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Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

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Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Lun Ago 22, 2016 9:13 pm


Lugar: Lima, Perú

Misión:
Una ciudad está llamando la atención de la Orden debido a un  edificio que ha atraído a la gente a su alrededor. La biblioteca luce normal y común por fuera, pero algo atrae a la gente a pasar horas y horas leyendo allí dentro. Sin embargo, después de esa larga permanencia, se han presentado casos de violencia en el hogar, asaltos aislados y violencia. La mayoría han terminado en prisión por un tiempo.

Komui Lee. Oficial en Jefe.



El sofá de la oficina era de lo más cómodo, fue una sorpresa inesperada. Se encontraba recostado, observando a ratos a Komui, que buscaba la orden de partida que le había sido entregada esta mañana y a veces, cuando entraba en su vista periférica, a Silberlöwe, que correteaba por la habitación cazando hojas que de pronto volaban por el aire a su paso. Constantine bostezó, mirando aburrido al Jefe de División. Sus ropas oscuras, contrastaban y resaltaban su rojizo cabello. Parpadeó y se enderezó cuando Komui levantó un par de carpetas oscuras al cielo, victorioso.  

Este desorden, señor Komui… —comenzó, mirando al suelo que estaba adoquinado con hojas de papel.
—Está bien, está bien. No te fijes en ello. —Desligó su mente del problema y bajó las carpetas al escritorio. Comprobó que fueran las correctas y las dejó juntas, resaltando entre las formas a firmar de color blanco. —Deberás de leerla en algún momento… —comenzó, pero fue interrumpido por el exorcista.
Quiero esperar a mi compañero.
—Ya no debe de tardar… Creo que encajaran bien.

El exorcista lo miró y asintió. Nunca le habían preocupado sus compañeros de misión, en el aspecto del compañero que tendría, procuraba acomodarse a su compañero y trabajar juntos en el progreso para que tanto él como el otro exorcista y los Buscadores volvieran vivos. En la medida de lo posible. Constantine era muy voluble en ese aspecto, y lo sabían, así que acomodarlo con alguien no era muy complicado, y, sin embargo, era la primera vez que Komui le decía estas palabras. Silber subió de pronto a su regazo y se acomodó junto a él, recostándose y estirándose. Lo acarició suavemente, primero en el cuello y después en la cabeza.

Komui le entregó la carpeta, colocándola en su rango de visión, Constantine la tomó y la dejó junto a él, fiel a su idea de esperar y conocer primero al exorcista que lo acompañaría.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Mar Ago 23, 2016 1:11 am

(Seth Macaulay)

Quitando el usual micro-infarto que su molesto golem le provocaba cada vez que alguien se le ocurría usarlo para contactarlo, todo lo demás fue bastante rutinario. Se levantó de mala gana, aunque afortunadamente con el estómago lleno, tomó a Taz en brazos porque el vago no tenía pretensiones de levantarse voluntariamente (la siesta después de la comida era para él sagrada) y se marchó con paso flojo hacia la oficina de su supervisor.

No obstante, a medio camino se topó con Shifu, quien le dijo que en lugar de ir a buscar los papeles donde Bak y marcharse por el Arca hasta quién sabe qué destino esta vez, como usualmente ocurría, tenía que pasarse a la otra Sede primero, pues el supervisor Komui lo estaba esperando con su compañero.

Uugh… ¿por qué a mí? —no se sentía con ánimos de hacer burocracia, estaba con ese cansancio post-alimentación que sólo una buena comida podía provocar.

Taz se reacomodó en sus brazos, sin mostrar luces de despertar pronto, y el exorcista cambio su destino, dirigiendo sus pisadas al Arca.

Allí, como siempre, estaban los encargados de custodiar las puertas y no sabía él qué más. Como estaban de sobreaviso, al verlo llegar tan cubierto en ropa como siempre lo dirigieron rápidamente hacia la puerta que le correspondía y Seth respiró hondo y la cruzó con velocidad.

Magia de la Orden. Tan terrible como siempre.

Ya del lado de la nueva Sede Europea, un científico en lugar de un buscador lo esperaba. Se presentó y lo saludó, recibiendo un parco asentimiento del albino, quien sólo quería partir al destino ya. El hombre de ciencia no intentó más, aunque sí espiaba de vez en vez a la criatura peluda que dormía en los brazos del exorcista y antes de darse cuenta ya estaban en el despacho del chino.

Supervisor Komui, el exorcista Seth Macaulay ya ha llegado.

Ah, sí, muchas gracias Matthiew. Pasa, Seth, te esperábamos —el tono del chino era amigable y cálido, como solía ser con todos los exorcistas, y Seth se sintió ligeramente incómodo bajo su afable mirada.

No se presentó, pues no era necesario, pero acató a sus palabras y dio dos pasos al interior del despacho, el cual parecía haber sufrido el ataque de un torbellino. Todo se hallaba revuelto o en el suelo, volviendo indistinguible la basura de lo útil.

Los presento. Constantine Gelassen, exorcista de la rama europea, y su compañero Silberlöwe —apuntó al mayor, quien yacía sentado en un sofá que milagrosamente no estaba tapizado en papeles o herramientas—, Seth Macaulay, exorcista de la rama asiática, y su compañero Taz —lo apuntó a él, quien era más un encapuchado bajo con una bola de pelos en los brazos.

Komui no pudo evitar una sonrisa cómplice.

Sil…ve… ¿qué? — al principio no notó al segundo mencionado, ya que el cabello color medio castaño medio rojizo le llamaba la atención por algún motivo.

Sin embargo, no tardó en notar otro bulto peludo que no le pertenecía y que yacía cómodamente en el regazo del otro exorcista. Era un bulto más estilizado que el suyo, de un tono caramelo a sus ojos con medio mala visión. Fuera de ello y gracias a la sombra que su propia capucha le hacía, no distinguía bien su forma, pero notó lo más importante.

