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El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Dom Sep 13, 2015 5:12 pm


Erina se encontraba sentada en los escalones abrazando sus piernas. Sus intentos por mantener la calma se estaban agotando, ya no le servía mucho el hablar sola o hacer juegos mentales; le preocupaba mucho el hecho de que aún no había señales de que estuviesen buscándola.

Seguro esos tipos no regresarán… ¿en qué estaba pensando? Obedecer a unos desconocidos en lugar de a mi propia familia… –alzó la mirada un momento, fijándose nuevamente en la tenue luz– No, ellos regresaran, tienen que hacerlo. –Sonrío finalmente.

Estaría casi al borde del pánico de no ser por aquel resplandor. A pesar de que le generaba cierta incertidumbre al no saber qué era o de dónde provenía, también le proporcionaba un poco de tranquilidad, pues la hacía sentir que no se encontraba sola.

¡¿Erina? ¿Dónde estás? ¿Erina?! –alcanzó a escuchar la voz del buscador tras la pared. La pequeña rápido se incorporó y empezó a golpear la estructura con todas sus fuerzas, casi como intentando generar algún sonido para llamar su atención.

¡Ray! ¡Raaaay! ¡Estoy aquí! ¡Ray! –gritaba, con miedo de que no alcanzase a escucharla.

El buscador notó la voz de la menor y enseguida miro alrededor, intentando hallar de dónde provenía. –¿Dónde estás? ¡No hay tiempo que perder, debemos salir de aquí y rápido!

No puedo, estoy atrapada. ¡Por favor ayúdame! –tranquilizándose, al escuchar como poco a poco la voz de aquel hombre se acercaba a su ubicación.

Sigue hablando, te sacaré –se acercó a la pared de donde venía la voz de la pelirroja, luego empezó a palparla como buscando alguna forma de abrirla. –Dios, ¿cómo te metiste ahí?

No estoy segura. Creo que toqué algo en la estatua que está enfrente, luego la pared se abrió y me caí. No recuerdo más –enseguida, el hombre giró hacia la estatua con forma de mujer y empezó a revisarla; a los pocos segundos notó unos bordes en el hombro de la misma, a lo que su intuición lo llevo a bajar el brazo, logrando abrir nuevamente la pared donde estaba encerrada la niña.

Una vez abierto aquel pasadizo, Erina se lanzó a los brazos del buscador, estrechándolo con fuerza –¡Gracias! Muchas gracias de verdad, por un momento creí que no regresarían… –decía realmente aliviada. Por fin había salido de aquel lugar oscuro y solitario.

Tranquila, ya estás a salvo. –Un poco incómodo ante el gesto, Ray entendió la situación y correspondió amable el gesto, luego se separó y miró de nuevo el camino por el que había llegado– Vámonos, hay que salir de aquí cuanto antes. La señorita Daniela y Rasel están esperándonos.

La pelirroja asintió y siguió rápido al buscador, pero sin antes mirar hacia atrás, fijando su atención en la estatua que le había causado todo ese problema. –Es una broma, ¿verdad? –con una gran gota en la frente, al notar que curiosamente la estatua representaba nada más y nada menos que a Pandora. Aquella que, según la mitología griega, introdujo todos los males a la vida de los humanos.  

¿Quiénes son ustedes? –escuchó decir al buscador en tono firme, casi amenazante. La niña se acercó rápido a su lado y vio a los dos trabajadores de los que se había escondido hace un largo rato.

¿Nic, Greg… qué están haciendo aquí? –preguntó, pero no recibió respuesta. Aquellos hombres solo estaban ahí de pie, mirándolos fijamente, inexpresivos. Luego, de un momento a otro sus cuerpos empezaron a sufrir una especie de metamorfosis, convirtiéndose en grandes esferas grises con cañones que sobresalían a su alrededor y una estrella negra en la frente de los rostros que se asomaban justo en medio de aquellos extraños cuerpos. –¿P-pero qué… q-qué… es eso? –interrogó impactada mientras retrocedía inconscientemente, sin poder dar crédito a lo que estaba presenciando.

¡Akumas! –Ray se colocó frente a la niña de forma protectora, aunque en su interior sabía que no había escapatoria. Estaban acorralados. –Erina sal de aquí, ¡rápido! Yo los distraeré.

¿Qué? P-pero Ray… yo no… –sin poder terminar, se quedó en shock al ver como del interior de los cañones irradiaba una especie de luz violácea, que rápidamente iba intensificándose.  

Ray, ¿qué está pasando?

Es el fin… –frustrado, el buscador se giró y abrazó a la niña como último recurso, esperando el impacto de las balas.

Justo antes de que los akumas pudiesen disparar, se sintió un ligero temblor que llamó la atención de todos. El suelo se cuarteó bruscamente a solo un par de metros frente al buscador y la niña. Tenues gruñidos acompañados de feroces ladridos se escuchaban más y más cerca, provenientes del agujero que se había formado. Entonces, del interior, algo grande y de color negro salió violentamente arrojando partes del suelo por todo el lugar, levantando una nube de polvo consigo. Aquella cosa saltó y se abalanzó contra los Akumas, embistiéndolos con mucha fuerza.

E-eso… eso es… un… un pe…

No, imposible… eso es… ¿Cerberus? –ni ella misma podía creerlo. Frente a sus ojos, la enorme bestia mitológica de tres cabezas estaba destrozando a una de las esferas que anteriormente habría llamado sus compañeros. Sus garras y colmillos atravesaban sus cuerpos con facilidad, casi como si se trataran de cuchillos en mantequilla. –No puedo creerlo... ¿c-cómo es posible?

Rápido, es nuestra oportunidad. ¡Hay que salir de aquí! –sin perder el tiempo, Ray tomó la mano de la niña y la jalo mientras corrían en busca de la salida. La pequeña intentaba seguirle el paso ya que aún se encontraba aturdida. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué eran esas cosas? ¿Qué había pasado con los trabajadores? y más que nada… ¿Realmente existen los seres mitológicos?

¡Ahí viene! –fueron interrumpidos sus pensamientos al escuchar la desesperada voz del buscador. Podían oír las fuertes pisadas que rápido iban alcanzándolos. Erina miró hacia atrás y el pánico la invadió al ver cómo, de las sombras que dejaban las antorchas, se iban formando las tres cabezas de la bestia, con sus colmillos asomándose amenazantes.

¡Ray, Erina! Qué están haciend… ¡¿QUEEEE?! –Rasel por fin se había topado con la pelirroja y su compañero, pero para su mala suerte, también se encontraban en una muy mala situación, cosa que rápido comprendió al ver a la bestia de dos metros corriendo tras de ellos.

¡Rasel! ¡No te detengas, corre! –Ray pasó a su lado y lo tomó del brazo, casi arrastrándolo, obligándolo a seguir su ritmo, ya que se había quedado ahí de pie por la impresión.

¿QUÉ DIABLOS ES ESA COSA? –gritó Rasel mientras corría a la par de ambos.

¡Ni idea pero viene por nosotros! Sigan corriendo, ya casi llegamos, ¡rápido! ¡¡rápido!! –casi podían sentir las pisadas del perro tras sus pies. En su desesperación, Erina dio un mal paso y tropezó, haciendo caer también a los buscadores, quedando los tres a merced de la bestia.

¡¡NO!! –los tres gritaron desesperados con todas sus fuerzas, la niña se puso en posición fetal, sin atreverse a pensar en lo que les pasaría mientras ambos buscadores hacían el vago intento por protegerla.

El gran perro dio un salto y quedo justo sobre ellos, pero sin aplastarlos, con sus grandes patas alrededor. Pero no se quedó ahí, sino que siguió su carrera al exterior de la bóveda, ignorando completamente a los miembros de la orden y a la pequeña del gorrito, casi como si ni siquiera los hubiese notado.

¿Eh? –dijeron los tres al unísono, realmente aturdidos.  



Spoiler:
Los siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo sientoooooo, de verdad perdón por la demora, los exámenes estuvieron divirtiéndose violándome toda la semana y no pude avisarte que demoraría en responder T.T Lo peor es que aún no termino, todavía falta la segunda semana de tortura… así que tal vez no te pueda contestar sino hasta el próximo finde. De todas formas hare lo imposible porque sea un poquitito antes, pero no prometo nada… porfis, no me odies, te deje post larguito en recompensa… :C


Última edición por Erina Schliemann el Lun Abr 18, 2016 1:35 am, editado 6 veces

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Kala el Dom Sep 20, 2015 6:37 pm

Al oír el ruido de las explosiones salí de allí corriendo lo más rápido posible y en vez de bajar por el camino, atajé por el bosque. Un mal presentimiento me recorrió de arriba abajo.

“Si se han ido tan rápido… Espero que no haya humanos por aquí”

Aparté la última rama que se interponía en mi camino y entonces llegué a una zona un poco abierta donde los arboles estaban en formación redonda. Vi a los akumas adentrándose más y más y entonces vi que era lo que perseguían.

“Los padres de Erina”

Se me cayó el alma a los pies y cogiendo todo el aire que fui capaz corrí en su dirección mientras sacaba una carta de mi cajetín sujeto a la cadera. No perdía de vista a la pareja, los akumas cargaron los cañones y apuntaron al frente. Una lluvia de balas marcó el suelo pero gracias a Dios el señor Schliemann tenía buenos reflejos y consiguió esconderse junto con su mujer tras unos árboles de raíces gruesas y profundas.

