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Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Índigo el Dom Jun 12, 2016 10:42 pm

Intentó que aquel engendro sin cerebro se quedara de pie, sus pequeñas piernas eran demasiado regordetas para cumplir con aquella labor, aun con todo eso él no parecía rendirse; David no era ese tipo de akuma.

La pequeña esfera gimió como cerdo cuando su creador nuevamente le hundió el dedo en la frente, se tambaleó por la sensación e intentó caminar derecho, pero sus piernas gordas le hacían moverse con torpeza, intentó mirar sus manos pero también eran muy pequeñas y sus brazos eran muy cortos.

Se preguntó sobre la existencia y sobre la vida, se preguntó si sentiría dolor al morir, luego pensó en la economía y se distrajo: su creador le aplastó nuevamente la frente y él otra vez gritó para que supiera sobre el daño que le causaba, se dio cuenta que no podía articular palabra y en cambio sólo podía gimotear. Se sintió miserable y se dejó caer sobre su cuerpo circular; David se enojó y lo tomó entre sus manos.

-Mira pedazo de mierda si no te quedas de pie voy a…- David guardó silencio ¿con que podría amenazarlo? ¿Qué podría decirle que le causara el suficiente miedo como para que se quedara de piel inmóvil?

-Quédate quieto- le sentenció finalmente. El pequeño ente sintió una lagrima deslizarse por su cara, pero supo que eso sólo era su imaginación, lo supo cuando miró su propio reflejo en un jarrón de cobre: era una esfera con pequeños brazos y piernas humanas y una máscara como cabeza.

David, se marchó en cuanto vio que su creación ahora se encontraba en la posición adecuada, se fue silbando con felicidad; imaginando que Índigo le felicitaría por su buen trabajo.

-David, eres mi mejor akuma- dijo intentado imitar al Duque –eres brillante y por eso serás mi…- se interrumpió a si mismo ¿Qué podría ser mejor que eso? –Serás mi mejor amigo- completó la frase y se sintió realizado.

No tardó en salir del edificio; una sencilla pero bonita biblioteca pública, hasta entonces se percató que la gente estaba siendo movilizada por la policía y algunos militares.

-¿Así que ya empezó?- se dijo a sí mismo y siguió caminando mezclándose entre la gente que volvía para resguardarse en casa. En cuanto estuvo a unos metros de la biblioteca parpadeó un instante y todas las casitas circundantes; incluida la biblioteca estallaron.

El estruendo y la explosión hicieron que la gente saliera volando, pero solo la gente del exterior; David que ahora estaba en el suelo, aplaudió entre el caos.

Los supervivientes estaban aterrorizados, algunos pocos intentaban ayudar a los heridos y apagar el fuego, todo a la vez, pero no sería suficiente, no lo sería porque aquello parecía una zona de guerra.

Había muchos muertos por todas partes. Había muchos pedazos de muertos por todas partes.

Había también mucho fuego.

Los militares que estaban a unas calles del caos escucharon con terror los estallidos, se miraron unos a otros; alguien estaba atacando el sitio y aunque su deber principal era cuidar que nadie traspasara el perímetro, los lamentos de la gente no pudieron mantenerlos ahí más tiempo, salieron corriendo para ayudar.

Una pequeña silueta que observaba todo, salió de su escondite una vez el sitio estuvo vacío; era su turno y debía cumplir con su cometido: salió corriendo con mucha fuerza e intentó gritar memento mori para enfatizar su compromiso aunque sólo salió de si un chillido horrible, eso lo desconcertó e hizo que tropezará, su cuerpo rodó sin control y traspasó la zona protegida; se estrelló con una piedra y pensó durante ese trayecto algo sobre un filósofo griego.

Después estalló.

Una nube negra cubrió el cielo; el crujir de los truenos advertía sobre sus intenciones, llovería, llovería muy fuerte.

+++++++

Por un momento los ojos de Dibrael se volvieron casi negros, sus pupilas se dilataron de tal modo que el color azul índigo sólo era una aureola; aquello duró un instante, el militar que le bloqueaba el paso no lo notó, ni lo notaria.

-Lo siento, de momento es peligroso que salgan- habló el sujeto que resguardaba la puerta de la embajada, les trataba con humildad y preocupación.

-Tenemos cosas que hacer- respondió, su voz era calmada. Ante aquello el hombre insistió con genuina preocupación, después de todo sabía que eran personas importantes y su seguridad dependía de él.