¿Una Inocencia animal? —no pudo evitar el timbre ligero de su voz, mezcla de sorpresa y de alegría.

Era una sensación como de ver otro albino. No había tenido el placer de conocer en persona a la General Klaud Nine, por lo que nunca había visto otro exorcista como él. Era algo surreal.


Última edición por Faith E. Wippler el Jue Sep 01, 2016 11:02 am, editado 1 vez

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Coralie Monich el Miér Ago 24, 2016 7:48 pm

¡Je.......jehehehehehehe!- Carcajeaba la rubia, había perdido parte de la conversación pero ya se hacia a la idea de que pasaba, la persona que representaba casi todo lo que odiaba del mundo la había desbancado y había conseguido hacerse la líder de los ACM...pero -¡hehehehheheee! ¡¡¡MWHAAAHAHAHAHAHAHAHA!!!.

Carcajeaba mientras pegaba puños a la cama, como si todo aquello fuera la mejor comedia que hubiese visto en tiempo, aunque a pesar de ello tenia una idea clara.

No le daría el gusto de reconocerla como lider

-Así que ahora hay anarquía en los ACM, es triste... pero sera curioso ver que pasara- dijo la joven- Nunca he visto a los ACM sin líder, pero para todo hay una primera vez, dicen
-

Señorita Monich, por favor levántese- le dijo uno de sus akumas, despertandola de su sueño- Ya estamos llegando

-¿Eh? ¿Ya..?- decía levantándose del asiento del carruaje- Hemos tardado mucho, ojala pudiera tardar menos en llegar a los lados- decía la joven mientras de desperezaba -Supongo que es hora de dejar de dormir- dijo sin evitar hacer memoria de ello- Ahora que estoy bien he de aprovechar esto

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Mar Ago 30, 2016 11:40 pm

Silberlöwe ronroneaba bajo las caricias que su amo le prodigaba, al parecer completamente rendido a estas. Pero poco después, acabo por prenderse de su mano y jugar con ella, mordisqueándola con suavidad pero manteniéndola bien apretaba con sus patas delanteras, sin usar sus garras. Se revolcaba sobre las piernas de Constantine cuando unos pasos se dejaron escuchar y unos toques a la puerta advirtieron de la llegada de alguien a la oficina. Era un científico y traía consigo a su compañero de misión. La actitud del felino cambió de golpe y enseguida quedó bien sentado sobre las piernas del pelirrojo que volteó de reojo a ver a su compañero.

Los presento. Constantine Gelassen, exorcista de la rama europea, y su compañero Silberlöwe… —Al verse aludido, Constantine inclinó la cabeza en un saludo silencioso pero abierto, amistoso en primera instancia, mirando ya de frente a quien sería su compañero. —Seth Macaulay, exorcista de la rama asiática, y su compañero Taz. —Cuando Komui presentó a su compañero fue cuando advirtió a que se debía esa repentina sonrisa en su rostro y la conversación que antes habían mantenido. Sin poderlo evitar, buscó a la criatura que lo acompañaba con la vista, pero fue Silberlöwe quien actuó antes.

Escabulléndose del regazo de su amo, se subió al reposabrazos y se sentó en éste, observando al chico y, más concentradamente, al bulto en sus brazos que había encontrado sin ningún problema. Constantine se puso de pie, con una ola de satisfacción e interés que no pudo ocultar. A diferencia de Macaulay, él si había conocido en persona a Klaud Nine, pero la llegada de otro exorcista con su mismo tipo de inocencia, fue una grata sorpresa. Extendió la mano para estrechar la de su nuevo compañero.

También estoy sorprendido… —Comentó con un fuerte acento que escondía la serenidad que lo envolvía en ese momento, cosa que no era nada común que le sucediera. —Es un placer, Macaulay.

Komui esperó unos momentos más a que pasara la primera impresión y los invitó a sentarse, entregándole la carpeta respectiva a Seth y explicándoles en resumen pero con claridad, los puntos importantes de su misión.

No estamos seguros de sí la Inocencia está involucrada, así que está misión incluye un poco de reconocimiento de su parte. Manténganse en comunicación con los buscadores y sus golems. Cuídense exorcistas y buena suerte...

***
Carpeta en mano, Constantine se despidió del Jefe de División y marchó con su compañero a la habitación que los llevaría a su destino. Junto a él, caminando a buen ritmo, se encontraba Silberlöwe, que estaba más atento a la bola de pelos en los brazos del compañero de su amo que por el destino o camino que estaban tomando. Era casi una confianza ciega.

Cuando arribaron a la sala destinada ya los estaban esperando con lo necesario para irse. La puerta estaba abierta. Constantine sintió el primer tirón de nerviosismo que siempre lo acompañaba en una misión. Como si en cualquier momento fuera a vomitar, el estómago se le ponía en tensión las primeras horas.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Miér Ago 31, 2016 1:57 am

El animal se movió elegante y ágil, abandonando el regazo de su amo y sentándose en un reposabrazos, revelándole su verdadera figura. Era una especie de gato, aunque no podría decir exactamente cuál; no era erudito en felinos. El animal se mantuvo quieto y tranquilo en su lugar, pero Seth podía sentir su mirada sobre Taz y, pese al sentimiento que le embargaba el conocer a otro exorcista como él, un tirón de aprensión le llevó a inconscientemente reforzar el agarre en Taz.

Éste, por su parte, no parecía interesado en conocer a sus nuevos compañeros y seguía durmiendo plácidamente.

La voz de Constantine le exaltó, pues lo pilló con la guardia baja. Vio su mano extendida y se sintió incómodo ante el clásico gesto de saludo con el cual ya se estaba familiarizando, aunque no por ello le agradara. Con un ademán un poco torpe, sumido en esa incontrolable sensación de comodidad que le provocaba el encontrar a un par, aceptó el saludo y le estrechó la mano.