Rápidamente, miré al akuma más cercano y calcule unos segundos la trayectoria de la carta, luego sin dudar la lancé y logré atravesarlo haciendo que se convirtiera en polvo. Solo quedaba uno.

-¡Señores Schliemann!-grité acercándome a ellos-¡Quédense donde están! ¡No se muevan!

Me coloqué en el medio entre los dos y miré desafiante al akuma, si conseguía eliminarlo antes de que atacara… Oí un grito femenino y me giré de inmediato dándole la espalda al akuma, cosa que nunca se debería hacer. Del interior del bosque cinco akumas aparecieron.

-Pero ¿qué…?-murmuré mirando sin comprender…

“Es imposible… ¿De dónde salen tantos?”

Mientras se movían para adoptar una posición ofensiva, corrí hasta situarme cerca de los padres de Erina. Estaba comenzando a desesperarme, no sabía cómo salir de aquella. No había vuelto a verme en una situación tan comprometida desde… Negué con la cabeza y aparté esos pensamientos negativos, así no conseguiría nada. Tenía que pensar algo y rápido.

Cuando iba a lanzarme para ver como terminaba aquella fatídica noche, sobre el akuma más cercano cayó una sombra enorme que mordió, hundiendo con fuerza sus colmillos sobre el cuerpo amorfo de la máquina. Saltó al suelo y entonces la luz de la noche nos permitió ver a la criatura que había destruido al demonio.

-No puede ser…-oí murmurar al señor Schliemann mientras retrocedía unos pasos.

Miré al mismo lugar donde él tenía clavada la vista y se me heló la sangre. ¿Qué demonios era eso? Era una bestia enorme, peluda, con dientes y garras peligrosas y… y… tres cabezas. Era de pelaje negro como la oscuridad más profunda y sus ojos…

Tenía miedo.

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo allí pero al mínimo movimiento del segundo akuma, la bestia salió disparada de nuevo a por él y de la misma forma que con el primero lo mató.

Los akumas comenzaron a rodear a la bestia que tenía aspecto de perro, se habían olvidado completamente de nosotros y solo centraban la atención en él.

“Si es capaz de matar akumas…”

-Estaba en lo cierto-dije con algo parecido a la alegría.

Necesitaba encontrar a los buscadores y asegurarme de que la niña estuviera bien.

Spoiler:
siento haberte hecho esperar tanto para tan poco de verdad pero me costo mucho, ando un poco falta de inspiracion debido a que perdi el hilo un poquito con lo de la uni
lo siento de verdad pale

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Mar Sep 29, 2015 4:47 pm


Los tres vieron aún desde el suelo, cómo aquella cosa se alejó corriendo sin siquiera voltearlos a ver. No tenían idea de dónde provenía o a dónde se dirigía, pero lo importante era que estaban a salvo… por ahora.

Los buscadores se incorporaron y ayudaron a Erina a que también se levantara, pues aún se encontraba algo aturdida por todo lo sucedido. Una vez de pie, se inclinó ligeramente hacia el frente con la mirada en el piso, apoyó un mano sobre su rodilla y la otra la coloco tras su nuca.

¿Estás bien pequeña? –preocupado, Ray se acercó a la pelirroja, quien lucía algo pálida mientras intentaba recobrar el aliento. Se sentía mareada, haber hecho tanto esfuerzo en aquella carrera le recordó el golpe en la cabeza de hacia un rato.

No entiendo nada, ¿qué eran esas cosas? ¿y qué les pasó a Nic y al señor Greg? –a pesar de sus intentos por mantener la calma, su respiración aún estaba algo agitada. Toda esa situación era obviamente impactante para ella y estaba muy alterada. Rasel la ignoró, centrando su mirada en el camino por el que se fue aquel extraño perro, esperando a que Ray hiciera el trabajo de niñera.

Tranquilízate, te lo explicaremos todo después. Primero hay que buscar a la señorita Daniela. –comentó con tono suave, descansando amablemente una mano sobre su hombro, buscando sosegarla. Si bien tenía experiencia gracias a misiones anteriores, jamás se había visto en una situación como aquella. ¿Cómo explicarle a una niña todo lo que implica estar involucrado con el Conde del Milenio? ¿Cómo hacerle entender que sus amigos habían muerto por tratar de revivir a sus seres queridos? No estaba dispuesto a hacerlo, al menos ahora no. Ya después será momento y sabrá qué decir, o más bien, “cómo” decírselo.

Una vez que la menor recobró el aliento, se apresuraron a salir de la bóveda. Ray y Erina se quedaron atrás unos momentos mientras que Rasel se aseguraba de que fuese seguro salir. Tras recibir la confirmación de que todo estaba en orden (o algo así) los tres salieron al exterior aún cautelosos, sorprendiéndose un poco con lo que tenían en frente.

Lo que anteriormente había sido el campo de batalla entre la italiana y los akumas, ahora no era más que un gran basurero combinado con un campo minado después de estallar. Durante el encuentro, varias de las estructuras arqueológicas resultaron dañadas a causa de los proyectiles de las máquinas del Conde. Algunas parecían que con una simple brisa se derrumbarían, el resto yacían esparcidas por el área en varios escombros.

Sin perder más el tiempo, los buscadores caminaron en los alrededores, examinando la zona en busca de los rastros de Daniela.

No tiene mucho que nos separamos. Estaba enfrentándose a cinco akumas cuando entré a buscarlos. –informó Rasel a su compañero, quien estaba agachado palpando la tierra, específicamente una de las huellas que habían dejado las suelas de la exorcista.

Su rastro lleva al interior del bosque.

Y al parecer esa cosa de cuatro patas va por el mismo rumbo –añadió el otro buscador tras señalar las enormes huellas que también se adentraban en el bosque. –Tenemos que ayudarla.

De su mochila, Ray sacó un talismán en forma de escudo redondo, con una cruz grabada justo en el centro. Rasel hizo lo mismo, no podían estar seguros de sí Daniela había acabado con todos los akumas, o si esa cosa con tres cabezas volvería a pasar de ellos, así que era mejor ser precavidos.

Vamos, no debe estar lejos. Erina no te separes de nosotros por favor.

La kiwi miraba con cierta tristeza como gran parte del nuevo descubrimiento de su padre ahora se hallaba, en su mayoría, disperso en el suelo. –Le tomará tiempo recuperarse de esto... –murmuró para sí misma, luego se acercó a los de uniforme color crema y se pusieron en marcha siguiendo los rastros de la pelinegra.

Estuvieron un rato caminando en silencio, adentrándose más y más en el bosque, en alerta de cualquier ruido o movimiento que se les presentara. Su camino era iluminado únicamente por la luz de la luna que se filtraba entre las hojas de los árboles.

Daniela… ella estará bien, ¿verdad? –la menor preguntó al aire, sin voltear a ver a los uniformados. Tenía casi nada de haberla conocido, pero vio de lo que eran capaces esas bolas de metal… ¿qué podía hacer una persona contra eso? Además, aún estaba el “pequeñísimo” detalle con garras y colmillos.

Por supuesto que sí, no te preocupes. Ella es una gran exorcista, gracias a la Inocencia es capaz de enfrentar a las cosas grises que viste en el interior de la bóveda, los akumas. Y sobre el perro…

Cerberus –corrigió

Ehm… si, eso… descuida. Si es lo que creemos que es, seguro no le hará daño. Al contrario, nos ayudará.

¿Y si no es lo que piensan que es?

Ambos buscadores intercambiaron miradas unos momentos ante aquella interrogante. Entonces a lo lejos alcanzaron a escuchar explosiones junto al característico sonido de los proyectiles pertenecientes a los jueguetitos del Conde.

¡Por allá! ¡Rápido! –Rasel corrió en dirección a los estruendos, seguido por Ray y Erina. Conforme se acercaban, más fuertes y más constantes se escuchaban las explosiones.
Súbitamente, un escalofrío recorrió la espalda de la niña al oír el agudo grito de una mujer, aún más la pequeña sintió un vacío en su pecho al reconocer a quién pertenecía aquella voz.

Mamá… –sin pensarlo, aceleró la carrera lo más rápido que sus piernas le permitieron, dejando atrás a los encapuchados. El estallido de adrenalina en su interior hizo que se olvidara por completo de aquel punzante dolor en la nuca. Lo único que le importaba en ese momento era ver a su madre a salvo.

¡ERINA ESPERA! ¡Es peligroso, quédate atrás! ¡ERINA! –maldijo Rasel al ver a la kiwi alejándose frente a ellos. Ya no podían alcanzarla.

Continuó corriendo hasta que pudo ver a unos metros de distancia los globos metálicos que rodeaban a la bestia mitológica. Se quedó unos momentos de pie entre los árboles mientras recorría con la mirada aquel lugar, hasta que logró divisar a su familia y a la exorcista a un costado de donde se encontraba, también lejos del enfrentamiento.

¡Mamá, Papá! –gritó casi con un deje de alivio al ver a sus padres a salvo junto a Daniela. El hombre abrazaba protectoramente a su esposa mientras ambos miraban cómo el enorme perro atacaba con furia a los akumas, consiguiendo destruir uno a zarpazos, quedando únicamente tres más por eliminar. Al escuchar la voz de su hija, la pareja corrió a su encuentro, casi con desespero de poder abrazarla nuevamente.