Dibrael insistió una vez más y ante una constante negativa hizo lo que mejor sabía hacer: le dio un golpe rápido en la tráquea que provocó que el sujeto se desmayara;  Índigo lo sostuvo para que no cayera y lo dejó recargado junto al portón, parecía que estaba sentado, dormitando.

-Creo que ya podemos continuar- le dijo a Serpens mientras le cedía el paso con una reverencia elegante y enseguida se cubrió con la capucha de la gabardina.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Miér Jun 15, 2016 9:46 pm

El panorama que Aldain les presentó no fue nada agradable, hacia apenas unos segundos que ella había estado con los buscadores, había hablado con ellos, incluso casi se podría decir que podía haberlos hasta tocado aunque en realidad no lo hubiera hecho. Pensar que ahora estaban muertos... y no solo ellos, los demás miembros del cuerpo de policía también.

"Esto es mi culpa... nuestra culpa... Debimos haberlos sacado por las malas aunque fuera..."

Se quedó en silencio, con la mirada perdida en algún lugar donde el suelo se juntaba con el cielo a lo lejos. No hacía más que darle vueltas y más vueltas. ¿Cómo había podido permitir aquella situación? Sabiendo que los buscadores estaban allí... ¿Cómo se le había ocurrido dejarlos atrás? Otra vez volvía a pasar lo mismo.

"
-¡Tienes que irte! ¡Vamos!
-No me iré sin vosotros.
-Nuestras vidas no valen nada comparadas con la tuya, por favor vete ya... No queda mucho tiempo
En ese momento noté como alguien tiraba de mi y me alejaba de ellos, aunque viera su sonrisa en el rostro no podía dejarlos allí. Mientras lloraba y gritaba para volver atrás alguien me lo impedía. Y entonces el sonido de las bombas y las cenizas cayendo al suelo"


Una lágrima rodó con timidez por la mejilla de la joven que salió de su ensoñación ante las palabras de Alice. Con discreción se limpio la gota de agua que parecía estar suspendida en un pétalo y asintió aceptando la orden de su compañera.

Cuando llegaron a la comisaría su alma cayó a los pies, sintió como todo su interior se quedaba vació y como su corazón se quebraba. Ahora ya no había ninguna esperanza.
Unos hombres pertenecientes al cuerpo militar se habían desplazado hasta allí para ocuparse del lugar, estaban sacando los cuerpos decapitados que iban cubiertos por una sábana blanca que a todo nuestro pesar se teñía de rojo poco a poco.

-¿Qué vamos a hacer ahora?-preguntó en un susurro intentando no llorar.

Apenas había establecido contacto con ellos un par de minutos pero para ella era como si los conociera de toda la vida. Siempre le habían dicho que enfatizaba demasiado rápido con la gente, eso en principio todo el mundo lo considera una virtud pero para ella era todo lo contrario. Deseaba poder mantenerse fría y recta pero no podía.

Cuando Alice terminó de pronunciar la última palabra, unas explosiones salieron de la nada. El humo y el fuego invadieron la atmósfera y el pánico cundió. El alboroto venía de un lugar cercano donde se encontraban.

-¡La biblioteca!-gritó Aladin pálido.

Daniela miró a su compañera y sin pensarlo dos veces ambas salieron corriendo en dirección contracorriente, intentando pasar lo más rápido posible entre la gente que huía alborotada. Todo se había vuelto un caos.

Al llegar al lugar las llamas y el humo eran los principales protagonistas no sin dejar a un lado las casas y escombros derruidos que cortaban tanto la calle como la carretera. Los militares que custodiaban la zona de Inocencia estaban allí también intentando poner orden pero nadie hacia caso.

-Tenemos que ayudar.-dijo Daniela con voz nerviosa

No sabía por donde comenzar a actuar, tenía la intuición de que aquello había sido obra de algún akuma y tal vez anduviera aún por los alrededores; sería mejor tener cuidado. Cuando la morena iba a comunicarse con Alice, un estruendo cruzó el cielo.

-¡La Inocencia!-exclamó Daniela mirando hacia el lugar donde el cielo había brillado. A continuación se oyeron los rugidos característicos de los truenos.-Va a llover... eso significa que alguien a intentado acercarse-la preocupación invadió su rostro.

Todo se había complicado demasiado.

