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Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

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Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Sigma-chan el Sáb Abr 16, 2016 10:16 pm

Komui escribió:Uagadugú, la “recién” fundada capital tras la conquista del territorio por parte de Francia, no sólo está pasando por una reestructura económica, social e incluso visual; sino que cierto fenómeno antinatural ha empezado a alertar a la población y gobierno en general…

Se trata de una “estructura maldita” ubicada en el centro de la ciudad y que tenía por objetivo el convertirse en el nuevo ayuntamiento, sin embargo desde la demolición del antiguo edificio extraños sucesos invadieron aquella zona de construcción. Todo empezó cuando los trabajadores encargados de la obra comenzaron a escuchar gritos entre los escombros, llamando su atención hasta lo que parecía un monolito tallado en piedra, justo en  medio del terreno  y que nadie se explicaba porque seguía en pie después de que ellos dinamitaran; pero si algo terminó por sorprender a los hombres fue que en cuanto uno de ellos pretendió acercarse hasta la peculiar “estatua”, una torrencial lluvia se lo impidió y desde entonces cada que alguien pretende llegar hasta el monolito un diluvio se desata en la ciudad.

Por lo tanto el gobernador declaró la zona como prohibida y ahora existe un grupo de militares que resguardan el lugar las 24 horas del día, de hecho el par de buscadores que fueron enviados a investigar el suceso y que intentaron atravesar la seguridad, fueron arrestados y ahora se encuentran en la penitenciaría de la ciudad. Por lo que esperamos que no sólo se investigue si el monolito pudiera ser una Inocencia, sino también buscar liberar a nuestros aliados… recordar que en aquel lugar el islamismo es la religión imperante.

información:
El personaje que roleo en esta misión es Serpens, ACM, Nivel 2. Saludos.

Observaba con profunda tranquilidad el panorama tras la ventana del carruaje, las construcciones, calles y personas parecían tenerle intrigada, cualquiera que le viese seguramente pensaría que aquella actitud era de admiración y asombro; sin embargo la francesa lejos de estar pensando en “romanticismos” estaba memorizando los sitios que pudiesen ser útiles en un futuro.

-Opino que no debieron independizarse, Francia pudo proporcionarles estabilidad algunos años más…- comentó dirigiéndose a su acompañante, el Duque de Lancaster -Es África después de todo, normalmente le relacionan con desiertos y escases, no creo que ahora que son libres les afecte menos- agregó con desenfado, no es como si aquel tema fuese de su completo interés pero comentarlo no le pareció de más…


Spoiler:
Introducción corta, más conforme avance la misión ;3 aprovecho para declarar que Hazel puede manipular a mi personaje las veces que sean necesarias. Gracias.

Saludos.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Índigo el Dom Abr 17, 2016 7:08 pm

Dibrael estaba en una especie de limbo místico; la presencia de Serpens siempre le producía mucha calma, ahora que ambos viajaban por negocios “menos habituales”  simplemente se encontraba maravillado: le recorría mucha emoción, ambos podrían ser libres, sin necesidad de máscaras ni absurdas pretensiones. Para él Duque no había nada más revitalizante que aquello.

Se sentía genuinamente vivo y energizado; completamente lúcido. Aunque todo aquello no se reflejaba mucho en sus acciones, durante el viaje simplemente se había dedicado a la lectura; ante las repentinas reflexiones de su acompañante cerró de golpe el librillo y rio a carcajada limpia.

-No hay nada mejor que esto- agregó entre murmullos con dificultad pues no controlaba su risa, en realidad era más un comentario para sí mismo, se secó algunas lágrimas.

-Lo peor debo agregar, es su religión- continuó y le tomó de la mano con naturalidad, como si intentara reconfortarla.

-Aunque pareciera que el “destino” nos envía a salvarlos- Dibrael dijo aquello sin tomarse realmente enserio.

El galopar de los caballos aceleró repentinamente, como si hubiesen encontrado una vía más despejada; aquello no fue muy abrupto aunque si un cambio notorio.

No muy lejos de ahí les esperaba un sirviente, era un hombre de mediana edad, obeso de prominente bigote y calva pronunciada, solo había un pobre mechón de pelo justo en medio de su cabeza; sudaba mucho por lo que inmediatamente sacó un pañuelo y se limpió el rostro vigorosamente, se notaba profundamente aturdido y nervioso.

Spoiler:
Al igual que Sigma autorizo la manipulación de mi personaje siempre que ella lo requiera.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Dom Abr 17, 2016 8:01 pm

Cuando la luz desapareció, aún tuvo que parpadear un par de veces más para que sus ojos se acostumbraran a la nueva claridad. Seguía sin covencerle el nuevo método que usaba la Orden pero si era cierto que era más rápido y se ahorraban muchos trasbordos innecesarios.

La iglesia, bueno mejor dicho, la mezquita en la que habían aparecido esta vez estaba llena de bóvedas por todas partes, cubiertas por mosaicos de alegres colores y formas geométricas exactamente medidas. Las columnas eran bajas pero anchas, con láminas marrones que hacían contraste con la clara tonalidad de la piedra bajando hasta el suelo que estallaba en un mar de colores. Un poco más atrás, las vidrieras dejaban pasar suavemente la luz que se dispersaba dejando ver algunas motas de polvo coloridas.

Miro a su compañera y suspiró, sabía que esta misión no sería fácil y tendrían muchos impedimentos para llevarla a cabo pero tendrían que lograr sus objetivos sí o sí. Se ajusto su chaqueta de la Orden y caminando hacia la puerta pregunto a Alice:

-¿Por dónde empezamos?-la miró de reojo-Tenemos que sacar a los buscadores de prisión e ir a buscar la Inocencia-se quedó pensativa-¿Crees que lograremos la cooperación de la policía o de los militares?

Spoiler:


Última edición por Kala el Mar Mayo 03, 2016 7:47 am, editado 1 vez

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Alice el Vie Abr 22, 2016 1:33 pm

Había sido avisada de su misión la tarde del día anterior, la verdad estaba sorprendida que dos chicas fueran mandadas a ese lugar. Aunque su conocimiento no contaba con ese tipo de costumbre o religión, su mejor aliado en aquel momento eran los científicos y la biblioteca, aunque no había mucho tiempo para eso, al día siguiente tenía que irse, así que tuvo que actuar rápido.

No sabía que tanto la podían limitar, pero por lo menos al intentar sacar a sus aliados de la cárcel, que  de seguro la situación era tragicómica (eso esperaba por lo menos), le podían poner límites a sus acciones allá. Suspiro cansada mientras caminaba con unos zapatos de color rojo que había robado. Sí, que había robado durante la noche para realizar su plan, fue lo que más le costó porque no encontraba nada de su tamaño, y esperaba que ningún exorcista se diera cuenta de ello.

Lo bueno de todo aquello, es que la ropa nueva que traía era bastante cómoda, aunque extrañaba los zapatos que siempre usaba. Pero tampoco podía quejarse, de todas formas traía buena ropa, aunque no fuera suya y tuvo que arreglar algunos detalles durante gran parte de la noche.

Así que allí estaban frente a la puerta junto con su compañera, Alice más silenciosa de lo habitual, con un bolso de color amarillo opaco, algo usado, cuya cinta cruzaba por sobre la chaqueta larga de la exorcista, la cual estaba abotonada completamente, como si ocultará algo. Además de que el bolso parecía tener varias cosas, por lo abultado que se veía.