Un… ¿placer? —era imposible evitar el tono dubitativo; estas no eran sus costumbres y no lograba aún adaptarse bien.

Invadido por el confort de hallarse relativamente a salvo, tomó la osadía de mirar al otro en lugar del suelo. Sus ojos ámbar de pronto se tornaron lilas y el cabello de tonalidad fuerte perdió todo su color, volviéndose tan blanco como el propio. El rostro del albino de su tierra le quemó las retinas e involuntariamente terminó el saludo abruptamente.

Esta era la misma sensación. La misma de cuando había conocido al aliado albino, el mismo que intentó matarlo. El mismo que rompió el código de los de su estirpe*. Se le cerró la garganta, aunque su mente le repitió que Constantine era un exorcista, que era de los de su bando, que por cuestiones de Inocencia no podría traicionarlo… pero la costumbre era más fuerte, las memorias eran más poderosas y una sensación de duda y desconfianza lo embargó.

Afortunadamente Komui rompió el momento y procedieron a las formalidades propias de los momentos previos a partir. Se le entregó una carpeta con información, inútil en sus manos analfabetas, y el chino les dio la información más relevante. Le costó prestar atención, preso de la impresión aún, y cuando los despidió con la calidez propia del supervisor de la Rama Europea, Seth apenas y logró sacar un asentimiento quedo con su cabeza como despedida.

En marcha ya una vez hacia la puerta del Arca que los llevaría a su destino, Seth procuró caminar un poco más atrás que su compañero. Notó que el gato seguía muy atento a Taz, quien se había removido un par de veces para reacomodarse, y lo tapó un poco con la capa, sin poder fiarse aún del felino. Sabía que Taz era un topo, pero Rohfa le había dicho una vez que era una especie de rodeor (o al menos primo de ellos), por lo que la cercanía de un gato lo ponía nervioso, aunque el aura de éste no lo inquietara. No era la misma sensación que le provocaba Taz, ni de cerca, pero era algo lejanamente familiar.

¿Sería por ser el gato también un parásito animal? Lo dudaba.

Cuando Constantine se paró frente a la puerta abierta, Seth volvió a quedarse un poco relegado.
Miró la espalda del otro, casi sin importarle el sentirse pequeño como siempre (todos acá eran muy altos en comparación con él…), y la duda resurgió.



No puedo confiar. Repitió su usual mantra, aferrándose a la seguridad que éste le proporcionaba. Su instinto le decía una cosa, pero su desconfianza otra y pasaría aún un tiempo antes que pudiera sobreponerse a ella.

Por ahora, respiró hondo, cerró los ojos y cruzó la temible Arca.

Al salir, un clima templado y un murmullo insistentes de voces al interior de la iglesia los recibió.

Otro día. Otra misión.

Spoiler:
{*Para entender referencia, ir a reclutamiento: en algún lugar de Tanzania~
Off: Por fin tengo la oportunidad de mostrar este lado de Seth xD aunque siempre ande amargado, es porque no confía en nadie, pero como se mostró brevemente en el reclutamiento, Seth realmente es muy inepto socialmente P:}

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Lun Sep 12, 2016 9:29 pm

Aquel tirón fue tan extraño como revelador. Lentamente apartó su mano y la bajó, dejando aquel saludo como había quedado y permitiendo que se desvaneciera entre los nervios de la nueva misión. Ya de camino, le pareció escasamente extraño que fuera algo atrás de él, pero no le importó ni molestó, por el contrario, resultó muy agradable preocuparse por otras cosas que no fueran su malestar provocado por los nervios. Los científicos y un buscador, los estaban esperando para despedirse. De reojo buscó a Kuga, pero al no verlo recordó de pronto que no estaba allí. Sintió un tipo diferente de malestar por un segundo.

Antes de pisar el arca, silbó suavemente y se quedó quieto. Notó de inmediato como Silberlöwe trepaba fácilmente por sus ropas y se acomodaba en su hombro izquierdo. Constantine flexionó su brazo para que su felino se apoyara mejor y recogió su mochila de viaje, guardando allí el informe para futuras referencias. El arca le ponía nervioso; no deseaba que las pequeñas patas de su compañero felino tocaran nada de ese lugar. El viaje en el arca era muy corto pero se tomó su tiempo de abrir su mochila y volver a sacar el informe mientras cruzaban.  

Lo Buscadores abrieron la puerta para ellos y Constantine contuvo la respiración apenas salió del arca. El ambiente cálido lo obligó a bajar el cierre de su chaqueta casi hipnóticamente, mirando a un lado y a otro. La catedral era hermosa, en un estilo cargado de dorados y lámparas en lo alto de los pilares que proyectaban una luz muy brillante. Se detuvo a ver de reojo a su compañero y luego el reporte de nuevo. Pudo escuchar unos murmullos desde algún sitio de la catedral.  

La biblioteca está cerca de aquí, ¿cierto? —preguntó al buscador con voz tranquila. Uno de ellos estaba escoltándolos, el otro, se había adelantado un poco hacía la puerta pero sin salir.
—Sí. Estamos a unas cuantas cuadras. No parece que haya peligro en el área cercana… —Respondió el buscador, a lo que el pelirrojo asintió sin dejar de examinar el informe.
Una biblioteca que te lava el cerebro… O un akuma que te hace leer un libro que lo hace… Quizás un Noah... —se detuvo a pensar un momento, esperando que no hubiera un Noah involucrado. Puede que no pudiera con ello. —Es una pena que mi español sea malo, debí de estudiar más. —Apoyó su mano sobre el hombro del buscador, con una escueta sonrisa.

Silberlöwe bajó al suelo mientras Constantine cerraba el informe y lo guardaba de nuevo en sus pertenencias. Se dejó la chaqueta abierta y volvió a mirar a su compañero.

