. Además, su forma activada era muy distinta. Por eso no sabía qué pensar de Ther. No se descartaba el hecho que fuera parasitario, pero no lucía extraño.

Pronto, sus ojos se posaron en las tonfas del otro. Ya antes las había visto, pero no les había tomado importancia. Ahora, con todo lo pasado, le hacían sospechar. ¿Sería…?

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Sigma-chan el Dom Sep 09, 2012 1:55 am

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim
Because it was grassy and wanted wear,
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I marked the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I,
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

The Road Not Taken - Robert Frost


El joven de los ojos violáceos escuchó con suma atención las palabras de aquel “extraño” hombre. Extraño porque hasta aquel momento se había percatado de que no sabía su nombre a pesar de las veces que se hubo encontrado con él. La verdad era que no tenía total atención, pues en el momento que la oración “son máquinas creadas para matar gente llamadas Akumas” fueron pronunciadas, Ther había dejado de escuchar limitándose al simple hecho de oír.

Las palabras del buscador fueron percibidas por el castaño en cámara lenta, como si de algún modo él viajase a una velocidad diferente del resto del mundo, tal vez aquello se debía a la contusión en su cabeza o el cansancio mental que finalmente cedía al físico, tal vez, aunque el hecho era que una vez la explicación hubo terminado el italiano había procesado un centenar de veces aquel relato y en todas las ocasiones su conclusión hubo sido la misma: seguía entendiendo NADA, absolutamente NADA…

Pasó un minuto en silencio antes de que su risa se hiciera presente de forma incontenible, se reía a carcajadas. Ahí estaba otra vez ese impulso incoherente que tanto desagradaba al chico, nuevamente se sentía tan confundido que lo único que atinaba hacer era reírse de ese modo irracional, igual que en aquella ocasión en la que al finalizar su batalla con los Akuma nivel uno se encontraba exhausto tendido sobre el lodo.

El Verzegnassi rió un par de minutos más hasta que la sensación de dolor embargó su estómago. Fuera del carro Vivian se notaba ansiosa por ir en su apoyo, sin embargo era detenida por su padre quien sin despegar la vista del camino le sostenía suavemente del hombro, qué le sucedía a Ther? Bueno eso ni él lo entendía.

Y finalmente se detuvo, doblado hacia el frente mientras se abrazaba el estómago y finas lágrimas brotaban de sus ojos, soltando de vez en cuando un bufido extraño que amenazaba en convertirse en risa nuevamente.

-No lo lamento…- dijo el milanés mientras con cierta dificultad volvía a retomar la compostura -pero me parece muy vago lo que me has dicho y dejé que mis sentimientos confusos me guiaran, eso no fue lo mejor para mis heridas- continuó mientras sonreía divertido y hasta sarcástico -y estoy consciente de que tu no podrás responderme “adecuadamente” pues ni tú mismo entiendes al 100% la verdadera situación de tu misteriosa guerra…- agregó toscamente y echando la cabeza hacia atrás, llevándose una mano sobre la frente mientras cerraba los parpados -es tu deber y lo respeto, sin embargo, te comparto que por extraño que parezca yo aborrezco actuar por deber así que te agradecería me respondieses una sola pregunta.- habló respirando entrecortadamente, el estado de su cuerpo finalmente “pasaba factura” y lo estaba dejando inconsciente -Qué si me rehúso a ser un soldado?- concluyó a penas en un suspiro pues tras terminar, su brazo cayó pesadamente a su costado, Terrakht se había quedado por completo dormido.

Pasó alrededor de una hora cuando la carreta se detuvo, habían llegado a Brig-Glis y siendo exactos a la casa de Heinz, este último fue el primero en abrir la puerta del carro se notaba serio y preocupado.

-Llegamos- comentó con una sonrisa tristona al notar la inconciencia del “príncipe” tendido en el asiento -yo puedo llevarlo necesitan una camilla o algo más para la pequeña?- cuestionó el suizo al entrar y acomodando en su espalda al de ojos azulinos. Heinz era un hombre corpulento y alto además de notarse en buena forma así que no le costó mucho sacar a cuestas a Ther -no se fijen mucho en el estado de la ciudad hay bastante alboroto debido a que ya se encuentran arreglando la estación- agregó con más animo -Vivian se queda a sus órdenes- dijo a modo de despedida mientras se dirigía al interior de la casa, sentía cierta premura por acomodar al italiano.