Su compañera se adelanto una vez que estuvieron en la mezquita,  Alice se retraso un poco debido a que nunca había visto alguna y se quedo curioseando unos segundos, más volvió en sí  enseguida debido a que no tenía tiempo para esas cosas. Poniendo su plan en marcha y notando que no había personas más que ellas, aprovecho para sacar unas cosas del bolso la cual se las puso casi enseguida, como si hubiera practicado hacer aquello antes. Ahora el bolso ya no estaba abultado.

- Sólo recuerda llamarme Wenzel.- exclamo Alice alcanzándola en la entrada imitando una voz suave de hombre, pero de hombre al fin y al cabo. Acomodándose unos redondos anteojos que había pedido prestado a uno de los científicos, muy parecidos a los lentes de un científico llamado Jonny, así ocultaban completamente sus ojos.

Una sonrisa de victoria se poso en su rostro en ese momento.- Si estoy así no creo que haya problema con los policías.- su tono de voz sonaba confiada, después de todo su larga chaqueta entallada de exorcista (que había dejado oculta dentro de la mezquita), la había cambiado por una más corta y más masculina. Su largo cabello oscuro repentinamente había desaparecido, quedando oculto bajo una peluca del mismo color oscuro, pero de cabellos cortos y ondulantes, dándole un aspecto suave y esponjoso. Debajo de la chaqueta de exorcista traía puesta una camisa holgada de mangas largas, que ocultaba además su cuello, de un tono rojo oscuro a diferencia de los zapatos que traía. Y claro llevaba unos pantalones oscuros algo holgados, del mismo tono que su chaqueta de exorcista, bastante sencillos. Si, se había vestido de chico, sólo había tomado todas esas precauciones para parecer uno para salvar a sus amigos en la cárcel, luego pensaba cambiarse.

- Reever me dio esto antes de salir.- exclamo entregándole unos papeles a Daniela, que saco del bolso que aún llevaba consigo. El papel era en resumen: una disculpa de la orden por lo que había ocurrido con los buscadores, también había una petición de dejar a los buscadores libres, y otro papel solicitando la investigación de la estatua por ellas (ahora ella y “él”). Aunque Alice dudaba de que aquello último se pudiera lograr con una simple carta.


Spoiler:
Kala me dijo que improvisaramos xD

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Sigma-chan el Dom Mayo 01, 2016 2:10 am

Al sentir la mano de Dibrael junto a la suya una cálida sonrisa se dibujó en sus labios, correspondiendo el gesto con un suave apretón; en el mundo sólo existían un puñado de personas que conocían aquella serena y feliz sensación de un vinculo, uno más allá del que la sociedad se obligaba a nombrar con alguna palabra absurda y Serpens tenía la fortuna de compartirlo con el hombre a su lado… sencillamente se encontraba feliz y mucho, así que no comentó nada más y continuó su inspección por la ventana.

Cuando finalmente el carruaje se detuvo y se escuchó al sirviente acercarse para abrir la puerta, la francesa le dedicó una nueva sonrisa al ojiazul y con calma soltó su mano, el momento de paz había terminado y daría paso a la diversión, una curva satisfecha se mostró en su rostro al pensar en aquello y esta desapareció en cuanto el cochero abrió la puerta mientras un hombre “profundamente perturbado” le extendía la mano, la cual tomó con calma y empezó a descender la escalerilla.

-Bi-Bienvenidos mis muy estimados Señores- dijo nervioso el personaje regordete con una reverencia -Por favor acompáñenme- agregó con un ademán señalando la entrada del edificio y adelantándose un par de pasos.

El lugar era una construcción modesta, con una estructura sencilla y fachada sobria, resaltaba el portón de madera, pero nada más resultaba ostentoso aunque en general era un edificio más grande que los visualizados en el camino. La ojiverde tomó del brazo al inglés y continuaron el camino tras el alterado sujeto quien los guió hasta el despacho principal en el fondo de la residencia.

-Disculpen la falta de lujo pero debido a la reciente restructuración, no hay mucho que Uagadugu pueda ofrecer…- comentó ofreciéndoles asiento en el sillón dispuesto para ello.

-Le aseguro Embajador que es lo de menos, somos personas sencillas a pesar de lo que se pudiese creer al vernos…- dijo la de cabellos azabache mientras se sentaba -De hecho debo agradecerle por su apoyo y atenciones- concluyó con serenidad.

-N-No, n-no hay nada que agradecer, un placer- volvió a tartamudear y secó el sudor de su frente con el pañuelo al que ahora sentía como su mayor aliado -¡Oh! Pero que despistado, permítanme ofrecerles algo de vino ¡Obviamente francés!- habló entre risas, al notar la botella en la esquina del escritorio, que hubo dispuesto con anterioridad junto con las copas respectivas.

-Merci beaucoup y mientras lo hace ¿podría informarnos la situación?- le cuestionó la Datura con levísimo tono hostil que alertó al aludido, quien a esa altura pareciese iba a desmayar en cualquier momento y de milagro había logrado destapar el vino sin accidentes.

-C-Claro, claro. Pues verá tenía usted mucha razón, poco tiempo después de la llamada que me ha hecho por su próxima llegada, logré averiguar sobre un par de extranjeros que fueron arrestados por incumplir el mandato de no acercarse a la “zona maldita” y estos portaban la insignia que me describió- explicó el de bigote con un poco más de calma, dando a cada visitante su respectiva copa de vino.

La Reina buscó la mirada cómplice del Duque y el Embajador volvió a sudar.

-Aquí tengo el reporte, incluso conseguí que unos amigos me hicieran llegar los documentos de la investigación que han intentado hacer las autoridades acerca del caso- y les extendió dichos papeles.

-Ha sido muy eficiente Monsieur, le agradezco nuevamente…- comentó la morocha tomando los documentos.

-A-A. N-No, no es nada por favor siéntanse con la libertad de solicitarme cualquier otra cosa, se quedan en su casa- finalizó apresurado, lo cierto es que no tenía que ser un genio para saber que aquello era su “momento de salir” y sinceramente estaba deseando retirarse, así que tras una reverencia finalmente salió del lugar.

Serpens rio por un instante y le cedió parte de los papeles a Dibrael. En el reporte la ropa que portaban los sospechosos coincidía con la de los Buscadores de la Orden.

-Informa de los presos a Copy por favor Petit, que mantenga el lugar vigilado, tal vez los infortunados Buscadores pronto tengan visitas gratas…- dictaminó ella, como si hablase al aire. Sin embargo un segundo después un muy pequeño ser de forma amorfa y del tamaño de un alfiler, se escabullía por la rendija de la ventana rumbo a cumplir con su misión.

-Santé!- exclamó con tono emocionado y alzando su copa para brindar con el de mirar zafiro. Sonriendo.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Índigo el Dom Mayo 08, 2016 7:10 pm

El espectáculo que había dado el embajador había sido de lo más triste, incluso sintió lastima por él, la vida era muy dura para aquellos sin talento ni motivaciones.

-Santé!- Dibrael  correspondió al brindis  de la morocha con una sonrisa después de alzar su copa al aire. Luego se dedicó a curiosear el informe;  una ráfaga caliente se filtró por el lugar e instintivamente  bebió del vino,  disfrutó del gusto y enseguida sintió que todos esos matices y sabores le producían más sed.

-Este sitio me hace sentir enfermo- comentó – Hace demasiado calor y hay poca humedad en el ambiente- ciertamente eso le dificultaría  su trabajo. No tenía entusiasmo en andar por la cuidad, se quitó entonces el cravat; realmente no es que fuera a deshidratarse, el sitio tenia techos muy altos y él no sudaba ni mucho menos pero debido a su habilidad esos detalles le ponían un poco ansioso.