¡Erina! ¡¿qué estás haciendo aquí?! –le reprendió el prusiano al romper el abrazo. Le alegraba mucho verla a salvo, pero como cualquier padre, su preocupación podría casi llegar a confundirse con enojo o agresividad, tal vez por la impotencia que sentía al saber que él mismo no podía hacer nada para proteger a su familia en una situación como aquella.

Mi pequeña… que bueno que estás bien… creímos que te había ocurrido algo –la castaña acariciaba el cabello de su hija mientras continuaba abrazándola, casi como si no tuviese intención de dejarla ir.

Por favor, hay que salir de aquí ya –más que una petición, era más bien una súplica para la exorcista. El arqueólogo no podía soportar más el seguir viendo a su familia en riesgo.

¡DANIELA! ¡Atrás de ti! –tres akumas más salieron del bosque, rodeando a los presentes. Dos apuntando a la italiana y el tercero amenazando a la familia. Por suerte los buscadores llegaron casi al mismo tiempo, logrando controlar a dos enemigos con los talismanes, frenando sus movimientos quedando solo el tercero al acecho.

La familia de arqueólogos corrió y buscó refugio nuevamente entre los árboles, seguidos por una lluvia de balas violáceas que, de un momento a otro se detuvo pues el ataque fue interceptado por el cuerpo del enorme can. Éste acabó por completo a los akumas con los que se enfrentaba y corrió al encuentro del que amenazaba a la familia, recibiendo los proyectiles que dañaron su cuerpo.

Sin inmutarse de las heridas, el perro aprovechó la velocidad que traía para saltar y aferrarse al cuerpo de la máquina hundiendole sus garras. Las fauces de las cabezas distales se sumieron en los cañones cerrando el canal de salida de los proyectiles, mientras que la cabeza central se “entretenía” deformando el rostro expuesto del enemigo. A los pocos momentos, el akuma perdió altura y cayó violentamente al suelo, tal vez por la desorientación y/o el peso extra del “animal” encima. Finalmente, el tritesta remató penetrando el metálico cuerpo con sus garras, creando una explosión tras destruirse la máquina.

Spoiler:
Dios, jamás creí tardar tanto en responder pero traía vacío mental ._. no se me ocurría nada, de hecho, siento que el post quedo más horrible de lo socialmente aceptado. Perdón si hice sangrar mucho tus ojitos :’C Y perdón nuevamente por haberte hecho esperar más de una semana T.T


Última edición por Erina Schliemann el Lun Abr 18, 2016 1:57 am, editado 2 veces

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Kala el Sáb Oct 17, 2015 8:48 pm

Cuando ante mis ojos cayó el polvo ceniciento del akuma, mi cuerpo reaccionó y con rapidez saqué una carta de mi cartucho y a la altura de mis ojos la arrojé contra el único monstruo que quedaba en libertad y suponía un peligro para los allí presentes.

La carta con gran precisión atravesó al akuma de lado a lado y con ello el silencio que se había establecido en el bosque debido a la tensión del momento anterior desapareció. Miré a la bestia que tenía sus ojos furiosos clavados en los dos akumas encarcelados.
-Soltarlos-ordené a los buscadores

-Pero…-comenzó a decir Ray

-A la de tres-dije con la vista clavada en las cajas de cristal-cuando la barrera se desactive quiero que corráis a esconderos.

Ambos me miraron y asintieron aunque se podía ver la desaprobación en el rostro de Ray pero no podían quedarse ahí eternamente. Tenía que ser rápida y asegurase de que la carta tomara la trayectoria indicada; había muchas vidas en juego.

-1… 2…-mis músculos se tensaron y ms dedos tocaron la superficie de la carta-¡3!

Los dos desactivaron la barrera correspondiente y corrieron en direcciones contrarias, escondiéndose tras los primeros árboles que encontraron y vieron seguros. La bestia cargo las piernas traseras para saltar con impulso y se arrojó sobre uno de ellos mientras que el segundo, apunto sus cañones hacia mí y disparó.

Salté a un lado como pude y caí sobre una gravilla en terreno inclinado que me raspo el muslo derecho, saqué una nueva carta y desde el desnivel se la tire al akuma. Una explosión resonó de nuevo seguida de otra un poco más alejada.

“Ya está, se acabó”

Me quede quieta aún unos minutos en guardia por si algún ente más aparecía pero luego como si las fuerzas que tenía fueran absorbidas por el ambiente, mis rodillas tocaron suelo y caí de lado. Me giré y contemple el cielo.

“Tan oscuro como siempre… Como su corazón…”

Me quedé en silencio y me relajé por completo, poco a poco mis ojos se cerraron y una leve sonrisa de alivio se dibujó en mi rostro.

**************              ****************            ************

Los buscadores salieron de sus escondites y se acercaron a la familia que seguía en el mismo sitio inmóvil. El señor Schliemann abrazaba protectoramente a su mujer y a su hija tras la cobija de un enorme árbol de gruesas raíces. La bestia aún permanecía junto a los casi inexistentes restos del akuma, con las orejas y la cola tensas alerta.

-¿Estáis bien?- preguntó Ray intentando trasmitir calma-ya ha pasado todo.

Un gruñido del perro se oyó cuando Rasel intentó rodearlo para ir a buscar a la italiana que había desaparecido del margen de vista de todos. Lo miraba de reojo con las mandíbulas babeantes y las garras manchadas de sangre negra pero solamente lo siguió con la mirada. Sacudió su cuerpo y luego dio un salto alejándose de todos ellos. Antes de desaparecer entre la neblina del bosque miró una última vez a atrás; concretamente a Erina.

************         ***************                ************

-¿Señorita Daniela?-preguntó Rasel mirando por todos lados pero no había ni rastro de la morena-¿Señorita Daniela?

-Estoy aquí-dije lo suficientemente alto como para que me oyera.

Los ojos de Rasel se movieron ávidos y veloces entre la espesura de la maleza y la niebla y la vio a lo lejos, tumbada boca arriba mirando al cielo. Corrió hasta ella y se agachó, la examinó de arriba abajo buscando posibles heridas graves pero gracias a Dios estaba bien.

-¿Se encuentra usted bien?-preguntó preocupado

-Si… solo estoy cansada.-dije bajando la mirada y dirigiéndola hacia el- ¿Vosotros estáis todos bien no?

Él simplemente asintió y luego se incorporó y le tendió la mano a la joven.

-Deberíamos regresar con ellos. Creo que… hay muchas cosas que explicar y sobre la que pensar.

-Tienes toda la razón-dije poniéndome en pie.

“Estoy peor de lo que esperaba. Este ataque… Espero poder llegar por mi misma a la posada, no veo la hora de tumbarme y dormir”

-Ha sido una noche larga-dije caminado despacio al lado de Rasel.

*************          *****************       ****************

-Será mejor que nos vayamos de aquí-dijo Ray ayudando a la niña y su madre a incorporarse. La mujer no soltó a la pelirroja y él tampoco las soltaba a ellas-Este lugar ya no es seguro ni para ustedes ni para nadie.

-Estoy de acuerdo contigo Ray, vámonos-dije apareciendo apoyada sobre Rasel. Tenía el cuerpo en mal estado y aunque no me hubiera roto nada si me había llevado varios golpes feos al intentar esquivar las balas.

Él me miro y asintió.

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Lun Abr 18, 2016 7:25 pm


Era de madrugada, alrededor de las 3:00am cuando finalmente llegaron a la villa. En el camino, el señor Schliemann se ofreció a cargar a Daniela, pues era lo menos que podía hacer en agradecimiento por haber salvado a su familia, además de que los buscadores también se encontraban muy agotados.

Una vez en la posada, se reunieron en la habitación principal, donde se alojaba la pareja de arqueólogos. El pelirrojo yacía recargado en la pared con expresión pensativa, sin saber cómo comenzar a discutir aquel asunto. Sophia se dedicó a atender las heridas leves de la italiana, pero no sin antes asegurarse de que su hija tampoco tuviera lesiones importantes.

Amor, dejemos que descansen. Ha sido un largo día y todos estamos agotados, ya mañana discutiremos sobre esto… –insistió nuevamente la griega, logrando finalmente persuadir a su marido, pues este soltó un ligero suspiro y abandonó aquella posición para acercarse tranquilo hasta donde la exorcista y los buscadores.

De acuerdo. Mañana temprano suspenderé temporalmente las actividades del yacimiento. Apenas se recuperen por favor búsquenme, les avisaré si encuentro algo relevante mientras tanto… –caminó firme hasta la puerta– Buenas noches… y gracias –añadió antes de cruzar la entrada de la habitación.