¿Vamos a investigar, Macaulay? —preguntó con la voz seria. Le parecía que su compañero no se sentía a gusto con él. Quería cambiar eso o no podrían trabajar bien y eso no era bueno para ambos, de alguna manera creía que podían trabajar muy bien juntos.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Jue Sep 15, 2016 4:18 pm

Intentó no distraerse con la cantidad de oro que decoraba la catedral (¿era de verdad? ¿o pirita? Por su propia cruz de plata, suponía que era oro de verdad) y escuchar con discreción el intercambio entre su compañero y el buscador, sabiendo que ellos manejaban más información que él. El concepto de “biblioteca” se le hacía extraño, ajeno, por lo que no sabía qué esperar de esta misión, pero por la conversación del par supuso que al menos por ahora no les saltarían Akumas de la nada, aunque eso nunca era muy verdad.

Asintió parco ante la propuesta de investigar, notando una vez más como Constantine no le hablaba por su nombre. No era incómodo (de hecho, le permitía mantener sus distancias con el otro), pero sí era el primer exorcista que lo hacía. Investigar era un buen plan, especialmente porque necesitaba dimensionar el dónde estaba y trazar sus mapas mentales de esta nueva ciudad.

¿Hay algún mercado o algo así cerca de la biblioteca? Un lugar concurrido donde podamos encontrar suficiente gente —le preguntó al buscador, quien ya los guiaba hacia el exterior de la catedral donde los esperaba el otro, quien no pronunciaba palabra. Odiaba la gente y más los lugares concurridos, pero llevaba suficientes misiones como para saber que ese siempre era el paso número uno.

— Habría que tomar un desvío de la biblioteca para ir al mercado central. Hoy es día de feria, debería haber suficientes civiles allí —contestó el de beige que los guiaba compartiendo una mirada con su compañero, quien asintió y apuntó hacia la dirección que suponía les decían.

Conocía los mercados por su vez en Turquía con Sokalo, pero le extrañó el término “feria”. Aun así, les pidió que los guiaran hasta allí y, al terminar de bajar las escaleras de concreto que separaban la catedral de la calle de tierra, sintió a Taz removerse, por fin despertando. Sin detenerse, lo acarició mientras éste se estiraba y enrollaba un par de veces, como no queriendo unirse al mundo de los lúcidos aún. Aprovechando la privacidad que la sombra que proyectaba su capucha, se permitió disfrutar la ternura del topo e incluso le hizo un par de cosquillas con sus dedos, causando que Taz se terminara de despertar emitiendo una especie de silbido que suponía era una protesta.

Rió quedo; le encantaba lo tierno que era Taz. Éste volvió a emitir ese silbido y se agitó lo suficiente como para darle a entender que quería que lo bajara. ¡Se había enojado! No podía ser. Se agachó, permitiéndole saltar hacia el suelo y pensó que lo ignoraría, como a veces hacía cuando no lo dejaba devorar toda la comida de la Sede, pero entonces olió algo.

Ese algo era Silberlöwe.

Taz… —estiró la mano, pero se abstuvo de detenerlo. No podía ser injusto con Taz, pero temía que algo fuera a pasarle, pese a que el gato no se había mostrado hostil hacia su Inocencia en ningún momento. Curioso sí, pero no hostil.

Taz se movió hacia quedar justo al felino, olisqueándolo con insistencia. Movía su pequeña cola y paseaba su nariz por el pelaje de Silberlöwe, muy interesado en la otra Inocencia. Obviamente el gato era más grande que él, pero tampoco lo era tanto. Después de una exhaustiva inspección olorosa, abandonó al gato para ir a oler los pies de Constantine con igual interés; todo bajo la atenta mirada de Seth y de los dos buscadores, que pronto se habían detenido, viendo con sumo interés toda la escena. Los exorcistas parásito animal eran raros y más dos en una misma misión. Tras oler a Constantine, alternó su enfoque entre el felino y el exorcista, terminando por ir torpemente hacia Seth, moviendo su colita con mucha emoción y volviendo a apuntar con su nariz al otro dúo.

Eh… —le impresionó la actitud de Taz; solía ser muy sociable, pero sólo recordaba una reacción similar con Sei y con nadie más. Suponía que tenía que ver con que Constantine y Silberlöwe eran como ellos y Taz lo había notado, pero de todos modos le sorprendía verlo tan animado—. Los está saludando… creo… —le dijo al otro, intentando no sonar tan torpe como se sintió.

Taz, por su parte, caminó con torpeza (como se notaba que su dominio era bajo tierra y no sobre ella) hasta Silberlöwe, quedándose a su lado y oliéndolo de vez en cuando.

— Bueno... por acá, exorcistas —habló fingiendo una tos el buscador, retomando el camino pero lanzándole miradas al par de animales.

El otro buscador, aunque más callado, no escondía su fascinación por las Inocencias y sonreía ampliamente.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Vie Sep 23, 2016 1:30 am

Esta vez fue él quien se quedó ligeramente atrás, observando el movimiento del exorcista y los buscadores que ya se dirigían a la puerta. La pregunta de Macaulay lo había desconcertado un poco pero no olvidaba lo que el buscador había mencionado momentos antes. Incluso su propia inocencia estaba en calma. Se puso en marcha para alcanzarlos, andando en largas pero amortiguadas zancadas que concluyeron cuando se reunió con ellos en la puerta. Por seguridad, se cerró la chaqueta de su uniforme. Su cara era un velo de intriga que buscaba respuesta, pero interrumpió de manera suave, para no dar una idea equivocada.

¿Cuál es el objetivo de ir al mercado? —preguntó, situándose en la entrada, sin tomar los escalones aún. Su acento era tosco, he hizo parecer su tono de voz más furo de lo que era. —Pondríamos en peligro a los civiles… —Se adelantó un paso y bajó el primer escalón, continuando con lentitud los siguientes, demostrando su dubitativa en ese momento. Todo parecía tranquilo, lo suficiente como para hacer un pequeño desvío y el reporte tampoco mencionaba nada sobre algún ataque más allá de las agresiones de los ciudadanos. Puede que estuviera siendo demasiado paranoico al respecto pero por otro lado,… No, las cosas no estaban nunca lo tranquilas que se suponían.