-¿Ya habrá exorcistas?- preguntó inocentemente mientras miraba con interés a su preciada compañera.



Era muy perfeccionista; quizás por esa cualidad ahora mismo se encontraba ahí.  Oculta entre su ropaje poco se distinguían sus rasgos. Un hombre viejo y enfermo levantó su mano hacía ella pidiéndole  dinero, ella lo miró con repugnancia pero no le dijo nada, pronto se perdió entre la multitud; había demasiada gente transitando en esa zona y entre el bullicio destacaban los gritos de los vendedores: tenían sus productos extendidos en el suelo, algunos con más suerte los cubrían del sol las carpas improvisadas.

Era un día bastante soleado, se parecía al día anterior  y al anterior y al día que le antecedía. Y la gente solo aspiraba a ganarse la vida.

Sus pasos la guiaron  a la edificación más grande  de la zona, destacaba por sobre todo las pequeñas e incluso feas construcciones que la rodeaban y aunque era muy sobria contenía en su interior lo que se conocía popularmente como “la administración de protección”; una especie de zona burocrática de la policía.

Ahí habían llevado a sus objetivos después de tenerlos  en una cárcel cualquiera; alguno de ellos había sido lo suficientemente astuto para conseguir que los llevaran ahí, por lo menos tenían un mejor ambiente y por supuesto menos calor.

Un hombre pasó a su lado y le golpeó de refilón logrando que se tambaleara hasta caerse.

-No estorbes mujer- dijo el sujeto mientras la miraba con prepotencia; ella se movió lentamente antes de levantarse, su atuendo le estorbaba: estaba prácticamente envuelta en telas como dictaminaban las costumbres de aquel sitio, no se veía nada a excepción de sus ojos que eran grises. Cuando ella por fin logró levantarse el sujeto se fue, caminó unos pasos y cayó como una tabla; algunos transeúntes contuvieron un grito y se acercaron a ayudarlo.

-Asqueroso- murmuró la mujer y siguió con su camino, se perdió en un callejón solitario.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Dom Mayo 08, 2016 7:20 pm

Información:
Le doy permiso a Lili para manejar a Daniela cuando le haga falta

Daniela cogió los papeles que la antigua Alice le estaba entregando y los leyó con detenimiento. Vio la carta de disculpas, la solicitud para colaborar y el permiso de investigación para que lo rellenaran. Después de haberse metido en semejante jaleo dudaba que aquello pudiera servir de algo.

-Tal vez hubiera sido mejor que alguien del alto rango hubiera hablado directamente con el director de la policía, dudo mucho que nos hagan caso.-dijo con tono resignado guardando los papeles en un bolsillo en el interior de su chaqueta-Bueno... comencemos misión rescate.-bromeó.

Nunca estaba mal un poco de humor en las situaciones tirantes y en esta había que tener bastante cuidado con lo que se hacía, estaban en un país de cultura distinta, con un estilo de vida y unas costumbres diferentes. Esperaba no meter la pata.

-Busquemos la Oficina de Policía.

Cuando puso un pie fuera de la mezquita se dio cuenta que aquello no iba a ser tan fácil. Ante sus ojos se extendía una larga calle que por todos lados se bifurcaba dando lugar a multitud de callejuelas repletas de gente.

"Genial, es día de mercado" pensó para sí. La cosa se complicaba cada vez más y no quería frustrarse tan pronto; apenas había comenzado la misión. "Si yo fuera una Oficina de Policía... ¿Dónde me pondría?" Miró a ambos lados dudosa y luego a su compañera. Tenían mucha ciudad que andar y poco tiempo que desperdiciar.

-¿Qué te parece si vamos por aquí? Seguro que esa calle lleva al centro de la ciudad. Desde allí nos será más fácil encontrar los sitios a donde tenemos que ir.

Se ajusto bien su chaqueta, no quería perder nada de lo que llevaba en los bolsillos y poco a poco comenzó a adentrarse entre la multitud sin perder de vista a su compañera. Había mucha gente y demasiado alboroto. A medida que avanzaba, nada cambiaba. Caminaban por calles y calles del mismo color marrón, viendo los puestos con los mismos objetos a la venta: comida, orfebrería, todo tipo de herramientas, hasta armas incluso.

-Juraría que ya habíamos pasado por aquí.-musitó. Miró más detenidamente el puesto que le había llamado la atención y a continuación se llevo las manos a la cabeza-¡Esta bien! ¡Lo admito! Nos hemos perdido.-dijo con resignación. Dio una vuelta sobre si misma y miró a Alice desesperada.-¿Cómo salimos de aquí? Todo me parece igual.

-Disculpen.

Oyó la voz tras ella y se giró al instante con la guardia en alto pero al ver que solo se trataba de un civil sus músculos se relajaron. Desprendía un aura agradable, con una gran sonrisa en el rosto moreno a pesar del buena aroma de su colonia. Era un hombre alto de un 1,80 metros aproximadamente, tez morena y ojos aceituna. Iba cubierto con ropas de colores, vestía unos bombachos blancos, un cinturón de tela ropa alrededor de su cintura que ceñía una camisa blanca a su cuerpo y unas babuchas de colores dorados.

-Por su aspecto deduzco que no son de aquí. ¿Necesitan ayuda?-comentó enseñando una sonrisa de blancos dientes.

-Pues no, la verdad que no. Estamos de viaje y...-odiaba tener que reconocerlo pero...-Nos hemos perdido.-terminó confesando.

-Oh-exclamó con gracia el moreno- Si me lo permiten yo puedo ayudarles.

Daniela miró dudosa a su compañera y luego se adelantó un paso.

-Si es tan amable de llevarnos a la Oficina de Policía se lo agradeceríamos, mi hermano y yo-dijo agarrando a Alice de la mano-como ya sabe nos hemos perdido y nuestros padres nos han enseñado que cuando una situación como esta pasara fuéramos siempre a la policía porque ellos irían allí directamente.

-Se ve que os han enseñado bien.-les dio la espalda-Por aquí, seguidme por favor y os guiaré encantado hasta vuestro lugar de reuniones.

-Gracias.

Comenzamos a meternos por calles y más calles de nuevo. Poco a poco fuimos saliendo del bullicio y agobió de la gente hasta llegar a una zona más tranquila.

-Tenemos un lugar especial para el mercado, por desgracia os perdisteis en un sitio un poco complicado, esta casi a las afueras porque la mayoría de los ciudadanos se quejaba por todo el ruido que montaban los tenderos, los comerciantes extranjeros, los compradores... La Oficina de policía se encuentra más al centro.-comentó mientras caminaban por una plaza llena de árboles exóticos-No os he preguntado por vuestros nombres, no me gusta ser un desconocido descortés, yo me llamo Aladin.

A Daniela le llamó la atención el peculiar acento que aquel agradable hombre tenía. Era tan distinto a todo lo que estaba acostumbrada a ver... que apenas podía apartar los ojos de él. Era demasiado llamativo, tenía el porte de un príncipe y la amabilidad de un plebeyo.

-Yo soy Daniela y él Wenzel.

-Es todo un placer-se paró en secó- pero por desgracia no podré disfrutar de más tiempo con ustedes, hemos llegado.-anunció.