Puedes quedarte en esta habitación. Es cómoda y necesitas descansar –la castaña hizo una reverencia en forma de agradecimiento ante la exorcista. –La otra habitación principal es para ustedes, es la que está enfrente. Que descansen –hizo también una reverencia ante los buscadores y tomó del hombro a su pequeña hija, quien se despidió de los presentes con un amable gesto de mano mientras bostezaba, luego ambas salieron del cuarto.
………………………………………………………………………………………………


Unas horas después, antes de que comenzaran las actividades en la zona arqueológica, el prusiano se encontraba en el comedor de la posada hablando discretamente con los jefes de sección del yacimiento, dándoles indicaciones de los nuevos cambios que se llevarían a cabo. Los investigadores se mostraron desconcentrados ante la decisión del pelirrojo, pero no rezongaron más y se pusieron en marcha siguiendo sus instrucciones y corriendo la voz al resto de los trabajadores de quienes se encontraban a cargo.

Mientras tanto, la kiwi subía muy cuidadosamente las escaleras, pues llevaba en manos una bandeja de desayuno para la italiana. Había sido una larga noche y tal vez estaría muy hambrienta al despertar. –Me pregunto si le gustará la comida tradicional… –pensaba en voz alta mientras miraba los platillos que había ordenado su madre para la joven. Apenas llegó tambaleante al tercer piso, logró divisar al buscador de mirada marrón y “buena vibra”, parado al final del pasillo justo a un lado de la habitación principal, casi como vigilando la entrada. –Buen día~ –saludo alegre.


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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Kala el Mar Abr 19, 2016 9:42 am

Información:
A partir de ahora, le doy permiso a Akira (nueva Erina XD) para que use mi personaje cuando ella quiera.
Así mismo, adjunto un tema musical como ambientación  para la primera parte del post:

Después de la insistencia del señor Schliemann no pude seguir negándome y terminé dejando que me ayudara a llegar hasta la villa. Durante el camino todos habíamos estado callados, cada uno sumido en sus pensamientos, asimilando poco a poco todo lo que había ocurrido aquella oscura noche.
Había conseguido sacar la situación adelante gracias a la ayuda de la bestia que había aparecido por sorpresa pero de no ser así... quién sabe cómo hubiera terminado todo.

-Le agradezco que haya recapacitado sobre la gravedad de la situación, sin embargo lamento que haya tenido que ser en estas circunstancias.-negué ante las palabras de señor Schlimann-Gracias a ustedes por su amabilidad y hospitalidad.-respondí sonriendo a Shopia.

Esperé a que todos salieran del cuarto antes de dejarme caer sobre la cama, respire profunda y lentamente. Había sido una noche más larga de lo esperada. Estaba agotada, el agobio de no saber que hacer o cómo reaccionar cuando el enemigo presiona siempre era horrible; un paso en falso y todos podían estar muertos.

Miré hacia la ventana y pude ver un fino rayo de luz que se escabullía entre las nubes que seguían bajando desde el cielo para cubrir la tierra. Todo estaba tan tranquilo... Con un último esfuerzo, me puse en pie de nuevo y di un paso al frente, sintiendo la piel tirante donde me había herido pero seguí avanzando hasta llegar a la ventana donde me senté en el alfeizar. Alcé la mirada y cerré los ojos disfrutando de la paz.

"-Sabía que podías.-sonrió

-No podía dejarme ganar por ellos, tenía que protegeros a ti y a los chicos.-bajé la mirada en el suelo-Ya no me quedan fuerzas para moverme.

-Lo has hecho muy bien. No te preocupes por eso,-se acercó- yo te cargaré hasta la casa, allí podrás descansar.

Dejé que me cogiera en brazos y poco a poco fuimos alejándonos de aquella tierra yerma que se había convertido en un campo de batalla con olor a muerte.

-¿Crees que los demás estarán bien?-pregunté con mi cabeza apoyada sobre su pecho.

-Claro, seguro que están preocupados por nosotros.

La luz del atardecer acariciaba suave nuestros cuerpos, en el camino quedaban atrás las huellas de la pelea, el olor a tierra y sangre nos acompañaba pero no nos deteníamos para mirar atrás, seguíamos avanzando.

-Sí... seguro-susurré antes de que todo se quedara oscuro."


Una fina ráfaga de aire me acarició la mejilla, se había hecho tarde y lo mejor para todos era que descansara, nunca se sabía cuando podía haber una emergencia. Con pesadez volví a la cama y nada más que mi cuerpo toco el almohadillado colchón, el sueño me invadió.

***************************                *************************

Los primeros rayos de luz entraban por la ventana, tímidos pero juguetones. Me sentía mejor de lo que esperaba aunque no había terminado de desaparecer el cansancio. Me quedé tumbada sin moverme un buen rato, reflexionando sobre los acontecimientos de la noche anterior.

"Si mis sospechas son ciertas se trata de una Inocencia que reaccionó al ver su lugar de descanso perturbado. El número de akumas de ayer era demasiado alto comparado con otros casos... ¿quiere eso decir que nos enfrentamos a algo más? ¿Un akuma de nivel 2? ¿Un aliado del Conde? No... no creo que se haya dignado a mandar a alguien, sus empleados tienen mejores cosas que hacer" pensé con desdén "Tengo que llevarme la Inocencia lo más rápido posible de aquí, cuánto más tiempo pasa, más peligroso se vuelve todo y... no puedo permitirme otro fallo de nuevo" me mordí el labio y apreté los ojos con fuerza, conteniendo las lágrimas." Esta vez saldrá todo bien. Lo prometo"

Sentí murmullos al otro lado de la puerta y me levanté a abrir. Para mi grata sorpresa me encontré a Ray que conversaba amigablemente con Erina que lleva una bandeja llena de comida. En ese momento recordé que apenas había probado bocado desde que había llegado y mis tripas rugieron como un fiero león.

-Buenos días.-saludó Ray aguantando la risa.

-Bue.. buenos días.-respondí amablemente.

-Erina te ha traído el desayuno, que envidia...-comentó el buscador sonriendo.

-Gracias, no hacía falta.-los miré y me hice a un lado para dejarlos pasar.-¿Y Rasel?-pregunté mientras me sentaba en la cama.

-Ha ido a asegurarse de que todo este yendo bien, vendrá dentro de poco con los padres de Erina. Nos espera una buena conversación.-dijo con desgana-Esta siempre es la parte que menos me gusta-se quejó.

-Esta bien, esperaremos a estar todos antes de decir nada.

-Eso ¿quiere decir que ya has determinado lo que ocurre?-como respuesta a su pregunta simplemente asentí en silencio.- Esta bien-suspiró- pues para que la espera no se haga larga... comamos.

Ante una situación grave siempre conseguía mantener la sonrisa y los buenos pensamientos arriba, tenía una fuerza increíble y aquello siempre conseguía animar a los demás.
a veces me recordaba tanto a él...


Última edición por Kala el Jue Abr 28, 2016 3:54 pm, editado 1 vez

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Miér Abr 27, 2016 7:44 pm



Apenas escuchó el suave crujido de la puerta, la pequeña pelirroja saludo animada a la italiana, y al igual que el buscador, tuvo que hacer un gran esfuerzo por no soltar una buena risada ante los rugidos de las tripas demandantes por comida.

Buen día Daniela –la menor entró a la habitación y caminó hasta una mesita que había frente a la ventana, acompañada con un par de sillas con finos detalles en los bordes. –Espero que te guste la comida tradicional griega. Mamá dejó encargado que te la prepararan –comentó mientras acomodaba sobre la mesita los platitos de la bandeja, de uno en uno.  

Luego de esto, Erina se quedó en silencio mientras escuchaba discreta lo que comentaban los miembros de la Orden, interviniendo con un pequeño comentario. –Mi papá ya regresó, creo que se adelantó porque estaba viendo unas cosas del yacimiento con otros trabajadores. Mi mamá no debe tardar en llegar al igual que el señor Rasel.

Nuevamente la del gorrito se quedó unos momentos en silencio mirando un punto en el suelo, casi con expresión preocupada. Había escuchado que no tocarían el tema de lo ocurrido sino hasta que llegaran sus padres y el otro buscador, pero no podía contener más la ansiedad y comenzó a bombardearlos con preguntas que su padre consideraría “innecesarias”. –Es muy malo lo que está ocurriendo, ¿verdad? Esas cosas que volaban… ¿atacaron por nuestra culpa? Todas esas personas que han muerto o desaparecido… ¿realmente fue porque nosotros iniciamos las excavaciones?

La neozelandesa se quedó mirando fijamente a ambos uniformados, esperando por una respuesta. Ray se quedó helado por unos momentos, pues no esperaba esa reacción de la menor, o al menos no en ese momento, por lo que sólo atinó a mirar a la exorcista, esperando que ella supiera cómo responderle a la niña.  


Spoiler:
Gracias Kala Smile Igualmente aprovecho a aclarar (para quien nos vaya a evaluar XD) que eres libre de manejar a cualquiera de mis personajes durante todo el reclutamiento, sin excepción.

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Kala el Jue Abr 28, 2016 3:49 pm

-Muchas gracias Erina.-sonreí agradecida. Cogí el plato que me ofrecía y poco a poco fui probando bocado-Esta buenísimo.

-Si tu papá ya esta aquí, no tardarán en aparecer.-comentó Ray mirándome de reojo. Sabía que esto no sería fácil y más con gente de por medio pero teníamos que actuar lo más rápido posible y de forma muy discreta. Si la gente comenzaba a sentir curiosidad sería malo.

Al oír las palabras de Erina se me ablandó el corazón y la miré con una mezcla de ternura y tristeza. No era su culpa pero si estaba haciendo esa pregunta era muy probable que el señor Schliemann se sintiera así. Posé el plato a un lado sobre la cama y me acerqué a la niña.