Detuvo sus pasos al ver que Macaulay se detenía también. Estaba prácticamente junto a él, apenas unos pasos detrás. Pero Constantine no se fijó en eso, en su lugar, su atención fue a la criatura peluda que se acababa de moverse, finalmente, en los brazos de quien lo sostenía. Silberlöwe pasó entre sus pies y se sentó, cerca, imitando la actitud que tuvo antes, cuando la curiosidad lo movió a acechar a la pequeña criatura. Ahora su espera estaba siendo recompensada. Su cola se movía a la expectativa pero su postura era la serenidad y paciencia personificadas. Cuando Taz se acercó, se movió un poco, inclinando la cabeza un poco para alcanzar el pelaje del topo y olerlo también, entregándose al escrutinio del tálpido sin objeciones.

Constantine estaba mirándolos y siguió al topo con los ojos hasta que se detuvo enfrente de sus botas y comenzó a olisquearlo. Se quedó inmóvil, nervioso por unos segundos para luego sonreír levemente, contagiado por la sensación de ternura que la criatura le transmitía. Continuó mirándolo mientras caminaba de regreso a su amo. Aquel nimio encuentro le hizo cuestionarse la facilidad con la que los animales socializaban. Si las cosas fueran tan sencillas para los humanos, sería amigo de Macaulay ya. Taz, como recordaba se llamaba el topo, le demostró que no era difícil ser abierto, si se tenía valor para ello. Extrañamente, lo admiró por esa muestra abierta de amistad.  

Eso parece… Es un placer conocerte finalmente, Taz… —Saludó, tomándose en serio lo que decía, pero sonreía levemente. No esperaba que el animal lo entendiera o siquiera le hiciera caso, pero ambos tenían inocencia adentro y estaba seguro que entendían cosas que sólo otro humano entendería. Así como les podían ordenar en batalla sin que dudara con las ordenes en ningún momento.

Silberlöwe lamió el pelo de Taz, dándole la bienvenida como si fuera un amigo extraviado que volvía a ver. Constantine, que seguía mirándolos, levantó la cabeza para encontrarse con el buscador que acababa de hablar. Entonces recordó la duda que tenía anteriormente pero al mismo tiempo se sintió tranquilo al respecto. En realidad, no había estado nervioso, simplemente dudoso y muy curioso respecto al desvío. Si había problemas, había dos exorcistas que harían lo que pudieran para evitar daños colaterales e incidentes.

Siguió, como los demás, al buscador que los encamino correctamente hasta el mercado. La cantidad de gente que estaba allí era más de la que esperaba y los pasillos estaban repletos de puestos que ofrecían diversas cosas a los que pasaban por allí. Silberlöwe se pegó al cuerpo de su amo y acabó pasándose al otro lado, quedando entre los exorcistas. Estaba curioso y nervioso por la gente, pero nada más.

En serio… ¿Qué es lo que hacemos aquí? —Se escuchó a si mismo preguntar, demasiado atrapado por los colores y olores y esas voces mezcladas que sufría por intentar comprender.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Mar Sep 27, 2016 11:14 pm

Quiso dejar a Taz a sus anchas, pero era tan torpe caminando y le resultaba tan imposible seguir los gráciles pasos gatunos de Silberlöwe que terminó por indicarle que excavara y se moviera bajo tierra; a este paso no avanzarían nunca.

Mientras caminaban, Seth repasaba las palabras de Constantine. ¿Qué pondrían en peligro a los civiles? No sabía quién habría guiado como exorcista en un inicio al mayor, o si tan siquiera tuvo un mentor como él lo tuvo (bueno, mentor es una palabra muy bonita para mwalimu… ¿torturador? No lo terminaba de convencer) pero definitivamente le faltaba calle como exorcista y eso se demostraba en su aún interés por los civiles.

Si supieras a los extremos que hay que llegar…pensó en todos los muertos que ya había visto en su corta vida, frunciendo el ceño ante los insistentes dos rostros infantiles que continuaban en su memoria sin que él pudiera olvidarlos. Todos fueron civiles alguna vez, todos estuvieron indefensos… pero también fueron las perfectas carnadas para que los Akumas salieran de su escondite y odiaba empezar a sentirlo ya en su hilo de pensamientos habituales.

Si habían criaturas despreciables, definitivamente ellos como exorcistas debían considerarse en esa lista.

El mercado se anunció cuadras antes de que el grupo llegara. El ruido y la vida bullía en el lugar, causando escándalo desde la distancia. A medida que las voces se volvían más audibles, Seth se arrepentía de la decisión de ir allí a investigar (o a atraer Akumas fuera de su escondite); no podía soportar tanta gente junta en tan poco espacio, pero era un mal necesario.

En serio… ¿Qué es lo que hacemos aquí? —preguntó Constantine una vez se detuvieron ad portas de adentrarse en el mar de gente. Seth se sentía un poco hiperventilar.

La gente habla —le respondió con apenas un hilo de voz, intentando controlar su paranoia. Se sentía observado, vigilado y cual venado necesitaba salir de allí, pero sus pies se mantenían firmes contra el suelo y una de sus manos fue discretamente hacia el mango del pico, listo para usarlo de ser necesario—. Entrar a esa... ese lugar al que vamos sin saber detalles es peligroso. La información es valiosa y aquí podemos conseguirla —era un acierto a muy larga distancia, pues encontrar a alguien que supiera algo más que rumores vagos era difícil, pero quien no arriesga no gana.

No quiso decirle que también quería atraer Akumas al pasearse tan obviamente por la multitud. Le parecía que Constantine no se lo tomaría bien y entendía por qué.  