Ante ellos se alzaba un gran edificio de piedra blanca, distinto a todos los que habían visto hasta ahora, tenía un aspecto... más parecido a las comisarías de Europa y Asia.

-Muchas gracias por todo. Se despidió del hombre con una inclinación de cabeza-Vamos Wenzel, nuestros padres nos esperan.

Y entraron siendo vigilados por la mirada aceituna del hombre que los había ayudado.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Alice el Dom Mayo 15, 2016 8:04 pm

Odiaba los días de mercado ¿Por qué en todas partes era así? No es que no le gustara esos días, pero había tanta gente que uno se podía perder, sobre todo ella. Además el sol sobre sus cabezas no ayudaba mucho al respecto del clima seco que tenía esa región.- Me voy a derretir…- murmuro de la nada Alice mientras seguía a Daniela, luego recupero su compostura casi enseguida.

¡Cierto! Ya no soy Alice.- se dijo mentalmente como infundiéndose ánimos, sin perder de vista la espalda de su compañera. Habían enviado a dos chicas a un lugar donde existía una estricta religión, asi que ella debía ser un apoyo, para eso eran sus vestimentas, debía ser un ejemplo como exorcista que era. Así también la general Klaud se sentiría orgullosa de ella. Asentía Alice sonriente y sus extraños lentes ocultaban el brillo de ensueño en sus ojos azules, de sólo imaginar ver a su maestra otra vez.

Sin embargo el calor era horrible y la chaqueta de exorcista no ayudaba mucho. La gente de allí iba con ropa bastante holgada y delgada. Las mujeres iban vestidas cubiertas completamente, con largos vestidos, tapando su cabello pero parecía que a ellas no les molestaba el clima con toda esa tela. Quizás las personas estaban acostumbradas al clima o las telas que los cubrían no eran especialmente gruesas.

Miro a ambos lados y termino por sacarse su chaqueta de exorcista. Además tenía otra camisa dentro oculta por la primera, la camisa oculta era más apretada para reafirmar los vendajes que había puesto sobre su pecho. Estaba guardando su chaqueta en el bolso que traía, porque no le hacía gracia llevar algo en la mano. Adentro de aquel bolso llevaba unos vendajes (por si necesitaba cambiar los suyos), aguja, hilos y un poco de ropa ligera.

¡Esta bien! ¡Lo admito! Nos hemos perdido.

- ¡¿Qu…?!- carraspeo un poco antes de seguir hablando, terminando de guardar su chaqueta.- ¡Como puedes decir eso!- Alice estaba que no se lo creía, tampoco es que ella hubiera sido bendecida con una buena orientación. Sin embargo su pánico fue detenido cuando una persona pareció reconocerlas como forasteros. Su compañera pudo muy bien crear una historia, algo que en ese momento en su cabeza no podía imaginar por todo lo sucedido, y quizás porque estaba un poco entusiasmada.

Creyendo la historia que eran hermanos les guió hasta la comisaria, por dentro Alice se encontraba tan pero tan aliviada que dejo escapar un suspiro.- uhm… muchas gracias por su ayuda, estimado.- agradeció Alice, en ese momento como Wenzel, de forma casi galante, para luego seguir a Daniela quien ya se había adentrado a la comisaria. Alice, no pudo evitar mirar hacia atrás y notar que el hombre llamado Aladin seguía allí observándoles, este le sonrió a ella (en este caso él) cuando noto que era observado por Wenzel, así que camino hacia un lado con la misma sonrisa enmarcando su rostro.  

Sospechoso.- pensaba Alice, más dejo ese sentimiento aparte, ya que ahora debían concentrarse en sus amigos buscadores.

Al entrar el lugar estaba bien amueblado con escritorios y papeles sobre las mesas. En una pared cercana había varios papeles más, que habían sido pegados a ella o clavados con un alfiler o parecido.

Obviamente toda la comisaria estaba lleno de hombres, que observaron a las recién llegadas en silencio y algunos murmurando algo. Bueno, la gran mayoría de las miradas -por no decir todas- se detuvo en Daniela, más que en Alice, esta última se pregunto si podían conseguirle un disfraz a su compañera por allí.

Alice tomo la iniciativa, carraspeo un poco y se acerco al escritorio más cercano, donde un hombre vestido con su uniforme, pero sin dejar de lado sus características ropas de la región ordenaba unos papeles. Este observo al jovencito de extrañas ropas, observando a Daniela de reojo- Discúlpenos usted, oficial.- la voz de "Wenzel" parecía genuina, quizás porque esas personas no se imaginaban que era una chica y Alice así se sentía más segura.- Estamos aquí por un asunto urgente.

El hombre frente a Wenzel, sólo arqueo una ceja. Ella volvió a carraspear un poco.- Se que están con poco tiempo y muchos problemas, pero no venimos a traerles más ni mucho menos, sólo resolver un asunto con respecto a unas personas que capturaron hace poco tiempo. Unas personas…

- Se a cuales personas te estás refiriendo, chico.- por fin hablo el hombre, luego observo a Daniela.- Lo sé por el uniforme de esa mujer, a propósito no nos gustan los forasteros que causan problemas, mucho menos las mujeres forasteras.- Alice conto hasta 10 antes de explotar frente a ese hombre.

- Disculpen.- otro hombre apareció de repente a apagar la situación que estaba a punto de explotar.- Yo me encargo de esto.- la persona que apareció no parecía como los demás. Su piel era clara y sus facciones eran más europeas: con ojos verdes, cabello rubio y bastante alto. Empujo a ambos hacia el otro rincón de la sala para hablar un poco en privado.

- Son de la orden oscura ¿verdad?- pregunto en voz baja, observando a los alrededores.- Se que es maleducado no presentarme, pero hare esto rápido, sus compañeros están bien ¿vienen a liberarlos, no es así?- Alice observo al hombre europeo y luego a su compañera.

- Así es, trajimos algunos documentos de disculpa por parte de la orden…- Wenzel intento explicarle, pero el otro le detuvo con un ademán de su mano.

-El oficial en jefe no se encuentra aquí hoy, llega mañana o hoy en la noche, él es el único que firma las libertades de los prisioneros y que entrega el consentimiento oficial. Debido a las cosas que están pasando hemos estado muy ocupados, mucho más él.- se decía a modo de disculpas.- Entiendo su preocupación sobre todo en un lugar como este.- eso último lo dijo en voz baja.- Pero lo único que puedo hacer por ustedes es recibirles los papeles para entregárselo a mi jefe y que pueda entrar solo una persona a verlos, si gustan.- el pobre hombre parecía nervioso y estresado, pero se notaba que era una buena persona.

Alice volteo a Daniela, ahora mismo se sentía sin opciones. Ella había planeado matar tiempo hablando con los buscadores, quizás hasta tenían más información sobre los sucesos.- Daniela tú tienes los papeles, podrías además entrar a ver a los buscadores.- sugirió Wenzel. De seguro cuando los buscadores vieran a Wenzel ni le reconocerían por el disfraz, era mejor que entrará ella y prefería dejar su identidad en secreto hasta salir del lugar.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Dom Mayo 15, 2016 9:22 pm

Había entrado la primera en la comisaría pero nada más poner un pie dentro se había arrepentido de ello. Nunca en la vida se había sentido tan observaba como en aquel lugar. A simple vista parecía una oficina como otra cualquiera: papeles volando por todos lados, gente bailando, llamadas de teléfono continuas... Se notaba la tensión en el ambiente.