-Erina mírame.-le cogí la barbilla con delicadeza mientras me arrodillaba para establecer el contacto visual-Nadie tiene la culpa, esto es cosa del azhar.-sonreí para trasmitirle ánimo, no tenía por qué estar triste.

Picaron a la puerta y Ray con agilidad abrió. Por ella asomaron los padres de la pelirroja y Rasel que cerró tras él quedándose apoyado sobre la puerta. Ray se apoyó en una de las paredes cerca de su compañero, Shopie se acercó a su hija y se coloco tras ella, su padre se acercó a ambas y yo me incorporé para mirarlos a todos y luego sentarme en la otra silla que quedaba libre.

-Bien-cogí aire.-ya estamos todos.

-La excavación queda suspendida temporalmente de forma oficial, ya he hablado con los trabajadores y esta todo solucionado. No habrá más interferencias.-aclaró el señor Schliemann.

-Eso esta bien.-dijo Ray con rostro serio-Ahora veamos como abarcamos este asunto.

-¿Creéis que podemos hacerlo nosotros tres solo?-preguntó Rasel

-Será algo complicado si siguen apareciendo tantos akumas pero con la colaboración de los señores Schiemann para guiarnos por las ruinas y encontrar rápidamente la Inocencia no veo por qué no podríamos afrontar esto solos.-comenté con la mirada gacha- Aún así sigue siendo peligroso para cualquier humano, por desgracia la otra noche pudisteis ver con vuestros propios ojos el poder de destrucción de esos seres y lo peligrosos que son. Contra mi propia dignidad debo decir que si no hubiera intervenido esa bestia...-guardé silencio, no quería decirlo pero era la verdad-no sé como hubiera terminado todo.

-Daniela...-murmuró Ray

-Es la verdad y tengo que admitirla, me bloqueé un momento y en estas situaciones el tiempo es fundamental.-me recriminé.

-No tienes porque ser tan dura.

-No.-dije cortante-En nuestras manos esta la vida de la gente, no podemos permitir que mueran.

-Tiene razón.-añadió Rasel ignorando la mirada de enfado de su compañero.-Bueno-carraspeó- ¿Qué opina de esa bestia, ese... ?

-Se lama Cerbero y es el guardián de las puertas del inframundo.-cortó Erina.

-Creo que es la forma en la que la Inocencia se manifiesta, una forma fiera y que atemorice para mantener a los humanos lejos del lugar pero por desgracia ha terminado atrayendo a los akumas.

-¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podemos ayudar?-intervino el jefe de la excavación.

-Pues por desgracia ya ha hecho suficiente, solo necesitamos un único favor y es que nos haga de guía por la cámara que han descubierto. Es el lugar menos inspeccionado y todo apunta a que fue el día de su descubrimiento cuando comenzaron a ocurrir este tipo de sucesos, anteriormente a eso no hay registro de ningún accidente, desaparición o muerte.

-Esta bien.-accedió-Cuando ustedes quieran los guiaré.

-Ray y Rasel os quedareis vigilando los alrededores por si ocurre algo, estad alerta. Os encomiendo también a Erina y Shopie. Yo cuidaré del señor Schliemann. No quiero que os acerquéis a la cámara por mucho ruido que oigáis; vuestra prioridad es mantener a la gente a salvo.

-Comprendido-respondieron a la vez aunque por el tono de Ray y su gesto sabía que no estaba de acuerdo con las instrucciones pero no podía hacerlo de otra manera. Era arriesgar mucho y algo me decía que cuando encontrara la Inocencia habría demasiados akumas como para mantenerlos bajo control a todos y que nadie saliera herid; no podía asegurar que contara de nuevo con la ayuda del Cerbero.

-Descansaremos algo más mientras termino de solucionar unos asuntos y nada más que llegue la tarde, comenzaremos la búsqueda.

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Sáb Ago 06, 2016 11:15 pm


Tan pronto terminó la reunión con los miembros de la Orden, la familia Schliemann salió de la habitación dispuesta a esperar por las siguientes indicaciones de la italiana. Los tres se mantuvieron en silencio por un momento, de pie en medio del pasillo. El prusiano miró de reojo a su mujer y a su niña sin poder evitar pensar en la conversación que había tenido con Rasel durante la mañana, mientras Daniela y el otro buscador aún dormían.


Unas horas antes…

Casi estaba amaneciendo, las ventanas estaban empañadas por la diferencia de temperatura dentro de la posada, lo noche había sido bastante fresca por lo que en el interior del lugar habían encendido la chimenea. Todo estaba en silencio. Ambos hombres se encontraban sentados en una de las mesas de madera, en el comedor. Sólo estaban ellos dos en el lugar, el resto de las mesas estaban vacías y a juzgar por la hora, los jefes de sección del yacimiento no debían tardar en bajar a tomar el desayuno, pues como siempre, ellos debían estar temprano para organizar las actividades del día y correr la voz informando al resto de los trabajadores.

Durante aquel momento de completa tranquilidad, ambos hombres entablaron una breve conversación que el arqueólogo aprovechó para aclarar ciertas dudas sobre la Orden Negra.

Varios años atrás, durante un viaje de negocios en Escocia, el Schliemann tuvo un fugaz contacto con la organización de la Rose Cross. En el transcurso del camino, él y sus socios tuvieron que desviarse en varias ocasiones por supuestas actividades paranormales: historias sobre bosques de coníferas malditos, montañas embrujadas, monstruos y fantasmas asesinos… y todas esas cosas que el arqueólogo no creía. Pero esto no era nada nuevo. Según las leyendas, se encontraban en el país más embrujado del mundo. No era raro encontrarse a los aficionados del tema en las posadas y bares, pero entre ellos, había alguien peculiar. Un hombre con uniforme color crema y una extraña rosa de plata en el pecho llamó su atención. Heinrich y aquel hombre conversaron durante buen rato y entre pláticas e historias, entablaron una buena relación al grado que el prusiano permitió que viajara con él y su caravana hasta su destino, la ciudad de Edimburgo. Al llegar, cada quien tomó por su lado, pero mantuvieron cierto contacto, pues las influencias del pelirrojo le facilitaban mucho el trabajo al Buscador, y al otro no le costaba nada conseguir el consentimiento de ciertas autoridades.

Pasaron varios días y otro uniformado color crema llegó a la ciudad, esta vez acompañado de alguien con el uniforme muy similar al de Daniela. El pelirrojo no supo exactamente qué fue lo que ocurrió, pero de algo estaba seguro. Justo después de que los compañeros del uniformado llegaron, los sucesos paranormales en esa región cesaron… De ahí que conoce a la Orden Oscura, y ahora comprende mejor el “por qué” de aquella situación, pero aún hay muchas cosas por saber…

Entonces… los Exorcistas utilizan esa “sustancia divina” para combatir a los demonios… esos “Akumas”

Así es, la única forma de destruirlos es con la Inocencia… y los únicos capaces de manipular su poder son los “Apóstoles de Dios”, los Exorcistas.

¿Y qué harán cuando encuentren esta Inocencia?

Eso es claro, nos la llevaremos. Pero, antes que nada, debemos comprobar si hay alguien compatible con ella cerca de aquí. Es muy difícil encontrar a una persona que pueda sincronizarse con la Inocencia, pero nada perdemos con intentar. Después de todo, la inocencia despertó por alguna razón.

Alguien compatible… ¿qué ocurre con estas personas? No irán a obligarlas a… –el pelirrojo se quedó en silencio al notar la mirada del buscador–. ¿De verdad los obligan a unirse a la organización? ¿No es algo muy bajo para la Iglesia? Arrancar así a la gente de su familia para obligarlos a enfrentarse a esos seres…  

Normalmente las personas lo toman muy abiertamente. Acceden de forma voluntaria. Y aunque se nieguen… no nos podemos dar el lujo de buscar a alguien más que sea compatible. Como dije, es muy difícil encontrar a alguien capaz de sincronizarse.

Debo decir que estoy realmente impresionado. Para pertenecer a la Iglesia… ustedes la Orden Oscura más parecen una pequeña secta reclutando gente para una guerra.

Rasel no pudo evitar sonreír ante tal ironía. –Ojalá fuéramos tantos… realmente es una organización pequeña, por lo que necesitamos la mayor cantidad de recursos que podamos obtener.

Y entre esos “recursos” están los Exorcistas… –soltó esto último casi con un deje de burla. Incluso los grupos religiosos se veían envueltos en sus propias guerras. El entendía muy bien todo aquello, después de todo, su país de origen no era precisamente el más pacifista y siempre estaban reclutando gente para la guerra, destruyendo vidas… familias. Pero ¿quién era él para juzgar? Después de todo, se enriquecía de estos conflictos socio-políticos entre imperios. Él mismo les vendía las armas para defenderse… ¿en serio? ¿Para defenderse? En fin, esa era la idea.


En el presente…


¿Papá? –la titubeante voz de su hija lo trajo de vuelta a la actualidad–. ¿Estás bien? –preguntó extrañada, pues no era común ver a su padre con aquella expresión. Incluso en situaciones difíciles o de mucho estrés, el arqueólogo se mantenía siempre estoico, guardándose para sí los problemas y ahorrándoles la angustia y preocupación a los demás.  