— Muy bien, señores, al parecer tenemos un plan. Podemos dividirnos en grupos de a dos para abarcar más terreno y comunicarnos por golem de ser necesario. A medio día nos reuniremos nuevamente en este punto —tomó el mando el buscador que sí hablaba, quitándole así un peso de encima al albino. Odiaba tener que actuar en grupo y muchísimo más ser algo remotamente parecido a un líder. No lo traía en la sangre y no quería adquirirlo.

El buscador volteó a verlo y le preguntó si le parecía bien que él lo acompañara. Apenas asintió, escueto y parco, y antes de marcharse ambos hacia la marea de gente que caminaba hacia la derecha dirigió un poco su cuerpo hacia Constantine, dándole a entender que le hablaba a él.

Ten cuidado —fue todo lo que dijo, dándose sin pretenderlo aires de misterio por su tono medio monótono y todo su ser aún oculto bajo la ropa.

Sin más preámbulos, con el corazón acelerado y el pánico a flor de piel, se hundió en la masa de gente memorizando casi sin problemas los caminos que la muchedumbre dejaba entrever. Menos mal lo acompañaba el buscador que sí hablaba; esta gente no parecía hablar inglés y su garganta no parecía querer abrirse.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Mar Oct 11, 2016 1:41 am

Se detuvo unos instantes para ver a aquella pequeña criatura meterse en la tierra como si fuera agua. Y fueron unos segundos por qué de pronto se convirtió en una bestia habilidosa que desapareció bajo sus narices. No pudo sentirla más, pero su amigo felino si, pues siguió con la mirada durante un momento más el trecho de tierra frente a él, hasta que, pareciendo que  perdiera el interés, se volvió a situar junto a su dueño, rozándose con su pierna, entre aburrido pero al acecho también.
Constantine apartó la mirada del suelo y la concentró en su compañero de misión. Su pregunta se mantenía en el aire, pero no le importaba si era o no respondida. De pronto tuvo la necesidad de decir algo y no se detuvo al hacerlo.

Para ser tan pequeño, eres muy despiadado. —Se detuvo en la entrada mientras tomaban la decisión, a la que él no estaba de acuerdo, de separarse e involucrar gente sin mayor motivo que conseguir información. No era una mala idea, pero había personas, familias paseando en la calle, en todas partes. —Biblioteca. —Añadió, intercalando la palabra en esa pausa que Seth acababa de hacer. —Estoy de acuerdo con la obtención de información, pero no con el método que estás usando. —Se sintió molesto, y cuando habló el buscador se giró a mirarlo feroz, y lo peor, con impotencia. —He perdido a muchos compañeros buscadores en mis salidas de los últimos años por imprudencias como para que creer que esto no va a acabar como todos sabemos Macaulay, pero haré lo que pueda, cuídate también.

Se giró y caminó para la dirección contraria, seguido por el buscador silencioso. Comenzaba a preocuparse sobre su español, que esperaba que fuera mejor de lo que él mismo esperaba para este punto. Si no lo era, tendría problemas con la comunicación, o podría usar un traductor… De rejo miró a su acompañante, con la intención de preguntarle sobre su capacidad de idiomas pero se detuvo al sentir las uñas de Silberlöwe en su pierna. Lo levantó y dejó que subiera a su hombro y de allí continuara saltando hasta alcanzar una saliente en un muro y de allí subiera a los tejados de los puestos varios del mercado.

Silberlöwe maulló y Constantine casi lo escuchó en su mente. Un vigilante en las alturas, por si acaso.

Continuaba mirándolo cuando una mano en su hombro le hizo pegar un reparo y girarse violentamente. Era un joven, quizás un poco mayor que él, que parecía apenado por el susto que acababa de darle. Junto a él, el buscador tenía su mano puesta sobre el hombro del invitado, a punto de tirar de él si era necesario.  

—Eres un exorcista… —comentó en voz baja, nervioso, soltándolo con lentitud, casi temeroso de que fuera a desaparecer. Miraba con insistencia la cruz de plata sobre el pecho izquierdo en la chaqueta de Constantine. Sudando frío, el pelirrojo comenzó su lucha por comunicarse.
Así es, señor, ¿Necesita mi ayuda? —Aventuró y preparó a su golem para que le ayudara con la traducción, en caso de que el nivel de su español no fuera suficiente.
—Mi esposa…. —comenzó el hombre. Parecía demasiado nervioso como para poder comunicarse adecuadamente. Detrás de él, el buscador se mostró dispuesto a cooperar, de la manera que fuera necesaria si esto resultaba una trampa. Es decir, de pronto todo era muy sencillo. Discretamente, le informó al compañero buscador que alguien se había acercado al exorcista pelirrojo y de paso, les dio su ubicación aproximada.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Coralie Monich el Jue Oct 13, 2016 8:06 pm

La joven debía moverse con cuidado, lo primero que debía hacer en esos momentos era reunir cuantos akumas camuflados como fuese posible para asi poder luchar contra cualquier exorcista con mayor facilidad, por suerte se hizo con unos cuantos alli y sumado a los que ya llevaba consigo, era un grupo camuflado considerable.

-Con esto debería valer... pero aun me queda un pequeño detalle ¿Donde esta...?

-Una cita conmigo misma y llego tarde ¿Debería de enfadarme conmigo misma o perdonarme?- una voz idéntica a la de la ACM se alzo mientras se habría paso entre los akumas, tanto esa voz como la silueta eran idénticas a la de la rubia mas a pesar de ello no sorprendía en absoluto a la original.