-La doctora vendrá pronto a revisarles- habló tímidamente la joven, después de todo no había olvidado el “altercado” de la niña con la mencionada doctora y no estaba del todo segura de como debía actuar para con ellos.

-Gracias- fue la sencilla respuesta del buscador quien mantenía una actitud calmada. Vivian se limitó a sonreírle y asentir con la cabeza.



Llevaba ahí un par de minutos. Tal cual lo había acostumbrado en los días de paro, el de mirada violácea se hallaba en el techo de la casa, sentado en la cornisa del tejado esperando el amanecer de aquel día; del cual no tenía ni idea de cual fuese, pues desde su desmayo en la carreta no sabía cuanto tiempo había transcurrido. Suponía que un par de días, puesto que se despertó limpio, con vendajes nuevos y ropa suave que parecía recién lavada.

Ther miraba el horizonte sin expresión en el rostro y respiración tranquila, se podría jurar que era una estatua sino fuese porque de vez en cuando se llevaba a la boca la mitad de un limón que chupaba hasta dejarlo sin jugo, y por las cascaras vacías que se hallaban a su costado era fácil calcular que había comido ya una decena de limones.

A saber que era lo que estaba pensando el joven de Milán, tal vez se imaginaba que clase de desayuno estaría preparando Luvi, quizá seguía intentando convencerse de que todo aquello fuese un sueño o simplemente se limitaba a mirar las nubes pasar, con Ther en estado “normal” era difícil saberlo.
Otro limón que era exprimido…

-Me alegra que finalmente despertaras- comentó con calma la rubia que recién llegaba llevando entre los brazos un elegante abrigo, Ther le dedico una leve sonrisa mientras se le acercaba -imagine que tendrías frío…- prosiguió tímidamente y levemente sonrojada, extendiéndole la prenda.

-Grazie bella- respondió con calma y tras tomarlo se apresuró a vestirlo. Vivian asintió un tanto nerviosa, tenía un nudo en la garganta que amenazaba con convertirse en llanto y prefirió agachar la mirada.

-Voy a prepararte un gran tazón de avena con nuez, debes tener mucha hambre!- exclamó sonriendo abiertamente y rápidamente buscó darle la espalda al castaño para alejarse a cumplir con lo dicho, dejando al chico bastante extrañado…

-Ther, sea cual sea tu decisión te aseguro será la mejor.- dijo ella justo antes de desaparecer del tejado.

El aludido se quedó pasmado un par de minutos, luego suspiro y pacíficamente volvió a su labor de acabar con otro puñado de limones. Fue entonces que la tenue luz del sol comenzó a hacerse presente y el silbato del primer tren partiendo de la estación inundo el ambiente.

Ther sonrió…
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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

Mensaje por Faith E. Wippler el Jue Sep 20, 2012 1:35 am

La estridente carcajada que profirió Ther fue tan… agónica en cierto sentido, que aquella nota de irracionalidad alcanzó a llegar a la pequeña exorcista, quien lo escuchó reír tan atentamente que fue acunándose en ellas, quedándose finalmente dormida con aquella perturbada “melodía”. Werner dibujó una mueca triste en su rostro al oírlo reír y luego simplemente le escuchó hablar sin interrumpirle siquiera una vez.

¿Qué si me rehúso a ser un soldado? —fue lo último que pronunció y el buscador, viéndolo sumirse en una abrumadora inconsciencia, solamente le dedicó una mirada triste que respondía claramente a la pregunta del italiano.

No puedes rehusarte.

Una hora después llegaron a su destino y Heinz se encargó de acarrear el cuerpo del exageradamente alto italiano y Vivian quedó a su cargo por órdenes de su padre. Werner agradeció el aviso de la muchacha sobre la llegada de la doctora y con sumo cuidado tomó entre brazos a la pequeña pelinegra (antes le acomodó la chistera tan delicadamente que apenas se puede decir que sus dedos tocaron el objeto) y la alzó con facilidad, llevándola hasta el interior de la casa. Era impresionante el cuidado con la que la cargaba, como si la niña fuera un frágil cristal, pero él temía importunarla y desatar otro de esos ataques de los que ya había sido espectador.