-Eh...-murmuró mirando atrás en busca del refuerzo de su compañera que acababa de llegar y observaba el lugar por lo alto. Trago saliva pasando la mirada por todos lados.

Alice, usando su papel de Wenzel rápidamente se hizo cargo de la situación. Se acercó al mostrador para intentar conseguir información sobre donde se encontraban los buscadores pero lo único que consiguió fue un comentario bastante fuera de lugar.

"Sabía que esto no iba a ser nada fácil" pensó Daniela para sí tras escuchar el "elogio" de aquel oficial. Detestaba esas actitudes.

Un hombre los reconoció en seguida gracias al uniforme que llevaba la morena  y los apartó a un rincón donde pudieran hablar un poco más tranquilos, sin que nadie los molestara. Escuchó atenta lo que el hombre decía y con un suspiro de resignación sacó los papeles del interior de su chaqueta.

-¿Segurao...de que quieres hacer eso?-logró corregirse al final-¿Quieres que vaya yo?

-Siento meter prisa pero estamos muy ocupados y no podemos perder tiempo, las cosas están baste fuera de sus carriles-dijo el hombre que comenzaba a ponerse nervioso.

Sin más, Daniela le entregó los papeles al hombre y lo siguió hasta los calabozos donde se encontraba el grupo de buscadores, no sin antes pasar por varios registros que no le agradaron mucho. El hombre le pidió perdón y comprensión ante la situación a lo cual la mujer no respondió nada. Bajaron varios suelos y pasaron varias puertas.

"Cualquiera diría que tienen miedo de que se fuguen, por el amor de Dios" pensó para sí observando el lugar por el cual estaba caminando.

Cuando se paró frente a la celda, observó a las cuatro personas que había en su interior. Un hombre mayor de unos cuarenta y cinco años, pelo medio canoso y fuerte complexión, al lado de una mujer corpulenta de baja estatura y cabello blanquecino sin rasgos de ser mayor como apuntaba el color de su cabello. También había dos inquilinos más que eran casi iguales, se trataba de unos gemelos pelirrojos y pecosos, altos y delgados que se entretenían metiéndose el uno con el otro.
La exorcista carraspeó para llamar su atención e instantáneamente los buscadores reaccionaron, acercándose corriendo a los barrotes.

-¡Señorita exorcista!-exclamaron los gemelos alegres-al fin viene a sacarnos de este horrible lugar-lloriqueó uno de ellos.

-Tranquilos, aún no puedo sacaros de aquí-los miró a todos seria-el oficial que lleva el papeleo no está, regresa mañana y hasta entonces no podemos hacer nada. Solo quería comprobar que de verdad estabais bien y bueno... necesito la información que habéis recaudado. Es urgente, no tenemos mucho tiempo.

Se miraron entre los cuatro y el hombre comenzó a hablar con voz clara pero asegurándose que nadie más que los que estábamos pegados a los barrotes pudiera oírnos.

-Hemos averiguado que el edificio demolido era propiedad de un tal Señor Mackguinin, una persona importante al parecer y con bastante influencia. Al hombre le gustaba coleccionar objetos extraños y tenía una colección exótica en su casa que fue vendida tras su muerte ya que no tenía ningún heredero al cual dejar su fortuna. Todos sus bienes pasaron a manos del gobierno de la ciudad y entonces decidieron derrumbar la casa y construir el nuevo ayuntamiento en su lugar. Como dicen los reportes previamente mandados a la Orden, entre los escombros apareció una especia de monolito que creemos es el causante de semejantes inundaciones en esa parte de la ciudad.

-Creemos que el viejo tenía eso escondido por alguna parte, lejos de los ojos de cualquiera-dijo uno de los gemelos- por lo que pudimos ver antes de que nos arrestaran era que tenía forma de ... ¿tótem?-dijo dudoso- ¿puede haber tótems de piedra?-se pregunto a si mismo en voz alta.

-El lugar esta rodeado por la guardia militar que esta constantemente alerta, no dejan pasar a nadie por la zona y apenas hacen cambios de guardia. Solo hay dos cambios: uno a las siete de la mañana y el otro a las siete de la tarde-siguió explicando el hombre-es muy arriesgado acercarse ali solo-comentó preocupado.-El lugar esta como a unas cinco manzanas de aquí.

-No os preocupéis, mi compañera...bueno mi compañero esta arriba esperándome-ante las miradas extrañadas por el cambio de genero de la persona negué con la cabeza-ya lo comprenderéis. ¿Algo más que necesitemos saber ahora?

Se quedaron dudosos unos segundos y luego negaron con la cabeza.

-Eso es todo.-concluyó el hombre-si recordamos algo más intentaremos ponernos en contacto con ustedes.

-Esta bien, cuidaros.

Se alejo de la celda y miro al hombre que había esperado en un lugar apartado para dejarles privacidad. La mujer se acerco a el y rápidamente salieron del sitio. Cuando se reunió con su compañero de nuevo le dijo:

-Salgamos de aquí antes que me maten con la mirada, busquemos un sitio tranquilo para poder hablar.

Y se alejaron de la comisaria poco a poco.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Alice el Miér Mayo 25, 2016 12:36 am

Alice espero a que Daniela volviera, ya que ella sólo se quedo allí de pie sin saber muy bien que hacer al respecto. Reviso su bolso, cuya cinta cruzaba sobre su cuerpo, para ver si tenía todo en su lugar. Aquella acción solo la hizo dado a que no tenía mucho más que hacer, además de esperar. Dentro del boso, entre sus ropas, casi al fondo, encontró lo que eran los pequeños golems de comunicación que usaban habitualmente los exorcistas y buscadores, había olvidado que los llevaba. Eran tres en total, el número de golem era sólo  por si se separaban, y el tercero era para los buscadores, aunque al parecer no lo utilizaría.

Dejo escapar un suspiro, movió sus lentes un poco para observar sobre ellos, dejando ver sus azules ojos y largas pestañas. Más sólo fue un atisbo de segundo, ocultándose enseguida detrás de sus lentes, aparentando ser sólo un muchacho común y corriente, al cual nadie parecía prestar atención.- Soy invisible…- bromeo ella en su cabeza. Aunque la verdad ya se estaba aburriendo.

Sin embargo, no paso mucho tiempo para que Daniela apareciera, y el ambiente del lugar cambiará drásticamente. Algunos hombres observaron de reojo a Daniela mientras cruzaba la estancia para llegar a donde estaba su “compañero”. Claro, ahora que se fijaba, Daniela era la única mujer en la comisaria.

Ante la petición de su amiga, Alice sólo asintió y encabezo la marcha para alejarse de la comisaria. La exorcista tenía mucha curiosidad sobre lo que le hubieran dicho, esperaba que fueran datos importantes que le ayudarán a resolver este caso, pero debían ir a un lugar más tranquilo.

Un hombre, aquel que las había ayudado a llegar a la comisaria, se encontraba oculto entre una calle aledaña. Al parecer, vigilando a los exorcistas, porque no se movió de su lugar hasta que los exorcistas se hubieron perdido de vista, desapareciendo él también.

- ¿Hasta dónde caminaremos?- pregunto Alice en su modo Wenzel.- ¿Los buscadores están bien?- volvió a preguntar pero esta vez en un tono preocupado.

Mientras ambas caminaban por una calle, donde el color arena parecía predominante y el color de las ropas de la región sobresalía fácilmente, lo bueno es que no estaba tan lleno de gente como la primera vez que habían entrado en la ciudad. Aunque todavía podían perderse entre esas extrañas y nuevas calles.