Ese era su plan para esta ocasión

-Que bien que estés aquí, ahora... si fuese de las que apostase probablemente los exorcistas ya estarán de nuevo por delante... ventajas del arca y esas historias- comentaba como si estuviera quejándose de que sus enemigos hacían trampa en todo el asunto tal como si de un juego se tratase- Así que iremos a buscarles al recreo y les quitaremos el juguete, sera así de simple

Dicho esto, el grupo comenzó a encaminarse hacia la biblioteca donde todo el fenómeno estaba ocurriendo, su estrategia para esta ocasión seria simple pero se aseguraría de que fuese efectiva

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Lun Oct 24, 2016 1:03 am

Pretendiendo no haber escuchado las últimas palabras de Constantine hacia su persona, Seth continuó su marcha junto al buscador, sin lograr nunca realmente confundirse entre la gente por sus peculiares atuendos. Estaba tan ensimismado en su tarea de memorizar el plano del mercado y sus calles aledañas al tiempo de no saltar cada vez que alguna persona lo rozaba que ni siquiera notó cuando el hombre recibió un mensaje, asintiendo éste luego de voltear a ver discretamente hacia la dirección que su compañero le había indicado. Pudo notarlos entre la multitud apenas, pero ello le calmó.

— Por cierto, no nos hemos presentado formalmente. Mi nombre es Camilo, puede llamarme así con confianza —le habló entonces el buscador, manteniendo un tono casual como si no estuvieran en la mira de probablemente un buen grupo de enemigos en ese mismo instante.

Pero Seth no pudo siquiera pronunciar bien el nombre en su mente, por lo que prefirió no abusar de su contraída garganta y simplemente mantener la distancia emocional que prefería mantener con todos los buscadores.

Se abrían paso por la gente del mercado con parsimonia, permitiendo que todos los vieran. La mayoría no era muy discreta y se les quedaba viendo unos segundos, alternando su mirada entre el encapuchado y el hombre con un mono demasiado acalorado para estar cómodo. Algunos cuchicheaban y otros los ignoraban de plano, pero nadie se atrevía a acercárseles.

Creo que esto fue una mala idea. Espero que a Constantine le esté yendo mejor pensaba, notando como cada intento del buscador Camilo por entablar una conversación fallaba miserablemente.

Recorrieron por al menos treinta minutos el mercado de ese modo, consiguiendo absolutamente nada. El pánico se había asentado silenciosamente en el fondo de su estómago, pero ahora la frustración y exasperación también lo abordaban, volviéndolo más irritable de lo normal. Sabía a Taz bajo suyo, pero no lo quería llamar. No aún.

— Parece que no sacaremos mucho de esta gente —dijo Camilo sin poder ver como Seth rodaba los ojos ante lo obvio—. Demos una vuelta más y luego volvamos al punto de encuentro; quizás en las cercanías tengamos más suerte.

Suponía que tenía razón, mas antes de poder asentir y continuar con el plan tal y como iba, un pequeño llanto llegó a sus oídos. Apenas logró notarlo, eclipsado bajo el ruido que el mercado producía, pero al parecer el buscador también lo había notado y ya le hacía señas con los ojos para acercarse hacia la fuente del sonido. Reposó una de sus manos en el mango del pico y ambos se aventuraron entre las personas, cada vez en menor densidad en esa área del mercado, buscando a quién lloraba.

Es una broma —no pudo evitar decir en voz alta y de modo seco y cortante, justo cuando notó antes que el buscador quién lloraba bajo el ruido de la muchedumbre.

Era una niña. Era de unos siete u ocho años, muy parecida a toda la gente de ese lugar y con lágrimas bañándole el rostro y mocos cayéndole de la nariz. Tironeaba del brazo a una mujer de aspecto desaliñado, la cual yacía en el suelo apoyada de una pared y abrazando un objeto rectangular que no podía descubrir qué era desde ese lugar (y que tampoco lo reconocería fácilmente, pues era un libro). Camilo empezó a hablarle a la niña en español, llamándola hacia donde estaban ellos y diciendo quién sabe qué cosas que Seth no entendió, pero ella parecía ignorarlos y repetía una palabra que sí se le hacía familiar al albino, sólo que con una pronunciación muy diferente a la que él acostumbraba.

Mamáaa… mamáaaa

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Constantine Gelassen el Sáb Oct 29, 2016 2:44 pm

El joven se comunicaba de manera atropellada, dificultando aún más la absorción de información para el exorcista pelirrojo cuyo español no era muy bueno, pero a decir verdad, tampoco es que hubiera dicho gran cosa. Se mostraba entusiasmado, pero al mismo tiempo asfixiado por lo que a su parecer, era la suerte de haber encontrado a un exorcista en tan remoto lugar. Sus gesticulaciones eran lo que más comprendía, mucho más allá de las palabras rápidas que el señor le espetaba. Cuando las emociones amenazaron con sobrepasarlo, tomó en sus manos los hombros del pelirrojo y, sacudiéndolo, dijo algo que pudo entender con facilidad.

—¡Ayúdeme! ¡Por favor! —Se acercó un poco más a él y entonces la mano del buscador se interpuso entre ambos, cortando la tensión del momento y apoyando su mano, más pesada de lo normal, en el hombro del joven latino, pidió que guardara la calma.
—Espere por favor, si no nos dice que es lo que le sucede, no podremos ayudar… —el español del buscador resultó ser más limpio y claro que el suyo. Un alivio para Constantine que pudo respirar un momento y concentrarse en el lugar. A su alrededor la gente intentaba aglomerarse, curiosos, pero a pesar de que tenían ojos mirándolos, cuando volteaba y los buscaba, sus orbes dorados solo encontraban miradas evasivas y susurros que, inentendibles, se perdían entre las múltiples voces que abundaban en el mercado.

Se giró lentamente, para dejar ver su emblema de plata por completo, dejando a su espalda al buscador que trababa una tensa pero positiva  conversación con el joven nervioso, consiguiendo poco a poco, algo de información. Sentía el ambiente encerrado, el calor cubriéndolo y humedeciendo su nuca debajo de sus cabellos rojizos. Su chaqueta seguía cerrada, con todo el cierre subido hasta su cuello. El logo de la Orden, reluciendo en plata, bien visible en su pecho izquierdo.  Encima de él, paseándose en un silencio propio de su especie, se encontraba Silberlöwe, con quien cruzó miradas unos instantes antes de apartar el felino la suya y esconderse en uno de los techos. Constanine desvió la mirada y se topó con el golem de nuevo, pero tras la última comunicación, y sin saber nada aún de sus compañeros, prefirió esperar a tener algo de peso para contar.  