Si, descuida, sólo estoy algo cansado. Tu padre ya no es el joven atractivo y enérgico de antes. Las trasnochadas comienzan a pasar factura –bromeó mientras le revolvía juguetonamente el gorrito, despeinándola. En realidad, más que un juego era un gesto para tranquilizarla.

Bueno, lo de atractivo aún podemos discutirlo –propuso entre risas la griega mientras le hacía un guiño a su marido. Al mayor se le escapó una media sonrisa, después se acercó a su mujer y la rodeó con sus brazos para atraerla a sí y robarle un suave beso de los labios. La reacción de la kiwi no fue otra más que darse la vuelta y sacar la lengüita en forma de asco.  

Debería ser ilegal que las momias trabajen –la pequeña comentó “al aire” mientras peleaba por acomodar su cabello nuevamente bajo el gorrito, ocultándolo–. Luego se andan quejando con los demás de si pueden dormir o no…

Vaya, sí que te gustan los deportes extremos. Seguro inauguras las olimpiadas de “pierde la mesada en menos de una semana”.

¡¿Qué?! –se giró bruscamente la menor, con total expresión de pánico. Como dicen por ahí, le salió el tiro por la culata. La castaña volvió a reír, disfrutando por fin de un momento de paz (o algo así) con su familia, olvidando toda la tensión de hace unos momentos.

Dejándose llevar por aquel buen momento, los Schliemann decidieron salir a disfrutar un breve paseo en los alrededores, siempre manteniéndose cerca de la posada por cualquier emergencia. Estuvieron charlando animadamente durante un rato, olvidando por completo la mala experiencia de la noche anterior. Recordaron antiguos viajes y rieron de locas aventuras que les había tocado experimentar, hasta que, entre un tema y otro, los tres se quedaron en silencio, caminando tranquilamente a través de una antigua calle que llevaba de vuelta a la posada. La neozelandesa se perdió en sus pensamientos recordando aquella extraña luz que había visto el día anterior.

¿Qué habrá sido? La había visto antes ya… pero ¿dónde? –pensaba.

Erina, ¿pasa algo? –un suave timbre maternal la sacó de sus pensamientos–. Tenerte tranquila más de cinco minutos es digno de preocuparse… –bromeo un momento para romper con la tensión, se acercó a su pequeña y la abrazó mientras le daba cariños en el cabello, intentando sosegarla–. ¿Anda, dinos qué es lo que te preocupa?

El arqueólogo también escapó unos momentos de sus pensamientos y miró atento a su familia, pues igualmente le extrañaba un poco el comportamiento de la pequeña.

¿Qué ocurre hija? –la animó el prusiano, asumiendo que su inquietud tenía que ver con el plan que llevarían a cabo por la tarde– ¿Te preocupa lo que vaya a ocurrir hoy en la tarde?

No… ¿si…? –titubeo–. Bueno, no es sólo eso. Es algo que ocurrió el día de ayer… pero… –alzó la mirada con cierto deje de inseguridad hacia su padre, dudando de lo que iba a decir.

¿Pero…? –alentó la griega–. Sabes que puedes decirnos lo que sea.

Y después de lo de ayer, no creo que nada nos impresione a partir de ahora.

Pues verán… no se enfaden, pero… ayer que estaba ayudando a Daniela, accidentalmente me quedé atrapada en la tumba de Atreo. Sin querer caí en lo que supongo es un pasadizo secreto… estaba todo oscuro y sin explorar. Mientras estuve ahí ocurrió algo extraño… una luz… al final de las escaleras, apareció una luz que creo es muy parecida a la que emana de las cartas de Daniela. Tal vez piensen que estoy loca, pero… ¿qué tal si… eso sea lo que ellos vinieron a buscar? la tal Inocencia… ¿qué tal si es eso? Y ha estado justo ahí frente a nuestras narices todo este tiempo.

La pareja de arqueólogos intercambió miradas unos segundos, por unos momentos sin saber cómo reaccionar ante lo que decía la menor.

Lo siento. Sé que debí decírselos antes, pero lo olvidé después de todo lo que ocurrió y…

¿Dónde dices que viste esa luz? –interrumpió el mayor.

Supongo que es un pasadizo secreto, no lo vi en ninguno de los mapas y no creo que haya sido registrado nunca. Se accede moviendo el brazo de la estatua de Pandora, casi al llegar al final del pasillo de la bóveda.

Creo que deberíamos decirle a Daniela y su equipo antes de que regresemos al yacimiento –dijo Sophia con expresión preocupada mientras miraba a su esposo.

No –dijo secamente el prusiano. Madre e hija se sorprendieron ante la reacción tan fría y cortante–. Sinceramente no creo que sea importante. Comenzado porque no existe ningún pasadizo secreto ni nada semejante. Todos los caminos ya han sido explorados y registrados, además tampoco hay ni un solo indicio que nos sugiera sobre una ruta así.

Heinrich… –quiso insistir la griega. Estaba realmente sorprendida, pues su marido normalmente habría reaccionado de forma un poco más abierta en cuanto al tema. El simple hecho de pensar en la posibilidad de que aún hubiese zonas sin explorar en el yacimiento le habría emocionado. O simplemente habría brindado el beneficio de la duda.

Pudo haber sido un sueño. Se golpeó la cabeza, además ya sabemos cómo se pone cuando está sola en la oscuridad –detuvo su caminar y miró a la más pequeña–. Tal vez lo soñaste mientras estabas inconsciente, simplemente te sugestionaste, es normal. No quiero que le comentes esto a nadie ¿entendido? Se queda entre nosotros… esos chicos ya tienen suficiente que pensar con todos esos Akumas sueltos por ahí.

Pero papá… –la kiwi hizo un último intento por convencer a su padre, colocándose frente a él impulsivamente, dando la espalda al camino que seguían.

Ya está decidido –cortó secamente, sin darle oportunidad a hablar–. Ni una palabra, ¿quedó claro? Y tú te quedarás en la posada mientras tu madre y yo acompañamos a los exorcistas. No saldrás de ahí hasta que lo ordene. No pienso volverte a poner bajo riesgo ni un segundo más.

Si señor… –respondió sin molestarse en alzar el rostro, dejando que la sombra de su gorrito le cubriera la mirada.

Bien… –el ojizarco miró a su hija y no pudo evitar sentir un nudo en el pecho al ver su expresión de total decepción. Era de esperarse, la menor le dio su confianza y compartió con ellos aquella extraña situación, y el sólo cortó el tema humillándola con uno de sus mayores temores. Pero no importaba, prefería eso a arriesgarse a perder lo más importante que tenía… su familia–. Anda, vuelve a la posada. Iré con tu madre a revisar unos documentos.

Erina no dijo más, se dio la vuelta y se echó a correr de regreso a la posada. La griega vio con aflicción como se alejaba su niña, luego, como cualquier madre que defiende a sus pequeños, miró con desdén a su compañero.

¿De verdad era necesario hacer eso?

Vámonos, te explicaré en el camino… –sentenció el ojizarco, retomando el camino pero ahora en dirección a las afueras del pueblo.



Última edición por Erina Schliemann el Vie Ago 19, 2016 6:57 pm, editado 2 veces

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Kala el Lun Ago 15, 2016 10:12 pm

No hacía mucho que había regresado de la pequeña biblioteca perteneciente al pueblo con varios volúmenes de historia. Mientras llegaba la hora para ir a la excavación en busca de la Inocencia había examinado detalladamente el plano que le había “robado” al señor Schliemann el primer día que se habían conocido. Estudió con detalle la estructura interna, posibles salidas, el número de salas que contenía la tumba, lo poco que sabían de la nueva bóveda… La Inocencia podía estar en cualquier lugar.

Suspiré y me incorporé para estirar la espalda, estaba cansada de estar inclinada sobre la mesa. Había leído también un poco por alto la historia de las tierras en donde me hallaba y sobre la tumba de Atreo, unos breves informes que por cortesía el señor Schliemann le había dado a Rasel para que me los entregara.

Ya no me entraba más en la cabeza, estaba saturada y necesitaba descansar un poco. Justo en el momento en el que me acomodaba sobre la silla para dejar la mente en blanco picaron a la puerta. De nuevo me senté erguida sobre la silla y di pasó a la persona que llamaba.

-¡Oh Ray!-exclamé sin mucho ánimo-Eres tú.

-Con permiso-dijo el buscador cerrando tras de sí.-Veo que ha estado ocupada.-ojeó un poco por alto las cosas encima de la mesa.

-Sí bueno… he estado estudiando un poco-sonreí.-¿Todo en orden?

-Por ahora todo va según lo previsto, los señores Schliemann han salido con la niña a dar una vuelta por los alrededores de la pensión y Rasel está vigilando la zona por si hay algún movimiento sospechoso.

-Perfecto.-suspiré-Con un poco de suerte tal vez encontremos hoy la Incencia y podamos irnos al amanecer.

-Veo que ha trazado una ruta por la que podemos ir pero por desgracia eso solo coge las salas principales. Esa tumba está llena de pasadizos y lugares ocultos. La otra noche Erina se quedó atrapada en uno de ellos. No deberíamos descartar la opción de que estuviera en una de esas salas.