A pesar de que hubiera pocas personas, llamaban la atención fácilmente, sobre todo de niños más pequeños, quienes no temían en ver a las dos personas, sobre todo a Daniela, con cierta curiosidad, pero sin acercarse.

- Supongo que no muchos extranjeros vienen por aquí.- comento, al poco rato encontraron un lugar tranquilo donde conversar, de suerte solamente. Alejados de las casas, con sólo unos pocos niños jugando alrededor, unas pocas bancas improvisadas sin respaldos decoraban un poco el lugar, un poco sucias por la tierra. Parecía un parque, pero sin mucha vegetación. Así que Wenzel espero que su compañera le contará todo al respecto de los buscadores.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Sigma-chan el Dom Mayo 29, 2016 1:00 am

Su encuentro con el nivel tres de color plateado, o mejor dicho con una de sus copias (que al parecer observaban entre las sombras casi todo) había sido conciso indicándole su misión e incluso un bosquejo de cómo lograrlo algo que terminó por convencerla de que los Amos a los que ahora servía eran tan “buenos” como los rumores decían. Y sí, por extraño que pareciera entre los akumas la Reina Negra e Índigo estaban en la lista de los personajes a los que te gustaría servir si de masacres y mayor probabilidad de éxito se trataba.

-El Amo Índigo me eligió- masculló para sí y una leve sonrisa se asomó en sus labios, aunque imperceptible para cualquiera pues su vestuario le cubría casi por completo.

Sin embargo una curiosa y “pequeña” risa proveniente de uno de los bolsillos de aquel ajuar se hizo presente, recordándole la presencia de aquel compañero que también le habían proporcionado. A penas alzó los hombros, restándole importancia a que le hubiese escuchado y con calma atravesó la entrada del lugar en el que minutos antes Copy vio retirarse a una exorcista de cabello oscuro.

Nadie en el recinto pareció alarmarse hasta que sin mayor preámbulo, empezó a cerrar las puertas del lugar, murmullos y más murmullos que poco a poco se convirtieron en reclamos y gritos por parte de un par de oficiales que se apresuraron hasta ella con la intención de detenerle, cosa que la tuvo sin cuidado hasta que uno de los uniformados le tomó por el hombro.

-¡Qué demonios mujer! ¿Qué haces?- le cuestionó halándole con cierta desesperación.

-¡Petrificados!- exclamó ella mientras una onda expansiva de color violáceo se extendía por todo el sitio, ocasionando que las voces cesaran y cada una de las personas se quedaran quietas como estatuas, incluyendo el policía que había intentado detenerla. Finalmente ella se quitó las telas que cubrían su cabeza y su naturaleza akuma se hizo evidente, pues su rostro parecía el de una muñeca de porcelana con cuernos similares a los de un carnero.

-Tú, atranca estas puertas con lo que te sea posible- le dijo a un hombre cualquiera a su diestra y luego miró a quien había intentado detenerle -Llévame dónde los prisioneros extranjeros- habló e instantáneamente el sujeto comenzó a guiarle.

-Enseguida te alcanzó- dijo la voz pequeña y el akuma con capacidades de minimizarse saltó de entre sus ropas, comenzando a tomar su tamaño original, el recién crecido monstruo rió burlonamente y con la hoz que tenía por brazo comenzó a degollar a los indefensos y “petrificados” presentes, sin resistencia no tardaría en hacerse con las cabezas de cada uno de ellos. Incluyendo la de aquel rubio amable con los de la Orden.

Mientras tanto la de cuernos continuó el camino que el hombre le marcaba hacia las celdas, en el que de vez en cuando tuvo que hacer uso nuevamente de su habilidad hipnótica-manipuladora, ya Petit se encargaría de ellos también.

Cuando llegó a la celda de los buscadores estos ya se encontraban bajo su influencia y sólo les ordenó: “repítanme lo que le han dicho a la exorcista” y sin resistencia alguna estos le dijeron todo, incluidos los detalles innecesarios (gajes del oficio) y con una sonrisa abrió su jaula, tenía hambre y que mejor que buscadores para almorzar…

-¡He apilado todas las cabezas en la recepción y quitado la tranca de la puerta, será gracioso el susto de quien primero abra!- exclamó con singular entusiasmo el akuma de la hoz, mientras que descuidadamente pasaba por los escasos restos de quienes se hubo encargado su compañera en ese piso. Quien recién terminaba su comida y arreglaba sus ropajes, de los buscadores sólo hubo quedado su uniforme.

-Retirémonos entonces- comentó la muchacha con tranquilidad y el de extraños rasgos de mantis volvió a su bolsillo…





Se dirigieron a un lugar más alto, para ser exactos la sencilla terraza de aquel edificio en el que la francesa aprovechó para conversar con Dibrael, contándole sobre asuntos comunes de México y su empresa, una charla sin aunar en detalles, breve, corriente, normal… después de todo la “calma antes de la tormenta” también era un asunto disfrutable.

-Espero que pronto puedas visitarme, hace tiempo que no cocino y con gusto preparé tu platillo mexicano favorito- le comentó con genuina alegría al ingles.

Fue entonces que un destello blanquecino acompañado de una ligera brisa interrumpió en la terraza, el recién llegado era un nivel tres de particular armadura blanca.

-Listo primer objetivo- dijo con simpleza y se esfumó tan rápido como había aparecido. Serpens rió suavemente.

-Ese fue “Vitesse” y como abras notado su rapidez es impresionante, si le requieres puedes llamarle y quizá aparezca o igualmente con Copy, estará dando vueltas constantes a la ciudad y se reporta con él cada cierto periodo- explicó y con pasos serenos se dispuso a salir de aquel sitio.

-Se acerca la hora de irnos, así que voy a prepararme- dijo con una sonrisa volviendo al interior de la casa…
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Kala el Dom Mayo 29, 2016 11:56 am

Una vez se hubo asegurado de que nadie las había seguido hasta allí, se dejó caer sobre el banco, aquel calor era horrible. Menos mal que había salido rápido de la comisaría, si no alguna de aquellas miradas hubiera terminado matándola.

Miró a su compañera que se ocultaba bajo el disfraz de Wenzel y pensó "¿No se estará muriendo de calor bajo toda esa ropa y la peluca?" Tenía que ser agobiante llevar tantas cosas puestas de forma premeditada para parecer otra persona y además... no poder librarte de nada para que el disfraz no se estropeara.

-A ver...-respiró y cogió aire preparándose para empezar a hablar-Han averiguado que el edificio demolido era propiedad de un tal Señor Mackguinin. Al hombre le gustaba coleccionar objetos extravagantes y hacía colecciones con ellos. Su casa fue vendida después de morir. Sus bienes pasaron al gobierno de la ciudad y entonces decidieron construir allí el ayuntamiento. Entre los escombros apareció una especie de monolito que los buscadores creen que es el causante de las inundaciones en la ciudad.

Hizo una pausa para descansar, aquel calor consumía sus fuerzas. Movió su falda para que el aire entrara bajo la tela y refrescara sus piernas, se desabrochó también el primer botón de la chaqueta y luego los de las mangas para remangarse. Suspiró y alzó la vista al cielo, luego pensó en si habrían hecho bien dejando allí a los buscadores, había algo en todo aquello que no terminaba de gustarle.