Su mente racionó rápido y sus pies comenzaron a guiarla hacía donde se encontraba la Inocencia pero tras dar dos pasos sintió la mano de su compañera cerrándose con fuerza sobre su muñeca. Daniela se paró y la miró suplicante.

-Déjame ir, puede haber heridos allí también.

Alice negó con la cabeza, miraba a Daniela con rostro serio y pétreo, imperturbable casi se podría decir. Comenzó a rebuscar en su bolsa y entonces sacó dos golems pertenecientes a la Orden que nada más ser liberados comenzaron a revolotear a su alrededor.

-Quédate aquí y ayuda todo lo que puedas, yo iré allí.

Y tras decir eso la joven desapareció en la multitud y se quedó allí sola con Aladin, perdida aún buscando una salida en su laberinto de dudas.
Las voces, el crepitar de las llamas, el calor, el humo, la confusión... Todo estaba jugando en contra de la mente de la italiana que luchaba por mantener su cabeza fría y no dejar paso a sus sentimientos para salir corriendo tras su compañera.

-Tenemos que alejarlos a todos de este lugar, hasta a los militares, es posible que uno o varios akumas estén escondidos por esta zona. Aquí quietos solo están corriendo peligro.

El hombre asintió y ambos se separaron sin perderse de vista en ningún  momento. Comenzaron a dirigir a todos los civiles que podían fuera de allí, de aquello que podría convertirse en cualquier instante en una hoguera, en una catástrofe.

"Aladín... Espero que estés bien"


Última edición por Kala el Mar Ago 30, 2016 8:19 pm, editado 1 vez

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Alice el Vie Jun 17, 2016 7:56 pm

La explosión le tomó de sorpresa, bueno a cualquier en una situación así le causaría no sólo sorpresa sino que también pavor. Sin embargo no podía titubear ante lo que veía, no con una responsabilidad tan grande sobre sus hombros.

El grupo de personas que iba en dirección contraria a ellos, habían sido los responsables de que estuviera tan cansada y casi golpeada al llegar al lugar de la explisión, todos habían huido desesperados y quien en su sano juicio no haría aquello. Claro, ellas como exorcistas que eran, no se podían permitir emitir ese tipo de juicio.

Las palabras de su compañera, hacia la lluvia que se avecinaba, solo le pusieron más tensa que antes.- Es una trampa, ellos están aquí…- murmuró Alice, en voz baja con palabras algo atropelladas por todo el esfuerzo que había hecho para llegar.

Tenían poco tiempo, pero si lo que su compañera decía era correcto, sobre todo por el aumento de personal militar en la zona. Todo esto había sido provocado por alguien del lado del conde y ese alguien u otros akumas, se encontraban allá, intentado buscar la inocencia.

Así que sólo quedaba una sola solución debía ir, no sin antes saber que Daniela estaría bien, entregandole su golem respectivo y ella guardo el suyo para después.

Su segunda carrera comenzó entonces, no fue muy difícil orientarse, sólo debía ir en la dirección contraria en que corrían unos pocos militares, que habían abandonado su puesto. Dado su apariencia actual, no parecían tomarla en cuenta o quizás era por el caos que había, o la mezcla de ambas. Aunque ahora que lo notaban, no veía presencia de mujeres en las calles, por lo menos por donde ella estaba transitando, pero sí de hombres que se refugiaban.

Al llegar al lugar lo primero que hizo fue ocultarse tras una pared casi destruida. Reconoció fácilmente el lugar: había materiales de construcción, como palas, carretillas nuevas o viejas, piedras amontonadas en unos sectores, así como tierra y demás escombros, como uno pocos pilares que aún se sostenían pero que se notaba que estaban frágiles.

El cielo se volvía oscuro a pesar de la hora, y eso era por la lluvia que se avecinaba. Alice, o más bien Wenzel, salió de su escondite y se dirigió directamente hacia aquel lugar.

- Si eres una inocencia, entonces seguramente entenderás que yo igual tengo una.- exclamó sin dejar de caminar, después de carraspear un poco.

- Soy una aliada, no soy.... - pero antes de terminar su frase un estruendoso rayo cayó  justo en medio de la construcción, seguramente justo sobre el tótem, nunca lo sabría porque enseguida se ocultó tras la pared donde se había ocultado.