Regresó su atención a la conversación, manteniéndose de pie junto a los hombres pero comentando poco al respecto; se concentró en captar la historia y se mostró francamente sorprendido cuando areció calar con lo que estaban buscando. El hombre, entre movimientos nerviosos y miradas furtivas, les contó lo que le había sucedido. Saliendo de paseo con su familia, es decir, su esposa y  su hija, su mujer de pronto gritó algo sin sentido y salió corriendo entre la gente, llevándose a su hija con ella. Las perdió de vista rápidamente. Sabía que su esposa había estado en esa biblioteca rumoreada en su vecindario pero hasta ahora no había creído en los rumores que se decían de esta. Ella había ido la tarde anterior y habiendo vuelto ya muy tarde, se había mostrado tercamente aferrada a un libro. Cuando salieron esa mañana de paseo, ella llevaba ese libro bajo el brazo.

Constantine se mostró un frío interés por la preocupación del hombre hacia su hija y su mujer.

Me gustaría interrogar a esa mujer… —Comentó en inglés al buscador, con su dedo índice jugando en su labio inferior en concentración. —Seth… —se comunicó por el golem, acentuándose el tono tosco y pesado de su lengua natal en el inglés que usaba normalmente en la Orden. Apenas notó que lo llamaba por su nombre. —Un hombre se topó con nosotros. Puede que esté relacionado con nuestra misión. Está buscando a su mujer que pareció sufrir un ataque de ira. Dice que llevaba un libro verde consigo. Su hija estaba con ella… intentaremos buscar a la señora y la niña, puede que obtengamos una pista. ¿Cómo van ustedes?  —preguntó, esperando que también hubieran tenido suerte.

Francamente deseaba salir de aquel ambiente tan sofocante lo antes posible. El calor comenzaba a marearle.

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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

Mensaje por Faith E. Wippler el Vie Ene 06, 2017 12:29 am

Era agotador ver a Camilo intentar dialogar con la madre y su hija; la mujer sólo se aferraba al libro, haciendo caso omiso a todo lo que ocurría a su alrededor, y la niña sólo lloraba repitiendo ‘mamá, mamá’ de manera incansable. Seth notó entonces que la gente ni siquiera se detenía un minuto a admirar la escena y más lo miraban raro a él que a la mujer y a la menor.

Esto es… raro…

Entonces su golem, que ya estaba aprendiendo a mantener sus distancias con él (aunque más lento de lo que le gustaría), transmitió la voz de Constantine y le dio una excusa para alejarse del penoso escenario que tenía en frente. El mensaje fue casi del todo claro, aunque aún a veces le dificultaba entender los acentos de la gente de la Orden y el del pelirrojo era bastante pesado, pero el detalle del libro le pesó por ignorancia, mas afortunadamente el buscador tenía oído agudo y terminó respondiendo por él.

— Exorcista Constantine, habla Camilo. Hemos encontrado a una mujer y una niña con las características que describe —hablaba con un tono profesional y serio, sin perder de vista a las susodichas—. La mujer no responde y la niña se nota conmocionada por el estado de su madre. No creo que podamos moverlas de acá, por lo que le envío nuestras coordenadas exactas.

Seth hubiera agradecido poder llevar esto a cabo en un lugar menos concurrido, pero la pobre señora no tenía aspecto de cooperar. De hecho, tenía la impresión que si llegaban a tocarla podrían generar una reacción adversa y, en el fondo, temía una reacción agresiva o que incluso fuera a huir. Sería una gran molestia tener que salir persiguiéndola.

— Shhh, ya viene tu papá pequeña —intentaba calmar Camilo a la niña, pero esta lloraba y lloraba.

Me está dando un dolor de cabe… ¡!

Por el rabillo del ojo, entre toda la multitud que sólo chismoseaba e intentaba no inmiscuirse en asuntos ajenos a sus vidas, notó un movimiento que sobresalió. Fue sutil, pero él era un experto en notar aquellos detalles, incluso estando desenfocados a su vista. Procuró no hacer movimientos extraños, no queriendo alertar a un posible enemigo y su sospechoso (no tenía idea si hombre o mujer, estaba demasiado lejos) esperó un segundo más y se empezó a perder entre la muchedumbre con rumbo a una de las salidas que él ya había visto.

La pausa fue suficiente para que Seth entendiera que había sido descubierto y sintió el mango acomodarse mejor a su palma. Era una pésima idea irse solo, pero no podían ni dejar sola a la mujer (no se fuera a escapar su única pista hasta ahora) ni tampoco podía dejar ir a un enemigo tan evidente. Era una decisión difícil, pero a la vez muy sencilla y estaba tan acostumbrado a rechazar el trabajo en equipo que sin darse cuenta ya se estaba alejando de Camilo e internándose entre las personas, siguiendo el obvio rastro que la misteriosa persona había dejado.

Además de una trampa, es una muy obvia. Taz, prepárate pensó, sintiendo el más mínimo temblor bajo sus pies, como si su topo no quisiera que se sintiera solo.

La gente le abrió paso con facilidad y no tardó en llegar a la salida. Daba a una calle no muy ancha, bastante iluminada y con unas cuantas personas volviendo a sus hogares llenos de cosas en cestos. Observó con detención el suelo y siguió las huellas, las cuales parecían pintadas para él.

Espero sea de los que les gusta hablar… o un globo.

Con su suerte, sería un nivel 3. Lo sabía.


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Re: Los Bibliófilos De Lima [Misión MI]

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