-También me dijeron que el lugar estaba como a unas cinco manzanas de la comisaría pero que esta custodiado por los miliares y que no se mueven de allí apenas. Solo hacen dos guardias: una a las siete de la mañana y otra a esa hora pero de tarde.-Daniela se inclinó un poco y habló en voz baja para que solo Alice pudiera oírla-Me dijeron también que el monolito de piedra tenía aspecto de tótem pero no me dijeron nada acerca del tamaño ni en que parte de la zona estaba.

Se puso en pie y observó el lugar, todo en aquella ciudad era tan extraño que no podía evitar fijarse en todo: las calles eran tan concurridas y bulliciosas como solitarias y silenciosas, colorido, lujoso y nuevo como viejo, marrón y medio derruido. ¿Cómo una ciudad así podía seguir unida?

-Creo que lo mejor que podríamos hacer mientras sacamos a los buscadores de la cárcel es ir a investigar el lugar, tal vez en el cambio de guardia podríamos colarnos dentro del recinto pero no se... ¿Tú que opinas Alice?-se dejó caer sobre el banco con gesto resignado.

Desde que habían llegado todo habían sido problema e impedimentos para llevar a cabo su misión; parecía que el destino no quería que cumplieran con su papel. Primero perderse por la ciudad, después no poder liberar a los buscadores cuando más necesario era y ahora... no saber cómo actuar porque se meterían en problemas hicieran lo que hicieran.

*************              ***************              ****************

Unas calles más atrás, lejos ya casi de la estación de policía el hombre de ojos aceituna caminaba con un extraño presentimiento que oprimía su pecho. ¿Que sería esa sensación de peligro? ¿Alguien lo estaría siguiendo? ¿Estarían bien los extranjeros a los que había ayudado? A medida que se alejaba más y más estaba mas intranquilo así que decidió dar media vuelta y volver para ver si aún seguían donde los había dejado.

Con paso rápido llegó hasta el lugar y el silencio y tranquilidad que había allí lograron erizarle el bello. ¿Qué era ese aura que desprendía la comisaría? Su pecho subía y bajaba pero contuvo la respiración y apretó la mandíbula.
Con pies de plomo comenzó a subir los escalones, no se oía ruido en su interior, todo aquello era muy extraño.

Con cuidado abrió la puerta pero nada ocurrió, sin comprender lo que estaba pasando, entró y lo que vio lo dejo paralizado. Las paredes antes de color crema suave eran ahora mares rojizos con formas macabras. ¿Qué narices había ocurrido allí dentro? No hacía mas que ver cuerpos decapitados tirados por el suelo, encima de las mesas o incluso medio caídos por las sillas.
Su pulso se aceleró y entonces un pensamiento cruzó fugaz su mente.

"¡Los buscadores!"

Pasó al lado de los cuerpos, manchando sus bachuchas doradas de color escarlata, dejando huellas tras de sí mientras corría escaleras abajo para asegurarse de que los buscadores aún estaban sanos y a salvo pero lo único que encontró en una de las celdas fue un montón de ropa que reconoció de inmediato.

"No puede ser... ¿Qué ha pasado? Tienen que haber sido los akumas, tengo que encontrar a los exorcistas como sea"

Gracias a dios ellos debieron haber salido antes de que aquella catástrofe ocurriera pero ¿dónde podrían haberse metido? La ciudad era grande y no él solo no podría encontrarlos.

"A ver Aladin piensa  si fueras un exorcista ¿dónde te meterías?"

Recordó el lugar donde estaban ocurriendo las inundaciones y automáticamente sus pies pusieron rumbo hacia allí, aquel lugar no quedaba muy lejos de donde se encontraba y con un poco de suerte tal vez aún no habrían llegado a la zona militar.

Y así fue, estaba llegando a una de los parques que estaba en el camino cuando en un banco vio a los jóvenes sentados. Frenó en seco y se escondió en una esquina. ¿Sería lo mejor que los avisara? ¿Y si los estaba llevando a la boca del lobo sin darse cuenta?

Unas pizcas de tierra golpearon su cara y entonces junto a su rostro vio una carta clavada en la pared. Lo habían descubierto.

*************                *****************          **************

Mientras Alice y Daniela terminaban de decidir que harían, la italiana se dio cuenta de que alguien oculto las había visto y sin más, había sacado una carta y la había lanzado hacia donde el sospechoso se encontraba oculto.

-¿Quién anda ahí?-preguntó poniéndose en pie y acercándose con paso fuerte. La sorpresa cogió su rostro cuando vio la sombra que se ocultaba tras la pared.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Índigo el Dom Mayo 29, 2016 6:50 pm

Tomó la mano de su madre con fuerza intentando que sus dedos sudorosos no se resbalaran; estaba muy ansioso porque tenía hambre y sus piernas eran aún muy pequeñas, se sintió sofocado entre la multitud, la incertidumbre que sentía cada vez que salían a comprar era siempre la misma, no quería perderse, no quería que su madre lo dejara por ahí como aquella vez en verano. Contuvo con dolor sus lágrimas, era mejor eso que recibir un golpe en la cabeza; ella siempre le golpeaba la cabeza y él se sentía humillado y con el corazón dentro de sus oídos y sus ojos latiéndole fuerte.

Pasaron junto al pan y no pudo evitar intentar alcanzar uno con su mano libre; no logró nada porque su madre aceleró el paso y casi lo arrastra, por un momento lo elevó del suelo; sintió que un hueso le tronaba. Mejor eso a que le diera un golpe en la cabeza.

El sonido de tantas voces mezclándose entre sí; el aroma de las frutas y las preparaciones mezclándose con esencias de aceites e inciensos, era una masa amorfa de colores, formas y sabores, no había orden y él siendo tan pequeño solía golpearse sin quererlo con las piernas de otros, un enano entre gigantes, un niño entre la multitud.

Llegaron casi al final de la calle, a unos metros en la distancia ya no había vendedores; de hecho estaba casi vacío, sin bullicio; su madre apresuró el paso; él ahora corría con todas sus fuerzas, el edificio al que se acercaron él lo conocía muy bien; ahí trabajaba su padre y a esa hora después de comprar siempre le llevaban fruta. Nada de eso le entusiasmaba porque le daba miedo su padre. Su padre nunca lo tomaba de la mano.

Cuando llegaron el silencio que había le hizo sentirse extraño, su madre se detuvo de golpe ante el arco de la puerta que era gigantesco; miró a su madre  con curiosidad,  se había puesto muy blanca y no se movía, tiró de su mano intentando llamarla, su mirada entonces siguió la de ella.

Al principio no entendió lo que pasaba; lo entendió cuando intentó darle forma a algo que estaba cerca y tirado en el suelo. Salto hacia atrás instintivamente; había una cabeza sola, sin cuerpo.

Su madre entonces gritó; gritó muy fuerte y el tiempo se detuvo y con él la visión de la cabeza sin cuerpo; estaba sobre un charco de sangre, el sólo podía verle el cabello porque el rostro estaba del otro lado.

Cuando pudo reaccionar unos brazos lo levantaron y lo alejaron del sitio, vio a la cabeza alejarse y a mucha gente acercándose a ella. Pronto el lugar se llenó de personas con el mismo uniforme que su papá.

-Vas a estar bien- le dijo el desconocido que ahora lo tenía en brazos y él sólo se limitó a apretar con sus dedos sudoroso el grabado de la bandera que el hombre tenía en su ropa como si fuera a resbalar, esta vez sentía que se perdería en un lugar en donde su mamá no podría encontrarlo.  