- Piensa Alice.. debe haber una forma…- pensaba en eso, cuando vio uniformes de militares acercándose, eran unos cuatro. Entró en pánico casi enseguida, busco un lugar donde esconderse antes que se dieran cuenta de su presencia. A pocos metros de ella, casi dentro del perímetro protegido que ya antes había traspasado, había una carretilla de madera boca abajo, junto a un cúmulo de tierra que seguramente serviría para la construcción que nunca se terminó o que ni siquiera empezó.  

Tomo valor y se metió debajo de esta, cabía perfectamente dada su profundidad, así que agachada y en una pose algo incómoda, se quedo dentro. Tratando de respirar con tranquilidad y calmandose en el proceso.

Los militares que llegaron, eran en total 8, al parecer nuevas órdenes les habían llegado, porque en sus rostros se podía ver confusión. De todas formas debían acatar órdenes así que llevaban sus usuales armas, se acercaron corriendo y casi como robots se dispersaron alrededor de la zona. Observando y revisando que nadie hubiese estado allí. Tenían sus armas listas para disparar a cualquier que hubiera intentado entrar o intentará hacerlo.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Mar Ago 30, 2016 10:15 pm

El pánico había cundido por todos lados, no sabía cómo lograría calmar a la gente pero tenía que hacer algo, si un akuma llegaba en esos momentos todo se complicaría aún más, muchas vidas estaban en juego. Contaba con la ayuda de Aladín para manejar la situación pero él también estaba en peligro al igual que ella.

-¡Por favor vayan en esa dirección, abandonen la zona y refúgiense en sus casa!-gritaba con fuerza mientras intentaba dirigir a la gente hacia un lugar seguro.

-¡Vamos, por aquí!-era la voz de Aladín que al igual que ella trataba de ayudar a los civiles.

La atmosfera había cambiado por completo, la tranquila ciudad que dormía había despertado. El ruido de las piedras desprendiéndose de los edificios volvió a oírse y entonces de entre la nube de polvo, una reluciente bala de sangre salió directa a un grupo de personas.

Lo más rápido que pudo, sus piernas reaccionaron y su cuerpo salió corriendo en la dirección mientras que sus dedos con agilidad sacaban una carta del cajetín de la cadera, giró el brazo todo lo que pudo y sin perder de vista el objetivo lanzó la carta con todas sus fuerzas. No se quedó quieta sino que siguió corriendo hasta llegar a la gente para sacarla de allí.

-¡Vamos, correr!

-¡Tienen que irse de aquí! ¡Esto es peligroso!-gritaba Aladín.

-Sus hombres no pueden estar aquí, deben irse y cuidar de los civiles en otra zona. Aquí no pueden hacer nada.-explicó Daniela con urgencia al oficial al mando en aquella zona.-Ahora no lo comprenderá pero saque a sus hombres de aquí ya, solo son un estorbo.

El hombre la miró sin comprender, ¿cómo iba a hacer caso a alguien que no pertenecía al ejército, no era ninguna persona representativa en la ciudad o incluso peor, era una extranjera? Mientras abría la boca para responder otra bala chocó contra el suelo haciendo volar la tierra en pedazos.

-Ya es demasiado tarde.

Un par de figuras se divisaron a través del cúmulo de polvo que había en el aire, al principio solo había dos pero luego aparecieron más. Un total de seis akumas se dejó ver, eran de nivel uno pero había mucha gente aún y estaba a punto de convertirse en una batalla campal. Sin perder más tiempo, con sus cañones apuntaron y comenzaron a disparar. La italiana con rapidez sacó ocho cartas, cuatro para cada mano y como si fueran cuchillos los lanzo para cortar las balas que se dirigían hacia uno de los últimos grupos de personas que se alejaban.

El oficial del ejército tras ver aquello retrocedió y dio ordenes precisas de sacar a la gente del lugar. La italiana lo miró de reojo y asintió para darle las gracias, volvía a tener de nuevo las cartas entre los dedos y estaba preparada para plantar frente a la amenaza. Respiró profundamente y comenzó a esquivar las balas que caían cerca suya a la vez que se encargaba de partir las que iban dirigidas hacia algún soldado o ciudadano rezagado. Por el rabillo del ojo observó como Aladín se escondía tras una pared para evitar el bombardeo.

-¡Vete tú también!-le gritó

-Pero…-replicó el otro tras la piedra.

-¡Ya! ¡Venga!

Lanzó un ataque directo y uno de los akumas explotó, le siguieron otros dos y cuando solo quedaban tres más que eliminar nuevas bombas se oyeron dentro de la biblioteca y entonces aparecieron más.