-Dios mío… a este paso no acabaremos nunca, tampoco sabemos que forma tiene, lo del can solo es una manifestación como si fuera un holograma…-dije con desesperación.

-Al menos sabemos cómo llegar a ese pasadizo y cuando los akumas aparecieron acorralándonos el can salió del mismo lado. Tal vez estuviera en la cámara a la que lleva ese túnel.

-Son tantas conjeturas, tantas posibilidades que no sé por dónde empezar. No quiero mezclar a la gente de la excavación en esto y tampoco quería meter en problemas a familia Schliemann, ya tienen bastante con suspender su trabajo. Todo está siendo un desastre.

-Tranquilícese señorita Daniela, con un poco de organización todo saldrá bien.-animó Ray a la italiana.

-No es solo eso sino que los akumas ya están aquí y… todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Yo estoy aquí para encontrar ese pedazo de cristal y acabar con los akumas sin que les pase nada a los humanos y ni si quiera he podido localizar una zona cercana al yacimiento de la Inocnecia. ¿Qué clase de exorcista soy?

-Esta no es una misión normal y corriente en la que la Inocencia está asilada en una zona, en este caso tenemos todo un laberinto que registrar y eso nos llevará tiempo. No se desespere tan fácilmente, seguro que la encontraremos.

Me levanté y le di la espalda al buscador para acercarme a la ventana y sentarme sobre el bordillo. Lancé la mirada al horizonte pero luego unos pasos acelerados llamaron mi atención. Abajo en la calle una agitada Erina llegaba corriendo y era atrapada por los brazos de Rasel que esgrimía un gesto de enfado.

-¿Esa no es Erina?-preguntó Ray desde la espalda-¿Dónde están los Schliemann?

-No tengo un buen presentimiento.-me giré y me acerqué a la puerta- Odio los malos augurios.

*************                  ***************                   *****************
-¡Eh Erina! Tranquilizate-dijo Rasel sujetando del brazo a la niña-¿De dónde vienes?-dijo hincando a una rodilla para quedar a su altura.

Vio la mirada esquiva de esta y rebajó un poco el mal carácter que se le había levantado. Respiró lentamente para tranquilizarse y parpadeo despacio luego volvió a mirarla y con algo que intentaba asemejarse a la amabilidad preguntó de nuevo.

-¿Estás bien? ¿Ha pasado algo?

– Rasel… q-que… –notó su propia voz algo ronca, carraspeo y volvió a intentar–. ¿qué estás haciendo aquí? Creí que estarían ocupados tú y Ray trabajando con Daniela… –intentó evadir la pregunta, pero no se le ocurrió qué decir. –Yo… em… salí a jugar un rato, estaba algo aburrida ahí en la posada jeje…

-¿Y a qué estabas jugando que estas tan agitada? ¿Seguro que todo está bien? Pareces… nerviosa ¿Te preocupa algo? -escruto con la mirada a la niña intentando averiguar sus interrogantes pero esperaba que ella misma le contestara-Espero que me estés diciendo la verdad-le advirtió-No me gustan las mentiras y si me entero de que me estas engañando…-dejo las palabras en el aire para dar más importancia a la situación.

Rasel vio la duda en el rostro de la niña y entonces su suposición se hizo cierta. Estaba seguro de que mentía, su voz sonaba blanda, sin consistencia y su rostro demostraba que todavía estaba inquieta. ¿Qué sería lo que ocultaba? La miró receloso.

–Estoy bien, sólo veía qué tan rápido podía llegar… –dijo esto último mientras desviaba la mirada, evitando la del buscador. –¿Ya se van a las ruinas? –intentó cambiar el tema.

-Aún no, la señorita Daniela sigue en su habitación-miro de reojo a la niña-Si estás pensando en que puedes escaparte para ir vete olvidándote, no pienso perderte de vista.

-Rasel, Erina-pregunté acercándome a ellos- ¿Ocurre algo?

-Que conteste Erina-dijo este sacando de nuevo el mal humor

-¿Todo bien?-pregunto Ray acercándose al grupo

–Sí, solo jugábamos a las amenazas, ¿verdad Rasel? –contestó mirando de reojo a Daniela antes de ponerle la misma cara que el a ella, pues no era el único que estaba de mal humor.

-Lo que tú digas renacuaja-se cruzó de brazos y les dio la espalda a todos.

-Vaya, alguien está de mal humor ya-dijo Ray sonriendo

-Bueno espero que vaya todo bien, ya casi es la hora-dije algo ansiosa-Será mejor que vayas a dentro con Rasel, Ray y yo vamos a prepararnos para ir a las ruinas-Ray se dio la vuelta a la vez que yo y comenzó a caminar pero al ver que no lo seguía se paró para mirarme y vio que me había volteado-¿Tus padres? ¿Dónde están? Ya es tarde-comenté.

–Uhm… pues… ellos están en… –miró alrededor, como buscándolos… era verdad, ellos ya debieron haber regresado a la posada–. No lo sé… creí que ya estarían de regreso contigo. –Se quedó en silencio por unos momentos, luego tomó aire y se animó a decir– ¿Puedo acompañarlos? Tal vez pueda serles de ayuda mientras tanto… –soltó sin pensarlo mucho, respetaba las decisiones de su padre, pero en el fondo sentía que debía hacerlo, era lo correcto–. Por favor…

Justo cuando abrí la boca una fuerte explosión retumbó por el aire. Con miedo en la mirada busqué el origen de aquel ruido y mis ojos vieron una enorme bola de humo grisáceo. Se me congeló la sangre, casi ni respiraba de lo paralizada que me había quedado. Sabía que los akumas atacarían, que tendría que defender el pueblo pero no sabía si podría con ello.

-¡Rasel coge a Erina y metete en la pensión!-dije alzando a voz-¡Ray asegúrate de que todo el mundo esté en sus casa!-dije antes de salir corriendo.

Tenía que llegar cuento antes, tenía que darme prisa, las explosiones provenían de la excavación lo que significaba que la Inocencia había aparecido de nuevo. Temía por los padres de Erina, algo me decía que no volverían a la posada junto a su hija. Corría lo más rápido que podía, intentaba dar zancadas pero bajando las cuestas solo tenía la sensación de que en cualquier momento terminaría rodando.

Ya estaba saliendo casi del pueblo cuando pasé junto a una persona qué por algún motivo me incitó a pararme y volverme. Jadeaba. Miraba fijamente una figura que se alejaba cuesta arriba, caminaba con calma como si todo aquel alboroto no le afectara. Que extraño. Sentí como miraba de reojo y entonces abrí los ojos a la vez que daba un paso hacia delante pero otra explosión resonó de nuevo, esta vez más fuerte.

Dejando a un lado las ganas repentinas de seguir a aquel personaje emprendí la marcha de nuevo. No tardé en atravesar el bosquecillo y llegar a los principios de la excavación. En el exterior no había nadie lo que implicaba que todo aquel alboroto provenía del interior de la tumba.

-Mierda-mascullé entre dientes.

Me dirigí a la entrada pero justo entonces dos akumas salieron a mi paso, me apuntaron con los cañones y dispararon de inmediato. Salté a un lado mientras comenzaba a correr para ocultarme de las balas, saqué dos cartas y usando uno de los árboles como escudo me giré a un lado y lancé una de las cartas y haciendo lo mismo al otro lado lancé la otra carta. Esperé a ver si atravesaban a los akumas y una vez se hicieron polvo corrí al interior pero de nuevo los akumas salieron a mi paso.

-Pero ¿Cuántos hay ahí dentro?-pensé para mi retrocediendo. Un grito de mujer llegó hasta mí y me puse pálida al reconocer la voz.-Maldita sea.

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Los diálogos de Erina están redactados por la misma Erina

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Re: El tesoro de Atreo [Daniela y Erina]

Mensaje por Erina Schliemann el Mar Sep 20, 2016 9:42 pm



El prusiano soltó un leve suspiro. No importa cuántas veces lo mirara, aquella amarga sensación tras ver parte de uno de sus más importantes proyectos esparcido por el suelo no desaparecería.  

De verdad me sorprende que esos chicos estén bien… –la griega miraba preocupada los restos del campo de batalla en el que Daniela había combatido a los akumas la noche anterior, justo a la entrada de la tumba.

Vamos, hay que darnos prisa –el pelirrojo camino al interior de la tumba, evitando pisar algunas piezas las cuales, muy en el fondo, aún tenía la esperanza de restaurar.

Ambos caminaron por los pasillos de la tumba por un rato. En realidad, era una especie de laberinto. Un conjunto de pasillos arqueados que se interconectaban a través de pequeñas cúpulas, permitiendo el acceso a más pasillos y así sucesivamente. La mayoría de los caminos llevaban a cuartos organizados de forma jerárquica, donde los habitantes más pudientes de aquella época resguardaban los cadáveres de sus seres queridos junto a sus más preciados tesoros. Entre más lejos y profunda se encontraba la cámara, mayor era el estatus del personaje al que pertenecía la tumba. Entre ellos había personas políticamente y/o socialmente importantes como militares u oficiales de guerra, integrantes de familias aristocráticas e incluso a quienes consideraron héroes de la época, por ello no era extraño encontrarse con abundantes y ricos ajuares funerarios, esculturas conmemorativas o representaciones simulares.