Sin embargo, Faith estaba completamente rendida al sueño. Su cuerpo agotado le impedía sentir nada del exterior y su mente vagaba en el mundo de Morfeo, muy lejos de la realidad como para despertar pronto.

De aquel momento, exactamente dos días pasaron. La doctora había llegado al hogar de Heinz casi media hora luego que ellos mismos arribaran y no tardó en ponerse manos a la obra para curar las heridas de ambos exorcistas. Luego de dejarles ciertas indicaciones a los dueños de casa, no volvió hasta el día siguiente para una nueva revisión y luego a la tarde del segundo día apareció nuevamente para un nuevo chequeo. Grande fue su sorpresa al encontrar a la pequeña griega aparentemente despierta, mirando al techo en expresión ida. Intentó hablarle, queriendo olvidar el hecho que era una ladronzuela a sus ojos, pero Faith no respondió. Se dejó atender, cosa que la otra agradecía, pero apenas terminó de mudarle las vendas notó que nuevamente se había quedado dormida.

A la mañana del tercer día, despertó algunos minutos después que Vivian fuera a hablar con Ther. Desorientada, lo primero que hizo fue mirar hacia su derecha en busca de la cómoda que tenía en su habitación en la Orden, donde solía dejar a Clareon si es que él no quería dormir con ella. Sólo halló una pared lisa y al voltear hacia la izquierda vio a quien tanto esperaba. Se sentó lentamente, aún con aire ausente, y al intentar alcanzar la chistera notó una sensación extraña en su cuerpo.

Brazo… mi… brazo… —musitó, bajando la mirada. Su brazo herido ahora estaba perfectamente inmovilizado y le producía una sensación rara. Como el repique de los golems al recibir un mensaje, la voz de Clareon terminó por despertarla y alargó el brazo libre para tomarlo por el ala y ponerlo en su cabeza.

Escaneó vagamente el lugar donde estaba, notando que era un cuarto bonito, quizás de una chica, muy bien cuidado pese a la sencillez del mismo. En una esquina había una silla blanca y de haber puesto atención hubiera notado que estaba allí el gran aparato que los buscadores siempre traían en la espalda. Werner probablemente habría pasado gran parte de aquellos dos días velando sus sueños, sin exteriorizar la preocupación que sentía al no verlos despertar.

Somnolientamente intentó oír por sobre la estática que producía a veces la presencia de Clareon los ruidos de la casa. Oyó el sonido de ollas, algunas voces un poco lejanas y el sonido de unos pasos. Curiosa, bajó de la cama y fue hasta la puerta, escondiéndose instintivamente al ver pasar a Vivian, quien venía de vuelta del tejado, con un tenue rubor en las mejillas, pero con una sonrisa un tanto triste. Estaba tan sumida en ella que no la notó asomada en el marco de la puerta y al comenzar a alejarse, Faith rehízo sus pasos y fue hasta la ventana por donde la chica había salido para ir hasta el tejado. El marco no era alto, por lo que su altura no era un problema, pero había algo muy curioso en esa ventana…

Había una pierna colgando.

Torció el cuello para intentar descubrir el origen de aquella pierna, pero el marco le estorbaba. Se asomó un poco y sólo logró ver lo que le faltaba de aquella extremidad, sin lograr ver toda la largirucha figura del milanés. Empero, antes de poder asomarse peligrosamente por la ventana, olvidando su brazo enyesado que no le serviría si llegaba a caerse, un limón le cayó en la frente, causando una ahogada exclamación por su parte. Se echó hacia atrás apenas el limón (que era realmente una cáscara vacía de la fruta) e intentó llevar ambas manos hacia su frente golpeada, consiguiendo sólo que una llegara a su destino. Olvidando el golpecito del limón, miró el perfecto entablillado de su brazo y frunció el ceño.

Malo, malo, malo —le regañó.

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Re: El Novio Prófugo Ther Q. Verzegnassi

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