Respiraba hondo recostada contra un bloque de piedra, estar ahí era como si los volviera locos, su ansia de matar se descontrolaba, pero lo único que conseguía atarlos era su atracción por la Inocencia.

“Alice…”

No podía dejar que llegaran hasta ella, solo le darían más problemas. Tenía que entretenerlos como fuera para ayudarla en todo lo posible. ¡Cómo si tenía que dar su vida! Cerró los ojos para concentrarse y a continuación salió de su escondite para encontrarse con la imagen de un niño cubriéndose de pentagramas y convirtiéndose en polvo.

Se quedó paralizada.

“No… ¿Por qué? Había sacado a todo el mundo… ¿Cómo…?”

No lograba comprender por qué había pasado aquello, los soldados debían de estar controlando la zona para no dejar entrar a nadie. ¿De dónde había salido aquel niño? Un ruido de los cañones disparando de nuevo la sacó de su ensoñación y tuvo el tiempo justo de reaccionar para saltar a un lado.

Sintió como algo se retorcía al apoyar el pie y rodar a un lado para esquivar el ataque. Gracias al impulso de la voltereta se puso en pie de nuevo y al apoyarlo un gesto de dolor de dibujo en su rostro. Lo más probable era que tuviera un esguince, no quería pensar que estuviera roto. Con rabia en la mirada lanzo las cuatro cartas que tenía en la mano derecha haciendo que dos de los akumas explotaran. Sin dar más tiempo cogió otras dos e hizo el mismo ataque. El número de akumas se había reducido pero el leve descanso que eso le dio durante unos segundos para recuperar el aliento no duró mucho. De nuevo volvían a aparecer más.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Sigma-chan el Miér Sep 21, 2016 12:03 am

Sonrió con cierto dejo de burla al mirar el cuerpo del militar del que Índigo se hubo encargado con destreza y con tranquilidad le dirigió al ojiazul un gesto confidente antes de continuar sus pasos; constantes y ligeros.

Hábilmente lograron pasar desapercibidos hasta que la luz del Sol disminuyó y un trueno invadió la atmósfera, ocasionando que se detuviesen; mirándose en silencio como si fuesen capaces de leer sus mentes: aquello había sido extraño, alguna eventualidad de la que tendrían que enterarse pronto. Así que continuaron su camino, perdiéndose en un callejón.



...



Un nuevo estruendo volvió a hacerse presente, aunque esta vez no fuese en el cielo sino cercano a la biblioteca, otro edificio había sucumbido ante una explosión y la población que a penas pudo correr lejos de aquel ataque, encontró su final pocas cuadras después gracias a las balas de sangre que eran liberadas por el escuadrón de niveles 1 que ahora atormentaban la ciudad.

Una de las tantas copias del Akuma de armadura plateada miraba con desdén la escena, ya se comería a los inútiles una vez terminará su labor; en ello pensaba cuando el característico sonido de un Akuma siendo destruido logró una sonrisa macabra en su "rostro", seguramente la exorcista que había visto antes empezaba con su labor.

-Tu turno...- masculló como si a su lado hubiese alguien más, sin embargo en otro punto de la ciudad, uno más céntrico, otra copia y un Akuma nivel 2 de aspecto extravagante y boca enorme se preparaba para su intervención, decenas de bocas aparecieron en su extraño torso y cuando empezó a hablar su voz siseante y macabra se expandió en un gran rango de la ciudad, como si cada boca tuviese la potencia de decenas de  megáfonos.

-HUMANOS ASQUEROSOS, SI AUN TIENEN GANAS DE VIVIR SERÁ MEJOR QUE DETENGAN A LA ZORRA QUE ESTA DESTRUYENDO A LOS MONSTRUOS REDONDOS- vociferó y el eco de su anuncio se escuchó claramente en la zona del tótem y la batalla de los "Unos", la gente se notó aún más asustada y sorprendida pues aquella voz aterradora parecía estar por todas partes.

-Y MEJOR LO HACEN PRONTO... PUES POR CADA GLOBO PONCHADO UN EDIFICIO LLENO DE GENTE MENOS, COMO POR EJEMPLO...- agregó mientras otra explosión y posterior derrumbe de un edificio habitado ocurría entre las sonoras carcajadas de la "bocona" máquina.

Algunos habitantes asustados y confusos comenzaron a buscar a la mencionada mujer...



...