Una vez llegaron al final del pasillo más largo, se encontraron con una considerable grieta en el suelo, además de varios escombros alrededor. Justo enfrente de aquella fisura, a un par de metros de distancia, se encontraba la estatua de Pandora pegada a la pared. Sin duda aquel era el lugar del que les había hablado la neozelandesa.

Debe ser aquí… –el cabecilla de la familia Schliemann se acomodó las gafas y comenzó a examinar la estatua, pasando los dedos por el hombro de la detallada escultura notando el extraño borde que tenía. Bajó completamente el brazo que servía como palanca y lentamente la pared a sus espaldas se abrió. –No te separes de mi –le ordenó a su esposa. La mujer encendió la lámpara de aceite que había estado cargando pues recordó que su hija había mencionado que el lugar era oscuro.

La pareja cruzó la puerta y enseguida se encontró con las escaleras en espiral. Bajaron con cautela lo que podría haber sido casi dos pisos debido a la profundidad. Al llegar al último escalón, el matrimonió se encontró frente a una enorme sala abovedada. El lugar estaba rodeado por innumerables tesoros; desde piezas de cerámica decoradas, sellos, vasijas y láminas de madera con grabados de escenas religiosas, de luchas o caza; hasta armas, escudos y demás accesorios con detalles de oro, bronce, marfil o ámbar… sin mencionar el sinfín de joyas y otras monedas.  

La pareja de arqueólogos estaba anonadada, con trabajo eran capaces de articular. Ese era posiblemente el mayor hallazgo de su carrera. –Lo sabía… sabía que estaba aquí...–el ojizarco no pudo contener más la sonrisa que ya se asomaba desde que entraron a la cámara. Caminó con cautela, mirando de lado a lado el lugar sin poder acreditar lo que tenía enfrente. Su vista se centró justo en el medio de la sala, donde había un sarcófago de piedra y marfil, con impresionantes detalles y esculturas. –La tumba del rey Agamenón… ¡Ja! y esos estúpidos científicos dudaron de mi…

Heinrich, ahora no es el momento… –le cortó su mujer. Se había dejado llevar por la emoción, ¿y quién no?, pero no estaban ahí por el trabajo, sino para encontrar “aquella sustancia divina.”

Sí, lo lamento… –el mayor se quitó las gafas y se tallo un poco los ojos, aun intentando volver a la realidad.

Debemos encontrar esa “inocencia” o lo que sea… ¿tienes idea de cómo luce? –la castaña colocó la lámpara sobre el sarcófago y se acercó a unas vasijas que había en una esquina, en el suelo, aún sin estar del todo segura qué era lo que buscaban.

No tengo idea. Podría ser cualquier cosa…

Entonces empecemos a buscar. No tenemos mucho tiempo. –A la griega le resultaba difícil calmarse, no podía ocultar su ansiedad ante la situación. Según lo que dijo su esposo en el camino, cualquier persona podría ser compatible con aquella sustancia y eso incluía a su familia. No quería perderla, así que no iba a arriesgarse a dejar las cosas al azar. Había que encontrar esa “cosa” antes que la exorcista y deshacerse de ella.

Pasaron varios minutos y la pareja seguía rebuscando entre los tesoros, algo que fuese fuera de lo común, o que destacara entre lo demás.

Estamos perdiendo el tiempo, aquí no hay nada. Daniela y los buscadores deben estar por llegar –dijo casi con desespero.

Tiene que haber, Erina dijo que la luz provenía de aquí… hay que seguir buscan… –cortó un momento. Una de las esculturas de la cámara llamó su atención, de hecho, era la más grande. Las paredes del lugar estaban casi repletas de ellas, incluso en el techo había cuatro esculturas que parecía miraban justo al sarcófago, pero ésta era aún más llamativa y estaba frente a la pared contraria a la escalera, mirando también hacia el centro de la sala. Era una representación de la misma deidad que se encontraron antes, Pandora, pero ahora sostenía un pequeño cofre ente las manos del cual comenzaba a emerger un tenue resplandor verde.

¡Sophia espera, no te acerques! –intentó detener a su esposa, quien caminó sin dudar hacia la estatua. No sabían lo que podría ocurrir, varias tumbas eran famosas por tener trampas para proteger los tesoros. No se habían encontrado ninguna hasta entonces pero tampoco había que arriesgarse tanto.

¿De qué hablas? ¿A esto venimos no? Bien, lo encontramos, sólo tomémoslo y salgamos de aquí. –Se apresuró a retirar el cofre de la estatua, por el esfuerzo que hizo para sacarlo terminó rompiendo las manos de la figura.

Bien, lo tenemos. Hora de irnos –tomó la lámpara y se acercó a Sophia. En ese momento, un fuerte crujido proveniente del suelo alarmó a la pareja. De un segundo a otro el suelo se comenzó a sacudir provocando que varios de los tesoros cayeran al suelo, unos incluso rompiéndose y haciendo aún más escándalo. Igualmente, del techo comenzó a caer bastante polvo y pequeños escombros, como si estuviese a punto de derrumbarse. –¡Rápido, vámonos! –gritó mientras casi empujaba a su esposa a la única salida de aquella cámara. Subieron las escaleras lo más rápido que pudieron y una vez fuera, el terror se apoderó de ellos. Una de las máquinas del Conde estaba esperándolos en el pasillo, lista para atacar.

____________________________________________________

¡Rasel! ¡Suéltame! –pataleaba la neozelandesa. El pobre buscador hacía el esfuerzo por seguir las ordenes de Daniela y poner a salvo en la posada a la pequeña escandalosa– ¡Mis padres están allá! ¡Debo ir también!

No, quédate aquí. Daniela y Ray los ayudarán. –Intentaba tener algo de tacto, pero le era casi imposible. Definitivamente no volvería a trabajar con niños. –Si vas ahí sólo te arriesgaras. No hay nada que puedas hacer para ayudarlos, no puedes enfrentarte a los Akumas –hacía lo posible por contenerse y no decirle que sería más bien un estorbo para los demás.

Algo debo de poder hacer ¡YA SUELTAME! –muy molesta, le dio un buen pisotón en los dedos, haciendo que Rasel perdiera la fuerza, momento que ella aprovechó para escapar y echarse a correr en la misma dirección que Daniela, ignorando los gritos y reprimendas del encapuchado.

Mientras corría, Erina chocó con una mujer y tropezó, rodando cuesta abajo en la calle. Aquella persona seguía de pie casi como si ni se hubiese inmutado, giró levemente y cruzó una mirada con la pequeña pelirroja, quien seguía en el suelo.

Lo siento, fue sin querer… no me fije por dónde iba –se incorporó y se sacudió el polvo del pantalón. Al levantar la mirada se impactó al encontrarse con la mujer tan cerca de ella.

No te preocupes, me aseguraré que no volverá a pasar –mostró una sonrisa sádica y comenzó a reír con tono de burla, desconcertando a la kiwi. A través del vestido, salió una especie de cola con una filosa punta en el extremo, con la cual amenazó a la niña. –Humanos… son tan frágiles...

No le dio tiempo a reaccionar, ni siquiera pudo gritar. Vio aquella punta acercarse casi como una lanza hacia su rostro, pero algo la detuvo. Era la misma barrera que habían usado los buscadores la noche anterior. –¡Rasel! –llamó al encapuchado.

Maldición… esto pasa cuando no obedeces niña… –dijo de mal humor el buscador. Usaba su talismán para contener a aquel Akuma. Erina no tardó en correr y colocarse a su lado, mirando extrañada a aquella “mujer”.

Jajaja… ¿en serio crees que puedes detenerme con esto? –se volvió a burlar. Esta vez, el rostro de la mujer se quebró, partiéndose en dos y destruyendo el disfraz que llevaba para revelar su verdadera forma. Era una esfinge. Una extraña combinación entre el cuerpo de un león y alas de águila, sumado a un rostro femenino y una cola en forma de dardo.

Un nivel 2… maldito demonio, debí saberlo… –programó el talismán y lo dejó en el suelo. Sin perder tiempo tomó la mano de Erina y comenzó a correr hacia el yacimiento. –Bien, tus ganas… ¡vamos con Daniela!

¿Qué? Pero Rasel… esa cosa… era diferente a las demás –corría siguiéndole el paso al buscador. Miró un momento atrás y notó al akuma raspando el cristal con sus garras, logrando cuartearlo golpe tras golpe. –¡Está escapando!

Si, el talismán no lo contendrá por mucho tiempo ¡hay que darnos prisa! –corría mientras preparaba un segundo talismán por si las dudas.

La esfinge terminó de romper la barrera que la contenía y tomó vuelo siguiendo al buscador y a la niña. Justo cuando logró divisarlos, una tercera explosión en el yacimiento más la presencia de la inocencia que le habían encomendado destruir llamaron su atención.

Hmpf, ¿tan pronto? Ah… y yo que quería divertirme un poco más… –cambió de dirección, rumbo directo al yacimiento.



Spoiler:
Algunas imágenes de referencia. <3

  • Entrada a la tumba 1 y 2 (sip, todo es subterraneo <3)
  • Los pasillos 1
  • Estatua de Pandora 1
  • Sarcófago 1
  • Esfinge 1

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Exorcista: Erina Rea Schliemann (10 puntos)

Erina Schliemann
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