******

Podía ver el reflejo de sí mismo  en los ojos de ella; mientras la escuchaba en algún punto aquella imagen empezó a tomar relevancia, la luz cambiaba y su propia silueta tomaba detalles en aquel fondo esmeralda, de vez en cuando se  alejaba un poco y la silueta se redondeaba más, era algo que secretamente disfrutaba; un pasatiempo inocente que sólo se permitía cuando estaba con ella.
Serpens le habló de México, de cómo habían cambiado los lugares que solían visitar, del crecimiento de los caballos, le habló de planes de negocios y los nuevos socios, de la sociedad que había dejado.

-Espero que pronto puedas visitarme, hace tiempo que no cocino y con gusto preparé tu platillo mexicano favorito-

-Mole…- le interrumpió una brisa que cimbró la cristalera y agitó la enredadera de la terraza, desprendió algunos pétalos y lanzó varias abejas lejos de las flores.  

Un akuma del selecto grupo de Serpens había llegado, tras algunas explicaciones ella se retiró; era momento de prepararse.

Dibrael se sintió emocionado y en vez de hacer lo de siempre se desnudó ahí mismo y se cambió por un vestuario más acorde: su gabardina negra con capuchón, un pantalón sencillo y sus botas altas; aunque todo eso era lo que menos le importaba.
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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

Mensaje por Alice el Dom Jun 05, 2016 11:29 pm

Si, hacía calor, lo podía sentir. Mientras su compañera le comunicaba la información que había obtenido de los buscadores que estaban en prisión, podía sentir el sol arriba de ellas. Y cuando Daniela termino de hablar, lo pensó un poco; la verdad es que la información no era suficiente, la real prueba era como acercarse al lugar sin ser detenidas o atacadas.

- Esto esta difícil, no podemos hacer mucho al ser extranjeras, aunque seamos de la ciudad, tampoco creo que pudiesemos razonar con ellos. Aunque yo podría intentarlo.- exclamo ella pensando en que tenía la ventaja que no sabían que ella era mujer, luego carraspeo para hablar en tono más varonil

- Sería bueno ir a corroborar el cambio de guardia.- observo el cielo, el sol estaba en lo alto.- Creo que falta mucho para las 7 de la tarde, aún así espero que esté oscuro a esa hora.- respondió ella en modo Wenzel, pensando que en la oscuridad podrían ocultarse mejor.- Mientras tanto creo que iré a cambiarme de rop…- ni siquiera termino la conversación cuando su compañera había lanzado algo hacia una dirección, sorprendiendo a Alice quien se asusto, pensando que era un enemigo, más sin embargo era una persona, un humano, y uno muy conocido.

- Es… es él que nos guió hasta la comisaria.- exclamo Wenzel sorprendido de verlo allí.

- ¡Esperen, exorcistas!- al escuchar esas palabras Wenzel se puso en guardia enseguida, adelantándose a su compañera poniéndose en frente de ella ¿Cómo sabía que eran exorcistas? Era la pregunta que estaba pasando por la cabeza de la pelinegra, mientras le lanzaba una mirada desconfiada y sus zafiros ojos destellaban casi amenazadores, aunque con los lentes puestos aquello no era posible de apreciar.

- Si, soy quien les guió, soy Aladdin y estoy aquí de parte de la orden.- alzo sus brazos y en una de sus manos traía el emblema que ostentaba el uniforme de Daniela, se acerco sigiloso a las dos figuras pero manteniendo sus distancias.

- Soy un simple agente de la orden, que sólo está en este sector para encontrar información y enviársela a la central, nada más. Si le preguntan al señor Reever, él les podrá responder. E-es cierto.- dijo por último algo nervioso. Alice, al escuchar el nombre de uno de los científico de la orden, se relajo y volteo a observar a su compañera por un momento antes de voltearse a ver al nuevo personaje.

-¿De la orden? ¿Por qué te mandaron aquí?- pregunto Wenzel esta vez extrañado.

- Vine por mi propia voluntad.- explico él.- Vivo en la ciudad cercana, tuve conocimiento de lo que ocurría y vine tan pronto como pude para entregar información si se necesitaba….- detuvo su explicación abruptamente en ese momento.- ¡Eso no es importante ahora! Los buscadores que estaban en la comisaria todos los que estaban allí… ellos…

Rápidamente Aladdin les comunico lo que había visto a los exorcistas, la desagradable escena de los cadáveres, hasta la imagen de la celda estaba completamente grabada en su mente. Les mostro su ropa como prueba, ya que estas estaban manchadas con sangre, esa era la prueba.

Alice llevo una mano a su boca sin poder creer lo que había escuchado. Mantuvo su mirada sobre los pies del de mirada oscura, para sólo ver la sangre que teñía sus zapatos y también la parte inferior de su ropa. Se sentó en el banco nuevamente y carraspeo un poco.

- Es mentira… ¿verdad?- se aventuro a preguntar, aunque en su interior sabia que esa respuesta era cierta. El hombre negó con la cabeza con una expresión triste ante la pregunta del chico, ya que hasta ese entonces, Alice no pensaba revelarle nada acerca de quién era ella realmente. La exorcista frunció el ceño, sintiéndose un poco molesta y miro a su compañera.

- Volvamos, iremos a corroborar aquello.- si, le ordeno  a su compañera, ya que Alice no quería creerlo, pero como quien dice: ver para creer.

La comisaria estaba rodeada de personas, la gran mayoría hombres, en tan sólo unos instantes la noticia de lo ocurrido había hecho eco en la ciudad. De las puertas de la comisaría, salieron dos hombres con mascarillas, donde transportaban algo en una camilla que sostenían con sus manos. Allí oculta por una sabana que tenía leves tonos rojizos de seguro se encontraba un cuerpo.

- ¡Por favor vuelvan a sus hogares! ¡Ahora mismo!- se oyó a un militar decir de manera alta y firme, hasta casi fría dada la situación, quien estaba de pie sobre una caja.- Se hará un toque de queda para todos los habitantes, incluso extranjeros.- siguió hablando él en voz alta, clara, casi como un robot, resaltando las palabras extranjeros, al parecer no confiaban en gente como ellos.

Al poco rato el militar bajo de la caja donde estaba dando su anuncio y se volvió hacia sus subordinados, a quienes dio ordenes, muchos de ellos se iban dispersando rápidamente. Alice entonces lo supo.

- Debemos irnos…- aunque le doliera era la verdad, mucho no podían hacer aquí, no podían recuperar a sus compañeros, ya estaban muertos y toda la gente del lugar lo estaría si no hacían algo.

- Hay que informar a la orden sobre lo sucedido, y… hay que sacar ese tótem de aquí.- exclamo seria, aunque parecía  que estuviera diciéndoselo más a ella misma que a su compañera.

- ¿Dónde está la casa del gobernador?- la pregunta fue hacia Aladdin, quien les había seguido a pesar de todo.

Alice había mandado al diablo sus planes de cambiarse de ropa, esto era demasiado urgente como para preocuparse por pequeñeces. Por otra parte, quien había dado la orden a los militares era el gobernador, debía ir hablar con él y convencerlo, o entrar a la fuerza donde se encontraba el tótem. Esa última opción, dada a la gravedad del asunto, parecía más rápida pero también peligrosa.

Spoiler:
Sólo quiero expresar lo cruel que fueron u.u xD
Y aclarar que Alice/Wenzel no lleva nada que lo distinga como alguien de la orden, porque hace calor xD su chaqueta la lleva en el bolso, como dije en una respuesta anterior.

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Re: Tormenta en Uagadugú. La maldición del Dios de la lluvia.

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