Mientras tanto un grupo de aproximadamente cuarenta ciudadanos, mujeres y hombres de edades varias, caminaban erráticos y constantes hasta la zona que resguardaban los militares. Sus ojos habían perdido brillo, parecían medio muertos y sin embargo nada dispuestos a detenerse.

Serpens se hallaba entre ellos y aunque imitaba bien su estado "zombie" era claro que ella no estaba bajo la influencia de ningún poder...
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Índigo el Miér Dic 28, 2016 4:59 pm

Estiró los dedos de la mano derecha tan lentamente que ni siquiera lo notó; aquello quizás reflejo de su estado de concentración.

Así como un ave rapaz que está apunto de cazar se encontraba en lo más alto de una construcción adyacente al centro, esperando paciente el momento de intervenir.

La tierra vibraba por las explosiones aleatorias en los diferentes sitios de la “cuidad”  entre los akuma nivel 1 muriendo y las personas agitadas por el mensaje dado en alta voz y los truenos rompiendo el cielo, el plan aún funcionaba, observó a lo lejos el grupo de gente que se aproximaba  a la barricada y a los militares temblando confundidos ¿Quién podría culparlos? Ante ellos una horda de gente desarmada se aproximaba al perímetro; Pero el dilema moral era el principal problema ¿dispararían?  O simplemente se irían, una vida no tiene precio ¿o sí?

Escuchó los gritos desesperados de los soldados advirtiendo que si continuaban abrirían fuego;  había varios niños en la primera fila.

Se quitó la capucha y se colocó la máscara ajustando los cordones a su cabeza  luciendo ahora una mandíbula de bestia que le daba un aspecto terrorífico. Después de todo no había mejor  impulso que el miedo, era fácil controlar a cualquiera con esa idea.

Escrutó por última vez la masa de gente que caminaban casi idiotizados, esperando ver quizás un resquicio de su compañera, como una especie necesidad. No pudo hallarla y contrajo  sus dedos dejando momentáneamente los puños cerrados para después relajarse; hubo una ventisca y  su pelo se agitó desenfrenado; él no tuvo más opción que seguir; tendría que ir por la inocencia.

Saltó entre los escombros, manteniéndose en cuclillas para no ser detectado hasta llegar a su objetivo: la construcción  inacabada  y la más profunda dentro de la zona protegida. Se deslizó entonces con mucha cautela, de momento no debía usar  la materia oscura; en teoría la inocencia estaba levemente despierta por la explosión cercana, ese error había complicado las cosas  y ahora tendría que lidiar con cualquier problema de modo tradicional; para ello se había preparado con dos cuchillos de caza que ahora estaban ajustados a sus muslos.

Un ruido lo alertó, he hizo que se cubriera tras un pedazo de pared inacabada; un grupo de soldados bien armados aparecieron para vigilar la inocencia; Dibrael se tomó su tiempo para ubicar a cada uno, calcular su trayectoria e identificar sitios en donde pudiera ocultarse; estuvo unos minutos en absoluto silencio antes de empezar su afrenta. Cerró los ojos un momento y al abrirlos inicio su plan.

Fue primero por el más cercano; con sigilo y en cuclillas lo sorprendió  por la espalda y en un movimiento rápido lo inmovilizó para al segundo siguiente atravesarle la garganta con el cuchillo de caza; el hombre apenas hizo ruido y empezó a desangrase sin control. Dibrael tomó el cuerpo y lo arrastró rápidamente a un sitio menos visible; se ocultó nuevamente y repitió el proceso una y otra vez hasta que acabo con todos.

Al final dejó de ocultarse y caminó con más tranquilidad buscando la inocencia, el informe de descripción que su amigo el embajador había conseguido para ellos era vital: tenía que encontrar la trampilla que estaba frente a la pequeña columna hermosísima que todos pensaban era la causante de todo; la inocencia estaba bajo tierra en una cueva inacabada.

Una sensación extraña le recorrió el cuerpo y le hizo salir de su ensimismamiento; sintió una resonancia, como si algo le llamara, se mostró nuevamente en alerta; había alguien más en el sitio.


Spoiler:
Lamento la demora. Sobre la inocencia mi idea es que reacciona a las explosiones o ruidos muy fuertes (y la materia oscura que haga eso); por eso el gobierno tuvo que detener la cosntruccion y por eso tambien se activo cuando cavaron los civiles. No se que opinen :3
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

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